lunes, 6 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XIV


            CAPÍTULO XIV

Aquella tarde Iván,  había decidido entrenar en la piscina. La temperatura en el mar era un poco fresca en contraste con  el agua tibia que proporcionaba a sus músculos la sensación agradable que precisaba para el largo tiempo que permanecía nadando.

Apenas tres personas le habían acompañado en toda la tarde, y ahora estaba solo. Miró el reloj marcador que colgaba a uno de los extremos del recinto. Eran las siete. Recordó entonces que había quedado con Aurora para ir a ver una obra teatral. Salió rápido y se dirigió al vestuario. Tomó el gel, el champú y se dispuso a ducharse. Se liberó del bañador y bajo aquel chorro de agua caliente, después de haber enjabonado bien todo su cuerpo y cabeza, se dejó acariciar por el líquido cálido que relajaba sus músculos. De pronto sintió que su corazón se volvía a precipitar, latiendo a gran velocidad, miró a su alrededor “Aquí no hay nadie, estoy solo” Se dijo para sus adentros. Pero  aquellos latidos… Cerró el grifo, apoyó su espalda contra la pared aún calida y mojada. Intentó tranquilizarse, oxigenó sus pulmones, pero el corazón continuaba bombeando a gran velocidad; sintió que se mareaba y se arrodilló. Sus ojos se nublaron ligeramente, metió su cabeza entre las piernas, esperando una reacción que no llegaba. Al levantar de nuevo la mirada vio frente a él, un cuerpo cubierto por una especie de chubasquero y el rostro tapado.

- Es tú hora amigo – Le dijo.

- ¡Y una mierda! A mí no me vas a matar ¡Hijo de puta!

Como pudo se incorporó, mientras que su agresor le golpeaba el pecho. Sintió un dolor agudo. Por un instante, muy leve, creyó estar herido, pero al ver que no sangraba miró con odio a su contrincante y le sacudió con fuerza en la cara. Éste pareció no inmutarse y golpeó de nuevo a Iván. Ambos se enzarzaron en una pelea que parecía no tener fin. Su desnudez y el corazón, parecían estar también en su contra. Perdía las fuerzas por momentos, en un intento vago, después de conseguir levantarse tras una de sus numerosas caídas, su puño no tuvo la respuesta deseada, perdiéndose en el espacio. El agresor aprovechó el instante para golpearlo con fuerza y estrellarle contra la pared. Se desvaneció. Su cuerpo se deslizó lentamente hasta el suelo, ante la mirada de satisfacción de su adversario al contemplar el reguero de sangre sobre los azulejos húmedos. El asesino se volvió lentamente hacia uno de los lavabos, mirándose en el espejo. Observó sus manos manchadas de sangre y las lamió lentamente, regocijándose en el acto, luego las aclaró con el agua del grifo y se fue.

Iván permaneció allí tumbado hasta que llegó el encargado del pabellón y lo encontró. Se inclinó sobre él y fue en busca de ayuda.

Pasarían unos minutos, hasta la llegada de la ambulancia. Cuando salían por la puerta con Iván en la camilla, llegaron casi sin aliento Óscar y Aurora.

- ¿Qué ha pasado?

- Han atacado a un nadador –  Dijo uno de los camilleros.

- ¿Quién es?

- Iván – respondió el encargado del pabellón –, el portero de…

- ¡No puede ser! – Interrumpió Óscar sin dejarle terminar la frase. Sus ojos se llenaron de cólera y odio, volviéndose con violencia hacia la camilla que estaban introduciendo en la ambulancia.

- ¡Tranquilo! Nosotros nos encargamos de todo.

- ¿Está…?

- ¡Está vivo de milagro, pero está vivo!

Aurora había estallado en lágrimas, impotente ante lo sucedido, sin apenas moverse. Óscar se acercó a ella y la abrazó.

- Está vivo, vamos al hospital, necesitamos saber qué tiene.

Al llegar al hospital se dirigieron a la ventanilla de información, preguntaron por Iván y la enfermera les comunicó que se encontraba en cuidados intensivos. Traspasaron los pasillos con rapidez. La soledad de éstos en aquellas horas, el deseo por saber de Iván y el silencio sepulcral, provocó la agonía de verse encerrados en un laberinto de azulejos y baldosas blancas, sin encontrar la puerta deseada. Aurora miraba de soslayo a Óscar, comprobando en su rostro, el rictus de preocupación. Por fin localizaron la dichosa puerta. Óscar tomó aliento y expulsando todo el aire, abrió. Una enfermera que se hallaba en el interior, cuidando de Iván, se volvió sorprendida. Iván descansaba en una camilla, con la cabeza vendada y varios cables donde el final de los mismos terminaba en ventosas que se adherían por distintas partes de su cuerpo, para el control de su estado, a través de aquel electrocardiograma.

- ¿Está bien? – Preguntó Aurora.

- Ahora sí, está sedado, estable y dormirá toda la noche. El periodo de observación está estimado en veinticuatro horas y luego, si responde favorablemente, pasará a planta. Hay que hacerle nuevas pruebas, unas radiografías, una resonancia y lo que el especialista crea conveniente.  Los golpes han sido muy fuertes, sobre el de la cabeza. Ha perdido mucha sangre, posiblemente por estar mojado el lugar donde ha sufrido el accidente.

- ¡Qué coño accidente, le han intentado asesinar!

- ¡Señor, por favor, cálmese! Solo sé, en el estado en que ha llegado. Nada más.

- Tranquilo Óscar, estamos muy nerviosos, ellos están haciendo lo que pueden.

- ¡Perdón! Es normal que usted no sepa lo sucedido. Es un gran deportista y el asesino ha atacado de nuevo. Afortunadamente, esta vez, no ha conseguido su objetivo.

- ¿El asesino de los deportistas? – Preguntó titubeando  – Entonces... Es posible que lo pueda identificar.

- Ese es el problema. Desde este momento esta sala tiene que quedar más protegida que el Banco Central – Se volvió hacia Aurora – Aurora, llama a la comisaría y explica lo sucedido, quiero diez hombres, en menos de cinco minutos.

- Ahora llamo, pero tranquilízate.

Aurora salió a llamar, mientras Óscar se acercaba a Iván. Sus ojos se empañaron de lágrimas, mientras apoyaba su cabeza sobre el pecho de Iván.

- Por favor, no te mueras. Eres el mejor amigo que nunca pensé tener. La persona más importante que ha entrado en mi vida. Si me peleo contigo, es porque sigues mis bromas y retorno a mi infancia, olvidando los problemas de ahí afuera ¡Te quiero amigo, te quiero!

- Pues no pienso casarme contigo – Habló Iván con voz muy tenue.

- ¡Estás despierto!

- Me has despertado tú – Susurró de tal manera que a Óscar le costó escucharle.

- Perdona… Descansa… Duérmete. Pero lo que te he dicho es verdad, te quiero colega, te quiero – Con lágrimas aún en los ojos le besó la mejilla, mientras los ojos de Iván se cerraban de nuevo.

- Óscar – Susurró Aurora – Ya vienen.

- ¡Acércate, se ha despertado!

Aurora miró a Iván.

- No me he despertado, lo ha hecho él – Comentó con los ojos cerrados – Así que ríñele.

- ¡Que cabronazo! Ni mal herido cambia su humor.

- Será mejor que te duermas, no hables, debes descansar  - Intervino Aurora – Estaremos muy cerca de ti. Esta noche te quedas en cuidados intensivos y estarás protegido por varios de los nuestros.

- Perdonadme – Arrastró las palabras –  Tengo mucho sueño.

Óscar y Aurora se quedaron custodiando a su amigo hasta la llegada de sus compañeros. El comisario fue el primero en entrar. Óscar y Aurora le sacaron fuera, a la salita contigua.

- ¿Cómo está?

- Parece que mejor. Se ha despertado durante unos instantes y hablaba perfectamente – Respondió Aurora.

- Estaba tan guasón como siempre, le ha dicho a Aurora que me riñese por haberlo despertado.

- Entonces… Está a salvo.

- Nos ha dicho la enfermera que tiene que estar veinticuatro horas aquí, que el golpe ha sido muy fuerte.

- Dejó mucha sangre en la ducha – Intervino uno de los policías, con gesto de tristeza – Yo vengo de allí y la pared impresionaba verla. Ha sabido defenderse. Hay sangre por todo el vestuario.

- No ha podido con nuestro chico – Comentó Óscar.

- Desde luego y me alegro – Habló el comisario –  Es un gran muchacho. Nadie se merece morir, pero él menos. Podéis ir a descansar, ha tenido que ser muy duro para vosotros, estáis muy unidos.

- ¡No pienso irme! – Dijo Óscar.

- ¡Yo tampoco! – Intervino Aurora.

- Está bien, pero por lo menos iros a tomar algo, la noche es muy larga.

- No podría comer nada, tengo un nudo en el estómago  que… – Óscar no pudo terminar la frase.

- Tiene razón, tenemos que reponer fuerzas, se lo debemos a él.  Ya lo has visto, está bien, que es lo importante y el comisario está aquí.

- Y nosotros... ¿No existimos?

- Perdonad muchachos – Aurora no había reparado que más de diez hombres habían invadido el exterior de la sala de cuidados intensivos.

- No puede haber tanta gente aquí – Intervino una de las enfermeras que salía de comprobar las constantes vitales de Iván.

- Yo me hago responsable de todo – Comentó el comisario –  El herido, además de un amigo de todo el cuerpo, es un testigo y el asesino lo sabe. Por lo tanto, desde este momento esta zona queda precintada y exclusiva para Iván.

- Si usted se hace responsable deberá dejarlo reflejado en el libro, nosotras cumplimos órdenes.

- Si me dice dónde debo de ir, firmaré ese libro. A veces tanta burocracia me asquea, pero ustedes no tienen la culpa, como ha dicho, cumplen órdenes.

El comisario se retiró con una enfermera, otra entró y comprobó las bolsas que colgaban de una percha, cuyo contenido se introducía gota a gota por la vía que Iván tenía puesta en su mano derecha.

- ¿Qué le han puesto? – Preguntó Aurora.

- Un sedante para calmar el dolor y suero para que no se deshidrate.

- ¿No necesita sangre? Ha perdido mucha – Volvió a preguntar.

- No. Ha perdido mucha sangre, pero no ha sido necesario administrársela. Su organismo es muy fuerte y está respondiendo bien al tratamiento. Perdonen por lo de antes, pensamos que se trataba de una pelea callejera. No nos imaginábamos…

- No se preocupe – La interrumpió – Todos estamos muy nerviosos, es un gran amigo, y nos ha dado un buen susto – Se volvió hacia los compañeros – Debemos encontrar a ese maldito asesino.

- Lo conseguiremos – dijo uno de ellos – pero, ahora debéis iros tomar algo, como ha sugerido el comisario. Nosotros nos encargamos. Venga – guiñó el ojo y la sonrió –, todos estamos en el mismo barco, y todos queremos a ese elemento. Nadie va a entrar aquí esta noche ¡Como me llamo Luis!

- Venga chicos, iros un rato – Intervinieron los demás.

Óscar y Aurora se acercaron de nuevo a Iván. Aurora le besó en la frente, mientras que Óscar le daba varias palmaditas en el hombro. Observaron el torso desnudo de Iván, comprobando que su respiración era sosegada.

- Enseguida volvemos chico – susurró Aurora.


                                           
                                                                       FIN DEL CAPITULO XIV 

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