miércoles, 3 de junio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO II


            CAPÍTULO II

 

Tumbado sobre la cama, Iván no podía conciliar el sueño, intentaba razonar todo lo sucedido y no encontraba ninguna respuesta que lo justificara. Se replanteaba quién era,  y en qué momento aquella pesadilla cobró vida propia. 

Un doble perfecto a él y las huellas dactilares coincidiendo. Podía entender lo primero, siempre había oído que todos tenemos un doble en este mundo ¡¿Pero las huellas?!  Es la identidad física irrevocable de la personalidad de uno, la prueba por la que a una persona se la puede declarar inocente o culpable si son encontradas en el lugar del crimen, y ni eso era ya propio de él, otra persona poseía hasta la última marca de la yema de sus dedos.

Recordar, necesitaba recordar que había hecho aquel día. Pensó en el momento en que el despertador sonó, se levantó como un día normal, su ducha, desayuno, vestirse y encaminarse al trabajo en su moto. Pasaría las horas entre la sala de realización y el plató, grabando aquellos programas marcados en la pauta de trabajo, conversó con sus amigos e incluso hicieron planes para asistir a una concentración de motos que cada año se lleva a cabo en Valladolid. A eso de las seis de la tarde, sobre su moto, se internó en aquella jungla, llamada autopista. Fue rápido, tal vez más rápido de lo normal y… Aquella mancha de aceite en el suelo, provocó la caída de ambos. Recordaba un fuerte dolor en una de sus piernas y un líquido viscoso que resbalaba por su cara empeñando sus ojos. Luego las voces de aquellos hombres, donde uno le decía al otro que no le quitase el casco, y que llamase con su móvil a una ambulancia. El sonido estrepitoso de la ambulancia dio paso a los cegadores focos del quirófano y los gritos de enfermeros y médicos. Esos eran la totalidad de sus recuerdos.

         Se levantó de la cama encendiendo la luz y observándose en el espejo de cuerpo entero, palpó su piel, apretó sus músculos, ningún dolor, sin rasguños ni marcas y en su cara, sin el mínimo corte o moratón.

“¿Estaré muerto?” Se preguntó, contestándose a la vez, que eso era imposible. La otra vida no podía ser igual a la vivida, sería estúpido que dos mundos fueran tan similares.

Volvió de nuevo a la cama, cerró los ojos intentando relajarse y dejando su mente libre. Necesitaba dormir, el día había sido demasiado intenso, pero era imposible, estaba excitado, demasiado nervioso para conciliar el sueño. Tomó el reloj en sus manos, eran las doce de la noche y entonces una idea asaltó su mente; volvió a incorporarse, salió al comedor y comprobó que Óscar también estaba despierto.

- ¿No puedes dormir?

- Es imposible, lo he intentado y no puedo, estoy demasiado alterado para conciliar el sueño ¿Y tú?

- Yo me acuesto bastante tarde, no necesito demasiadas horas de sueño para descansar ¿Precisas algo?

- ¿Puedo hacer una llamada?

            - Claro ¿A quién vas a llamar?

            - A un amigo.

- Inténtalo, no es mala idea,  pero después de todo lo que hoy ha acontecido, no creo que tengas suerte.

Iván marcó el número y esperó con ansiedad a su interlocutor, después de unos instantes colgó y volvió a repetir la acción, esta vez más lenta, fijándose con detenimiento en cada número que marcaba, de nuevo esperó con ansiedad sin recibir la respuesta deseada y colgó.

- No hay nadie ¿Verdad?

- El número no existe según la operadora.

- Eso ya me lo esperaba. Acércate, iba a enseñártelo mañana, pero ya que estás despierto te explicaré la idea que he tenido.

Iván se aproximó a Óscar sentándose junto a él y observó el dibujo que estaba realizando.

- He pensado que si continuas en la ciudad, y hasta que no se aclare lo que está ocurriendo, necesitaras una nueva identidad y lo primero es cambiar tu imagen. No puede haber dos personas iguales en la misma ciudad sino son hermanos gemelos, y vosotros no lo sois, por lo tanto y fijándome en tus rasgos físicos, he hecho este retrato robot.

- Estoy irreconocible. Pero y si Mario, así se llama ¿No? Si él tiene perilla y…

- No, he hablado con Aurora y me ha descrito como es. Él lleva melena larga y muy lisa, la cara despejada de vello y los ojos marrones como los tuyos. Por ese motivo he pensado que deberías cortarte el pelo más o menos de esta forma, casi rapado; dejarte tus patillas aún más largas de lo que las llevas y la perilla o barba, lo que prefieras; puede que de esta forma tu imagen pase más desapercibida. Sobre tú forma de vestir, dejaré a Aurora que decida ella. Mañana iréis juntos y espero que cuando vuelva a verte, estés lo suficientemente cambiado.

- ¿Por qué os preocupáis tanto por mí? Lo normal siendo policías, es qué me  hubieseis detenido y a esperar que alguien viniese a reconocerme.

- No somos como en las películas amigo mío, la policía también se preocupa de la gente y aunque, la verdad, tu caso es muy especial. Tanto Aurora como yo, estamos convencidos que eres honrado y tu historia, real. Hasta que encontremos la solución, debes estar protegido ante los demás. Ahora té consejo que duermas un poco, descansa porque mañana puede ser otro día muy duro para ti.

- A tus órdenes, al menos lo intentaré.

Se retiró de nuevo a su habitación y cerró los ojos, Pensó que estaba en buenas manos y posiblemente ese pensamiento, fue lo que logró que por fin durmiese tranquilamente hasta ser despertado al día siguiente por Aurora, irrumpiendo en la habitación.

- Arriba dormilón, es hora de trabajar un poco.

Iván se sobresaltó, estaba completamente desnudo sobre la cama cuando Aurora subió la persiana, dejando entrar todo el sol que  iluminaba la  mañana. Se tapó púdicamente con la sábana.

- No te ruborices, estoy harta de ver a todos los compañeros de trabajo en pelota picada, así que levántate y vístete, es el día de tú transformación.

- ¿Estáis seguros de lo que vais a hacer? – Preguntó mientras se ponía la ropa.

- Muy seguros y si tengo que decirte la verdad, yo al menos, encantada; he pensado mucho mientras venía para acá y si todo es como parece, estamos ante un caso sin igual, y yo que soy una apasionada de las obras de misterio, estoy, posiblemente, ante el mayor misterio de esta ciudad.

- O sea, que me he convertido en un clon de laboratorio, y un personaje novelesco.

- Tampoco es eso, pero dicho de alguna forma ¿Por qué no? – Sonrió.

- ¡Vale! Con una investigadora como tú, me siento complacido.

- Así me gusta, verte con más optimismo que ayer ¡Vayámonos, que cada minuto es importante!

- Salieron de la casa. Óscar se quedó en la comisaría mientras Aurora e Iván se dirigieron al salón de belleza, Aurora aparcó y traspasaron las puertas del local.

- ¿Tú vienes aquí?

- Sí ¿Qué te parece? Espero que no te sientas intimidado.

- No, estoy abierto a todo, y entrar en un salón de señoras no es tan extraño, pero esto es demasiado grande.

- ¡Hola Aurora! – Saludó una chica.

- Mercedes, te presento a Iván. Es el chico del que te he hablado. Quiero un cambio absoluto, que ni su madre lo reconozca.

- Acompañadme.

La siguieron hasta una habitación pequeña de tonos azules y escrupulosamente adornada con lamparitas en las paredes, un sofá con una mesilla y una barra de bar con varios vasos y botellas a uno de los lados, al otro un tocador con espejos en los que, al sentarse, se podía ver uno por todos los ángulos.

- Aquí estaremos mucho más cómodos. Vamos a ver qué podemos hacer contigo – Tocó su cabello, lo movió de un lado a otro, recogió parte con unas horquillas y se quedó mirando al espejo.

- ¿Hasta dónde quieres que le transforme?

- Todo lo que puedas. Que ni él mismo se reconozca.

- ¿Estás dispuesto? – Le preguntó.

- Cualquiera discute con una policía, yo me dejo, con tal que no me afeites la cabeza, todo vale.

            - Lo primero que haremos, será cambiar el color del pelo.

- ¿Vas a teñirme?

- ¡Tú calla! – inquirió Aurora –, y déjala trabajar. Estoy pensando en una cosa que te va a dar el toque final ¿Qué color le vas a dar?

- Un rubio medio, con reflejos dorados.

- Igual que Marilyn Monroe. Solo me falta el vestido blanco con vuelo y ponerme encima de una salida de aire.

Las dos se rieron, mientras Mercedes se colocaba los guantes y empezaba con los preparativos del tinte.

- Ahora vengo – dijo Aurora –,  tíñele también las patillas, las cejas y la barba que tiene. Debe parecer rubio natural.

Aurora salió mientras Mercedes comenzaba  a untar con aquella pasta blanca y fría los cabellos de Iván.

- ¿Ese color es el que me va a quedar?

-  No, esto es para decolorar. Afortunadamente no tienes el cabello demasiado negro, por lo que con dos decoloraciones tendremos bastante, puede que te moleste un poco, pero debes aguantar. ¿Cuándo te lavaste la cabeza?

- Supuestamente ayer.

- ¿No lo sabes?

- Es una historia demasiado larga, te aseguro que cuando se aclare te la contaré, mientras, sólo te puedo decir que me acuerdo de lo que hice anteayer, pero no de lo ocurrido ayer.

- Sí que parece misterioso, pero no te preguntaré más. Luego dicen que las peluqueras somos unas cotilla - Le sonrió a través del espejo.

- No. Puedes preguntar lo que quieras; siempre y cuando lo recuerde – Sonrió Iván a Mercedes.

- ¿Has sufrido algún accidente?

- Creo que tuve una caída con la moto, pero no tengo ningún rasguño, ni herida…

- Extraño, ¿no?

- ¿A mí me lo vas a decir? Cambiando de tema, esto empieza a picar un poco.

- Es normal, cuando alguien se tiñe, normalmente se deja la cabeza sin lavar dos o tres días, para que el cuero cabelludo esté un poco sucio o tenga algo de grasa, de esa forma no molesta, pero en tu caso, lo tendrás que sufrir.

- Pues me aguantaré - Se miró al espejo – Esto se está poniendo naranja, no te habrás confundido ¿Verdad?

- No, tranquilo. ¡Cómo se nota que vosotros los hombres estáis poco acostumbrados a todo esto!

- Yo sólo entro en la peluquería para cortarme el pelo y nada más.

         - Pues muy mal, los hombres al igual que las mujeres, os tenéis que empezar a cuidar más, algunos ya lo hacen, pero todavía son pocos. ¿Qué pensáis, que nos gusta veros siempre igual? Te vas a enterar tú hoy.

- Espero que no te vengues demasiado.

- No, pero no te va a reconocer ni tú madre, eso te lo puedo jurar.

Iván no estaba acostumbrado a estar tanto tiempo sentado en el sillón de una peluquería como había comentado a Mercedes, y después de una hora y media en la que había estado sometido a dos decoloraciones y un tinte, empezaba a sentirse ligeramente cansado. Menos mal que el lavado de cabeza refrescó su cuero cabelludo.

Iván disfrutó a través del espejo de la habilidad en el manejo de las tijeras y el peine que poseía Mercede. El pelo comenzó a caer al suelo suavemente, creando un ligero tapiz amarillento.

- Ya he vuelto – Saludó Aurora entrando en la sala.

- ¿Se puede saber a dónde has ido? – Preguntó Mercedes.

- Cuando termines te contestaré, es una sorpresa, será el toque definitivo al cambio de imagen de nuestro amigo ¿Sabes? – Miró a Iván a través del espejo – Te queda muy bien ese color. Resaltan las facciones de tú rostro - Se dirigió hacia la barra de bar - Me voy a poner una copa mientras terminas ¿Quieres? – Preguntó a Iván.

- Si. Sírveme un cubata de ron, creo que después de esto que estoy viendo, voy a necesitar unos cuantos para atreverme a salir a la calle.

- No seas llorón, en el cambio estás ganando – Le reprochó Aurora.

Mercedes sonrió, sin decir nada, tomó el tubo de espuma, cogió una gran cantidad en una de sus manos y con la otra extendió pequeñas dosis por todo el cabello, dándole los últimos toques.

- Terminado ¿Qué te parece?

- Muy cambiado, es verdad que mi madre no me conocería.

- Y con esto mucho menos – Dijo Aurora sacando una pequeña cajita.

- ¿Qué es? – Preguntó Iván.

- Unas lentillas de color, desde ahora tus ojos serán  azules.

- ¡No, me niego, no pienso poner esa porquería en los ojos!

- Yo las llevo – Intervino Mercedes.

- Ya lo sé, al verte me acordé y pensé que sería una buena idea.

- ¡No pienso ponerlas!

- ¡No seas cabezón! – Le increpó Mercedes – No molestan nada y cambia mucho tu aspecto, yo te enseño a ponerlas.

A regañadientes y tras unas pequeñas lecciones, Iván se colocó las lentillas, consiguiendo el efecto deseado por Aurora.

            - ¡Increíble! Sólo te falta un nuevo vestuario ¡Estás muy guapo!

            - ¡Gracias! ¿Antes no lo era?

- Sí, pero ahora más. Buen trabajo Mercedes, como te he dicho siempre, eres la joya de este salón, tus manos son mágicas.

- No. Siempre digo lo mismo, el molde está, sólo hay que sacar lo que lleva dentro. Y sinceramente, con el pelo de este chico, se puede trabajar muy a gusto.

- Es verdad, me siento un poco extraño, pero nunca pensé que el pelo pudiera cambiar a uno, de esta forma. Aunque sigo diciendo que necesito unas cuantas cervezas o un par de cubatas, para enfrentarme a la gente.

- ¡No seas cobarde! Nunca te vas a ver mejor que ahora – Intervino Mercedes.

- ¡Vamos, ahora es el momento de probar que ropa te va mejor! – Le dijo Aurora.

- Te prometo, que sino se ríen de mí, volveré.

- Eso espero, debes cuidar ese aspecto, cada semana te tendré que retocar la perilla y las patillas, y cada mes cubrirte las raíces.

Los dos salieron del salón de belleza ante las miradas del personal y las clientas que se encontraban en ese momento. Aurora le acercó a una de las mejores Boutique masculina de la ciudad. Le hizo probarse prácticamente toda la tienda hasta que quedó conforme con lo que debía llevarse. Después, se dirigieron a la comisaría.

- Entra tú solo y sino ves a Óscar, pregunta por él. Quiero saber qué efecto le produces.

- Me siento muy extraño, nunca he vestido de traje.

- Estás muy guapo - Le besó en la mejilla y le enderezó el nudo de la corbata – Estoy muy contenta con el resultado. Intenta cambiar la voz cuando hables con él.

Iván entró en la comisaría dando los buenos días. Se acercó a la mesa donde se encontraba Óscar, éste levantó la cabeza y se quedó mirándole.

- ¿Qué desea?

- Poner una denuncia.

- Siéntese. Usted dirá.

- Alguien ha usurpado mi identidad en la ciudad. Por lo visto él se parece a mí e incluso tiene mis huellas dactilares.

- ¡Joder! – Gritó Óscar sorprendiéndose – Eres Iván

- ¡Claro, quién voy a ser!

- ¿Dónde está Aurora?

- Aquí ¿Qué te parece el nuevo Iván?

- ¡Increíble, qué pena no haberte sacado una foto ayer, para ver el cambio!

- Eso es fácil, voy donde Mario y se la tomo a él – Se rió abiertamente Aurora.

- No hay que bromear con ese tema. A propósito, acomodaos, he estado investigando a nuestro amigo Mario y no tiene nada raro en su vida. Pertenece a una familia respetable de esta ciudad donde ha vivido toda la vida. Estudió hasta los veinticuatro años, dejó la carrera de medicina a falta de un curso, era un auténtico deportista y tuvo que abandonar por una rotura de ligamentos que le dejó una ligera cojera. Desde hace dos años, trabaja en los almacenes en la sección de deportes como tú has visto, no se le conoce ninguna pelea, ni adición a las drogas, no bebe ni fuma, es donante de sangre. Su vida es normal y como nos comunicaron, no tiene ningún hermano.

- ¿Qué hacemos con Iván?

- Bueno, creo que entre ayer y hoy, nos ha demostrado que podemos confiar en él, podría haber huido y no tendríamos forma de encontrarle; se ha quedado, ha hecho todo lo que nosotros le hemos mandado y se ha transformado en otra persona, al menos aparentemente, que es lo que buscábamos.

He pensado en darle una identidad nueva. Tomaremos sus datos personales y le haremos un nuevo carné provisional. Le proporcionaremos un trabajo y mientras, si él quiere, se puede quedar en mi casa.

- No quiero molestar.

- No es ninguna molestia, como has visto vivo sólo, y paso prácticamente todo el día aquí, así que la compañía de… un amigo en la casa, creo que ya puedo llamarte así ¿No? Me vendrá bien.

- Por supuesto, habéis hecho vosotros más por mí, que muchos de mis amigos en toda mi vida.

- Pues lo dicho, la compañía de un amigo, seguramente dará un poco de vida a la  soledad que llevo.

- Estoy descubriendo a un Óscar sensible – Se burló Aurora.

- ¿Acaso te he dado muestras de lo contrario?

- Solo digo que el duro del departamento, no lo es tanto.

- Hay que ser enérgico con quien lo merece. Creo que quienes me conocéis, nunca habéis recibido una contestación fuera de tono.

- ¡Es broma! – Le dijo mientras le despeinaba.

- ¡Eso no lo hagas! - Miró hacia los lados para cerciorarse que nadie les había visto - Sabes que me da mucha rabia que me toquen la cabeza.

- No sé, pero pienso que vosotros podéis llegar muy lejos – Intervino Iván – Si no habéis…

- ¡¿Óscar y yo?!  Estás equivocado, no podríamos vivir ni dos días juntos.

            - Eso dicen todos, hasta que un día…

- ¡Venga! Vayámonos a comer algo antes de que continúen con tu delirio, a ti los cambios te están afectando – Le interrumpió Óscar.

- ¿No me invitáis?

- Por supuesto, cenaremos los tres, pero con una promesa, no más vaciles por hoy, creo que todos hemos pasado un día un poco tenso.

Los tres dejaron aquella comisaría y se fueron al restaurante. Iván habló poco, permanecía pensativo, observándolo todo, como el niño que comienza a descubrir el mundo que le rodea. Óscar no dejaba de mirarle con discreción, para que no se diese cuenta.

- ¿Qué ocurre? Has hablado muy poco.

- Sigo preocupado por saber qué está ocurriendo. Intento que alguna imagen me haga recordar algo más.

- Eso no debe preocuparte ahora, ya lo averiguaremos, de momento piensa que has empezado una nueva vida en una ciudad diferente. Que unos amigos te han ofrecido su casa y que desde pasado mañana, tendrás un nuevo trabajo – Comentó Óscar.

- Esa postura es demasiado sencilla, yo no soy de los que me conformo con respuestas tan fáciles. Tiene qué... Algo falla en toda esta historia, algo que no comprendo y se escapa a mi alcance. Esta ciudad es mi ciudad, pero a la vez, se me antoja muy distinta, al igual que el comportamiento de la gente. Es como...

- De momento es lo que te sugiero, mejor dicho, te sugerimos.

- ¿Mañana puedo dar una vuelta solo? Me gustaría pasear por la ciudad y observar por si recuerdo algo.

- Sí, pero antes deberás tener el nuevo carné. Si te para algún policía, debes estar documentado; nosotros podemos guardar esto como un secreto profesional de un caso que estamos investigando, pero si quien te pide la documentación, no pertenece a nuestro distrito, entonces lo tendrás más complicado.

- Está bien, por la mañana iremos juntos, me tomas las huellas de nuevo, me saco unas fotos y me preparas ese carné. Aunque… os tengo que pedir otro favor, necesitaré algo de dinero, al menos hasta cobrar mi primer sueldo.

- Desde luego – Rió Aurora – En eso también habíamos pensado.

- Me siento como un tonto.

- ¿Por qué? – Preguntó Aurora.

- Me ofrecéis una casa, de comer, me vestís, me dais una nueva imagen e identidad, sin dudar ya de mí y encima os pido dinero. Me estoy comportando como un egoísta.

- Mira amigo – intervino Óscar –, si yo un día me levanto de la cama y me pasa algo como lo que te está sucediendo a ti, te aseguro que no se cómo iba a reaccionar.

Dejemos que transcurran los días, ahora debemos descansar y tu Iván, cuando mañana te levantes, deja el pasado bajo la almohada e intenta comenzar de cero. ¿De acuerdo?

- Lo intentaré.

Abandonaron el restaurante. Óscar llevó a Aurora hasta su casa y luego se fueron, como Aurora sugirió, a descansar. Mientras el coche circulaba por aquella carretera, Iván no dejaba de mirarlo todo con sumo cuidado, mientras Óscar, permanecía en silencio. No deseaba alterar, las sensaciones encontradas, que en el cuerpo de aquel chico, debían de estar experimentando, por comprender lo incomprensible.

¿Quién era aquel chico? ¿Cómo era posible que las huellas de sus dedos, fueran iguales? No existía en su comportamiento el menor ápice de rareza en su forma de comportarse. Todo lo contrario, presentaba: ternura, sensibilidad, nobleza... Desde luego, lo que tenía claro, es que ningún peligro les podía ocasionar y por el contrario, un gran misterio, se cernía a su alrededor. Un misterio, que como dijese Aurora, provocaba el deseo por poder desvelarlo y sacar de aquella incertidumbre, a Iván. Se lo tomarían como un trabajo personal. Los dos llevarían el caso hasta el final, sin por ello presentar ninguna amenaza al cuerpo. Además, el trabajo que le iban a asignar, no sólo lo mantendría ocupado, sino que ellos mismos, controlarían sus movimientos.

                                                                                          FIN DEL CAPÍTULO II
 

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