miércoles, 8 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XV


                            CAPÍTULO XV

Iván abrió los ojos, observó por las rejillas de la persiana del gran ventanal, que le quedaba a la izquierda, la luz que por él penetraba. Miró a su alrededor, contemplando el lugar en el que se encontraba. Levantó su mano izquierda y la llevó hacia su pecho, notó algunos cables. Al levantar la cabeza, para mirarse, la sintió pesada; elevó de nuevo su mano y comprobó que estaba vendada.

- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?                                          

Aurora se despertó al escucharlo. Se había quedado dormida en el sillón junto a la camilla de Iván.

- ¿Te encuentras bien?

- Sí ¿Qué ha sucedido?

- ¿No te acuerdas de nada?

- Recuerdo que estaba en la piscina, que fui a ducharme y  que…

Óscar también se despertó. Se levantó de su sillón y colocó su mano en el hombro de su amigo.

- ¿Qué tal chico? – Le preguntó interrumpiéndole.

- ¿Habéis estado aquí toda la noche?

- Nosotros y parte del departamento. Desde anoche no han parado de rotarse los compañeros, algunos incluso han trabajado horas extras – Contestó Óscar – Todo el mundo te quiere, te respeta y además,  has pasado a ser una pieza muy valiosa, si es que recuerdas quien te atacó.

- Iba encapuchado, llevaba una especie de chubasquero y la cabeza cubierta.

- No importa, seguiremos la investigación.

- Pero sé quién es.

Los dos se quedaron mirándole fijamente, esperando su respuesta.

- ¿Os gustaría saberlo?

- ¡No bromees ahora! – Intervino Aurora.

- Antes quiero una cerveza.

- ¡Y una mierda! – Comentó Óscar.

- Es broma. Como os he dicho, era imposible reconocerlo. El hijo de puta se cubre, pero yo, afortunadamente para todos, se quién es, aunque se oculte. Poco antes de atacarme, mientras me duchaba, el corazón comenzó a latirme a gran velocidad, tan fuerte, como nunca me sucediera antes. No podía respirar y la vista se me nubló, cuando apareció delante de mí.

- ¡¿Mario?!

- Sí, Óscar. El vendedor de la tienda de deportes los grandes  almacenes.

- ¡No Puede ser! Él fue deportista, y muy bueno por lo que se comentaba. Lo leí en su historial cuando tú y él… Decía que tuvo un accidente y que tras la operación le quedó una ligera cojera ¿No os acordáis? Luego entró a trabajar en los almacenes en la sección de deportes… – Se detuvo en su explicación y miró a Iván – ¡El hijo de puta siempre ha conocido a todos los deportistas! Su relación con ellos ha sido directa, seguramente la mayoría de ellos eran clientes suyos o amigos.

- Recuerdo que cuando le conocí me di cuenta que cojeaba ligeramente, pero no le di importancia, podía ser ocasionada por una torcedura o cualquier otra causa. Así todo, no tenemos pruebas suficientes para detenerlo.

- ¿No es bastante prueba qué Iván testifique? – Preguntó Óscar.

- ¿Y qué va a alegar, qué lo reconoció porque cuando están cerca el uno del otro, sufre una taquicardia? ¿Y cómo explicamos la presencia de Iván? No nos vale su declaración. Todo esto se nos está yendo de las manos y ahora más que nunca debemos proteger a Iván. Si Mario es el asesino…

- Aurora, mi declaración no es lo primordial, lo importante de verdad, es que ya conocemos su identidad y él lo puede intuir, al menos, eso espero.

- Iván tiene razón. Sabemos quién es y si no sabe que Iván está vivo haremos que se entere. Si tiene la menor sospecha que lo ha podido identificar volverá a por él. Seguramente preparará un buen plan y eso nos dará tiempo a nosotros a desenmascararlo.

- No quiero que se vuelva a arriesgar – intervino Aurora –, es un auténtico lunático y la próxima vez…

- No habrá próxima vez – La interrumpió Óscar – A ese cabrón le vamos a atosigar de tal forma, que él solo se va a entregar, o cometerá el error que todos esperamos.

- No amigo mío – Intervino Iván – Ese tipo no se intimida ante nadie, está completamente grillado y bajo su apariencia de desvalido, se esconde un chico muy fuerte, os puedo asegurar, que me dio una buena paliza.

- Ya lo sabemos, el vestuario parecía un matadero, según nos han contado.

- ¿No han encontrado huellas de calzado o algo…? No llevaba guantes.

- La Policía científica están buscando huellas, pero la tarea es complicada. Las paredes rezumaban vaho y el suelo estaba muy húmedo. Ellos están más locos con el tema que nosotros. Llevan en el caso desde el primer día, pero todo muy en secreto. No quieren dar un paso en falso, saben que están ante un perturbado muy inteligente – Aurora se sentó en una silla y respiró angustiada – Desde que descubriéramos los cuerpos en el matadero, están escrutando al milímetro cada pieza que en aquella sala había – Suspiró y cerró los ojos –  Han podido recomponer partes de los cuerpos y averiguar a qué chicos correspondía. Por fin los padres tienen restos de sus hijos para poder enterrar – Los ojos se Aurora se llenaron de lágrimas – Pero no hay más pruebas. Todo está limpio de huellas o de restos ajenos a los chicos asesinados.  Están trabajando a destajo, aunque no hayamos hablado del tema – Aurora se llevó las manos a la cara y agachó la cabeza – Ni las huellas de su calzado aparece por ninguna parte.

- Tenemos que elaborar un plan, hay que traerlo a nuestro terreno, pero sin que él se dé cuenta. Lo primero que tiene que saber, es que estoy vivo. Debe salir en todos los medios de comunicación. Soy bastante conocido en la ciudad y ningún medio se va a negar a dar la noticia, todo lo contrario. Hablarán de mí, no sólo como “el jugador del año”, sino por ser el único superviviente al asesino de los deportistas; si a todo eso, le añaden un poco de imaginación para irritar a nuestro hombre, dará, seguramente, un paso en falso. Moverá la ficha incorrecta y se precipitará hacia otra víctima o hacia mí.

-  Estoy completamente de acuerdo contigo y además creo que el golpe ha despertado la neurona que tienes por ahí dando vueltas – Comentó Óscar sonriéndole.

- ¡Óscar! – Le reprochó Aurora.

- Déjale. Me ha hecho reír. Necesitamos…

- Lo siento – Se disculpó Óscar – Se estaba acumulando mucha tensión y me salió sin pensarlo. Creo que ahora empezamos a ver la luz, debemos hablar  todo esto con el comisario

- ¿Qué tenéis que hablar conmigo? – Preguntó el comisario entrando en la sala.

- Buenos días señor, como puede comprobar, nuestro chico está entero y perfecto – Intervino Aurora.

 - Eso de entero, os lo diré cuando me quiten el vendaje. Creo que medio cerebro se salió de su sitio.

- No debes preocuparte por el cerebro, nunca has tenido, y con respecto a la neurona que posees, sigue añorando una compañera, aunque hoy se haya despertado un poco – Comentó Óscar.

- Tengo mucho más cerebro que tú en esa cabezota que Dios te dio, y por neuronas, te puedo prestar algunas, que te estás haciendo viejo y ya no coordinas.

- Cuando te levantes de esa cama, la paliza te la voy a dar yo. Serás cabrón, si prácticamente tenemos la misma edad.

-  ¿No vais a dejar nunca de pelearos? – Preguntó a Óscar y luego a Iván – ¿Cómo te encuentras?

- Un poco mareado, pero bien. No sé si será por lo que tengo puesto, pero no siento dolores.

- Exacto, es un sedante muy fuerte. Ahora te voy a poner otra botella para que pases el día – Comentó una enfermera abriéndose paso entre el comisario y Aurora. Tras reponer la botella continuó – Lo peor, parece que ya ha pasado. Aunque no hemos querido molestarte en la noche, porque además estabas bien acompañado, nos has tenido preocupados.

- ¿Tengo algo roto?

- Roto no, las costillas flotantes ligeramente hundidas, pero volverán a su ser solas. Es un milagro que con los moratones que tienes en todo el cuerpo, no te rompieses nada. Eso sí, la cabeza…

- ¿Qué le pasa a mi cabeza?

- Sufriste un golpe muy fuerte en ella y te han dado unos treinta puntos. Hoy te haremos unas radiografías y una resonancia. Además tendrás que venir a hacerte revisiones periódicas, por si saliese cualquier cosa.

- No se preocupe enfermera – intervino Óscar –, este tiene la cabeza muy dura, no pueden con él.

- Me da igual lo dura que tenga la cabeza, pero venir tiene que venir.

Iván levantó las manos mirando a la enfermera.

- ¡Vendré, no se preocupe!

- Y ahora les quiero a todos fuera, tengo que asearlo y cambiarle las sábanas. Pueden esperar en la sala.

- No se preocupe por mí – Comentó Iván –, todos me han visto ya desnudo ¡Por favor, deje que se queden!

- ¡Está bien, pero no molesten!

- Mientras ella te recompone un poco, nosotros nos vamos a tomar un café. Los chicos están en la puerta – Intervino Aurora.

La enfermera se quedó aseando y cambiando a Iván. Éste buscó un tema de conversación con ella, pero era de las que se tomaban la profesión de forma muy rígida, el paciente es el paciente y la conversación con él, sobraba.

La observó detenidamente,  debía de tener unos cincuenta años y por lo que pudo deducir, era soltera, o al menos, no llevaba alianza. De estatura baja y rellenita. De mirada afable y rostro marcado con arrugas de expresión, en la frente y a los lados de la boca. Poseía unos brazos fuertes, ágiles y desde luego, sabía hacer bien su trabajo. Lo movió a su antojo, sin provocarle la menor molestia. Pensó que si él tuviese que realizar aquella tarea, al menos para cambiar las sábanas, hubiera desplazado al paciente a otro lugar. Ella no, con tres movimientos, después de aseado, sacó la sábana de abajo y colocó la nueva, a continuación subió la otra sábana hasta cubrir su cuerpo y colocó los brazos por fuera, cuando consideró terminada la faena y orgullosa de su trabajo, le sonrió.

- Lo siento, me gusta hablar poco y la policía me moleta. Se creen que son los dueños y que pueden entrar y salir a su antojo, y esto, es un hospital y los pacientes, necesitan descanso.

Iván mirándola esbozó una sonrisa.

- Estoy de acuerdo, pero, su misión es cuidar que a los ciudadanos no les pase nada y que todo funcione correctamente en la ciudad ¿Se imagina qué ocurriría si no existiese policía? Viviríamos en la anarquía.

- Lo que deberían existir son leyes más duras. Hoy mucho abogar por los derechos humanos, por su bienestar y respeto a la intimidad. ¡Una mierda! Si las leyes fuesen más duras, existirían menos sinvergüenzas, que ni por la noche puede salir una sola a la calle, sin el temor que un malhechor esté acechando en la próxima esquina. Y ahora te dejo que tengo mucho trabajo, si necesitas algo, llama al timbre.

- Muchas gracias por todo.

- De nada, es mi obligación.

Dichas estas palabras y con paso rápido salió de la sala, no sin antes echar una mirada de cabreo a los dos policías que estaban en la puerta. Éstos la saludaron y cuando desapareció de sus miradas, giraron su cabeza hacia adentro, donde se encontraba Iván.

- ¡Menuda bruja! – Comentó uno de ellos, acercándose a Iván.

- Carácter sí que tiene – intervino Iván –, precisamente no tiene buen concepto de vosotros. Piensa que deberíais ser más duros y las leyes menos blandas.

- Nosotros hacemos lo que podemos y en cuanto a las leyes, estoy de acuerdo con ella, se han vuelto demasiado suaves, y hasta los ciudadanos, como puedes comprobar, se quejan. Me alegro que pudieras identificar al asesino, ahora es cuestión de esperar.

- No creas que va a ser tan fácil – Comentó el otro policía.  Se quedó en silencio observando a Iván - ¿Te encuentras bien? Te estás quedando muy pálido.

- No sé, me falta la respiración.

- ¿Está aquí, le presientes de nuevo?

- No, no es esa sensación, por favor, llama al timbre, apenas te puedo ver – Su voz se hacía cada vez más entrecortada.

El policía llamó insistentemente al timbre, dos enfermeras hicieron acto de presencia.

- ¿Qué ocurre?

- No lo sabemos – Comentó el policía – Se encuentra mal.

Una de las enfermeras miró la máquina que estaba controlando su corazón, y observó anomalías en el electrocardiograma.

- ¡Está sufriendo una recaída! – Le dijo a su compañera - ¡Ponle oxígeno, voy a avisar, es posible que tengamos que operarlo!

- ¿Podemos hacer algo?

- No gracias, nosotras nos encargamos de todo.

En los minutos siguientes, un entrar y salir constante de enfermeras, médicos e incluso el cirujano, pasaron por la sala de urgencias donde se encontraba Iván. Las máquinas se movían a gran velocidad, los cables, ventosas y todo tipo de artilugios, iban siendo incorporados y eliminados de todas las partes de su cuerpo. El scanner encontró una anomalía en su cerebro y decidieron operarlo urgentemente.

Cuando la sala estuvo vacía, Marcos, uno de los policías, llamó a Óscar y Aurora. En pocos instantes se personaron en la sala de estar.

- ¿Qué ha ocurrido? – preguntó Aurora.

- Ha sufrido una recaída, por lo visto algo en el cerebro – Respondió Marcos.

- ¡Mierda! – Gritó Óscar - ¿Y dónde le han llevado?

- Al quirófano, lo van a operar – Respondió Javier, el otro policía.

- ¡Joder! ¡Esto es una mierda! Hace un momento estaba bien, hablaba perfectamente, incluso… ¿Qué ha podido ocurrir? Voy a ver si alguien me dice algo.

- Aurora – la detuvo Javier –, creo que deberíamos esperar aquí. Nosotros no podemos hacer nada, ellos sí. Lo único que provocaríamos es mal rollo. Por una parte tienen razón, hemos tomado el hospital como si fuese un polvorín a punto de reventar. Todos estamos muy nerviosos, todos apreciamos a Iván, pero en estos momentos está en manos del cirujano y de su equipo.

- Javier tiene razón - comentó Óscar –, debemos calmarnos y esperar – Óscar miró a Javier que buscaba a sus compañeros – Javier, el resto de los compañeros se han ido con el comisario. De momento os quedáis Marcos, tú y nosotros. Van a poner vigilancia especial contra Mario. Desde este momento, cada paso que dé, nosotros lo daremos con él – Javier afirmó con la cabeza sin despegar los labios.

Aurora se sentó en uno de los sillones. Óscar la observó y se colocó a su lado, cogió su mano y se la acarició.

-¡Cálmate! Estás muy nerviosa.

- ¡No puedo! ¡Iván tiene que vivir, no puede morir!

- Nadie ha dicho que vaya a morir, pero debemos ser conscientes de que ha sufrido muchos golpes y el de la cabeza puede ser peligroso. No estaba en esta sala sólo por capricho.

El teléfono de Marcos sonó, salió de la sala y estuvo hablando durante un par de minutos, luego colgó y llamó a Javier.

- ¿Qué sucede? – Preguntó Javier, acercándose a él.

- Otro asesinato y por lo visto está desfigurado.

- Entonces ¿No se sabe quién es? – Le interrogó de nuevo Javier.

- Sí, es el portero de nuestro equipo de fútbol, le han reconocido por su tatuaje ¿Recuerdas que a todos nos llamaba la atención el tribal que llevaba en la pierna? Pues desgraciada o afortunadamente, ésa es la primera pista para saber su identidad, ahora le están practicando la autopsia para intentar averiguar cómo ha ocurrido.

- Se nos está escapando de las manos, va demasiado deprisa y nosotros muy lentos. ¡Maldito hijo de puta!

 - Se está precipitando, espero que cometa un error.

- No lo sé ¿Recuerdas la nota que dejó con el anterior chico? Eso es lo que me preocupa, claramente decía:

 desde ahora no habrá contemplaciones, si os gusta la sangre, veréis sangre, si queréis cuerpos, los tendréis que reconocer, si de verdad deseáis atraparme, deberéis mover vuestros culos de  los asientos. Aunque descubráis quién soy, nunca podréis culparme. No sois lo suficientemente listos”

Y empiezo a creer que tiene razón. Ahora sabemos quién es, gracias a Iván, y no podemos detenerlo

- Eso se cree él. Tengo una idea.

Óscar se acercó a los dos policías.

- Os veo muy nerviosos ¿Ocurre algo?

- Otro asesinato, esta vez el portero de primera división – Respondió Javier.

- ¿Cómo ha sido?

- Aún no lo sabemos, están finalizando con la autopsia, su rostro es irreconocible, saben quién es por el tatuaje – Continuó Javier.

- ¡Esto es una pesadilla! – Intervino Óscar.

- Tengo una idea – Comentó Marcos – Sabemos quién es, podríamos provocar que le despidan, explicar a sus jefes todo lo sucedido. Una vez sin trabajo, lo seguiríamos día y noche, e incluso que él sepa que lo estamos controlando, que nos vea, luego…

- No – Le interrumpió Óscar – Su detención sería eterna. Vigilado va a estar, como os he dicho antes, las veinticuatro horas del día, pero él no debe de saber nada. Habrá siempre dos coches civiles aparcados en su calle, uno frente a su portal y otro en la acera de enfrente. Los coches se cambiarán todos los días, modelos nuevos y colores nuevos. Dejaremos que continúe con su vida rutinaria, trabajo y ocio. Hemos pensado también colocar a un hombre en el edificio de enfrente a la altura de su piso, para controlar a través de las ventanas sus movimientos.

No estamos tratando con un gilipollas, sabe bien lo que está haciendo y muestra de ello es este último asesinato. Estoy seguro que ha visto las noticias y sabe que Iván continúa con vida, y aun así, ha vuelto a matar.

- ¿Qué hacemos entonces? – Preguntó Marcos.

- El plan ya está en marcha, por eso se ha ido el comisario con el resto de los hombres. Vamos a ponerle una trampa mortal… Eso espero.  Reuniremos a todos los deportistas de la región y les comentaremos cuál es la situación. Seguramente, ellos sean los primeros en colaborar, tienen que estar acojonados, he escuchado que muchos de ellos han dejado de entrenar y algunos se han dado de baja en sus federaciones.

Otro paso importante es saber, quién de los hombres nuevos que han entrado en el cuerpo y no han patrullado todavía, han practicado deporte, o son más aptos para algunas disciplinas deportivas y hacerles pasar por deportistas importantes; todos los medios de comunicación  están a nuestro favor.

La policía científica ha confirmado que hoy llegará un equipo especial como apoyo, además de seguir investigando en su sede central. Y ¡Joder! Esta vez tiene que salir bien. Hace tiempo deberíamos haber empezado por todo esto y no esperar las malditas pistas. Ahora sabemos quién es ¡Atrapemos a ese hijo de puta! – Respiró profundamente y miró hacia la sala donde estaba Aurora sentada.

- Vosotros dos os quedaréis ahora con Aurora. Intentad distraerla hasta que se sepa algo de Iván. Yo me voy al tanatorio y a la comisaría. No la digáis nada de la nueva víctima.

Marcos y Javier se acercaron con Óscar donde estaba Aurora.

- Tengo que salir – Comentó – He recibido una llamada de la comisaría y me reclaman. Volveré cuanto pueda, ellos te harán compañía. Cuando salga Iván del quirófano, me llamas. ¿Vale?

- Está bien.

Óscar cogió la cara de Aurora con las dos manos y la besó en los labios, se volvió hacia Marcos y Javier y los tres salieron del hospital.

                                              
                                                                                    FIN DEL CAPÍTULO 15
 

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