miércoles, 15 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XVIII


         CAPÍTULO XVIII

Aurora se levantó de la butaca, se dirigió a la mesa y tomó el brick de zumo, se sirvió y apenas había dado un trago, cuando la puerta de la habitación se abrió, penetrando en su interior Óscar.

- ¿Cómo se encuentra? – Preguntó.

- Sigue igual, sus constantes son idénticas. Me preocupa que nos haya abandonado.

- ¿Por qué dices eso?

- Si en su mundo está también en estado de coma y vino hasta nosotros, quién nos dice que ahora no esté allí.

- Su cuerpo está aquí.

- Es lo único.

Óscar se acercó, se sentó a su lado y con su mano apretó suavemente el antebrazo de Iván.

- ¡Venga chico, te estamos esperando! No sé cómo será la vida en tú otro mundo, ni la necesidad que tengas o no de estar allí, pero aquí te queremos. Eres una parte muy importante de este mundo, de un mundo donde llegaste como un desconocido, y con tú saber hacer, con tú forma de ser, nos has cautivado. Me he peleado contigo, te he dicho mil burradas, pero sabes que te quiero. Eres... como el hermano que siempre desee tener y con quien vivir mil aventuras, hasta llegar a ser muy viejos. En ocasiones, puedo resultar frío, pero es la profesión que te hace duro, pero en el fondo, y creo que tú lo sabes muy bien, con muy poco, se me hace reír y me siento como el niño que todos llevamos dentro. No nos abandones – Llenó sus pulmones de aire, sintiendo que sus palabras se entrecortaban por la emoción – Tal vez sea egoísta con mis palabras, porque en realidad, tú vida está allá, donde seguramente estés ahora, pero yo, mejor dicho, nosotros, te queremos aquí. Eres parte de nuestra vida, tuve ese presentimiento desde el primer día en que te vi y prometí para mis adentros ocultarte, con lo que eso significa para un policía, ante la sociedad, hasta que ésta te descubriera y no hicieran falta las preguntas.

Aurora se acercó y colocó su mano derecha sobre el hombro de Óscar, éste levanto la mirada y sus ojos brillaron con las primeras lágrimas que comenzaban a brotar y derramarse por su rostro.

- Volverá, ya lo verás. Él también nos quiere y aquí, se siente feliz. Estoy convencida que esté donde esté ahora, nos está escuchando y viendo, y regresará, cuando lo crea oportuno o cuando las circunstancias se lo permitan.

- Ojalá que sea así. Sin él, falta algo dentro de mí. Nunca pensé encariñarme tanto con un desconocido. Se hace querer el muy... ¡Cabrón! Presentí que era alguien especial, aquel día cuando lo vi en la calle, tan perdido en su ciudad, sin comprender que sucedía a su alrededor. Su casa no era su casa, sus vecinos, aun reconociéndolos, eran extraños por sus actos y todo a su alrededor, resultaba una terrible pesadilla. Cuántas veces me he preguntado, qué hubiera hecho yo, en su situación. Me hubiera vuelto loco, como él creyó temer llegar a estarlo, cuando lo encontré aquel día en la playa. Siempre lo estábamos protegiendo, pero desde aquel día, me juré, no abandonarlo jamás.

- Y él lo sabe, por eso estoy segura, que volverá a nosotros. Yo también lo quiero. Todo en él es naturalidad, provoca relax, incluso cuando él estaba tenso… No olvidemos – sonrió a Óscar – que si tú y yo, estamos ahora unidos, fue gracias a uno de sus impulsos locos.

- Esperemos entonces su regreso. Yo estaré aquí, para reñirlo por haberse ido sin mi permiso.

- Sois como niños, y eso es lo que más me gusta de los dos – Le besó en la frente y se quedaron muy juntos, observándole.

Iván permanecía inmóvil, sumergido en un sueño extraño. Cientos de luces y sombras se cernían a su alrededor. En su mente brotaban imágenes de uno y otro mundo; de aquellas dos ciudades, tan similares y diferentes a la vez. Pensó en Sandra y Aurora, en sus amigos de infancia, en los policías y compañeros del otro lado. En la vida vivida en ambos sitios. Comprendió que tal vez el destino desease que él descubriese otra forma de sentir, aunque su comportamiento no hubiese variado, y con ello pudiera elegir. Las dudas le asaltaron en su cerebro. Se encontró con la nada. Presintió que debía decidir dónde quedarse. ¿Le estaba permitido elegir?

Reflexionó sobre su primera etapa, aquella que compartiese con su familia, amigos y pareja; evaluó lo bueno y lo malo, sopesándolo en una balanza imaginaria, y si era o no tiempo de cambios. La familia, aún apegado a sus padres, hacía tiempo que había volado del nido en busca de libertad y futuro. Los amigos, creaban sus propias familias y mundos aparte y Sandra, posiblemente la única persona que echaba en falta, aunque le irritase lo dominante y posesiva que resultaba en muchas ocasiones. Permaneció unos segundos sin pensar, observando el vacío que le rodeaba. Sus recuerdos lo llevaron al primer día de su nueva vida, al que tras el resplandor, con tan sólo una bata  de hospital apareciera en un nuevo mundo, donde aun reconociendo la ciudad, se sintió forastero; pero su adaptación resultó perfecta, en parte gracias a Óscar y Aurora. Reconocía que, salvo en contadas ocasiones, no había pensado demasiado en su anterior vida, y eso significaba que estuvo a gusto. Sopesó todo en aquel espacio ingrávido. Cerró los ojos, creyó tener la solución cuando sintió un calor extraño y un olor ya de sobra conocido. Abrió de nuevo los ojos contemplando aquella luz que le resultó familiar, la que penetraba por las rendijas de la persiana. Giró su cabeza hacia la derecha y vio junto a él a… No era Aurora, ella no tenía aquel corte de pelo. No podía ser, había regresado y empezó a entender.

- ¡Iván, has despertado! – Se emocionó Sandra.

- Sí, he vuelto y creo saber el por qué.

- No hables, descansa. Voy a llamar a la enfermera.

Sandra apretó el timbre y al momento una enfermera irrumpió en la habitación.

- ¿Qué sucede?

- Se ha despertado.

La enfermera se acercó, le miró a los ojos.

- ¿Cómo te encuentras?

- Bien. Siempre he estado bien.

- Ahora mismo vengo, voy a avisar al doctor.

La enfermera salió rápidamente, dejándoles de nuevo solos.

- Te tengo que contar una cosa.

         - Ahora debes descansar. No te muevas, si necesitas algo me lo pides, aunque antes debemos esperar al médico y él sabrá qué hacer.

         - ¡No. Es muy importante! Te sonará extraño, pero he estado en otro lugar, en un mundo muy parecido al nuestro, pero…

          - Has estado en coma – le  interrumpió Sandra –, no te has movido de aquí.

          - ¡Por favor, déjame continuar! – Le rogó – Sé que es difícil de entender, pero lo he vivido y no era un sueño, ni una pesadilla. He conocido un mundo donde hombres y mujeres realizaban trabajos muy distintos a los que tienen atribuidos en esta ciudad, la que siempre hemos conocido. Una ciudad, donde su estructura era similar a ésta, pero cuyos comercios llevaban otros nombres. Un mundo paralelo al nuestro, viviendo vidas distintas.

          - Has estado soñando, de eso estoy segura. No te canses, que es peor para ti.

          - No Sandra, no. He sentido el mar acariciando mi ser, al sol dorar mi piel, he percibido bajo mis pies la arena que creí haber pisado siempre y rodearme el viento, al que nunca di la menor importancia.

         He descubierto gente amable que me recibieron amistosamente y me han tratado como si de su familia se tratase. Acogiéndome en sus casas, dándome de comer y vistiéndome. Intentando que me adaptara sin problemas, al nuevo medio.

         He trabajo en una oficina de una comisaría, donde buscaban a un asesino implacable, que destruía la vida de jóvenes deportistas.

         - ¡Iván por favor! – Los ojos de Sandra se llenaron de lágrimas –, todos nosotros hemos estado aquí llorando tu ausencia, esperando el día en que volvieses a despertar de este largo sueño, de ese sueño que has tenido y…

         Sandra fue interrumpida por el doctor que entró en la habitación, junto a tres ayudantes y dos enfermeras. Le rodearon y empezaron a comprobar sus constantes vitales. Observaron sus ojos con una pequeña linterna. Le tomaron la temperatura con un aparato que acercaron a uno de sus oídos y la tensión sobre su brazo derecho. Todos tomaban notas en aquellas hojas sujetas y apoyadas sobre una plancha metálica.

         - Estoy bien, siempre he estado bien. No necesito tantas revisiones.

         - Has estado en coma más de tres meses, necesitamos hacerte toda clase de pruebas. Tuviste un accidente muy aparatoso, la mancha de aceite provocó que te estrellaras contra el muro. Así que ahora debes descansar, no pensar en nada, nosotros nos ocuparemos de todo ¿De acuerdo?

         - Está bien – Contestó resignado, al especialista.

         - Dentro de unos minutos vendrán para llevarte y hacerte un TAC. Tenemos que estar seguros de que no tengas una recaída.

         Todos salieron de la habitación dejando de nuevo a la pareja. Sandra le miró e Iván suspiró con resignación. Cómo hacerla comprender... Nunca lo escuchaba, era su gran defecto, ella siempre hablaba y hablaba y no sabía escuchar, cuando otra persona precisaba exponer algo importante. Él siempre sucumbía, resignándose, esperando para otro momento que ella lo atendiera, pero ese momento, en contadas ocasiones llegaba.

         - Me miras como si estuviese loco.

         - No, no es eso. Te miro porque me parece mentira que estés despierto. He soñado tanto con este momento, que no tengo palabras para decirte todo lo que siento. Estaba vacía sin ti, no sabía a donde ir, si te hubieses muerto, me hubieras dejado sola.

         - ¡Cariño, sé que me quieres! Posiblemente a la única persona que has querido en toda tu vida. Siempre has pensado más en ti que en los demás, y tus motivos has tenido o has creído tener ¡Yo también te he amado siempre, lo sabes! Pero debo dejarte, debo volver al lugar donde he estado y para completarse el ciclo, tengo que romper con mi pasado. Con lo bueno y lo malo. Desgraciadamente no puedo llevarte conmigo, pero tal vez, algún día, sino son nuestros cuerpos, se encuentren nuestras almas. Cuando me vaya, busca en tu interior y hallaras a otra Sandra muy distinta, descubriendo que eres autosuficiente para todo y aprendiendo que los demás, también forma parte de la vida y con ellos debes de vivir y compartir. Escúchales cuando quieran ser escuchados, al igual que harán contigo, cuando tú lo precises.

         - No hables así, por favor. Tú eres la única persona que me ha comprendido.

         - No has entendido nada, nuestra vida es un tránsito, un cruce de caminos, y elegimos por cuál ir. Al igual que esta vida, existen otras muchas, no se cruzan, sino que coexisten paralelas a la nuestra. Esa cuarta, quinta, o sexta dimensión, de la que en algunas ocasiones se ha hablado, como hipótesis, es cierta. Existe o existen. Yo doy fe de ello, he tenido el privilegio de vivir en una de ellas.

         - Si sigues hablando así, me voy, no quiero escuchar más tonterías. Te despiertas y en vez de preguntarme cómo estamos, qué ha ocurrido durante este tiempo, cómo están tus padres, si conservas aún el trabajo o no, te pones a contarme un sueño producido por el coma en el que has estado sumergido.

         - Está bien, sólo quiero que le digas a mis padres, que seré feliz, ellos lo entenderán.

         - ¿Y… yo, no puedo entenderlo?

          - Te lo estoy intentando explicar y no me escuchas. Quiero volver donde he estado, presiento que es el lugar dónde debo continuar mi peregrinación, mi…

         - No vas a ir a ninguna parte – le interrumpió –, con tú obstinación, vas a provocarte la muerte.

         - La muerte no existe, nuestra existencia es una evolución. Soy un privilegiado como te he dicho, que ha vuelto, lo puedo contar y decidir si quedarme o seguir esa evolución.

         - No Iván, siempre has sido un soñador, te empeñaste en comprar una moto y correr como un loco y esa locura te ha traído a esta cama y ahora hablas de cambiar, hazlo conmigo, formando una familia, creando un hogar, como hace todo el mundo. Te olvidarás de comprar otra moto y viviremos una vida tranquila ¿O tienes que ser siempre diferente a los demás?

         - Lamento que no confíes en mí, que no me entiendas. Tal vez es que nunca me has comprendido y me estaba engañando. ¿De verdad te parece que estoy desvariando? Os he dicho a todos que estoy bien, sé que he estado en coma, pero todo mi ser  ha sido consciente de una nueva experiencia en otro lugar. Es difícil de asimilar, estoy de acuerdo, pero yo nunca te he mentido. Si hubiese estado simplemente en coma, es posible que no recordase nada desde el momento del accidente al día de hoy y tal vez  en mí entendimiento, hubiesen pasado unos minutos. Pero no ha sido así, he vivido durante estos tres meses, he respirado, dormido, comido y hasta sufrido. Provocado por ese sufrimiento, he vuelto aquí y poder zanjar uno u otro momento de mi o mis vidas. Y es lo que quiero hacer ¿Es tan difícil que lo comprendáis?

         - No quiero escucharte más.

         - Está bien, no hablaré más. Sólo te pido un beso, quiero llevarme algo de ti y recordarlo siempre.

         Sandra se acercó y besándole le comentó - ¡Estás loco cariño!

         - ¡Lo sé…! Despídeme de mis padres y de los amigos, diles simplemente, que aunque les cueste creerlo, voy a ser feliz. Que nadie llore, porque no hay motivo para ello. Y a ti, que me entiendas y desearte toda la felicidad que te mereces.

         Iván cerró los ojos, escuchó a Sandra como le gritaba. En la lejanía observó la habitación llenándose de enfermeras, médicos y ayudantes. Le practicaban, sobre el pecho, las ondas de choque con el desfibrilador. Pero él no deseaba volver, se despidió de aquel doble de su cuerpo y entró de nuevo en el vacío y la oscuridad. Se dejó llevar y una suave brisa acarició su rostro, volvió a sentir el olor del hospital y abrió los ojos.

         - ¡Hola amigo! – Le saludó Óscar.

         - Ya he vuelto, y esta vez para quedarme.

         - ¿Cómo?

         - Sí, he vuelto a mi pasado, a mi otro estado de forma. He hablado con Sandra y me he despedido. Mientras viajaba por el vacío, comprendí, que tal vez el destino me brindaba la oportunidad de decidir. Que tal vez era uno de esos privilegiados que puede escoger donde ir y quedarse. Así lo he entendido y mi veredicto, no sé si juicioso, fue este mundo ¡Quedarme junto a vosotros y ayudaros en lo que pueda!

         - ¿Me estás intentando decir qué mientras estabas en estado de coma aquí, has vuelto, te has despertado en tu otro mundo, has hablado con tu novia y has regresado para quedarte?

         - Una locura ¿Verdad? – Sonrió

         - De ti ya no sé qué esperarme, pero te creo. Ahora debes descansar.

         - Estoy cansado de descansar, te lo puedo asegurar. Estoy bien.

         - ¡Y una mierda! Me da igual que tengas la facultad de viajar de un mundo a otro, mientras estás en estado de coma o lo que sea; de coquetear con la muerte, de poseer una bomba como corazón. Pero te han abierto la cabeza, has tenido una hemorragia cerebral, que afortunadamente, no te dejará secuelas, te han operado a vida o muerte y pretendes convencerme, de que estás perfectamente. Descansarás y lo vas a hacer, aunque para ello tenga que darte otro golpe en esa cabezota ¡No me he encontrado a nadie más obstinado y testarudo que tú!

         - ¿Dónde está Aurora?

         -  ¡No me cambies de tema! Ha salido a tomar un poco el aire, y no te va a valer refugiarte en ella, porque los dos pensamos igual ¡Descansarás como me llamo Óscar y se jodió!

         - ¡Vale colega! No te pongas así, que acabo de volver de un coma.

         - Me parece que te estás tomando esto a cachondeo y no puede ser. No puedo entender de qué naturaleza estás hecho, pero cualquier ser humano que tiene la suerte de despertar tras un coma, está desorientado, sin saber qué ha pasado y por supuesto, necesitando tiempo para recuperarse, y tú, como si tal cosa, pretendes levantarte, como quien ha dormido una noche tranquilamente en su casa.

         - Es cierto, no me he dado cuenta de la suerte que he tenido; aunque también he sufrido lo mío. Y tal vez, mi naturaleza sea diferente, sin saberlo. Perdona, me he comportado como un crío, dejaré que los médicos decidan cuándo estoy bien y sólo entonces me iré.

         - Ahora estás razonando como una persona cabal. Voy a llamar al timbre como si te acabases de despertar y no cuentes a nadie lo de tus viajes… ¡No sé cómo llamarlos! Bastante hemos hecho Aurora y yo con ocultar que no eres de este mundo.

         - Con los gritos que has dado, lo extraño es que no haya venido alguien ya.

        Óscar tocó el timbre e Iván empezó a sentir monótono todo aquel discurrir de personal del hospital,  vigilando sus movimientos, realizándole toda clase de pruebas y observando las caras de sorpresa, cuando comprobaban lo que él sentía. Qué estaba bien y que sus constantes vitales eras correctas.

         - Bueno, según las pruebas, estás perfectamente. Afortunadamente la hemorragia la hemos cogido a tiempo, pero deberás quedarte al menos una semana para estar seguros.

         - ¿Puedo levantarme? – Preguntó a uno de los médicos.

         - Sí, pero con mucho cuidado, si sientes el menor mareo, falta de equilibrio o vértigo, siéntate. Necesitas mucho descanso.

         - ¿Lo ves? – Intervino Óscar mirando a su amigo con cara de mala leche, luego se volvió hacia uno de los médicos – ¡Luego me dice que soy un pesado!

         - Debes hacer caso a tu amigo, afortunadamente el coma ha sido breve y no te dejará secuelas, pero el peligro no pasa hasta las veinticuatro o cuarenta y ocho horas.

         - Está bien, seré obediente y me quedaré aquí tranquilo. Es que es mayor a mis fuerzas, siempre he tenido cierto repelús por los hospitales.

         - Aquí lo único que intentamos hacer, es curar a los enfermos. Nada más – Se dirigió a una de las enfermeras -  Puedes quitarle el suero, el tranquilizante de la vena y dejarle dos pastillas por si tuviese algún tipo de dolor esta noche.

         Todo el equipo médico abandonó la habitación salvo la enfermera que se quedó obedeciendo las órdenes del médico.

         - Te dejo puesta la vía por si la precisases y ahora te traigo la medicación, tómala sólo si los dolores son fuertes.

         - No se preocupe, las medicinas tampoco son mi fuerte, y pídale disculpas al médico, no he querido ofenderle.

         - No pasa nada – Le sonrió.

         La enfermera salió  y en ese instante entró Aurora.

         - ¿Qué ha pasado?

         - Que este mamón ha vuelto del coma – Contestó Óscar.

         Aurora se acercó a la cama y cogió la mano de Iván.

         - ¿Cómo te encuentras?

         - Bien, muy bien.

         - Sí, que te cuente, ha estado viajando de coma en coma; dejando su mundo para quedarse para siempre en este ¿Será posible que lo tengamos que aguantar aquí toda la vida? ¿Será posible que no podamos perderlo de vista?

         - No le hagas ni caso, estaba más preocupado que yo, por si no volvía a verte y…

         - Tú también deliras, yo querer ver el careto de este tío, eso no se lo cree nadie – La interrumpió.

         Aurora se volvió hacia Óscar, le removió el pelo y le sonrió –  ¿Por qué serás tan refunfuñón?

         Iván llevó su mano hacia la de Óscar que reposaba sobre la cama y le miró a los ojos – Esos ojos no mienten, y sé que me quieres ¡cabrón! Y cambiando de tema, queréis contarme que ha sucedido mientras yo he estado dormido.

         - ¡Dirás, viajando!

         - Lo que sea, me gustaría saber si tenéis novedades referentes al asesino, ahora que sabemos quién es ¿Tenéis idea de cómo atraparlo?

         - Existe una posibilidad – intervino Aurora –,  pero ya te la explicaremos cuando estés mejor.

          - Estoy perfectamente y soy muy curioso, quiero saber de qué forma pretendéis atrapar al que me abrió la cabeza.

         - Te han dicho los médicos que tienes que descansar y si eres bueno, te dejaremos que participes en nuestra emboscada – Le respondió Óscar.

         - Sólo faltaría que vuelvo de la muerte para ayudaros y no me dejéis intervenir. Eso no sería justo.

         La puerta de la habitación se abrió de nuevo, la enfermera entró, saludó, dejó las pastillas sobre la mesilla y volvió a salir.

         - Coméntame qué es eso que Óscar decía de tus viajes del coma.

         Iván relató todo lo sucedido, con toda clase de detalles. Los ojos de Aurora y Óscar eran de total incredulidad y de admiración a la vez. Aurora se levantó, tomó un vaso de una de las mesillas y se sirvió agua. Los tres permanecieron en silencio. Iván seguía los movimientos de Aurora que se puso a dar vueltas por la habitación. Se acercó a la ventana y apoyándose sobre ella, se quedó muy fija mirando a Iván.

         - Ha podido ser producto del coma – Se atrevió a decir por fin.

         - No, era todo muy real, tan real como que estoy aquí ahora. Lo que más me ha dolido es despedirme de Sandra. Creo que me quería y ahora la he dejado sola.

         - ¡Es increíble! Ni la mejor novela de ciencia ficción se atrevería a escribir algo parecido – Continuó hablando Aurora – Si todo lo que estás contando, te ha sucedido realmente ¿Quién o qué eres tú?

         - ¡Joder, ahora vais a pensar que soy un extraterrestre! Por alguna razón, he tenido la suerte de viajar a otro mundo, con mi estado de conciencia y poder escoger en cuál de los dos sitios decidir pasar el resto de mi vida.

         - No es tan sencillo, tiene que existir alguna razón que se nos escapa a nuestro conocimiento – comentó Óscar.

         - Lo único que sé, es que me encuentro mejor que nunca, mi vida ha cobrado otro sentido. Allí, en el otro mundo, todo era monotonía, no existía diferencia entre un día y otro, simplemente vivía o tal vez ni siquiera eso. Mi única forma de evadirme de la normalidad, era mi moto y mis viajes a las diversas concentraciones que se celebraban, donde conocía a nuevas personas, pero nada más, todo el resto era igual, no existía ningún cambio. Por el contrario, desde que llegué aquí, ha sido diferente, conoceros a vosotros, hacerme jugador de Water – Polo, trabajar de algo que nunca había hecho y vivir la experiencia de internarme con el cuerpo de policía en el caso de un demente asesino, que encima, me ha atacado a mí. He vivido más en estas semanas, que durante los años de mi existencia.

         - Pero llegará un momento en que la monotonía volverá a hacer acto de presencia y entonces ¿Qué vas a hacer, estrellarte de nuevo para intentar viajar a otro mundo paralelo, si es que existen más? – Le peguntó Aurora.

         No, no estoy tan loco. La primera vez fue casualidad y desde luego no tentaría nunca a la suerte, no me considero ningún suicida y aprecio demasiado la vida. Pero, desde luego, ahora que tengo una segunda oportunidad, intentaré por todos los medios que nunca vuelva a caer en los errores del pasado.

         - No estoy de acuerdo contigo – le recriminó Aurora –,  yo he cometido algunos errores en esta vida y no me arrepiento de ellos, han sido los que me han hecho madurar, ver la vida desde una perspectiva diferente y saber, que el cristal por muy limpio que esté, jamás podré traspasarlo.

         - Tal vez me has entendido mal, no rechazo el pasado, simplemente quiero, ya que tengo la oportunidad, de comenzar de nuevo y hacer aquello que me gusta y si puedo, mejorarlo.

         - Te gusta ahora que todo es distinto – intervino Óscar –, pero… cuando pase el tiempo, te verás sumergido de nuevo en la cotidianidad con la que te envuelve la propia ciudad, en eso estoy de acuerdo con Aurora. Es la misma experiencia de cuando uno viaja, esos días son inolvidables. Los lugares que se conocen nos parecen mágicos y muchas veces, no entendemos cómo, quienes viven allí, no aprecian lo que tienen. Pero es que para ellos es parte de su vida, sus ojos se han acostumbrado a los monumentos, a sus bellos jardines, al color que presenta la ciudad, y aunque saben que tienen un lugar especial por el turismo que les visita cada año, están cansados de verlo día a día.

         - Tienes que tener en cuenta, que esa normalidad es una evolución truncada. Cuando somos niños, todo nos inquieta, sentimos el estímulo visual de aquello que entra por nuestros ojos y las preguntas brotan de nuestros labios en plan ametralladora. Queremos verlo todo, tocarlo todo y sentirlo todo. Es nuestra necesidad o curiosidad por conocer y aprender. Pero a medida que crecemos, muchas personas piensan que esa información adquirida es suficiente y dejan de experimentar, es cuando surge la monotonía; por el contrario, si seguimos empapándonos de nuevas vivencias, jamás aparecerá ese estado de ansiedad que proporciona el haberlo hecho todo, cuando en realidad no es así.

         - Interesante esa forma de pensar, amiga Aurora, pero… –  Continuó Iván – No estoy del todo de acuerdo, creo que hasta el más sabio se aburre. Es parte de nuestro ser.

         - Estamos demasiado filosóficos esta noche – intervino Óscar –, y yo empiezo a estar cansado, pero de sueño. Ha sido un día muy largo y deberíamos dormir.

         - Sí, estoy de acuerdo – Asintió Iván – Yo por lo menos estoy tumbado y me he despertado hace unos instantes, pero vosotros… debéis iros a descansar.

         - He hablado de descansar, no irme.

         - No puedo consentir que sigáis aquí una noche más, sabéis que estoy bien, los médicos lo han dicho, incluso me han quitado todo lo que tenía puesto en la vena, por lo que consideran que estoy mucho mejor ¿Por qué tenéis que estar aquí, durmiendo incómodos, cuando lo podéis hacer plácidamente en vuestra cama?

         - Porque al contrario que a ti, nos gustan los hospitales – Respondió Óscar.

         - Eso no te lo crees ni tú. A mí me vas a venir con una respuesta tan estúpida como esa. Si queréis que tenga protección, no me voy a oponer, porque es cierto que corro el peligro que ese tipo vuelva a por mí, pero quedaros vosotros, me parece demencial. Con dos hombres en la puerta será suficiente. Además, quiero espacio para mí, desde que estáis aquí, no puedo ni mear a gusto.

         - Por mucho que te empeñes – Intervino Aurora –, no nos vamos a ir de esta habitación hasta que salgas delante de nosotros. Para eso hemos pagado esta habitación, para quedarnos también nosotros. Además, puedes mear, ducharte e incluso pasearte desnudo por la habitación, a estas alturas, desde luego que no me voy a escandalizar. Más de lo que te he visto, no puedo ver.

         - ¡Sois unos mamones!

         - Nosotros también te queremos – Respondió Óscar, mientras comenzaba a despojarse de su uniforme – Yo al menos, me voy a dar una buena ducha. El calor es lo que peor llevo en los hospitales. Aurora, si no te importa, avisa para que nos traigan la cena.

         - ¿Podré cenar lo mismo que vosotros? La cena de los hospitales, tiene un sabor extraño.

         - Lo preguntaré – Respondió Aurora saliendo de la habitación.

         - Pregunta también si puedo ducharme, tendré cuidado con no mojarme la cabeza.

         -¡Está bien! ¿Quieren algo más los señores?

         - No, eso es todo, puede usted retirarse – Contestó Óscar.

         Los dos se quedaron solos, Óscar terminó de desnudarse. Antes de quitarse el slip se acercó a la puerta, la abrió suavemente y llamó a uno de sus compañeros.

         - Desde ahora, que no entre nadie en la habitación sin vuestro consentimiento. Me voy a duchar y quiero dormir. Llevo demasiadas horas en pie y el día no ha sido fácil.

         - No te preocupes – Respondió su compañero – Nadie entrará sin antes avisar.

         Óscar cerró la puerta y se quitó el slip dirigiéndose a la ducha.

         - ¡Qué pudoroso te estás volviendo!

         - ¡Que coño! Si hemos pagado por esta habitación, es para estar tranquilos. Quiero intentar sentirme, como si fuera mi casa, dejar el uniforme colgado en el armario y relajarme.

         - ¿Sabes una cosa, Óscar? Cada vez estoy más convencido de que he acertado quedándome aquí. Tuve mis dudas. Resultó un tanto difícil abandonar el lugar y la gente donde he vivido toda una vida y alejarme de los recuerdos.

         - ¿Aún estás preocupado por tú anterior vida?

         - No, es que…

         - Romper con el pasado siempre es muy difícil.

         - Más que nada, me gustaría saber cuál ha sido la reacción de mi familia, porque la de Sandra, ya la sé.

         - No tienes que pensar tanto. Seguramente te añorarán durante una temporada, como sucede cuando un hijo o un amigo abandona el lugar donde vive, para emprender una nueva vida. Pero reharán su vida, como lo hace todo el mundo.

         - Eso es lo que he pensado, pero… – Se  incorporó en la cama y se levantó -  … Creí que mi pensamiento era egoísta. Sinceramente, aquí me siento bien, soy feliz.

         Bajo el chorro de agua de la ducha, Óscar continuaba pendiente de su amigo, que había empezado a caminar por la habitación.

         - Ten cuidado, es el primer día que te levantas y te puedes marear.

         - Disfruta de la ducha, que yo no me caigo.

         Aurora entró en la habitación con unos refrescos en la mano y una botella de litro y medio de agua.

         - ¿Te apetece un zumo? – Preguntó a Iván.

         - ¿Qué te han dicho las enfermeras?

         - Que sí. Puedes cenar con nosotros, pero no puedes tomar ni una gota de alcohol y el mínimo de grasa.

         - Adiós a la cervecita. Tendré que esperar a salir de aquí.

         - ¿Te sirvo un zumo? – Preguntó a Óscar.

         - Sí, de melocotón si tienes.

         Aurora sirvió los zumos, Iván se quedó observándoles. Aún habiendo pasado el tiempo, no se acostumbraba a entender la conexión tan increíble que existía entre los tres. Apenas unos meses y parecían conocerse de toda la vida.

         No tenía ningún recuerdo en su pasado, de mantener esa complicidad con otra persona. Estaba completamente seguro, que él debía estar allí. No deseaba preguntarse si ellos sentían lo mismo, pero desde luego, Aurora y Óscar, eran ese tipo de personas que siempre había deseado conocer y por fin, tenía el lujo de tenerlos como amigos.

                                                                                     FIN DEL CAPÍTULO XVIII

 

 

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