miércoles, 24 de junio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO IX


CAPÍTULO IX

A las nueve de la mañana entraban en la consulta de Alejandro, el especialista que podría ayudar a Iván, al menos ese era el deseo que albergaba Aurora.

Les introdujo en una sala en penumbras. Ausente de muebles, con tan sólo un gran colchón de dos metros de ancho por otros dos y medio de largo y una almohada circular. Éste cubría parte de la estancia. A un lado, pegados sobre una de las paredes, colocó dos taburetes sobre los que mandó sentarse a Óscar y Aurora.

La poca luz que penetraba provenía de una ventana medio cerrada y cubierta por un estore de color crudo.

- Me gustaría – intervino Alejandro – que te relajases, te tumbases sobre el colchón y adoptes la postura más cómoda para ti.

- Hace calor  o por lo menos esa es la sensación que tengo – Le comentó Iván a Alejandro.

- Sí. La estancia, como puedes comprobar tiene una temperatura para que el cuerpo no se sienta en ningún momento incómodo. En algunas ocasiones cuando se hace una regresión, aunque sea por relajación, el cuerpo puede perder calor, por eso es muy importante la temperatura. Nada debe alterarte, se precisa total concentración.

- ¿Puedo quitarme algo de ropa? Si debo relajarme, estando vestido me resulta muy complicado.

- Puedes hacer lo que quieras. Estaremos unas cuantas horas y…

- Tal vez – interrumpió Aurora –, sería mejor que nosotros estuviésemos fuera.

- No. Os necesito – Afirmó Iván  con rotundidad mientras se despojaba de sus prendas y se tumbaba sobre aquella cama – Vosotros habéis vivido todo lo que me está sucediendo y si esto funciona, que espero que sí, deseo que estéis  junto a mí.

- Lo único que os voy a pedir – comentó Alejandro –, es que estéis muy tranquilos, que apaguéis los móviles si los lleváis, si tenéis cualquier busca-personal encendido o algo que pueda emitir el menor ruido. Es muy importante la tranquilidad y el silencio para Iván.

Alejandro se sentó al lado de Iván, pasó su mano de la cabeza hasta los pies, muy lentamente y casi rozando su piel. Luego con su voz agradable y profunda, le pidió que cerrase los ojos y sintiera que su ser descansaba, desde su cabeza hasta los pies. Que dejara la mente libre y experimentase como todo su cuerpo se distendía. Que percibiera que un chorro fino de aceite corría por su espalda y esta sensación, provocara que entre su cuerpo y el colchón, surgiera una imaginaría distancia.

Una vez finalizada esta primera fase, le rogó que no tuviese ninguna imagen en su cerebro, que todo fuera oscuro y que poco a poco visualizase una escalera por la que debía descender, luego tendría que pasar por un marco sin puerta y se encontraría ante un espejo de cuerpo entero, donde se contemplaría desnudo y cuando lo creyese oportuno, atravesarlo.

Al principio le resultó complicado entrar en total relajación y cumplir aquellas órdenes. Estaba ligeramente tenso y al atravesar aquel espejo, percibió una sensación de frío.

- ¿Te encuentras bien?

- Sí. He sentido un escalofrío.

- ¿Y ahora?

- No. Ahora tengo calor.

- ¿Ves algo a tu alrededor?

- No. Tengo la sensación de estar flotando, pero todo está oscuro.

- Bien. Vamos a ir hacia atrás, vamos a ver que ocurrió hace unos meses y poco a poco volveremos hasta el día de hoy ¿Estás preparado?

- Sí, lo estoy.

- ¡Bien! Volvamos poco a poco hacia atrás, unos tres meses… ¿Dónde estás?

- En un despacho.

- ¿Lo reconoces como tu lugar de trabajo? Y si es así ¿Qué estás haciendo?

- Sí, es mi oficina. Estoy frente al ordenador preparando el guión del programa de esta noche.

- ¿Estás solo?

- No, Sandra está conmigo... Discutimos sobre el número humorístico que quiero incluir.

- ¿Quién es Sandra y por qué discutís?

- Ella es mi novia y la diseñadora de vestuario, dice que es muy complicado y que no le va a dar tiempo de preparar los modelos.

- ¡Está bien! Dejemos ese momento y avancemos uno poco más, al día en que tuviste el accidente ¿Dónde te encuentras?

- Sobre mi moto.

- ¿Dónde vas?

- A recoger a Sandra, he salido del trabajo un poco tarde y hemos quedado para cenar.

- ¿Vas muy rápido?

- No mucho, está empezando a llover y la carretera está un poco… ¡Dios mío!

- ¿Qué sucede?

- He resbalado y no puedo dominar la moto – El pecho de Iván comenzó a agitarse violentamente, su respiración se aceleró y empezó a sudar empapando todo su cuerpo.

- ¡Tranquilo, tranquilo! Dime lo que ves.

- Estoy tumbado en el suelo, dos hombres se acercan y discuten.

- ¿Por qué?

- Uno de ellos ha intentado quitarme el casco y el otro le dice que no, que es muy peligroso quitar el casco a un accidentado. Un tercero está de pie llamando por teléfono.

- ¿Sientes dolor?

- No, permanezco muy quieto, tumbado boca arriba.

- ¿Qué más ocurre?

- Uno de los hombres me tapa con una manta, otro está colocando los triángulos de peligro, varios coches se detienen y preguntan qué ha pasado. Los tres hombres explican lo sucedido y sólo otro hombre se queda con ello. Parece que se conocen y hablan entre ellos mientras fuman un cigarrillo. Ha parado de llover.

- ¿Cómo estás tú?

- Me he desmayado, puedo ver mi rostro a través del casco, está empapado de sangre. Escucho el sonido de una sirena que se acerca rápidamente. Es una unidad móvil que se detiene, bajan cuatro personas, uno de ellos con una bata blanca se aproxima, mientras se pone unos guantes.

Iván se detuvo, por unos instantes su respiración se volvió de nuevo agitada y su pecho sudoroso.

- ¿Estás bien? ¿Quieres que lo dejemos?

- No. Estoy bien. Simplemente...

- ¿Sigues sin conocimiento?

- Si… Los dos camilleros me están subiendo a la camilla – Continuó relatando – Me introducen en la unidad móvil. Me quitan la ropa y me colocan un aparato para tomar la tensión, otro me pincha con una aguja en el brazo que va a una bolsa que está colgada de una varilla sujeta al techo. El médico controla mis pulsaciones y observa las heridas. El sonido de la sirena es insoportable. Llegamos al hospital y me sacan con rapidez. Me introducen en un quirófano donde todo está preparado, hay mucha gente moviéndose de un lado a otro, todos con gorros, guantes y mascarillas. Entran dos cirujanos, se escucha el sonido de una sierra eléctrica y comienzan a cortar el casco, al quitármelo veo que mi rostro está rojo de sangre. Todos hablan muy rápido, me enchufan a varias máquinas. Comprueban mi grupo sanguíneo. En unas varillas cuelgan varias bolsas y a través de la vía que llevo en la vena, va pasando el contenido de las mismas. Uno de los cirujanos dirige a los demás y comienzan a operarme.

- ¿Sabes que tienes?

- Sí. Han comentado que tengo una pierna rota y algunas costillas desplazadas. Una por lo visto está oprimiendo un pulmón. Pero lo que más les preocupa, es el golpe de la cabeza, creen que puedo tener un traumatismo craneal.

- ¿Qué están haciendo ahora?

De nuevo la respiración de Iván se altera, moviéndose de forma compulsiva sobre el colchón.

- Me van a abrir por un costado, colocan una especie de plástico que se adhiere a mi piel. El  cirujano toma un bisturí en su mano y comienza a cortar. Ayudado por un aparato que no alcanzo a distinguir, separa las costillas con cuidado, por la parte del corte, dejando el interior al descubierto. Intentan colocar la costilla que está provocando una hemorragia interna.

Iván se detiene de nuevo en su relato, su frente empieza a empaparse en sudor, parece tener convulsiones. Óscar y Aurora se han levantado de sus asientos con los ojos fijos en el cuerpo de su amigo. Se dispensan una mirada rápida de preocupación. Alejandro intenta calmarle y quiere sacarle de la regresión, pero Iván dice que no, que quiere ver lo que está sucediendo. Alejandro le pide que se relaje o dará por finalizada la sesión, Iván parece entender la preocupación de Alejandro y se calma. Aurora y Óscar se vuelven a sentar e Iván continúa.

- Algo va mal, hay mucha sangre, mis pulsaciones se disparan. Uno de los cirujanos dice que me van a perder. Me inyectan algo directamente en el cuello, pero no obtienen la respuesta deseada. Me pinchan en el tórax con una gran aguja e introducen un nuevo líquido a mi cuerpo. Mi organismo recibe una fuerte reacción, pero de pronto dejo de respirar e intentan reanimarme con el desfibrilador. Todo es inútil. Otro de los cirujanos comenta que he entrado en estado de coma y la oscuridad me rodea. Ahora no veo nada, no escucho nada, no siento nada. Parece que estoy en el vacío.

- ¿No puedes ver la sala de operaciones?

- No, es como si yo no estuviese allí.

- ¿Dónde estás? Busca al alrededor ¿Qué ves?

- Nada. Espera, veo una luz muy grande.

- Atraviesa esa luz… ¿Qué encuentras tras ella?

- Estoy en medio de la ciudad.

- ¿Tu ciudad?

- Sí.

- ¿Cómo vas vestido?

- Estoy desnudo. Sólo llevo una bata de hospital. No se cómo he llegado aquí.

- Está bien. Ahora vuelve a relajarte, vamos a regresar de nuevo. Visualiza el espejo y atraviésalo como antes, despacio, no tengas prisa. Cuando lo hayas hecho sube de nuevo la escalera, cuando estés arriba, dímelo.

Alejandro esperó unos segundos.

- He llegado.

- Ahora voy a contar diez. Cuando escuches cero, despertarás. Recordarás todo lo que has vivido como si fuera un sueño. Te sentirás bien y descansado ¿Estás preparado?

- Sí.

Alejandro comenzó la cuenta atrás e Iván despertó de aquella experiencia al llegar a cero. Miró a Alejandro.

- ¿Qué tal estás?

- Bien… Parece que he estado durmiendo varias horas.

- Ahora descansa un rato ¿Te acuerdas de todo lo que ha pasado?

- Sí, ha sido angustioso.

- ¿A nosotros nos lo vas a decir? – Intervino Aurora acercándose a Iván y tomándole de la mano, le sonrío – Jamás había presenciado una sesión de éstas, pero… ¡Uf! Hemos sufrido tanto como tú.

 - Estoy empapado – Comentó Iván mientras se tocaba el pecho con la mano.

- El próximo día voy a tener que poner una funda. Has dejado el colchón inservible al menos por una semana. Pero lo más importante es que ahora eres consciente de todo lo que te ha sucedido, que es lo que pretendíamos averiguar. Ahora ya tenemos un camino de partida.

- En realidad no he descubierto que hago aquí y por qué esta ciudad es tan similar a la mía. Sólo sé que entre el momento de mi estado de coma y encontrarme de nuevo en la ciudad, había oscuridad, pero… ¿Por qué estoy aquí? No tengo ni la menor idea.

- Alejandro ¿Qué es lo que le ha sucedido en realidad a Iván? – Preguntó Óscar.

- Algo que yo pensaba hasta ahora, que tan solo era una teoría no probada. Se ha hablado mucho respecto a este tema, pero eres la primera prueba viviente de que existen los mundos paralelos.

- ¡¿Mundos paralelos?! – Preguntó Iván.

- Sí, eso es lo que yo había leído y al final no os dije ayer – Intervino Aurora.

- Veréis – Explicó Alejandro – Se cree que existen otras dimensiones donde… – Les miró a los tres que permanecían expectantes a una explicación lógica, al menos que entendiesen – …La verdad es que es muy difícil de explicar, porque hasta nosotros, que intentamos buscar explicaciones a dicha teoría, no terminamos de encontrar el punto que nos muestre una pequeña luz sobre el tema – Sonrió a Iván – Tú más que una luz, parece que me estás abriendo por completo una ventana – Volvió su rostro hacia Aurora y Óscar – Imaginemos que paralelos a nuestro mundo existen otros, en uno podría encontrarse nuestro pasado, en otro nuestro futuro, en otro vivencias vividas en anteriores vidas y así continuaríamos de forma siempre paralela, sin que nunca coincidiesen en ningún punto, los mundos que creemos o se creen existen.

Lo que supuestamente le ha ocurrido a nuestro amigo Iván, es que ha cruzado uno de esos mundos, ha pasado del suyo a otro semejante en todo,  en las personas que se encuentra a su alrededor y en una ciudad conocida a sus ojos, aunque sufra algunos cambios lógicos de estructura, de nombres, profesiones, etc. Entonces…

- Pero… ¿Eso es posible? – Preguntó Óscar.

- No lo sabemos. Por eso he dicho que supuestamente… Se especula mucho sobre el tema, se estudian teorías con las que se intenta explicar casos especiales que le han sucedido a mucha gente ¿Qué solución darías tú a una persona que puede recordar una ciudad, un país, donde nunca ha estado y saber moverse con exactitud por cada rincón de ese lugar? Quiénes aseguran haberse encontrado en otros emplazamientos que no existen en nuestro planeta y haber vivido en él, teniendo sobre su cuerpo objetos, que no se han fabricado en nuestro mundo conocido ¿Cuántas personas, habéis escuchado decir durante una conversación “Esta situación ya la he vivido antes”?

Es un dilema constante, y ésta es una de las teorías, al igual que los agujeros negros en el espacio, de los que se sabe que existen, pero no se creía en ellos, hasta que gracias a la ciencia y a un grupo de hombres empeñados en demostrarlo, lo han logrado.

Iván es la prueba de que puede existir otro mundo igual al nuestro, viviendo en el mismo tiempo, pero sus habitantes realizar actividades completamente diferentes.

- Y… ¿Cómo he llegado aquí?

- Ese es el gran misterio. Lo normal, es que si estás en estado de coma en el otro mundo, pudiese viajar la mente, no sería la primera vez que ha ocurrido, incluso se han conocido casos, que se han transfigurado ante personas amadas, amigos etc. Pero estos casos son muy raros y algunos han sido producto de la imaginación de los seres que desean ver a su hermano, hijo o amigo pronto junto a ellos. Ya sabemos todos lo compleja que es nuestra mente, pero, un desplazamiento físico como el que tú has tenido; creo que es la primera vez en la historia, o tal vez no y quien o quienes los hayan sufrido, estén tan perdidos como tú o se hayan adaptado al nuevo medio dejando atrás el pasado, para que no les tomen por locos.

- ¿Puede ser entonces, que cuando Iván se encuentra con Mario, al ser dos personas semejantes, tenga esos ataques al corazón? – Preguntó Aurora.

- Es posible. Dos personas iguales, con físico y rostro exactos, pueden no poder coexistir en el mismo medio, y más cuando uno de ellos, supuestamente está en dos mundos a la vez. Es posible que uno al otro se rechace, como polos opuestos, y ese rebote se manifieste con esa especie a taquicardia que experimentas.

- ¿Pero por qué los sufre sólo Iván? – Preguntó Óscar.

- Sencillamente, Iván es… como lo podría definir – Se detuvo durante unos segundos mirando a Iván y sonriendo – Eres un cuerpo extraño en un mundo vivo, con una estructura completa. Por decirlo de alguna manera.  

- Ahora resulta que soy un parásito en esta sociedad – Comentó Iván, con cierto sarcasmo

- De eso ya hablamos cuando nos conocimos – Intervino Óscar – Y la verdad que un poco parásito, si que estás resultando ser.

- ¡Óscar! ¡Que esto es muy serio! – Le recriminó Aurora.

- ¡Joder! Yo estoy tan acojonado como tú. Pero si no hacemos alguna broma…

- Estoy de acuerdo – intervino Alejandro –, tenemos que tomar esta situación con la seriedad suficiente, pero no dramatizando. Total, este amigo – golpeó suavemente el pecho de Iván dándole palmaditas –, está vivo y sano. Simplemente debemos encontrar una solución a su problema, intentar saber lo ocurrido y hacerle volver, si es que podemos y si no deberá aprender a adaptarse de la mejor forma posible a este nuevo entorno ¿Te importa someterte la próxima semana a otra sesión? Tal vez encontremos algo que se nos ha pasado por alto, aunque lo dudo.

- No, además te deja muy bien. Me siento como si hubiese dormido ocho horas sobre algodones.

- Pues tú cuerpo no parecía que estuviera pasando por esa experiencia – Comentó Aurora, con gesto preocupado.

- La verdad, es que a mí también me has asustado en más de un momento.

- ¿Por qué?

- Ya te lo contarán ellos. Ahora vístete y continúa la vida de forma normal, como has hecho hasta ahora, pero intenta estar alejado de ese… ¿Cómo se llama?

- Mario – Respondió Óscar.

- Bueno, lo dicho, intenta estar lo más alejado de Mario.

- De eso no te quepa la menor duda. Una pregunta ¿Puedo seguir con el equipo?

- Claro que sí, y espero verte personalmente. He oído que levantaste a la afición de sus butacas, mientras estuviste en el agua.

- ¡La volvió loca! Te puedo asegurar que nunca he visto a nadie jugar como él ¡Es un monstruo! – Comentó Óscar mientras sonreía a Iván.

- Al final lo has reconocido.

- ¡Venga capullo!  Que Alejandro tendrá más clientes.

- Hasta la tarde, no. Quería destinar la mañana en este chico, después de lo que había hablado con Aurora, me resultaba un caso interesante ¡Pero no tanto! No he querido forzar más la situación. Por eso, lo he regresado antes de lo que tenía pensado.

- No hace falta que te lo diga – intervino Aurora –, pero tendrás discreción con este caso ¿Verdad?

- Por supuesto, todos mis “casos” son secretos, pero éste en particular mucho más. No deseo que cuatro gilipollas con afán de protagonismo, tomen a Iván como un conejillo de indias. No, ni siquiera voy a apuntar su visita. La mañana de hoy me la he tomado sabática.

- Eso quiere decir entonces – dijo Óscar –, que tampoco nos la cobrarás.

- Desde luego que sí. La policía tiene dinero suficiente para pagar una consulta como ésta. El que no recuerde haber tenido un paciente, no significa que no tenga que comer – Contestó sonriendo Alejandro.

- Ya sabes, como siempre, extiendes la factura como si estuvieses tratando a la loca de Aurora.

- Perdona, pero yo nunca he tenido que ir a un psicólogo, posiblemente tú si lo hayas hecho ya.

- ¿Siempre estáis así? – Preguntó Alejandro.

- Así y peor, te lo puedo asegurar – Respondió Iván – Pero ya sabes como es el amor…

Óscar propinó una colleja a Iván para que se callase mientras se despedía de Alejandro.

- Encantado de haberte conocido, había oído hablar mucho de ti en el cuerpo, pero no tenía el placer de conocerte personalmente.

- Igualmente, y… Ya sabéis que cuando me necesitéis, sólo tenéis que llamar.

Los tres salieron de la consulta, entraron en el ascensor en silencio, y ya en la puerta, mientras se colocaban sus gafas de sol, Iván les preguntó.

- ¿Quién me invita a tomar algo? Estoy seco, tengo la garganta como si hubiese comido un estropajo.

- Creo que todos necesitamos tomar algo, la experiencia ha sido muy fuerte – Matizó Óscar – He bromeado, pero... amigo mío, me has acojonado mucho.

- Vayamos a uno de los chiringuitos de la playa. Estaremos tranquilos y al menos tomaremos un poco el aire, lo necesitamos.

Se introdujeron en el coche y los tres se fueron en dirección a la playa. El día transcurrió como otro cualquiera, demasiado normal, parecía como si estuviesen bajo el efecto de algún sedante; no hubo bromas, ni conversaciones sobre ningún tema. Sólo disfrutaron del momento que les presentaba la naturaleza. Al llegar la noche, Aurora se fue a su casa y ellos se quedaron en la de Iván. Óscar había decidido que era lo mejor. No deseaba, al menos por unos días, dejar sólo en la noche a su amigo. Todo aquello resultaba muy extraño, extremadamente complicado para unas mentes tan sencillas como las suyas. En la consulta había bromeado, pero se había sentido terriblemente angustiado, tanto por la descripción del accidente, como el estado de Iván, mientras lo relataba.

Los mundos paralelos… Jamás había escuchado nada respecto a ellos y ahora, se enfrentaba con un caso, que tal vez vulneraba las leyes de lo normal. Aunque si lo pensaba fríamente ¿Qué era lo normal? En su profesión  vivía situaciones muy extrañas y los años de experiencia  habían abierto su mente hasta tal grado, que lo que días antes le resultara completamente imposible, en el momento vivido, se cobraba como algo natural. Lo que tenía claro, es que estaría al lado de Iván hasta el desenlace, fuera el que fuese, no lo abandonaría, ni él, ni Aurora.

                                                                                FIN DEL NOVENO CAPÍTULO

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