lunes, 22 de junio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO VII y VIII


                        CAPÍTULO VII y VIII

          - No entiendo cómo puedes ser tan burro – Le incriminó Aurora a Óscar mientras miraba el ojo morado de Iván.

- No te preocupes, ha sido un golpe tonto, en realidad, la culpa fue mía por acercarme demasiado y no cubrirme.

- Aurora tiene razón, tenía que haber controlado mejor y no haber levantado tanto el brazo, pero debo reconocer que me has sorprendido, aprendes muy rápido, hubieras sido un buen deportista, tienes muchas cualidades. Hemos estado en el Rin tan sólo tres horas y te movías como si hubieses practicado anteriormente, tal vez por esa razón me confié y…

- He visto mucho boxeo, nunca me había puesto unos guantes, pero sí fijarme como se mueven y esquivar los golpes.

- Pues lo de esquivar los golpes no es tu fuerte, como puedo comprobar – Intervino Aurora.

- Déjalo ¿Ves? Me pongo las gafas de sol y ya no se nota nada.

- Si lo miras bien, ese pequeño moratón, te aguapa un poco la cara.

- Serás cabrón, lo que tú tienes es envidia de haber conocido un tipo tan guapo como yo y te pueda hacer sombra.

- ¡Cuidado, eso si que no te lo permito! Óscar es muy guapo y tiene locas a muchas mujeres, de eso te puedo dar cuenta.

- ¿Ves? Ésta es mi compañera, ella sabe apreciar donde está la verdadera belleza.

- Tampoco te pases - Comentó Aurora.

- Menos rollo y...  ¿Dónde pagas la comida que has perdido? - Se dirigió Óscar a Iván.

- He pensado que con la temperatura que tenemos hoy, qué os parece aprovechar el día en la playa y a la tarde noche, cenar algo.

-  Algo no, yo quiero una mariscada – Sugirió Óscar.

- Es una expresión, a mí también me gusta el marisco y que mejor excusa, que estar los tres para darnos ese banquete.

- Bien, Iván paga la cena, tú las copas y yo os invito a picotear en el chiringuito ¿De acuerdo? – Sugirió Aurora.

- No hay objeciones – Respondieron los dos.

- Pero la cena, debemos hacerla pronto – Recalcó Iván – Hoy no me puedo acostar demasiado tarde, mañana tengo mi primer partido y debo estar en forma.

- ¡Ningún problema! Mañana estaremos allí, apoyándote para que metas algún gol – Intervino Aurora.

- No, lo que tenéis que hacer es protegerme y no preocuparos por los goles, de esos me encargo yo.

- ¡Chulito nos ha salido el chico! Si al final se ha merecido ese ojo morado.

- Déjalo ya, sois como niños ¡Madre mía, qué cruz me ha caído con vosotros dos! Iván tiene razón, no debemos olvidar por qué está jugando en el equipo y debemos velar por su seguridad.

-  Dejemos de hablar. Vamos a tomar una cerveza y luego a la playa. Tengo ganas de disfrutar del sol y darme unos baños.

- ¡Cerveza, cerveza! ¿No piensas nunca en tomarte un zumo? – Sugirió Óscar.

- El zumo lo tomo cuando entreno, ahora estoy libre, y ya te he contado que la cerveza es una bebida nutritiva.

- Sí, ahora  me vas a decir que no emborracha ¡No te jode!

- ¡Óscar, no te excites! Parece mentira.

- ¡Es este capullo que me saca de quicio! – Lo cogió por el cuello y le apretó contra su pecho – Si  al final voy a parecer más su padre, que un amigo.

- ¡Qué bonito es el amor! – Se burló Aurora.

- ¿Este y yo? Aurora… Por favor… Tengo mucho mejor gusto. – Intervino Iván.

- Te repito que Óscar es el tipo de hombre que cualquier mujer quisiera tener al lado.

- Pues – Cogió su mano y la unió a la de Óscar - … Todo para ti. Vosotros sí que hacéis buena pareja. No sé a que estáis esperando, los dos solteros, compartís la misma profesión y encima tenéis los mismos gustos.

Aurora se puso ligeramente colorada, pero no soltó la mano de Óscar. Lo miró de arriba abajo y sonrió.

- ¿Qué miras? – Preguntó Óscar.

- Que tiene razón Iván, hacemos una buena pareja.

Al instante a quien se le subieron los colores,  fue Óscar.

- Mírale, se ha puesto rojo, el tipo duro de la comisaría se pone colorado cuando una mujer le dice algo.

            -  Con cualquier mujer no – Sentenció Óscar.

Entre los dos se hizo el silencio sin separar sus manos. Iván no intervino, creyó conveniente que no era momento de más bromas y dejar que aquella situación cobrase la magia que él mismo estaba esperando y que Óscar, deseaba desde hacía tanto tiempo. Tal vez de esta forma tan extraña, sencilla y natural, se decía a si mismo, estos dos cachorros se den cuenta que se necesitan. Que la soledad es muy triste y que cuando uno llega a casa nota el calor de la otra persona, aquella con la que compartes todas las ilusiones y decepciones de la vida, y donde las risas y los llantos se mezclan en un conjunto tan armonioso, que sólo el amor es capaz de calmar. Donde las miradas furtivas en los momentos de silencio, hablan por sí solos, creando en el ambiente un estallido de júbilo inapreciable a los ojos, pero visible para el espíritu. Un espíritu que empieza a disfrutar de lo que ha esperado durante tantos años, esos años en los que un hombre y una mujer, comienzan a descubrir el sentimiento del amor.

- ¿Qué sucede, el golpe te impide ir más deprisa?

- Estás jugando con fuego – Le respondió mientras se situaba a su lado – La próxima vez no me cogerás despistado y el ojo morado lo tendrás tú.

-  Eso no  te lo crees, ni en sueños – Sonrió abiertamente mientras lo rodeaba con el brazo el cuello – Vamos a tomar esa dichosa cerveza.

El día transcurrió de forma normal. Tras tomar aquella cerveza en la terraza de uno de los chiringuitos y reservar una mesa para comer, los tres se dejaron llevar por el sol, la arena y el agua, que la naturaleza les ofrecía en un conjunto perfecto, si no fuera por el ruido de las radios, los gritos de los niños y las pelotas que más de una vez hacían presagiar un golpe inesperado al no ser recogida por la pala de madera, en aquel juego, que cada vez se hacía más insoportable en las playas.

Tras el café con hielo, después de una exquisita comida, se tumbaron en las hamacas, protegidos por las sombrillas y dejándose acariciar por la brisa suave, quedando sumergidos en un sueño apacible y tranquilo hasta la llegada del atardecer.

Iván abrió los ojos y comprobó cómo su pecho brillaba por el sudor de aquel calor que se había apoderado de su cuerpo, durante las horas de sueño. Observó a Óscar y Aurora en aquellas tumbonas juntas la una a la otra, con sus rostros frente a frente, el brazo de Óscar rodeando la cintura de ella y el de Aurora, reposando sobre el hombro de él.

Se levantó de la hamaca y miró a su alrededor. Apenas media docena de personas permanecían en la playa. Era su momento, aquel que cada tarde esperaba con ansiedad y donde se encontraba cara a cara con el mar, en completa soledad, rodeado de los elementos. Como siempre, nada interferiría en la pureza de aquel instante, se quitó su bañador y tranquilamente se introdujo en el mar, tomó aire y su cuerpo desapareció como si aquel agua salada lo hubiese abrazado. Los rayos de sol iluminaban tímidamente el paisaje acuático que observaba allí abajo. Tomó una hermosa caracola y salió a la superficie. Miró hacia  el astro rey que comenzaba su buceo, descansando del fatigoso día y dando paso a la noche. A una hermosa noche estrellada.

Iván caminó tranquilamente acariciando la caracola. En la orilla le esperaban Óscar y Aurora. Iván les sonrió y ofreció aquella caracola a Aurora.

- ¿Sabes que en esta playa no se puede hacer nudismo? – Le preguntó Óscar.

- No lo sabía, al menos de donde yo vengo, no existe ninguna ley que prohíba bañarse desnudo en una playa, o río, además yo siempre lo hago cuando no hay nadie, no me gusta molestar – Tomó su bañador y se lo puso.

- ¿Siempre lo has hecho? – Preguntó Aurora.

- ¿Bañarme desnudo? Sí, siempre que puedo. No existe una sensación más gratificante que sentir tu cuerpo en completa libertad con el agua.

- Un bañador no impide sentirse libre – Intervino Aurora.

- ¿Lo has probado alguna vez, sin él?

- No.

- Pruébalo y luego me cuentas lo que has sentido.

- Me has sorprendido. Cuando te conocí y te vi desnudo en la cama, te ruborizaste y te tapaste rápidamente.

- No te equivoques, no me ruboricé y si me tapé, fue por respeto. Estaba en una casa ajena y que alguien entre de esa forma en la habitación, te sorprende. Ahora te puedo asegurar que si vas a mi casa, es posible que te abra la puerta desnudo y sin el menor problema; eso sí, siempre y cuando no te moleste que esté de esa forma.

- Te tengo que enseñar algunas de las calas nudistas que tenemos muy cerca de aquí – intervino Óscar –, de vez en cuando yo también paro en ellas. Es cierto lo que le has dicho a Aurora, cuando yo lo probé, la sensación fue muy grata.

- De acuerdo, me habéis convencido, el próximo día vamos a una de esas playas, pero ahora tengo hambre y estoy deseando echar mano a esa exquisita mariscada que nos está esperando.

- No es cuestión de convencer a nadie, yo siempre sugiero a quien se sorprende cuando se entera que soy nudista, que antes de juzgar, lo pruebe, y si no, por lo menos, lo respete.

- Creo que ahora te mereces una colleja – Intervino Aurora sonriendo – No quiero verte tan serio.

- Perdona, hay algunos temas que me gusta tratarlos con el respeto y la seriedad que se merece, muchas veces  se confunde a quien practica nudismo con ser exhibicionista, y nada más lejos.

- ¡Lo sabemos! Vamos a cenar. Aurora tiene razón, mis manos también están deseando pringarse con esos esplendidos manjares.

- Y las mías – Sonrió Iván.


       CAPÍTULO VIII

- ¡Señoras y señores, bienvenidos al pabellón de los deportes! Hoy les prometemos  vibrar con nuestro equipo y en especial dar la bienvenida al nuevo fichaje…

La voz del presentador a través de los altavoces, precipitaba a los rezagados a sentarse en sus asientos correspondientes. El pabellón presentaba un aspecto inmejorable. Las aficiones de los dos equipos provocaban un estruendo tal, que era casi imposible hablar sin gritar.

Iván y sus compañeros permanecían en el vestuario recibiendo las últimas órdenes de su entrenador. Iván estaba como un flan y el entrenador se calló por un instante, se fue hacia él y puso su mano sobre su hombro. Iván levantó la cabeza como si tuviese un resorte.

- Le escuchaba, solo que...

- Estás nervioso y no tienes porque, todos sabemos que no es tú mejor posición de juego, pero te necesitamos de portero. No tienes que pensar más que en jugar y dejarte llevar por tú intuición. Muchos goles se paran por un impulso, y yo se que tú lo tienes.

- Gracias – Resopló – Ahora me encuentro mucho mejor.

- Y esto – se volvió hacia todo el equipo –, va para todos, sed uno mientras estéis en el agua y no os aminoréis ante el contrario, no existe rival difícil, mis años de experiencia me lo han demostrado ¡Así que… chicos… juguemos y divirtámonos, es lo más importante!

A través del altavoz se solicitaba la presencia de los dos equipos. El clamor inundó el pabellón cuando los locales hicieron acto de presencia. Los gritos se fundían con el estallido de bocinas y tambores. Iván miró hacia atrás, donde se encontraba aún su entrenador. Éste, con un gesto, le impulsó a salir con el vigor que precisaba. Tras la presentación, ambos equipos se despojaron de sus albornoces y se sumergieron en la piscina, para el calentamiento previo al encuentro.

Óscar y Aurora estaban en una de las zonas más visibles, disfrutando del momento, pero también como les había recordado Iván, protegiéndole. Quién sabía si aquel energúmeno atacaría durante el encuentro y sobre todo a su compañero, que había levantado expectación en los medios de comunicación deportivos durante aquella semana, al saberse que sería el nuevo jugador estrella del equipo.

Pero Óscar y Aurora no eran los únicos que velaban por la seguridad de aquellos jóvenes deportistas. La protección en el pabellón se había triplicado. Entre los propios aficionados, algunos amigos de Iván se ocultaban bajo camisetas y pantalones cortos, que en su trabajo real, no llevarían nunca.

El encuentro comenzó puntualmente, y como el presentador había prometido, resultó un gran encuentro. Los dos equipos no perdían las fuerzas, ni las ganas por llegar a la portería contraria. Iván había tenido que parar algunos lanzamientos muy peligrosos y la multitud lo aclamaba como un héroe, y es que si alguien estaba destacando entre todos, era él. Sí, como dice el dicho, se sentía como pez en el agua, y a medida que el partido iba transcurriendo, se había crecido. Estaba feliz y lleno de energía.

Al finalizar el tercer tiempo el entrenador lo llamó. Mientras se acercaba nadando, sintió cómo el corazón comenzaba a latirle con más rapidez de lo normal; lo atribuyó en un principio a la fatiga. Habían sido dos tiempos muy duros y comprendía, que tal vez, no estuviese en plena forma, pero los latidos se incrementaban a medida que se acercaba a la orilla. Se detuvo y miró al público enloquecido, puesto en pie y gritando su nombre. A su mente volvieron los recuerdos de la taquicardia sufrida en los almacenes. Buscó con desesperación entre las decenas de caras que podía visualizar y por fin deparó en aquel rostro tan conocido, en aquella imagen que tantas veces había visto en el espejo cuando se observaba y el corazón golpeó con más fuerza. Sin poder controlar su cuerpo, cayó hasta el fondo de la piscina. Sus compañeros se precipitaron en su ayuda, el público enmudeció, a los pocos segundos sacaron el cuerpo de Iván, inconsciente. Lo tumbaron en la orilla mientras los asistentes sanitarios acudían  velozmente, practicándole los primeros auxilios. Una vez colocado sobre la camilla,  fue retirado al vestuario ante los aplausos de los allí congregados, al saber que todo había pasado.

Aurora y Óscar se desplazaron también al vestuario, allí, sobre la camilla y con una mascarilla de oxígeno en la boca, se encontraba Iván sin saber lo que había ocurrido.

- ¿Estás bien? – Preguntó Aurora cogiendo su mano.

- Sí, no sé qué me ha pasado, estaba perfectamente hasta que me llamó el entrenador y a medida que me acercaba a la orilla mi corazón empezó a golpearme con violencia, como me ocurrió en los almacenes, lo último que recuerdo es ver el rostro de Mario y…

- No te agotes, ahora debes relajarte – Le interrumpió Óscar – Debes hacerte un buen chequeo, no es normal que hayas sufrido dos ataques al corazón estando tan sano como estás. Tal vez no deberías haberte esforzado tanto, como lo has hecho. Eres un auténtico ídolo para todos los aficionados a este espectacular deporte. Nunca había visto a nadie moverse en el agua como a ti ¡Felicidades! Pero lo dicho, ahora debes descansar y mañana mismo iremos al mejor especialista de la ciudad.

- Has dicho que viste a Mario entre el público, y la otra vez también ocurrió cuando él estaba cerca, tal vez…

- ¿En qué estás pensando? – Preguntó Óscar.

- Es posible, sólo posible, que pueda existir una relación entre ellos dos, pensemos un poco, los dos son exactamente iguales… No sé, hace tiempo leí algo…

Aurora fue interrumpida por la presencia del médico que se acercó a Iván, cogió su brazo y le tomó las pulsaciones.

- ¿Cómo te sientes muchacho?

- Ahora, mejor.

- Tus pulsaciones parece que se recobran, nos has dado un buen susto y no nos gustaría perder a la nueva estrella del equipo.

- Lo que soy es una estrella estrellada – Lanzó una carcajada.

- Eso es importante, que conserves el humor – Miró a Aurora y Óscar - ¿Ustedes tienen alguna relación con él?

- Sí – Contestó Óscar – Somos amigos.

 - Sería importante que avisaran a sus padres o familiares más cercanos, esta noche necesita estar vigilado.  Aparentemente no tiene nada, está físicamente bien, pero las taquicardias hay que controlarlas aún siendo en una persona tan joven como él.

- La persona más cercana que tiene soy yo – Intervino Óscar.

- Pues a su cuidado queda, si no puede atenderle, le podemos llevar al hospital.

- No, al hospital no quiero volver, precisamente no tengo muy buen recuerdo de ese lugar.

- Tranquilo – Dijo Óscar – Esta noche la pasarás en casa, yo estaré pendiente de ti. Como ha dicho el doctor, hay que cuidar de la estrella.

- ¿Puedo levantarme? Me gustaría salir de aquí antes de que lleguen mis compañeros, prefiero no verles ahora.

- Sí – Afirmó el médico – Si te acompañan ellos, puedes irte cuando quieras.

- No se preocupe – se apresuró Aurora mientras se acercaba a Iván –, nosotros nos ocupamos de todo.

- Iván se quitó la máscara de oxígeno mientras se incorporaba, se colocó la camiseta, el pantalón y se calzó las deportivas. Miró a sus compañeros mientras abría la puerta.

- Salgamos de aquí cuanto antes.

- Claro, ahora  mismo nos vamos a casa y esta noche nos quedamos los dos contigo – Comentó Aurora.

- No hace falta que nos quedemos los dos – intervino Óscar –,  yo puedo hacerme cargo de él.

- Me encuentro bien, no hace falta que os quedéis ninguno de los dos. Ahora me lleváis a casa tranquilamente, me doy una buena ducha, tomo  una bebida isotónica y me quedo tumbado en el sofá viendo la tele todo el santo día, cuando llegue la noche ceno, me acuesto y mañana será otro día.

- Eso no te lo crees ni tú – Intervino Óscar enérgicamente – Si Aurora quiere quedarse, no se lo impediré. Ninguno de los dos nos separamos de ti.

- ¿Acaso estoy detenido?

- Menos burlas y entra en el coche antes de que alguien nos vea.

En el interior del vehículo Iván miró a Aurora a través del espejo retrovisor interior.

-¿Qué estabas diciendo antes, cuanto nos interrumpió el médico?

- ¿Sobre qué?

- Algo que habías leído.

- Nada, una tontería. Mañana lo que haremos será visitar a un amigo mío, si tienes algo en la cabeza, él lo va a sacar.

- ¡Espero que no sea el cerebro!

- Para lo que te sirve – Intervino Óscar.

- ¡Muy gracioso! Lo que tú estás es envidioso que nunca te han aclamado como lo han hecho hoy conmigo, siendo un completo desconocido.

- La gente está muy mal del tarro. Por chapotear un puñado de tíos en bañador en una piscina, se vuelve loca.

- ¡Pero que tíos! – Intervino Aurora.

- ¿A qué estamos todos muy buenos?

Los dos permanecieron callados.

- ¿No piensas decir nada, Aurora? Porque a Óscar no le voy a preguntar si estamos o no buenos.

- ¿Y por qué no? – Preguntó Óscar –  ¿Acaso no tengo ojos para saber si estáis o no bien físicamente?

- Por supuesto, pero lo normal es que sean ellas quienes nos…

- Os levantemos el ego ¿No? – Le interrumpió Aurora.

- Claro, no hay nada mejor que una mujer diga un piropo a un hombre, al igual que os pasa a vosotras con nosotros.

- ¡Bueno, bueno! De donde tú vienes tal vez sea muy normal, pero aquí, tanto hombres como mujeres pueden hablar de sus mismos sexos.

- ¡Vale! Sé cuando me meten un gol.

- Y varios también – Soltó de forma socarrona Óscar.

- Estoy seguro que hemos ganado el partido, y la próxima vez no entrará ninguno.

- Si tú corazón lo resiste – Continuó Óscar.

-¡Óscar! – Le recriminó Aurora –  A mí, por lo menos,  me ha jodido bastante que Iván no pudiese terminar el partido, y voy a tener que pensar como él, que en el fondo lo tienes envidia.

- No sabéis aguantar una broma. Es verdad que no es el mejor momento para bromear, pero debemos dejar la tensión que hemos vivido y tomarnos la vida…

- Tienes razón, no me molesta que hagas esos comentarios, estoy seguro que a ti también te ha fastidiado lo sucedido.

Óscar puso la radio del coche, estaban retransmitiendo los últimos segundos del partido. Iván sintió en su interior cierta rabia por no poder estar jugando aquel encuentro que se había convertido en el acontecimiento más esperado. La rivalidad entre ambos equipos durante años, se transformó en aquella piscina en una auténtica contienda, en un espectáculo como jamás se había vivido en la ciudad, y él, uno de los protagonistas, había tenido que abandonar. Salir por la puerta de atrás ¡Maldito corazón! Se decía para sus adentros ¿Por qué en aquel momento, no podría haber esperado a qué finalizase el partido?

- “… Señoras y señores hemos vivido el encuentro más apasionante nunca visto en este pabellón, aun estando lejos de la piscina, puedo sentir como el agua está hirviendo por el calor que ambos equipos han derrochado esta mañana. Hemos ganado el partido y desde estos micrófonos, deseamos enviar un saludo muy cordial para Iván. Esperamos chico, que muy pronto volvamos a ver al huracán, como todos te llama aquí. Iván, el huracán, reponte pronto, esperamos verte de nuevo jugando. Y a todos ustedes, les dejo hasta la próxima ocasión, donde será difícil superar lo que hemos vivido todos hoy aquí”

Óscar apagó la radio y le observó en silencio a través del espejo retrovisor, vio como de los ojos de Iván salían unas discretas lágrimas.

- ¡Te has emocionado!

- Sí. Como me gustaría estar ahora allí con ellos, disfrutando como enanos la victoria, y en cambio…

- Lo importante – dijo Aurora –, es que tú te pongas bien, que encontremos ese maldito problema que tienes. Mañana visitaremos, como te he dicho, a un gran amigo mío. Lo voy a llamar ahora mismo.

Aurora tomó su móvil y habló a través de él con aquel especialista. Iván esperaba que pronto hallaran respuesta al problema, como había sugirió Aurora.  

- ¡Iván, el huracán! Me gusta como suena – Comentó Óscar.

- Que rápido me han bautizado.

- Iván, lo digo muy en serio, porque entre tantas bromas no sé si has sido consciente o no, pero por nada del mundo me hubiera imaginado que te movieses así en el agua. Parecías más que un huracán, un delfín. Tienes mucho estilo y la sensación que dabas era como si el agua hubiera sido tu medio desde siempre.

                                              

                                                                                  FIN DEL SÉPTIMO Y OCTAVO CAPÍTULO

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