miércoles, 22 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XX y XXI


                 CAPÍTULO XX

                     Eran las once y media de la noche, la víspera de la inauguración de los juegos. Todos los policías, salvo los ocupantes de los coches patrulla que vigilaban a Mario, se encontraban en uno de los grandes salones del Hotel Emperador. El comisario se hallaba sobre una tarima, frente a él más de doscientos hombres dispuestos, aleccionados y con ganas de enfrentarse y apresar, al hombre por el que estaban allí reunidos. Miró su reloj y levantó de nuevo la cabeza. El salón parecía un velatorio, nadie hablaba, ninguno hizo el menor gesto, todos permanecían quietos, esperando.

- Bien – intervino el comisario –, todos sabéis lo que tenéis que hacer. Falta media hora para la hora cero, si alguien tiene alguna duda, es el momento.

El silencio se rompió comenzando a hablar entre ellos, todos tenían claro su cometido y era hora de entrar en acción.

- Entonces ¡Se levanta la reunión! Espero que la liebre caiga en su trampa lo más pronto posible, sabéis todos que si estáis aquí es porque sois los mejores y lo más importante, orgullosos del cuerpo al que pertenecéis. Estos días hemos trabajado codo con codo como si fuésemos un solo ser, por un mismo objetivo. Desde esta noche, espero que continúe de la misma manera. Sólo así, descubriremos al verdadero artífice de estas muertes. Os deseo a todos suerte y recordad lo que tantas veces hemos dicho, nadie y repito, nadie, debe alejarse de su pareja bajo ninguna circunstancia.

El salón comenzó a vaciarse, algunos de los policías se dirigieron hacia las habitaciones que tenían asignadas para transformarse, en los personajes que durante aquellos días debían representar. Barrenderos, electricistas, camareros, masajistas, deportistas y un largo número de profesiones que hasta entonces habían visto en sus calles, locales y gimnasios. Unas profesiones que debían desempeñar como grandes actores en una espectacular película, pero, a diferencia que en el cine todo es ficción, ellos vivirían y representarían un filme muy real, en busca de un final feliz. Al menos en sus mentes, ésa era la meta.

Las burlas y las risas se intercambiaban a medida que aquellas prendas cubrían sus cuerpos. Uniformes a los que no estaban acostumbrados y les costaba adaptarse a ellos. Se miraban una y otra vez en los grandes espejos de los armarios empotrados y hasta ellos, se reían de sí mismos. Iba a resultar, según algunos comentaban, “una interesante experiencia, ejerciendo una profesión, vestido de otra muy diferente”

Mientras todo esto sucedía en la planta superior de hotel y protegida por sus propios compañeros, en el salón se habían quedado tres personas, Óscar, Aurora y el comisario. Los tres perfilaban los últimos detalles sobre uno de los planos de los pabellones donde se desarrollarían prácticamente todas las pruebas. Les acompañaban tres miembros del servicio de inteligencia.

- Chicos – Intervino el comisario colocando las manos sobre el plano –, creo que es hora de descansar. Mañana va a ser un largo día y no el único. Estoy convencido que todos conocen, conocéis, cada rincón de esos pabellones y en especial vosotros. Tengo entendido que desde hace más de un mes vais en vuestro tiempo libre a inspeccionar cada habitáculo de dichos pabellones – Les sonrió – Conocéis hasta la última mota de polvo que en ellos se esconde.

- ¿Cómo sabe usted eso? – preguntó Aurora.

- Desde el atentado a Iván, vosotros os habéis tomado este caso como algo personal, y nosotros así lo hemos entendido, respetado, pero no siempre comprendido. Somos una unidad. Pero recordad que en esta ocasión tenemos la ayuda inestimable de miembros del servicio de inteligencia. Algunos de ellos os han estado cubriendo las espaldas cuando personalmente, contesté a sus preguntas.

- Gracias por entender nuestros sentimientos, hemos creído hacer lo más conveniente para todos. Somos muchos y es cierto que somos una unidad, pero hay demasiados rincones en esta ciudad, donde el asesino nos puede sorprender y, desgraciadamente, él también conoce muy bien por donde se mueve, tanto o más que nosotros. Ha vivido toda su vida aquí y seguramente, con su astucia, sabe dónde acometer su plan. Creo hablar por los dos y en mi nombre y  el de Aurora, pedimos disculpas si hemos ocasionado algún…

- No. Tranquilo – Le interrumpió el comisario – No se ha provocado ninguna tensión que respondiendo a las preguntas, como os he dicho, no se pudiera arreglar. Es más, ellos mismos han alabado vuestro comportamiento de discreción y entrega. No hay que dar las gracias por nada Óscar, Iván para todos nosotros, es algo más que un ciudadano. Desde el día en que tú lo encontraste, ha demostrado su predisposición para ayudarnos, ha expuesto su vida para atrapar al asesino y hemos descubierto que es una buena persona, cualquiera, estoy seguro, entre los que me incluyo, hubiera hecho lo mismo, si contara con la amistad que le une a vosotros, y en cuanto a los rincones, esperemos, estén todos cubiertos.

-¡Si usted supiera comisario, hasta qué punto Iván ha decidido involucrarse en este caso y el respeto y cariño que tiene al cuerpo, se sorprendería!

- ¡Yo ya no me sorprendo por nada, amigo mío! Pero no demoremos más todo esto, será mejor que descansemos. Ha comenzado la cuenta atrás, y esperemos que todo salga como está previsto.

El comisario guardó el plano en su maletín, Óscar se colocó la chaqueta y Aurora se dirigió hacia la puerta, la abrió y esperó a que saliesen los dos. Óscar la tomó por la cintura y los tres recorrieron el pasillo sin hablar. Todo el hotel permanecía en silencio. Al pasar por recepción, saludaron a los dos chicos que se encontraban realizando su trabajo.

Ya en la calle, el comisario les deseo suerte y se internó, con paso lento, en una de las avenidas principales.

La noche era templada, en el cielo una gran luna anaranjada presidía todo el firmamento visible. Óscar y Aurora decidieron dar un paseo antes de volver a casa. Aquellos días habían resultado estresantes, demasiados compañeros nuevos para un recinto, que se les había quedado pequeño, como era la comisaría. Durante aquel mes la rutina diaria se amontonaba en las mesas. Todas las horas habían sido dedicadas al caso y estaban deseando que, por fin, llegase el momento de volver a la monotonía a la que estaban acostumbrados y que un simple robo, les apartase de la normalidad. Pero aún quedaba mucho por hacer. Como dijese el comisario, aquel era el pistoletazo de salida. La hora cero de muchas horas de trabajo por delante. De vigilancias, de desvelos, de intranquilidad ante cualquier movimiento sospechoso y del cuidado de muchos jóvenes que se habían involucrado en el proyecto. Un proyecto, como posiblemente nunca se había diseñado antes y por eso, debía de salir bien, sin fallos, sin errores, aunque seguramente, alguno se cometería. Eran humanos, no maquinas diseñadas, e incluso si fueran máquinas, también errarían. Era tiempo de descansar, por lo menos por aquella noche, aunque ninguno de los dos estaba muy seguro de poderlo conseguir. Pensaban en silencio en Iván. Durante esos días, no lo verían, se mantendrían alejados de él para no levantar sospechas, pero otros ojos estarían encima de él, para que nada le sucediese. Iván, más que nadie, debía de salir libre de toda aquella estrategia montada, fuera cual fuese el final. Iván... En medio de aquellos pensamientos, llegaron a la casa. Era el tiempo de entrar y olvidarse durante unas horas del trabajo, despojarse de la ropa, disfrutar de una buena ducha y del descanso merecido.

Aurora decidió quedarse a dormir en casa de Óscar, como ya había hecho en otras ocasiones desde que Iván alquilara el piso en el que vivía. La relación entre los dos cada vez se consolidaba más. No sólo demostraban estar unidos en el trabajo, sino en la vida diaria y lo que tenían ambos muy claro, es que cuando la puerta de la casa se cerraba tras ellos, nada que tuviera que ver con el trabajo o el exterior, formaría parte de sus conversaciones, a no ser que fuera algo extremadamente importante.

Óscar fue el primero en liberarse de la ropa, quedándose en bóxer y dirigiéndose a la cocina preguntó a Aurora si la apetecía un sándwich, ella contestó que sí. Abrió el frigorífico, sacó los embutidos y la margarina. De un armario extrajo un paquete de pan de molde y se dispuso a montar los Sándwich. Aurora se acercó por detrás y le rodeó con sus brazos. Óscar sintió el calor de la piel de Aurora y el sujetador que se pegó a su espalda. Aurora le besó en el cuello y él se estremeció.

- Estás muy provocativo con el bóxer.

- Para eso me he puesto así – Comentó sin dejar de montar los bocadillos – Quiero que nunca olvides al hombre que tienes junto a ti – Sonrió para sus adentros.

- Nunca he pensado en otro que no fueras tú y mira que te costó decidirte.

Óscar se volvió tras limpiarse las manos en una servilleta, la tomó de la cintura y la pegó a su cuerpo.

- Porque nunca pensé que a quien yo deseaba, ella también sintiera lo mismo por mí. Porque pensaba que mi profesión no era compatible con una vida acompañado. Porque…

Aurora no dejó que continuara hablando, cogió con sus manos la cara de Óscar y le besó – No te hagas tantas preguntas, cuando éstas te pueden hacer daño y no tener la respuesta adecuada – Le volvió a besar, pero esta vez con más pasión.

Óscar acarició la espalda desnuda de Aurora y bajó las manos hasta dejarlas en aquellas nalgas firmes cubiertas por la pequeña braguita. Sintió como el ardor del deseo recorría todo su ser y sin pensárselo dos veces, la tomó en brazos y se encaminó con ella hacia el dormitorio. Ella no dejaba de acariciar su rostro y mirarle con fijeza a los ojos.

-Te amo.

- Lo sé – Afirmó él – Pero ahora no es momento de hablar. Ahora soy yo el que quiere demostrártelo.

 

                                                        CAPÍTULO XXI

PRIMER DÍA DE LOS JUEGOS

            El teléfono sonó a las siete de la mañana, Iván se desperezó y lo cogió.

- ¿Sí, quién es?

- Arriba dormilón – Respondió Óscar – He hablado con tu entrenador, el primer partido lo tienes pasado mañana, así que debes dejar las sábanas y prepararte para el encuentro.

- ¿Qué hora es? – Preguntó mientras palpaba el reloj que reposaba en la mesilla y lo miraba - ¿Y me despiertas a las siete de la mañana para decirme esto? ¿No podías haber llamado anoche, que estuve despierto hasta las dos? Además, ya lo sabía, se han quedado a dormir en casa dos compañeros de equipo.

- ¿Quién os manda acostaros tan tarde? ¿No sabéis que los deportistas debéis estar en la cama pronto? ¡Las horas de sueño son muy importantes!

- Y lo dices tú llamando a estas horas ¡Te voy a matar! Cuando pase todo esto, yo me voy a convertir en un asesino de amigos policías y el primero serás tú ¡Por cabrón!

- ¡No seas cascarrabias! Te llamo porque luego me va a ser imposible, y para decirte, que ni Aurora ni yo, nos acercaremos a ti para nada. Te saludaremos como uno más y aparentemente no tendremos ningún favoritismo contigo. En resumen, como si no te conociéramos nada más que de verte por la ciudad y ser un ciudadano más.

- ¿Voy a estar todo los juegos sin verte el careto? ¡Sólo por eso, ha merecido la pena que me despertases! Me has alegrado el día, señor policía.

- ¡No seas hijo de puta! Esto es muy serio. De verdad, tal vez sea una estupidez, y él ya tenga conocimiento de nuestra amistad, pero lo mejor será que no le demos la menor pista. Lo hemos estado hablando esta noche, ninguno de los dos hemos podido dormir, por si se nos queda algún cabo sin atar.

- Bromeaba. Lo que tenéis que hacer es relajaros, no pensad más de lo necesario, tomadlo con la responsabilidad que os corresponde como agentes de orden ante un acontecimiento tan importante, que suponen los juegos para la ciudad. Sois muchos, y todos, auténticos profesionales. Va a salir bien, lo sé, y cuando todo pase, lo festejaremos a lo grande.

- ¡Eres la hostia tío! En vez de animarte yo a ti, vas y me devuelves el bumerán. Cada día estoy más orgulloso de tenerte como amigo.

- Sé que estáis preocupados por mí, y con sólo escuchar tu voz o la de Aurora, me basta para sentirme bien. También sé que aunque intentéis disimular, os voy a tener más cerca que mi propia sombra. Saluda a Aurora y descansad ¿Vale?

- Aurora está en la ducha, comenzamos nuestro trabajo a las ocho. Cuídate ¿Nos lo prometes?

- ¡Sí pesado, os lo prometo! Me portaré bien, no estaré nunca solo, me divertiré y os daremos un buen espectáculo pasado mañana. Se me olvidaba, también comeré a mis horas y me acostaré pronto, como un niño bueno ¿Vale? Y sólo una o dos cervezas diarias.

- Después de los juegos, te invitaré a la mejor mariscada con la que nunca hayas soñado.

- ¡Pues, prepárate, soy capaz de soñar mucho y de comer más!

- ¡Cuídate!

Óscar colgó el teléfono, se tumbó sobre la cama mirando hacia el techo. Aurora apareció desnuda, secándose el pelo con una toalla.

- ¿Con quién hablabas?

- Con Iván. Le he comentado lo que hablamos anoche y decirle que se cuide.

Aurora se tumbó encima y con las manos cogió su cara. Le sonrió.

- ¿Estás preocupado por él? Es fuerte y no creo que se deje sorprender de nuevo.

- Es que… ¡Quiero a ese cabrón! Lo he dicho en otras ocasiones, pero es verdad. Nadie me había calado tan profundamente. No he querido a nadie como a él.

- ¿A nadie? – Le preguntó agarrándole del pelo.

- ¡No seas tonta! Es muy distinto. A ti te amo. A él le quiero; y aunque en ocasiones usemos las dos palabras para el mismo sentimiento, existen claras diferencias.

- Lo sé, yo también le quiero. También me he preguntado muchas veces el motivo ¿Te das cuenta que hace unos meses que lo conocimos?

- Lo que quiere decir, que no importa el tiempo, sino con la intensidad que se vive con una persona. Y con él, hemos vivido mucho y muy intensamente. Demasiadas cosas, el otro día, él mismo lo decía. Ha vivido más emociones estos meses, que toda su vida junta. Ese fue, uno de los motivos que le motivó regresar.

- Quiero verte sonreír y despreocuparte un poco del asunto. Estamos rodeados de grandes compañeros y todo va a salir bien.

- Eso mismo me ha dicho él. Aparentemente, por su voz, lo he encontrado tranquilo. Demasiado tranquilo. Parece no tener ningún miedo, como siempre. No sé. Me repetiré, pero ese cabrón, está hecho de una materia muy especial. Demuestra estar muy seguro de si mismo y por el contrario, sé, porque lo he visto y vivido junto a él, que también es vulnerable.

- Ahora te preocupas porque está tranquilo – Se incorporó  sentándose en la cama – Tú eres el que debes de  relajarte y levantarte ya, que tenemos que ir a trabajar. Él sabe lo que tiene que hacer y nosotros también.

- Tienes razón ¿Te importa preparar el desayuno?

- No, venga, dúchate

Óscar se levantó y Aurora lo siguió. Al salir de la habitación, Aurora se quedó observando la desnudez de Óscar. Le propinó un azote en los glúteos y entró en la cocina. Tras la ducha y el  desayuno, prácticamente en silencio, se vistieron y salieron de la casa.

Óscar miró hacia el cielo, estaba radiante, sin una nube que pudiese perturbar todo el esplendor de una ciudad volcada con el evento que se le avecinaba. Unos días de júbilo y alegría, donde todos se sentían partícipes del acontecimiento del año. Diversos puestos se levantaban cerca de los pabellones, con todo tipo de recuerdos: camisetas, llaveros, carteras, cinturones y un sin fin de objetos, que recordasen en el presente y el futuro, lo sucedido en aquel lugar, durante aquellos días.

- ¿Qué miras?

- Que no va a llover, y lo mejor, es que ha vuelto el calor. Sólo deseo que continúe así durante estos días. Sería magnífico que el sol nos acompañase y calentase la ciudad, como lo hace en el verano.

- Yo también lo espero, y que desde ahí arriba nos escuchen. Sería un buen detalle.

La ciudad había despertado para muchos ciudadanos, entre ellos, aquella pareja de policías. Mientras tanto, en otro lugar, en otra casa, en otra cama, Iván, volvió a quedarse profundamente dormido, tras la llamada de Óscar. En efecto, él estaba tranquilo, seguro de que todo iba a discurrir de la forma correcta y si algo debía de suceder, para qué preocuparse, sólo era cuestión de estar preparado y alerta, para atajar, de la mejor manera posible, el problema.

                                                           FIN DE LOS CAPÍTULOS XX y XXI
          
 

                                         

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