lunes, 15 de junio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO V

 

                  CAPÍTULO V

En la comisaría se había dejado atrás la tranquilidad que siempre se respiraba, por la tensión cada vez más presente ante la llegada de los nuevos objetos enviados por el “asesino de los deportistas”, como se le bautizó. Siempre objetos, pero ninguna prueba. Aquella tarde, Óscar, Aurora y Jorge, entraron en el despacho de Iván.

Iván levantó la cabeza y les observó sonriente.

- Parece que me leéis el pensamiento, estaba a punto de salir a sugeriros algo que se me ha ocurrido y que tal vez sea descabellado, pero… ¡Quién sabe!

- Tú dirás – Habló Aurora mientras se sentaban.

- Veréis, he estado dando vueltas a toda esta locura. Hace unos años practiqué Water Polo con el equipo de mi región, y no era nada malo.

- Nosotros veníamos a proponerte algo parecido, pero continúa.

- Bien, si pudieseis incorporarme al equipo de la ciudad, es posible, sólo posible, que tengamos alguna oportunidad, ya que si él va matando un deportista de cada especialidad, esperemos que sea pronto cuando piense en un jugador de esta disciplina, y si estoy en el equipo, puede que consigamos detenerlo.

- No es mala idea – Asintió Jorge.

            - Cada vez estoy más convencido de que no estás aquí por casualidad – Sonrió Óscar.

- ¿Os parece entonces una buena idea? ¿Podéis conseguir que ingrese en el equipo?

- Claro que es una buena idea y por supuesto, pasarás a formar parte de la plantilla desde mañana mismo. Dejarás esta oficina y te entrenarás duramente para intentar ser el mejor.

- Tenemos que ir despacio Aurora, el water polo es más duro de lo que pensáis y estoy algo desentrenado, además, no quiero dejar la oficina ¿Qué voy a hacer todo el día? Puedo venir a la oficina por las mañanas y entrenar por las tardes.

- No, si queremos que todo funcione no te debes dejar ver por aquí; imagínate por un momento que él reparase en ti, me imagino que antes indagará quién eres, cuáles son tus amistades y sobre todo dónde trabajas. Si te ve entrando en la comisaría cada mañana, adiós al plan.

- Aurora tiene razón – intervino Óscar –, y por el dinero no tienes que preocuparte, estarás en la plantilla de la policía como un…

- Investigador especial – Interrumpió Jorge.

- Muy bien, desde mañana mismo empezaremos con nuestra estrategia, pero mejor será que quede de momento entre nosotros, cuanta menos gente sepa del plan, mejor – Sugirió Óscar.

- ¿Todos de acuerdo? – Preguntó Aurora mirándoles.

Todos afirmaron con la cabeza.

- Mañana cuando nos despertemos iremos a ver al entrenador, le conozco y pienso que podremos trabajar muy bien con él – Concluyó Óscar mientras se levantaba dirigiéndose a Iván – Y ahora continuaremos con nuestro trabajo, buscaré una buena excusa por si algún compañero pregunta por qué no vienes a trabajar.

Los tres salieron dejando a Iván sentado en su mesa, pensativo frente al ordenador. Tomó entre sus manos una de las carpetas que tenía en la mesa, la volvió a posar y se reclinó sobre el sillón. Sacó un cigarrillo y lo prendió; tras la primera calada lo miró “Tengo que dejar de fumar”  Se dijo para sus adentros. Se incorporó y apagó el cigarrillo en el cenicero mientras continuaba con sus pensamientos “… y tomarme esto muy en serio, este juego puede ser más peligroso de lo que parece, y desde luego, no me apetece perder la vida en un acto heroico” Se volvió a reclinar y a mecer el sillón de un lado para otro, permaneciendo en completo silencio durante unos instantes.

Se observó y apretó sus músculos “Aún no he perdido la forma, pero… ¿Seré capaz de volver a jugar como lo hacía? Tengo que entrenar en serio y tal vez hacer algo de pesas, saldré a correr todas las noches, tendré que dejar la moto y utilizar más las piernas, y sobre todo, espero seguir teniendo la habilidad con el balón. Ya me estoy comiendo la cabeza, dejemos que transcurran los días y veremos de lo que soy o no capaz. Tal vez esté un poco oxidado para jugar de forma profesional y tengamos que buscar otra solución, pero si tengo que ser franco conmigo mismo, me apetece la idea de volver a la competición y ayudar en este caso”

Volvió a inclinarse sobre la mesa, tomó de nuevo la carpeta y la abrió. Miró al ordenador y continuó escribiendo hasta que Óscar entró de nuevo en la oficina.

- ¿Nos vamos? Es hora de salir.

- ¿Ya? Pues sí que se me ha pasado la tarde rápida - Apagó el ordenador y miró la oficina – Bueno chica, hasta la próxima, espero que cuando vuelva no estés como cuando te encontré.

- No te preocupes, intentaremos dejar los informes bien colocados y esperemos que muy pronto, te vuelvas a sentar sobre esa butaca, eso…

- Significaría que hemos pillado a ese hijo de puta – Le interrumpió.

- Esperemos que así sea ¿Has traído el otro casco? Hoy me llevas en esa máquina infernal que te has comprado.

- Me puedes explicar por qué no te gustan las motos.

- Es muy sencillo, mi mejor amigo se mató en una de ellas y desde entonces no las soporto, además en esta profesión, desgraciadamente la mayoría de los accidentes que vemos son provocados por motos, y casi siempre o estaban gravemente heridos o muertos.

- Yo nunca he tenido un accidente… bueno… eso creo o…. tal vez… dejemos ahora el pasado. Sube y tomamos una cerveza antes de ir a casa, estoy algo excitado con todo lo que hemos hablado.

Ambos se subieron sobre la moto e Iván fue lo suficientemente cauto para que su amigo, no sintiese el menor temor. Llegaron ante una de las cervecerías y tras aparcar, se internaron entre las gentes que invadirían el espacio del local. El humo existente en el interior, los llevó hasta la terraza, donde encontraron una mesa cercada de una bonita jardinera cubierta de rosas blancas. Se sentaron y tras pedir sus consumiciones, permanecieron en silencio. Tras un largo trago, Óscar se dirigió hacia su amigo.

- Estas muy silencio ¿Te preocupa lo que hemos hablado?

- No,  estoy encantado de poder ayudar y además, tengo ganas de que todo esto termine. Nunca he entendido como alguien, en su sano juicio, puede hacer algo...

- En su sano juicio no – Le interrumpió – Son personas dementes, perturbados. Ahí afuera existen más locos, de los que tú te puedas imaginar.

- Siempre que veo una noticia de un asesino o los exponen en una película, me revienta que todos están mal de la cabeza y luego se libran yendo a un hospital psiquiátrico, cuando deberían cumplir la pena en una cárcel de máxima seguridad sin contemplaciones.

- No amigo mío, la mayoría de ellos sufren de algún trastorno que muchas veces no podemos comprender ¿Tú crees que alguien es capaz de matar a otra persona sólo por placer?

- Sí. Hay mucha gente mala y muchos que creen poseer la verdad, y si alguien les lleva la contraria, usan lo más sencillo, la violencia.

- Eso pensaba yo también cuando entré en el cuerpo y luego, descubres que el cerebro humano es mucho más complejo de lo que estamos acostumbrados a creer. Tú piensas como una persona cabal, sabes distinguir el bien del mal, pero… Sólo los psiquíatras  pueden averiguar lo que pasa por la mente de un asesino como al que nos enfrentamos. Puede ser la  causa de un problema, bien de su infancia o de algo que ha dañado el equilibrio de su cerebro, y si es posible, se debe ayudar a esa persona, por mucho odio que lo tengamos y por mucho que haya hecho sufrir a las familias que les ha privado de un ser querido.

- Yo creo que nunca podría perdonar a quien ha quitado la vida a un ser querido, sería capaz de…

- De matarle – Le interrumpió de nuevo – Entonces, estarías comportándote como él, y todo sería un círculo vicioso del que nadie estaría libre, pues siempre alguien es querido por otro, y lo que al principio es un gran mal, se volvería un terrible problema que nadie podría detener, como no se puede parar una bola de nieve que cae desde lo alto de una montaña, destrozando todo lo que se encuentra a su paso.

- Tal vez tengas razón, pero ¡joder!

- ¿Cómo te crees que me siento? A la mayoría de las víctimas no las conozco y por cada una de ellas juro y perjuro cada día que llega un nuevo objeto y no podemos prender al asesino. Nos sentimos impotentes y con tal grado de frustración, que nos mantenemos en vela más de una noche.

Iván tomó su jarra en la mano y levantándola en alto hacia Óscar, le sonrió.

- Brindemos amigo mío, para que cesen estas macabras muertes, o deje al menos una pista, para detenerlo.

Mientras apuraban sus bebidas, Iván reparó en los rasgos de su amigo. Tenían la misma edad pero, en su rostro se reflejaba la expresión de un hombre serio, rudo y curtido. De frente prominente, cejas cuidadas pero espesas, mentón fuertemente marcado que se dejaba notar bajo una pequeña barba, siempre bien recortada. Labios carnosos y una pequeña cicatriz en su mejilla izquierda, pero si por algo destacaba en todo aquel conjunto, estos eran sus ojos negros y de profunda mirada,  que muy pocos, sobre todo aquellos que no lo conocían, podían mantenerla.

Bajo toda aquella fachada, él había descubierto un gran corazón, deseoso de hacer buenos amigos  y compartir no sólo con ellos, sino con una mujer, que entendiese su profesión. Adoraba su trabajo, pero sabía que era un gran sacrificio para una compañera, pendiente siempre de los problemas y peligros a los que se debía enfrentar a diario.

Es posible que por eso su cerebro estuviese tan dividido, porque toda aquella responsabilidad y seriedad que prestaba a su cargo, se transformaba tras colgar el uniforme y con sus vaqueros, deportivas y camiseta, resultaba un tipo de lo más divertido, juerguista y bailón. Le había visto desde cantar en un karaoke, a perder litros de sudor en una pista de baile, o dejarse la garganta a base de contar chistes y reír hasta la saciedad. Sin duda Óscar se hacía querer por las personas que junto a él se encontraban, pero ahora, aquí sentados, frente a frente, volvía a reflejar en sus ojos la seriedad que le caracterizaba, cuando de sus preguntas, esperaba las respuestas adecuadas.

- Sé, por lo que hemos hablado, que cada día te sientes mejor entre nosotros, pero ¿Tus recuerdos no te producen ansiedad, necesidad de saber qué está ocurriendo cuando tu pasado más reciente era la vida real?

- Sí, cada día me hago las mismas preguntas, sin encontrar respuestas. Ahora simplemente espero. Estoy seguro, que tarde o temprano encontraré el motivo de mi presencia en un mundo que aún desconocido, conozco. Sólo me preocupan mis padres, amigos y mi chica, que seguramente estarán pasándolo mal.

- Poco me has hablado de tu novia ¿Cómo se llama?

- Sandra.  Es una buena chica, algo posesiva y como a ti, no le gustan las motos. Cuando iba a alguna concentración, se enfadaba conmigo; no  comprendía que necesitaba momentos de libertad, de estar con mis amigos. Desea que siempre esté junto a ella. No concibe que la lleve la contraria, cree tener siempre la razón, y por eso discutimos. Proviene de una familia adinerada y nunca la ha faltado de nada, así que cuando se enfrenta a un problema, por pequeño que sea, somos los demás los causantes y se irrita con facilidad. Me molesta que solo quiera salir de casa para ir al cine, al teatro, un concierto o a cenar. No la gusta la naturaleza, siempre que hemos ido, refunfuña: qué si la pican los bichos, qué el sol calienta mucho, qué el agua está fría, qué la arena le molesta...  Por lo demás, siempre me ha demostrado quererme y creo que yo también, aunque en algunas ocasiones, lo he dudado. Nos conocemos desde niños y no he salido con otras chicas. Pero ¿Sabes...? Algunas veces me planteo dejarlo, pero ya me he acostumbrado tanto a ella, que no sé si sería lo acertado. Describírtela físicamente, es muy sencillo, tan sólo tienes que mirar a Aurora, son idénticas, el mismo pelo negro ondulado, sus ojos verdes, los labios finos y rojizos, y la nariz pequeña, demasiado pequeña para mi gusto, y por supuesto, esa sonrisa, que al igual que la de Aurora, muestran una espléndida dentadura blanca como la nieve. Con respecto a su cuerpo, perfectamente proporcionado, como tú puedes apreciar, para una chica de uno setenta de altura. Lo único que las diferencia, y esto ya se lo he dicho a Aurora, es la mirada, la de Sandra es inocente, muy de niña.

-  Por tus palabras creo, y espero no te moleste, que no estáis enamorados, sino que os habéis acostumbrado el uno al otro. Por lo que detallas, sois muy diferentes. Tú eres más independiente, disfrutas de la naturaleza y porque no decirlo, de la aventura, y en parte, te anula, no dejándote ser tú mismo; eso no es bueno en la pareja. Al final, uno de los dos termina reventando. Con respecto a Aurora, lo ha pasado muy mal ¿Sabes por qué se metió a policía?

- No. Se lo pregunté en una ocasión pero cambiamos de tema y luego…

- Aurora es huérfana, su infancia estuvo marcada por la muerte de sus padres. Unas muertes, que nunca se aclararon si fueron  provocadas por un accidente o no. Luego ella pasó a vivir con su único tío. Era un buen policía, se volcó con la pequeña, la trataba como el hijo que nunca tuvo y ella le adoraba. La enseñó a ser disciplinada y a sentir respeto por todo y por todos. Para Aurora la comisaría era como su segunda casa y los policías los tíos y tías que no tenía en la realidad. Todos la “adoptaron” como parte de ellos mismos y en aquel ambiente, se fue educando.

Cada tarde al volver del colegio se detenía ante la comisaría y allí dentro, en una de las oficinas, algunos de sus “tíos” la ayudaba con sus deberes. Cuando contaba diecisiete años, su tío fue abatido en un tiroteo y no se lo pensó dos veces. Tras depositar aquel ramo de flores, sobre la tumba de su “padre”, juró que ella continuaría defendiendo la ley como lo hiciera él.

- Ahora comprendo la expresión de sus ojos, no provocan dureza, sino dolor.

- El dolor que tienen que sufrir muchas familias donde uno de sus miembros es policía. Por ese mismo motivo, me he negado tantas veces ha enamorarme.

- Pero esa no es una solución, nadie debe cerrar las puertas al amor por la profesión que ejerce. Es cierto que vuestro trabajo es duro, pero también hay otras profesiones que conlleva sus riesgos y por eso no dejan de enamorarse y crear una familia. Nunca sabemos dónde está nuestro destino. Imagínate todas esas víctimas, sus profesiones no acarreaban ningún riesgo y mira donde han acabado. Simplemente cruzando una calle puedes ser atropellado por un coche y finito. Además tú lo tienes fácil, Aurora y tú…

- Aurora y yo – le interrumpió –, somos simplemente buenos amigos. Es cierto que yo siento cierta predilección por ella, pero nada más.

- No te engañes. Tanto Aurora como tú, sentís algo más que amistad, sólo hay que veros. Tal vez vuestras mentes se han cerrado. Tú, por el miedo a que la familia sufra y ella, porque ha visto sufrir a los suyos. Pero, nunca me equivoco y sé que si dieras el paso preciso, ella te diría que sí.

- ¿Lo crees? – Sonrió.

- Sí, se os nota bastante. Las bromas y la forma en que os miráis. Esas miradas no se las imparten dos amigos. Esas miradas, son de complicidad y de llegar al corazón.

- ¿Me mira?

- ¡Claro que te mira, y tú lo sabes! – Sonrió Iván – ¿O es que necesitas que te lo digan para darte cuenta? Existe atracción entre vosotros y después de lo que me has contado ¿Qué problema tenéis para enamoraros? Los dos corréis los mismos riesgos y…

 La conversación se interrumpió cuando sonó el teléfono de Óscar.  Algo estaba sucediendo, podía percibirlo por su mirada, mientras escuchaba a su interlocutor.

- Espérame y llama a uno de los coches patrulla. No se te ocurra entrar solo. Voy para allá.

- ¿Qué ocurre? – Le preguntó Iván mientras Óscar colgaba el teléfono y se levantaba de la mesa.

- En el viejo matadero han visto luz y no es normal, hace más de dos años que está abandonado.

- ¿Puedo ir contigo?

- Sí. Pero si me prometes no salir del coche.

- Te lo prometo.

Ambos fueron en busca de Aurora y los tres se encaminaron al antiguo matadero ¿Estaría allí el asesino? Una sensación de ansiedad y de excitación recorrió todo el cuerpo de Iván. Tal vez, para aquellos dos policías era una vuelta de reconocimiento, pero para él, era la primera vez qué, sabiendo que un asesino andaba suelto, podría encontrárselo cara a cara. Sólo esperaba que no hubiese ninguna baja y si así era,  que fuese aquel maldito demente.

Al llegar ante el enorme edificio, apartado de la ciudad y prácticamente cubierto por la maleza, divisaron unas luces a través de los ventanales desprovistos de cristales. Óscar y Aurora salieron con cuidado. Aún no había llegado ningún coche patrulla. Con sus armas en la mano y caminando de forma sigilosa, se acercaron al bloque de cemento cuyas paredes estaban cubiertas de toda clase de grafitos. Cuando ambos estaban cerca de aquella puerta metálica, que pudieron abrir con un simple empujón, Iván no puedo vencer la tentación y salió del coche, dirigiéndose hacia donde estaban sus amigos. Imitó sus movimientos, a cada paso volvió a sentir aquella sensación extraña de ansiedad y fascinación, como si de un personaje de novela policíaca se tratase e intentara ayudar a resolver un caso. Llegó ante la puerta semiabierta, se paró por un instante, miró hacia atrás, no había más coche que el de Aurora, buscó a su alrededor, entre unos pequeños arbustos, encontró una barra de hierro, la tomó en sus manos y llenando sus pulmones de aire, penetró en el interior.

Se encontró ante una gran sala, con ganchos aún colgados de las largas barras de hierro, que atravesaban de parte a parte la estancia, seguramente sería el lugar donde terminaban los animales ya descuartizados antes de ir a las carnicerías. En el suelo aún se podían apreciar manchas de sangre resecas por el tiempo. Sintió que su corazón comenzaba a bombear ligeramente más deprisa, se preguntó si estaba haciendo lo correcto o debía volver al coche, pero ¡Qué importaba! Estaba allí adentro y debía continuar. Atravesó la sala. Las paredes presentaban un estado lamentable: cochambrosas y desconchadas. Se encontró con varios habitáculos desprovistos de puertas y se introdujo en el más cercano, se hallaba completamente a oscuras y volvió atrás. Se dirigió a su derecha penetrando en otra de las salas, estaba bien iluminada, daba a una especie de pasillo que se extendía a lo largo de toda la nave, avanzó por él, a su mano derecha encontró varios ascensores; miró hacia arriba; entre los enormes focos, la mayoría de ellos apagados, se cruzaban una interminable hilera de barras con ganchos enormes, cadenas y poleas oxidadas. El pasillo finalizaba con una escalera que llevaba a la parte superior. Comenzó su ascenso muy despacio, al llegar arriba, se encontró con una nueva estancia rodeada por un pasillo que dejaba a uno y otro lado nuevos huecos sin puertas. A través de la barandilla desconchada, se veían las grandes barras y poleas que desde abajo había visto. Continuó caminando con paso lento, a su derecha y al pasar ante uno de los huecos, una mano le cogió con fuerza, tapándole la boca y juntándole con brusquedad a su cuerpo; intentó usar la barra, pero fue bloqueado.

-¡Estúpido, te dije que te quedases en el coche! – Escuchar aquella voz, le tranquilizó.

Óscar le soltó y le miró con irritación.

- Perdona, quería ayudar, al ver que no venía nadie…

- ¡Calla!

- ¿Dónde está Aurora?

-  Al otro lado. Ven detrás de mí y con mucho cuidado, no debemos hacer el menor ruido, estoy seguro que no estamos solos.

Le siguió los pasos lentamente y muy pegado a la pared. A cada habitáculo que se encontraban, Óscar se detenía apuntando con su arma al  interior. Iván empezó a sentir un ligero temor y su corazón volvió a latir con rapidez. Al otro lado y también muy despacio, se desplazaba Aurora. Al final de aquel pasillo una gran sala central, cubría de lado a lado el ancho de la nave; estaba fuertemente iluminada. Se acercaron y el espectáculo era dantesco. Miembros humanos descuartizados, colgaban de ganchos oxidados. A la mano izquierda, un gran recipiente metálico se encontraba manchado de sangre. A la derecha, una camilla contenía el cuerpo desnudo de un hombre. No había nadie más. Óscar se volvió hacia atrás para asegurarse de no ser sorprendido y los tres penetraron en el interior de aquel lugar.

Muy despacio se acercaron a la camilla y pudieron observar que aquel rostro no era otro que el de su amigo, aquél que les avisara minutos antes por teléfono.

Iván tuvo que aguantar como pudo sus ansias de vomitar, al contemplar aquella situación tan espeluznante. El cuerpo del joven estaba amarrado sobre la mesa de metal frío, sus brazos abiertos en cruz y sus piernas separadas prácticamente todo lo que podían dar de sí. Unas incisiones producidas por algún cuchillo, habían desgarrado las venas de las muñecas y cortado los empeines de los pies, la sangre fluía cayendo por unas aperturas, que la mesa poseía a los lados, depositándose en unos cubos de metal. La boca estaba fuertemente aprisionada por una cinta adhesiva.

Óscar se acercó hasta el cuerpo y comprobó que aún vivía.

-¡Está vivo!

Se acercaron rápidamente a Óscar, mientras éste liberaba la boca de su compañero.

-¡Tranquilo! Te sacaremos de aquí.

- No, no hay tiempo, él está aún aquí – Habló apenas sin aliento a Óscar.

- ¿Quién ha hecho esto? ¡Por favor, no te mueras, aguanta compañero!

- Es él… Es él…

- ¿Quién? – Pregunto Aurora.

- Ha muerto ¡Maldita sea! Ese hijo de puta los desangra vivos.

- Tú quédate aquí – Le dijo Aurora a Iván – ¡Óscar, debemos encontrarle! Nos ha dicho que está aquí.

Óscar y Aurora salieron en busca de aquel mal nacido, mientras Iván, sin apenas moverse, elevó su mirada hacia aquellos ganchos donde toda clase de miembros humanos colgaban. Comprobó que el color de aquella piel no era muy normal y que no producían olor alguno. Por su mente paso una idea aún más macabra y sus ojos se dirigieron hacia el recipiente metálico que se encontraba al otro lado. Fue hacia él y miró en su interior, su pensamiento se confirmó. Aquella especie de piscina estaba llena de formol y en su interior aún se encontraba un cuerpo completo.

Comprendió entonces porque no existía olor a putrefacto.

- ¿Estás bien? – Le preguntó Aurora al entrar de nuevo.

- Sí, esto es muy fuerte ¿Dónde está Óscar?

- Ha salido a avisar al forense y a una ambulancia.

- Ya sabemos cómo los mata. Te habrás dado cuenta que no huele a corrompido ¿Verdad?

- Es cierto, con los nervios no había reparado en ello.

- Verás, después de desangrarlos introduce los cuerpos en aquella urna que está llena de formol, tras extraer sus órganos, luego, no sé cuánto tiempo los tendrá dentro, los saca, los descuartiza y cuelga hasta que se secan, quedando complemente disecados. Eso evita el olor y poderse deshacer con mayor facilidad de cada uno de los trozos. Si te acercas, podrás comprobar que en el interior del recipiente, aún queda un cuerpo entero y muy seguramente, es el último chico desaparecido.

- Esta vez ha matado a un policía.

- Sí, seguramente le sorprendió, como nos pudo haber sorprendido a nosotros. La autopsia determinará si sufrió algún golpe antes de llevarlo a la camilla.

- Es demasiado duro para ser cierto, me parece que de un momento a otro me voy a despertar y…

- No Aurora, no es un sueño – comentó Óscar acercándose a ellos –, pero ahora ya sabemos cuál era su escondite.

Aurora le relató todo lo que Iván había deducido, mientras Iván continuó observando el recinto.

- Acercaros, aquí ha escrito algo.

Aurora y Óscar fueron a su lado.

En una de las paredes del  recipiente se encontraba escrito con sangre.

                   Habéis descubierto mi lugar sagrado,

                   El lugar de culto a quienes no merecen vivir.

                   ¡Pero mi misión, aún no ha finalizado!

Aurora se agachó.

- Óscar ¿Tienes una bolsa de plástico?

- No ¿Qué has encontrado?

- La falange de un dedo.

- No toques nada, esperaremos a que venga el forense.

Iván se volvió hacia el cuerpo inerte del policía y examinó sus manos.

- Mirad, le falta un dedo y seguramente ese escrito lo ha hecho…

- No estamos ante un asesino normal – Le interrumpió Óscar.

- No puedo entender cómo alguien puede hacer algo como esto – Intervino Iván.

- Tan sólo un desequilibrado es capaz de algo tan brutal, desangrar a sus víctimas vivas como si fuesen animales, disecarlas y luego trocearlas… ¿Dónde estarán los trozos?

- Siendo una idea atroz la que tuvo Iván en su momento, ahora estoy casi segura de que este individuo ha arrojado todos esos miembros en basureros y lugares que posiblemente no encontremos jamás. Lo importante ahora es identificar a la víctima que tiene en el estanque.

La conversación fue interrumpida al entrar el forense junto a cuatro policías. Uno de ellos extendió una especie de sábana sobre el cuerpo de su compañero; se quedó inmóvil hasta que otro de ellos acercándose por detrás y poniéndole una mano sobre el hombro, le giró hacia donde se encontraban los demás. Frotó sus ojos, producto de las lágrimas que había vertido mientras lo contemplaba y miró a Óscar.

- ¡Tenemos que atrapar a este hijo de puta! No puede seguir matando de esta forma, ahora también asesina a policías.

- No. No es un asesino de policías, el error de nuestro compañero es no haber esperado y querer él solo resolver el problema. Nos enfrentamos a un auténtico psicópata y muy inteligente, nos va a ser difícil descubrirlo. Me temo que  ésta  no será la última muerte.

Los dos policías salieron junto a Óscar, Aurora e Iván, dejando en aquel lugar a los otros dos policías y el forense.

Antes de entrar en el coche de Aurora, Iván miró hacia el cielo salpicado de cientos de estrellas que le recordaron los momentos que tantas noches de verano le servían para evadirse de la ciudad y relajarse, contemplando una estampa tan difícil de ver  en una ciudad tan cargada de polución y cientos de luces, que hacían olvidar que por encima de los rascacielos, también existía vida.
                                                                               FIN DEL CAPÍTULO V

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