lunes, 24 de agosto de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XXXIV


                  CAPÍTULO XXXIV

            - ¡Hola chico! ¿Cómo te encuentras? – Preguntó Óscar a Iván, al comprobar que abría los ojos.

- Hambriento y sediento.

- Por fin, otra vez con nosotros – Comentó Aurora sonriéndole – Esto comienza a ser una rutina que no me gusta nada.

- Espero que ésta vez, para siempre.

- No lo dudes –  Intervino Óscar, ofreciéndole un vaso de zumo – Bebe, te vendrá bien.

Iván palpó y miró su pecho que permanecía desnudo salvo las partes donde había recibido los cortes, que estaban cubiertas por grandes apósitos.

- No te preocupes, no quedarán marcas, los mejores cirujanos así nos lo han asegurado.

- ¿Su nombre ha sido borrado?

- Sí, incluso sus padres estuvieron de acuerdo – Comentó Aurora – Nadie fue a su entierro, su cuerpo ha sido incinerado y su memoria borrada de todos los archivos. Para la humanidad, no ha existido nunca.

- Gracias a los dos.

- Gracias a ti. Aún nos preguntamos cómo es posible que estés vivo, y cómo fuimos tan necios tardando tanto en acudir.

- La policía siempre llega tarde – Sonrió – ¿Qué día es hoy?

- Has estado durmiendo cinco días – Contestó Óscar – Has hablado mucho en sueños y esperamos que el impacto de aquel momento se borre de tú mente, sobre todo, cuando salgas a la calle. Te consideran un héroe.

- Tranquilos, sé que hice lo correcto y no me arrepiento. Sé que he ayudado a que otros chicos no caigan en sus manos y eso es lo más importante. No me considero un héroe, los héroes sólo existen en la mente de las personas que han perdido a un ser querido y esa palabra, les reconfortará mientras sigan viviendo.

- ¿Te gustan las flores? – Le preguntó Aurora, para cambiar de tema.

- Sí, son muy bonitas.

- Las ha traído cada día, una buena amiga tuya – Comentó Óscar con una pícara sonrisa.

- ¿Quién?

- María – Respondió Aurora.

- ¿María? ¿La azafata de la tele?

- Si, la misma – Respondió Óscar – Nos contó lo de la palmada en la piscina. A esa chica la has causado una gran impresión, creo que siente algo por ti.

- Es normal, soy un chico encantador y un gran jugador de… A propósito ¿Cómo hemos quedado?

- ¡Perdisteis! – Se apresuró a decir Óscar.

- ¡Mierda! Me hubiera gustado estar en la final.

- ¿Tú? Recuerda que no eres inmortal – Le comentó Óscar - ¡Conténtate con estar en las gradas!

- ¿En las gradas? Entonces… ¡¿Ganamos?!

- Sí –  Respondió Aurora sonriendo – Fue un gran espectáculo, lo han grabado, así que ya lo verás.

- ¿Os he dicho que tengo hambre? ¿Me comería un buey? Quiero que me pongáis al día sobre lo que me he perdido mientras dormía.

Aurora llamó al timbre comunicando que Iván se había despertado, dos enfermeras se personaron al instante arrastrando un pequeño carrito. Saludaron sonriendo a Iván.  Óscar y Aurora abandonaron la habitación. Le tomaron la tensión y la temperatura,  le colocaron el pulsómetro y observaron sus ojos con una pequeña linterna, tras todas las pruebas y registradas en la hoja pertinente, una de las chicas se dirigió a Iván.

- Estás perfectamente.  Necesitabas descanso, mucho descanso debido a las heridas sufridas por las que no debes preocuparte, están cicatrizando correctamente, pero aún necesitas estar relajado y  no cometer excesos en una temporada, pero todo eso ya te lo comunicará el especialista mañana.

- ¿Cuándo puedo irme?

- Nosotras no lo sabemos. Será el doctor quien lo determine.

- ¿Puedo comer? Tengo hambre – Les miró con gesto de niño bueno.

- No hace falta que nos pongas esa cara – Sonrió la segunda enfermera – Claro que puedes comer. Mandaré que te traigan algo. Espero que pases un buen día, para cualquier cosa, nos llamas al timbre – Las dos chicas salieron cerrando la puerta y dejándole solo.

Las enfermeras informaron a Aurora y Óscar que esperaba cerca de la puerta,  el estado de su compañero y se despidieron para continuar con su trabajo.

- Ahora sí que ha pasado todo – Sonrió Aurora a Óscar – Está bien y parece que su mente también.

- Para eso tendremos que esperar un tiempo. Lo que vivió aquel día y la vez anterior, tiene que repercutirle de alguna forma, sino, no sería humano – Comentó Óscar.

 - Tú mismo has dicho en más de una ocasión que parece de otro mundo, y en realidad así es. Tal vez, sólo tal vez, su mente y cuerpo reaccionen de forma distinta a los nuestros en esta dimensión que en realidad no es la suya, y no hay cosa que más me alegraría. Ninguna mente sería ajena a lo experimentado en estos días pasados, desde el primer contacto que tuvo con él, su primera agresión y luego el desenlace vivido en aquel vestuario. Es un chico muy especial. Jamás he visto a nadie con esa entrega y dedicación a los demás, sin contar el sufrimiento que en su interior ha tenido que experimentar. Se ha enfrentado a dos mundos, entre la vida y la muerte en una constante, y en la lucha tanto interna como externa, por sobrevivir, luchando solo, porque aunque hemos estado a su lado, la lucha la ha disputado él. Es un guerrero incansable y lo será siempre.

- Sabes... Me llega a la mente aquel primer día, cuando lo vi medio desnudo en mitad de la calle, perdido y desorientado, sin saber que le pasaba y por qué todo era diferente, cuando debía de ser normal. El tránsito entre dos mundos, siempre vinculado con la muerte y lo oculto. Donde los amigos, se volvieron desconocidos. Donde los vecinos, unos extraños y donde la vida, a la que estaba acostumbrado, perdida en un pasado, que para él, era el presente. ¿Es capaz la mente, de asimilar todo eso y...?

- Olvídalo – Le interrumpió Aurora – Olvida, que es momento para ello. Ahora la vida continúa y así debe de ser. Iván se recuperará, comenzará de nuevo su vida, ojalá que acompañado de María la cual, me parece una gran chica. Todo volverá a su cauce con el tiempo. Hemos vivido un maremoto dentro de un barco que zozobraba y ahora las aguas se han calmado. Es tiempo de regresar a la orilla y poner los pies en tierra firme.  Mirar a lo alto, como el cielo antes invadido de nubarrones grises, se presenta acompañado por el gran astro, que nos regala la vida y la luz a todos. Dejemos que nuestras mentes se liberen y todos estos recuerdos pasen a ser eso, simples recuerdos perdidos en algún rincón de nuestras mentes, para nunca más encontrarnos con ellos.

- Así lo haremos y esperemos, que él, también lo logre.

- Lo hará, ya lo veras, y si no, nosotros estaremos ahí.

Óscar se atrevió a besar a Aurora en los labios.

- Te quiero. Simplemente quiero que lo sepas.

- Lo sé bobo – Sonrió – Entremos, que el niño se sentirá solo.

- Nunca ha sido un niño, al menos, nosotros no le hemos visto crecer.

- Crecer no, pero madurar, sí.

Óscar agarró por la cintura a Aurora y con la otra mano abrió la puerta, preguntó si se podía pasar y tras la respuesta negativa de Iván, se rieron y cerraron la puerta tras ellos.
                                                                                            FIN DE LA NOVELA
 

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