miércoles, 5 de agosto de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XXVIII


           CAPÍTULO XXVIII

     Apenas habían llegado a la jefatura, el comisario recibó la esperada llamada de sus hombres. Junto a él se encontraba Aurora, con Alberto y Luis, otros dos compañeros del cuerpo. Habló con la voz más calmada que en la anterior intervención, escuchó, les dio la orden de volver a la comisaría y colgó.

    - ¡El muy cabrón… Está de vacaciones!

    - ¡¿Cómo?!

    - Lo que has escuchado Aurora. Está de vacaciones desde la tarde en que comenzaron los juegos. Su jefe le concedió diez malditos días de vacaciones para que disfrutara de los juegos ¡Que ironía! La vida sigue siendo injusta – Se quedó en silencio, ninguno de los presentes se atrevía a decir nada.
 
    - Señor – Intervino Aurora – No debe preocuparse, lo atraparemos. Es un caso difícil. Él es muy astuto y juega al despiste. Actúa midiendo cada paso y no tiene escrúpulos para...

    - Tengo un mal presentimiento – La interrumpió – No va a ser la última muerte, estoy casi seguro. Tiene un plan más preciso que nosotros. ¡Somos unos putos inútiles!

    - Sugiero, que si no damos con él en el transcurso del día, saquemos a la luz su fotografía, y que se pongan en contacto con nosotros… bajo algún motivo que se nos ocurra – intervino Alberto.

    - Si lo pensamos bien señor, puede ser una solución – Comentó Luis.

    - No es como lo planeamos…

    - Señor – Le interrumpió Aurora – La idea de Alberto no es tan descabellada.

    - De acuerdo, no esperaremos más, preparemos la foto y busquemos un motivo creíble. ¡Hijo de la gran puta! ¡Que Dios nos ayude!

    Aurora habló con Óscar y ambos decidieron ser quienes reunieran a todos los hombres y mujeres para comunicarles el plan, desde ese instante el ambiente se fue caldeando en la comisaría. Nadie se ponía de acuerdo en cual sería el móvil para exponer la fotografía de Mario, algunos incluso, sugerían decir la verdad, pero fue desestimada; sin duda, provocaría la alarma en la ciudad y algo peor, un linchamiento, merecido, como comentara en su día Óscar, pero no legal.

    Óscar era el único que permanecía en silencio, sentado detrás de sus compañeros. Daba vueltas y vueltas a su cabeza, buscando una solución que no le llegaba. Se sentía bloqueado. Se levantó y salió a la calle. Se apoyó contra la pared, como si estuviese haciendo guardia en un cuartel, tomó aire con fuerza, deseando renovar el existente en sus pulmones y miró al frente, sin fijarse en nada concreto.  Aurora se le acercó.

    - Nos estamos volviendo todos locos.

    - Así no podemos continuar, estamos perdiendo un tiempo muy valioso, que él seguramente está aprovechando.

    - ¿Dónde está la solución?

    - En echar un juramento y que se callen todos. Es imposible pensar cuando lo único que se hace es gritar y no buscar una solución sencilla.

    Entró de nuevo. Contempló que la escena no había cambiado, el comisario intentaba calmar la situación, pero nadie se callaba, parecían estar poseídos. Óscar cerró la puerta violentamente.

    - ¡Joder, callaros de una puta vez! – Gritó forzando su voz al máximo.

    Todos se volvieron, enmudeciendo.
 
    - No lo entiendo chicos – se  abrió paso hasta colocarse delante de ellos, frente a la pizarra. Tomó una tiza y se dispuso a escribir –,  parecemos recién salidos de la academia ¡Qué digo!, ni ellos se portarían así. Todos estamos de acuerdo que hay que mostrar el careto de ese hijo de puta para encontrarlo, también sabemos que debemos andar con precaución, para no provocar una alerta social y menos ahora, con los juegos en marcha y el número tan elevado de visitantes que tenemos. Os he estado escuchando, y algunos tenéis buenas ideas, pero estáis tan alterados, que no os escucháis los unos a los otros. Por ejemplo, Javier decía que si el problema está en los centros y lugares donde se están desarrollando las pruebas, que las personas responsables de la seguridad, tengan una foto. Marcos aludía que tal vez la seguridad era escasa, doblemos la defensa, podemos hacerlo aunque tengamos que meter horas extras, y que todo el mundo que entre, sea el personal autorizado o público, se le registre exhaustivamente y se prohíba la entrada de bolsas, bolsos y todos aquellos objetos donde se pueda camuflar un arma. En los restaurantes de los pabellones, se entregarán exclusivamente cubiertos de plástico. Los miembros de la seguridad, sean policías o civiles qué no conozcáis, antes de entrar al recinto, se identifiquen y no les moleste ser cacheados, y por último, y volviendo a la foto, y creo que esto lo habéis dicho varios de vosotros, un cartel con su foto en los estadios y pabellones, con un número de teléfono. Dicho número debe de ser nuevo, con lo que  contrataremos una nueva línea, que estará activada al instante. En los carteles puede rezar algo así como “En paradero desconocido, necesita medicación especial, si lo ven, llamen al…”

    - Eso es lo que decía yo – Intervino Luis.

    - El problema es que todo lo que estoy ahora argumentando, ha salido de vuestras bocas, pero de pronto os habéis puesto a elevar el tono, haciendo comentarios los unos con los otros y no estabais resolviendo el problema, sino creando uno aún mayor.

    - Gracias  – habló el comisario –,  por fin una mente cuerda en todo el distrito. Personalmente todo lo expuesto por Óscar me parece positivo, sólo quiero escuchar un si o un no ¡Nada más!

    - El sí fue unánime y comenzaron a trabajar en cada una de las propuestas de Óscar, en grupos de trabajo. El sosiego y la tranquilidad volvieron a reinar. Aurora se acercó a Óscar.

    - Se calmó el rebaño. Los corderos vuelven a su redil.

    - Estos más que corderos, parecían caballos desbocados – Sonrió – Tenemos un grave problema y es que el asesino va por delante de nosotros, con mucha ventaja y eso no debería ser normal.

    - Gracias de nuevo. Estaba a punto de sacar la pistola y lanzar dos tiros al techo – Comentó el comisario – Y el problema no es que vaya con ventaja, Óscar, que también lo pensé en su momento. El grave problema es que él no deja la mínima pista aunque creamos saber quién es, pero ni así estamos seguros.

    - Lo sé. Ahora parece que todos están centrados.

    - De nuevo te doy las gracias. Si solo fuerais vosotros los que estáis en esta sala, ya hubiera lanzado más de un grito, pero… Tenemos muchos compañeros de fuera que han venido voluntariamente. Ese gesto me ha frenado.

    - Si están aquí, saben que deben obediencia al policía de mayor rango, y ese es usted. Por otro lado, seguramente, a más de un grito estarán acostumbrados.

    - Posiblemente chico, posiblemente. Después de que pase todo esto, te voy a proponer para un ascenso. Yo ya estoy demasiado mayor y esta comisaría necesita un hombre como tú. Eres querido y respetado por todos y sé muy bien que en más de una ocasión, antes de pedirme un consejo, lo han hecho contigo.

    - Señor, usted aún tiene que dar mucha guerra y verlo estas paredes.

    - ¡Ya hablaremos! Ahora iros, estoy seguro que, aunque os propusisteis no ver a Iván hasta el final de los juegos, estáis deseando felicitarle. Hacedlo también en nombre de todo el cuerpo.

    - A eso se le llama telepatía. Hace un instante, también he pensado en ello.

    El teléfono del comisario sonó, lo descolgó y estuvo escuchando, mientras lo hacía, observaba a Óscar y Aurora.

    - ¿Qué ocurre? – Preguntó Óscar.

    - Otro asesinato – Contestó continuando su conversación telefónica. Óscar y Aurora se miraron el uno al otro, sin mediar palabra, esperando a que finalizara la llamada.

    - Se ha cometido otro asesinato – Les comentó mientras guardaba el teléfono en el bolsillo – Esta vez ha sido…

    - ¿Quién? – Preguntó Aurora.

    - Uno de los jugadores de Walter Polo.

    - No puede ser… ¿No será?

    - No, tranquilos, no ha sido Iván. Están practicando su autopsia y buscando algo ajeno a su cuerpo.

    - Déjenos a nosotros… Mejor será que no comente nada con los chicos, cuando sepamos todo lo sucedido, le llamaremos.

     - ¡Tened cuidado!

    Aurora y Óscar salieron de la comisaría. Se dirigieron lo más rápido que pudieron, al tanatorio. Al llegar allí, dos jugadores se encontraban en la sala de espera, al ver a los policías, se levantaron y se acercaron a ellos.

    - ¿Cómo ha sido? – Preguntó Óscar, tras los saludos.

    - No lo podemos entender. Después del partido nos fuimos todos a comer a Casa Antonio, allí decidimos hacer una fiesta por la noche en mi casa, ya que tengo un salón muy grande, y podíamos invitar a algunas amigas. Después de comer, decidimos los tres ir a preparar todo, quitar algunos muebles – les miró –, ya sabéis, dejarlo un poco despejado de objetos que se pudiesen romper. Todo iba bien, hasta que a José se le ocurrió que encargásemos unas tartas de merengue, para divertirnos con ellas. Nos pareció una buena idea y bajó a la confitería que está en la esquina, al ver que tardaba, lo llamamos al teléfono y no respondió; entonces decidí bajar a la pastelería. Llamé al ascensor, parecía estar ocupado y  bajé andando. Al llegar al segundo piso, observé que la puerta del ascensor metía un extraño ruido repetitivo, me dirigí a ella y al abrirla…

    - El espectáculo era dantesco – Intervino Pedro al ver que su amigo Roberto no podía continuar – Cuando lo encontró, el grito fue tal, que lo escuché desde el sexto. Sabía que algo había pasado, así que bajé las escaleras lo más deprisa que pude. Al llegar a dicho piso, vi algunos vecinos al lado de la puerta del ascensor, me abrí camino entre ellos y… allí se encontraba Roberto de rodillas, cubierto de sangre, abrazado a José, que acariciaba su rostro ensangrentado.

    El forense se aproximó a ellos, silencioso y lentamente.

    - Ya he comentado que estas muertes resultan inauditas para cualquier mente. Llevo muchos años en esta profesión,  pero que alguien fuese capaz de algo tan macabro, como lo que acabo de presenciar…

    - ¿Podemos verlo? – Preguntó Aurora.

    - Mejor será que no, le han extraído el corazón y en su lugar han dejado una pelota de plástico con una nota en su interior.

    - ¿Ha dicho que le ha quitado el corazón? – Preguntó Óscar.

    -  Sí – Respondió con lágrimas en los ojos Roberto – No tiene corazón ¡El hijo de puta, le ha robado su corazón!

    - ¡Tranquilo amigo! – Intervino Pedro abrazándole, pronto lo encontrarán.

    - No puede ser, no puede existir nadie tan desalmado, capaz de arrebatar el corazón a una persona – Comentó Aurora.

    - Sé que son momentos muy… pensaba decir, tristes, pero creo que en casos como éste, no se ha inventado la palabra para definirlo. Mi obligación es daros el parte de la autopsia e intentar encontrar cualquier materia externa a la víctima, pero sigue sin dejar el mínimo rastro, aunque mi equipo y yo continuamos en nuestro empeño. Analizada la pelota de plástico y el contenido de la misma, también os la entrego como posible pista. José debe descansar en paz, que no sirva de carnaza periodística.

    - Tranquilo. Nosotros nos encargaremos de dar el pésame a la familia – Comentó Óscar mientras cogía la nota, la desplegaba, y mirando a sus compañeros, leyó en alto:

                                   

                                   El corazón es la esencia de:
                                   Los Sentimiento
                                   las pasiones,
                                   y los deseos
                                  que envilecen al ser humano.
                                  Por ello, debe ser destruido”

     - ¡No hay palabras…! ¡Lo siento chicos, me siento impotente para deciros nada!

    - Lo sabemos Óscar. Iván nos ha comentado el empeño y trabajo que estáis realizando para atraparlo, pero ¿Quién puede luchar con una mente tan desquiciada? – Comentó Pedro.

    - Debemos parar los juegos – Sugirió Aurora – No pueden producirse más muertes.

    - Me niego – Respondió con energía Roberto – No permitiré que mi amigo haya muerto, y que el asesino continúe suelto.

    - Tranquilo, lo encontraremos – Le calmó Óscar – Descubriremos al causante de tanto dolor – Miró a su compañera – No Aurora, no detendremos los juegos y recemos para adelantarnos a él, y no vivamos otro momento como este.

    Chicos, os recomiendo que  celebréis la fiesta que teníais prevista. Hacedlo en la casa de Iván. Le llamaré y le explicaré lo sucedido. Guardadlo en secreto esta noche, sé que será muy difícil, pero no debemos provocar ninguna alarma innecesaria.

    - Lo haremos, pero... ¡Maldita las ganas que tenemos de juerga! Un día tan mágico como este… lo ha enturbiado un demente, un perturbado, un… ¡No tiene nombre el maldito hijo de Satán! – Respondió Pedro, emprendiendo el camino de salida.

    - Lo intentaremos, aunque no puedo prometer nada. Lo que hoy he vivido, jamás se podrá borrar de mi mente. He tenido en mis brazos, el cuerpo sin vida de mi amigo. He visto abierto su pecho y sin el órgano que nos da la vida y las emociones. He sentido su sangre correr por mi piel y enfriarse entre mis poros ¿Crees qué podré fingir y celebrar la victoria que hoy nos ha robado el ser más despreciable que una mujer ha podido parir? Lo dudo, pero lo intentaré.

    Se fue tras su amigo, lo cogió por el hombro y ambos desaparecieron. La sala quedó invadida por un terrible silencio y una quietud tal, que toda vida pareció detenerse y estremecerse.

                                                                                   FIN DEL CAPÍTULO XXVIII

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