lunes, 29 de junio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO X y XI


                CAPÍTULO X y XI

Los días pasaban. Los únicos cambios apreciables era ver como el sol daba paso a la luna y viceversa. En la comisaría continuaban desesperados por encontrar alguna pista que les llevase hasta el asesino, e Iván deambulaba de un lado para otro sin encontrar una solución a aquel problema.

El verano estaba dando sus últimos coletazos. Los turistas abandonaban la ciudad y las playas comenzaban a quedarse desiertas. Iván había descubierto una pequeña calita donde podía estar todo el día en completa desnudez. Necesitaba sentirse  libre, sin ningún tipo de ataduras. Óscar y Aurora lo observaban durante el día, alternándose para no descuidar sus trabajos. Presentían que pudiese caer en una depresión y ellos no estaban dispuestos a dejarlo solo. Y es que desde aquella visita, desde aquella regresión, ya no era el mismo. Sus únicas vías de escape eran entrenar en la piscina, la moto y la playa. Las conversaciones se hacían parcas en palabras, su sonrisa había desaparecido y aquel brillo en sus ojos, con el que cautivaba, se había apagado.

Se sentía, como había dicho a Óscar “Enjaulado en una ciudad, de la que no podía salir porque no sabía a dónde ir” Ahora, más que nunca deseaba volver, de cualquier forma, aunque la muerte lo esperase en la primera esquina. Pero permanecer aquí, para qué.

Aquella tarde Óscar pidió ser relevado por un compañero. Le explicó lo que sucedía con Iván y no hubo el menor reparo, todo el mundo quería a Iván, era como un talismán, no habían vuelto a perder ni un partido y además en aquella comisaría, sentían una cierta predilección por él.

Óscar se dirigió a la cala. El lugar de refugio de Iván. La pequeña playa estaba desierta. Desde arriba contempló a Iván sentado sobre una roca, mirando hacia el mar, con la vista perdida en el infinito. Bajó las escaleras y descendió por el sendero de arena que le acercaría directamente al lugar donde se encontraba su amigo.

Iván no se percató de su presencia.  Óscar se detuvo un instante, pensó si era oportuno aproximarse o dejarlo sumido en sus pensamientos. Aquel compañero al que respetaba y quería, parecía no estar allí. Se desnudó y se acercó lentamente, se arrodilló a su lado y posó su mano sobre el hombre de Iván, éste se volvió.

- ¿Qué haces aquí?

- He venido a darme un baño. He salido antes de lo que esperaba y la tarde invita a refrescarse.

- ¿No tendrías que estar buscando a ese asesino?

- ¿Qué te ocurre Iván? Nos tienes preocupados.

- No me pasa nada, estoy bien ¿No lo ves?

- No, no lo veo.

Iván se levantó y se introdujo en el agua sin decir nada. Se sumergió. Óscar se acercó a la orilla y esperó a que volviese a la superficie. Estaba tardando demasiado. Pensó en ir tras él cuando vio que Iván volvía a tomar aire e internarse de nuevo en aquellas aguas. Así transcurrió más de una hora. Óscar decidió darse un baño, no deseaba que su amigo creyera que sólo había ido a vigilarlo, aunque la realidad fuera ésa; necesitaba saber cómo estaba, cuál era su estado de ánimo y desde luego, por aquellas únicas palabras que habían compartido, no parecía sentirse muy bien.

Tras el baño, Óscar permaneció en la toalla mirando cada inmersión que su amigo realizaba, hasta que decidió salir. Entonces, se tumbó mirando al cielo, esperando que él llegase de nuevo a la toalla, pero no fue así, con lo que volvió a incorporarse. Iván había decidido correr de un lado a otro de la cala, no tendría más de cien metros de larga, pero fueron muchas vueltas las que hizo hasta que Óscar se colocó frente a él.

- ¿No te apetece hablar?

- No

- ¿Por qué?

- Estoy entrenando y no es bueno hablar mientras se corre. El corazón y los pulmones necesitan todo el oxígeno, deberías saberlo. O tal vez lo ignores, el deporte nunca ha sido tú fuerte.

Óscar se cabreó, espero a que diese otra vuelta y a su regreso le detuvo con la mano, colocándola sobre su pecho sudoroso.

- Es posible que yo nunca haya sido un buen deportista, es posible que no pueda entender qué te está pasando, es posible que no quieras hablar con nadie ¡Pero soy yo, tú amigo! La persona en la que has confiado desde que caíste en esta ciudad, la persona que junto con Aurora hemos estado siempre pendientes de ti, sin saber quién eras. Creo que hemos compartido algo más que una charla de colegas, comido o tomado algo. Por lo menos me debes un poco de respeto, el respeto que un amigo debe a otro.

Iván se quedó fijo mirándole, sin decir palabra, tan inmóvil como lo vio al llegar. Sus ojos comenzaron a brillarle y a brotar de ellos las primeras lágrimas. Óscar lo abrazó e Iván se derrumbó sobre el cuerpo de su amigo. Óscar sentó a su compañero sobre la arena y se colocó frente a él.

- ¡Suéltalo! ¡Saca la rabia que llevas dentro!

- No es rabia, es impotencia, por no saber qué hacer.

- Haz lo que has hecho hasta ahora. Sé tú mismo y espera a que el destino decida.

- ¡El destino! ¿De verdad crees en el destino después de lo que me ha pasado? Piénsalo bien, es una locura. Un tipo se pega la hostia en una moto, queda destrozado, entra en estado de coma y por arte de no sé qué puta magia, su cuerpo, su mente y todo su ser se ve transportado a otro mundo paralelo en el que él vivía. Toda la gente que conoce ha cambiado de nombre, de profesión e incluso de mujer y casa ¿Tú de verdad piensas que un ser humano normal, puede asimilar todo eso? Pues si lo puede asimilar, yo no soy normal.

- Eres muy normal amigo mío, muy normal y con un cerebro bien amueblado. Aurora y yo, en más de una ocasión nos hemos preguntado cómo reaccionaríamos si nos ocurriese algo parecido a lo que estás viviendo, y la verdad es que yo me volvería loco, completamente loco.

Iván tomó la cara de su amigo con las dos manos y la acercó a la suya.

- Ese miedo tengo... Creo que empiezo a volverme loco. No puedo concentrarme. No duermo y cuando lo hago, me asaltan mil pesadillas. Muchas noches me despierto empapado en sudor y con el corazón a punto de reventar. Tengo miedo a pasear por las calles y encontrarme con Mario y perder el conocimiento, con otra maldita taquicardia. Sólo aquí, me siento bien. El resto de la ciudad, me da pavor y eso, es síntoma de un principio de esquizofrenia.

- No, tú no estás loco y no lo vas a estar mientras nosotros estemos contigo, sabes y si no es así, ahora es el momento de decirlo. Para Aurora y para mí, eres mucho más que un amigo, eres como un hermano.

- Lo sé, pero yo no quiero que nadie sufra por lo que estoy pasando. Os habréis dado cuenta que me he ido alejando de vosotros, porque no quiero que estéis en estos momentos conmigo. Siempre he sido una persona alegre, llena de vida, socarrona y un poco locuela. Me ha gustado divertirme con los demás. Pero ahora no puedo ponerme una careta y mostraros que estoy feliz ¡No puedo!

- Nadie te está pidiendo que te pongas una careta y nos demuestres el Iván que conocimos ¿Qué crees, que no hemos notado como has cambiado en este tiempo? Tus ojos te delatan amigo mío, tus ojos están opacos, sin brillo, sin vida y deseamos que ese destello vuelta, que regrese el Iván de siempre, queremos recobrar al amigo, al hermano que nos ha abandonado.

- Y volverá, pero ahora es mejor que esté solo. Llegará un momento en que el cerebro lo asimile, como hace siempre y entonces...

- Ni lo sueñes, ahora es cuando tenemos que estar unidos y encontrar una solución, y si no la hallamos, vivir esta nueva vida que te han regalo ¿Quién sabe si en la otra estarías… muerto?

- ¿Y no es mejor estar muerto, que vivir así?

- No. Vivir es la mejor de las experiencias que podemos tener, al menos en este mundo. Dejemos la muerte para cuando nos toque en la espalda y emprendamos otro camino. Mientras tanto, vivamos, disfrutemos, luchemos, suframos, riamos, lloremos ¡Pero vivamos!

Ahora fue Óscar quien tomó a su amigo por los hombros, acercándole.

- ¿De acuerdo?

- De acuerdo – Susurró.

- No te he oído.

-¡De acuerdo! – Gritó.

- ¡Así me gusta! ¡Vamos, vamos a tomar una maldita cerveza, hay que celebrarlo!

Los dos se levantaron y recogieron sus ropas. Se vistieron y se acercaron a la primera cervecería que encontraron.

- ¡Siéntate, yo pido!

Iván tomó asiento mientras Óscar se dirigía a la barra. Miró a uno y otro lado y llamó al camarero.

- Quiero dos cervezas en los vamos más grandes que tenga.

- Los mayores tienen una capacidad de litro y medio.

- Lo he pensado mejor, ponme cuatro.

- ¿Cuatro?

- Sí, mi compañero y yo tenemos mucha sed.

            Óscar volvió a la mesa, se sentó y miró a  su amigo.

            - ¿Estás mejor?

            - Sí.

            El camarero se acercó con los vasos en la bandeja y los colocó en la mesa con un platillo de patatas fritas. Iván miró a Óscar.

            - ¿Has pedido tú esto?

            - Sí. Quiero saber de una puta vez que encuentras en este líquido que tanto te agrada, así que, si un par de cervezas que nos hemos tomado juntos no me lo hacen comprender, tendré que beber en mayor cantidad.

            - ¡Te vas a emborrachar!

            - Me da igual, tú me llevarás a casa.

            - ¡Está bien! – Iván tomó el vaso y lo levantó hacia Óscar – ¡Brindemos!

            Óscar hizo lo mismo, sonriéndole.

            - ¿Por qué?

            - ¡Por la amistad!

            - Me gusta. ¡Brindemos por la amistad y el amor!

            - ¡Que así sea!

                        Los dos golpearon los envases que contenían aquel líquido amarillento, tan apreciado por Iván.

            Los vasos se vaciaban y eran repuestos por otros.  Durante aquellos instantes, Óscar habló de su pasado, de su niñez, de las inquietudes y de los sueños rotos. Se desahogó bajo los efectos de aquella bebida que su organismo no estaba acostumbrado a ingerir, mientras Iván lo escuchaba con suma atención. Con el tiempo la voz y el rostro de Óscar, comenzó a transformarse. Las palabras dejaron de ser legibles y su cara convertida en muecas en ojos difícil de mantener abiertos, de labios temblorosos, y de piel, cambiando de color, en algunas zonas tan rojiza, que parecía estar sofocado de calor.

            - Creo – dijo Iván –, que deberíamos llamar a Aurora.

            - No, esto es entre nosotros. Es la primera vez que estoy con un amigo y le he hablado de mi infancia, de mis miedos y de lo que espero de la vida; y todo eso me lo ha provocado este líquido que estamos bebiendo, que por cierto, me empieza a gustar.

                        - Estás borracho, mejor dicho, estamos borrachos y no pienso coger  el coche para ir a casa.

            - Iremos andando.

            - ¡Y una mierda! Yo no cargo contigo, estando como estoy. Voy a llamar a Aurora.

                        - ¡Me va a detener por borracho! Me leerá mis derechos y luego me meterá en una celda hasta que se me pase la borrachera.

                        - Los polis no van a la cárcel por una borrachera ¡Gilipollas! Eso sólo se lo hacéis a los que os encontráis tirados en la calle, o armando escándalo.

            - Por lo menos les damos cobijo hasta que recuerdan dónde viven.

Iván cogió el móvil y llamó a Aurora. Ésta llegó en pocos minutos y se los encontró a los dos terminando la última cerveza.

- ¿Qué ha pasado aquí?

- ¡Hola Aurora, cariño! ¿Te apetece una cerveza? Está muy buena. Éste cabrón tenía razón, este líquido es bueno, digestivo y… ¡Joder, me estoy mareando!

- ¡Vamos! ¿Me contarás lo que ha pasado? – Preguntó a Iván, mientras salían del bar.

- Sí, pero prefiero que sea mañana.

- Os quedáis en mi casa. Desde luego, que una mujer os tenga que llevar a la cama en este estado, no es normal.

- ¡Quiero hacer el amor contigo! Pero antes nos casaremos – le dijo Óscar a Aurora agarrándose a su cintura – y tú... amigo – cogiendo a Iván por encima del hombro –, serás el padrino, y luego el padrino de nuestro primer hijo, porque tengo ganas de tener un hijo y enseñarle todo lo que he aprendido en la vida.

Aurora miró a Iván.

- Nunca esperé ver a Óscar borracho, no sé lo que ha pasado, pero desde luego que quiero saberlo, y me lo vais a contar, aunque os tenga que moler a palos.

- Iván ¿A ti no te gustan las mujeres cuando se enfadan? Se ponen muy guapas y Aurora más que ninguna.

- Deja de decir tonterías y entra en el coche.

- Sólo si me prometes que nos casaremos y que Iván será nuestro padrino.

- ¡Entra pesado! Estás borracho y no sabes lo que dices.

- Borracho, no te lo puedo negar, estoy muy borracho; pero sé lo que estoy diciendo, te amo y sólo quiero casarme contigo ¡Prométemelo!

- Te lo prometo, pero entra de una vez.

- ¿Ves, Iván? Ella también me quiere. Tenías razón y yo como un bobo sin creerlo.

Al final Iván y Aurora consiguieron meter a Óscar en el coche. En cuanto su cuerpo tocó el asiento de atrás, se quedó profundamente dormido.


                                                        CAPÍTULO XI          
           A la mañana siguiente Iván se levantó y se fue derecho a la ducha, permaneció bajo ella más de media hora, salió y se miró al espejo “Hacía tiempo que no cogía una mierda así” Se dijo para sus adentros. Aurora entró en el baño.
             - ¿Me vas a contar que pasó ayer?
             - Nada.
             - Algo tuvo que suceder para que Óscar bebiese de esa forma. Él nunca ha bebido ¿Cuánto tomó?

- No sé, tal vez… unos seis vasos.
           - ¡Seis vasos de aquellos! ¡Por lo menos hacían un litro!
- Litro y medio – puntualizó Iván en voz baja – y… por favor no grites, me duele la cabeza.

           - ¡La cabeza! Dime ahora mismo por qué estabais bebido de esa forma o pongo la música a todo volumen.
- ¡Por favor! – se llevó la mano a la sien – ,  te lo contaré, pero baja la voz.

           Iván le relató todo lo sucedido y Aurora empezó a reírse.

- ¡Estáis completamente locos! No, si al final entre una cosa y otra, nos vamos a volver todos majaras. Anda, vete a vestirte, tenemos cita con Alejandro.

- No creo que hoy pueda concentrarme.

- Lo harás.

          Iván volvió a la habitación, se puso el slip y subió toda la persiana, dejando entrar la luz del exterior.

- ¡Joder! – Cerró los ojos y se volvió.

            - ¡Esa luz, por favor, apaga esa luz! – Se escuchó la voz se Óscar muy baja.

- Arriba, es de día, la luz no se puede apagar, es el sol.

            - Pues cierra la persiana, me duele todo – Óscar estaba tumbado boca abajo, completamente desnudo y con la cara pegada a la almohada.

- Ahora ya sabes los efectos de beber tanto ¡Cabrón! Hacía mucho que yo no lo hacía así y tú me has obligado.

            - ¿Yo? ¡Y una mierda!

            Iván se subió en la cama de Óscar y comenzó a zarandearlo.
  
           - ¡Para, para por favor! Me da todo vueltas.

           - Arriba, una buena ducha, un vaso de leche con azúcar y una aspirina y como nuevo.

           - ¡No... Quiero dormir!

           - Tío, es sábado, hoy libras y… ¿Quieres pasar todo el día en la cama?

           - Sí.    

          - Pues no lo voy a consentir, si no vas tú a la ducha, te llevo yo.

         Lo incorporó, le bajó las piernas de la cama y lo dejó sentado. Óscar abrió los ojos muy lentamente.

         - ¿Crees de verdad que seré capaz de llegar hasta la ducha?

        - Si no llegas, no te preocupes, que yo te empujo.

        Se levantó y fue hacia el cuarto de baño. Se encontró con Aurora por el pasillo y saludó, ésta le devolvió el saludo de mala gana, haciéndose la ofendida.

      - ¡Iván, ven!

      - ¡Voy Óscar, voy!

      Óscar se introdujo en la ducha y abrió el grifo del agua fría.

       - ¡Joder que fría está!

       - ¿Qué quieres?

        - Una pregunta ¿Ayer he dicho o hecho algo que no debiera a Aurora?

         - No, simplemente la pediste hacer el amor, casaros y tener un hijo.

         - ¡No jodas!  ¿cómo pude ser tan animal?

         - No eras tú, era el alcohol.

        - Ahora te das cuenta de que no es bueno, que el beber mucho es malo para todo.

       - Beber no es malo, hacer lo que tú has hecho ayer, sí.

       - ¿Cuánto bebimos?

       - Demasiado.

       - ¿Y los efectos siempre son los mismos, o es por qué soy un principiante?

       - Siempre son idénticos, lo único, que uno se acostumbra.

       - Igual que mi padre.

       - No, nunca serás como tú padre, tú, como ayer me dijiste a mí, tienes la cabeza bien amueblada.

        - Es posible, pero ahora tengo una bolera dentro y no dejan de jugar.

        - Se te pasará. No te preocupes.

       - ¿Vais a seguir toda la mañana de charla? Tenemos cosas que hacer y no quiero que por vuestra culpa, pierda Alejandro todo el día.

      - ¡Alejandro! ¿Qué tiene que ver Alejandro en todo esto?

      - Por lo visto tengo cita con el loquero.

      Aurora entró en el baño.

      - ¡No es un loquero! Es el mejor especialista de todo el país. Pero ¡Qué sabréis vosotros! ¡Hombres, todos son iguales!

      Óscar salió de la ducha, los dos terminaron de vestirse y desayunaron en silencio. Óscar observaba a Aurora que estaba de espaldas, ordenando el fogón.

       - Aurora.

      - ¡¿Qué quieres Óscar?!

      - Perdóname, te juro que no volveré a beber.

      Aurora se volvió.

      - Eso espero, porque no soportaría ser la mujer de un borracho.

      - ¿Cómo?

      - ¡Lo que has oído! – Dejó la servilleta que tenía entre las manos, lanzándola contra la mesa donde se  encontraban. Se fue al salón, cogió las llaves y volvió a la cocina –  ¡Vamos! ¡Alejandro nos está esperando!

       Los dos tomaron el último sorbo de leche mientras tragaban la aspirina para quitar el dolor de cabeza, se levantaron y siguieron a Aurora, como dos cachorrillos detrás de su madre.

                                                                                  FIN DE LOS CAPÍTULOS 10 Y 11


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