lunes, 17 de agosto de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULOS XXXII

                 CAPÍTULO XXXII           

            Carlos y Juan se encontraban sentados en el sofá viendo los juegos a través del televisor, mientras que Iván, no paraba de dar vueltas de un lado para otro.

- Iván, por favor, tranquilízate – Sugirió Carlos.

- No puedo ¿Cómo te sentirías si vieses tú careto por toda la ciudad, como el asesino de los deportistas?

- Lo que es increíble, es vuestro parecido –  Intervino Juan –, y que nunca reparase en ello. Conozco a ese hijo de puta desde hace más de dos años, y nunca vi ningún parecido contigo, hasta hoy.

El timbre de la puerta sonó. Iván fue rápido a abrir, y se encontró con sus amigos.

- ¿Cómo estás? – Preguntó Aurora, entrando en el interior.

- ¿Cómo quieres que esté? ¡Muy, muy acojonado! Os juro que nunca he tenido miedo de nada, pero ahora sí. Ver mí rostro repartido por toda la ciudad, es desconcertante ¡Y encima hoy!

- He venido pensando en el coche algo que ni siquiera he comentado con Aurora. Debes de estar tranquilo. Tú fuiste una de sus víctimas y eso lo sabe toda la ciudad.

- La ciudad olvida pronto, además tú lo has dicho, fui una de sus víctimas. La única viva, los demás han muerto todos. La cólera y la ira que llevan en sus corazones, por verse privados de sus hijos… Yo mismo me lo he preguntado, y haría lo mismo. Me están mostrando al asesino y ese, con otro aspecto, soy yo.

- Está bien – Comentó Aurora – Tienes razón, lo que se muestra es tú rostro con una forma diferente. Hoy juegas con el equipo, todo el mundo te adora, te consideran un gran deportista ¿Qué te parece que en el informativo del medio día te entrevisten en el apartado de deportes, incluso, que el periodista haga referencia a tú atentado y una broma, sobre el parecido con el asesino?

- ¡Coño Aurora! – Intervino Carlos levantándose del sofá – Es una idea cojonuda. Si Iván sale en el informativo, lo verán todos.

- Yo también se pensar por independiente – Miró con ironía a Óscar y él la dispensó una sonrisa– Están emitiendo cada diez minutos un avance informativo hablando de Mario, de su profesión, de su trayectoria deportiva y su vida personal. En dicho informativo, se puede hacer un adelanto de la entrevista, y estoy convencida, de que nadie en la ciudad se lo perderá, más, cuando vais a jugar esta tarde-noche y todo el mundo espera veros. Sabed que no hay entradas desde ayer.

- Ya lo sabíamos – Dijo Juan – Nos han informado esta mañana, incluso nos pedían entradas a nosotros.

- ¿Qué te parece la idea? – Preguntó Óscar.

- Buena, muy buena –  Sonrió – Me has dejado sin palabras – Se abrazó a ella – No sabéis lo mal que lo he pasado, desde que he visto los carteles. Se me cortó hasta la respiración y en un primer momento, no pude ni moverme. Es un gran impacto visual, salir de casa y encontrarte empapelada la ciudad, con tú cara.

- Nos lo imaginamos, yo no quiero ni pensar cual sería mi reacción. Es una ironía total, entras en el equipo para ayudarnos y sirviendo de cebo, y al final casi el cazado eres tú.

- ¿Entraste en el equipo para ayudar? – Preguntó Carlos, sorprendido.

- Sí, pero esa historia, es mejor no removerla. Ya habrá tiempo para que lo sepáis todo. Ahora os digo, que jamás me he sentido más feliz, que jugando con vosotros.

- ¿No eras jugador de Water Polo, en otra ciudad? Entonces…

- Cuando pase todo –  interrumpió Óscar a Carlos –, como ha dicho Iván, os contará toda la historia, si os interesa.

- ¡Por supuesto que nos interesa! – Aseveró Juan, mirando a Iván.

Aurora se había apartado momentáneamente para hablar por teléfono, luego volvió donde se encontraba su compañero y los chicos.

- ¡Está todo arreglado, nos vamos al estudio! Te tienen que poner guapo y preparar un poco la entrevista.

 - ¡No pienso pasar por maquillaje, me dan alergia esos potingues!

- Todos tienen que pasar por ese departamento, los polvos anti brillos son obligatorios ¡Y vamos, que no queda mucho tiempo!

Mientras se dirigían a los estudios de televisión, Iván seguía quejándose sobre el maquillaje. Les comentó una mala experiencia vivida en un carnaval, que cuando se quitó todo aquel potingue, tuvo la piel irritada más de una semana.

Al llegar ante el edificio, que albergaban los estudios de  televisión, Óscar y Aurora decidieron no entrar, le esperarían fuera.

Iván accedió a los estudios por un pasadizo, flanqueado por dos grandes vallas publicitarias, donde se anunciaban los programas estrellas de la casa. En recepción, lo esperaba una azafata. Tras mostrar su carné de identidad, le colocó una placa de acceso en su camisa y lo llevó a un salón.

- Mi nombre es María y seré tú azafata personal. Lo primero, me debes de firmar estos papeles. En ellos cedes al programa, los derechos de imagen y nos eximes de responsabilidades, sobre lo que digas en antena. Es una mera formalidad.

Iván leyó atentamente aquel escrito. Le recordaba a los que tantas veces viese en la televisión que él trabajó, en aquella, ahora en su mente, tan lejana vida anterior. Los firmó y Maria salió con ellos. Iván se quedó allí solo. Los minutos pasaban haciéndose eternos. No aguantaba sentado, sin hacer nada, por lo que decidió salir y fisgonear un poco.

Las paredes que distribuían los pasillos principales, se encontraban adornadas con cuadros, donde figuraban los carteles de series, programas y películas que eran o habían sido, éxito de audiencia en la cadena. El personal no dejaba de transitar de un lado para otro. Iván sentía como si estuviese de nuevo en su trabajo, y que, de un momento a otro, alguien iba a gritar su nombre y pedirle que se incorporase a la faena.

Deseó entrar en uno de aquellos platós o buscar la sala de realización, en donde tantas veces se internaba, para comentar sobre los cambios de última hora. Y es que ningún trabajo era tan vital como un programa en directo. La adrenalina se dispara momentos antes de comenzar y siempre parece que algo va a fallar. Cuando todo termina, los focos se apagan, los invitados abandonan el estudio, los cámaras y técnicos descansan, el realizador o director ha quebrado la garganta de tanto gritar a unos y otros y el plató, se queda por fin vacío. Es entonces cuando  se siente uno reconfortado por el trabajo bien hecho y pensando siempre, “mañana será otro día”, otro día similar, pero nunca igual.

- Iván, perdona por dejarte tanto tiempo sólo – Se disculpó María.

- No te preocupes, estaba recordando, mientras miraba estos carteles.

- ¿Te apetece comer algo?

- No. Tengo un pequeño nudo en el estómago, nunca he estado delante de una cámara y…

- No debes preocuparte – Le interrumpió – Sólo debes de responder a sus preguntas, nada más. Estoy segura que de cualquier tema que surja, te sabrás defender bien ¡A propósito, esta tarde iré a veros jugar! No me lo perdería por nada del mundo. El partido anterior fue de infarto.

- ¡Me alegro que te gustara!

- Si no quieres comer nada, vamos a peluquería y maquillaje.

- ¿Es necesario? Tengo alergia a esas cremas y…

- No te preocupes, déjate llevar. Son muy profesionales.

Entraron en aquel lugar de culto para muchos, donde unas manos expertas, unas brochas, unos polvos, un secador y unos peines, transforman por completo una cabeza y un rostro. Se sentó frente a un gran espejo y avisó a la esteticista de su problema con aquellos productos.

-  Relájate – Observó la piel de su cara – No tienes manchas en la piel, estás moreno, así que sólo te daré los polvos, para que tú piel no brille.

Frotó con aquella esponja por toda la cara y le dio unos toques con la brocha, seguidamente pasó al departamento de peluquería. Aquí lo tenía más claro, con un poco de fijador y unos toques de peine, todo solucionado.

Observó a los personajes allí sentados. Algunos, por lo que hablaban, llevaban más de una hora transformándose en otro personaje muy distinto al cual debían de imitar en el programa de sobremesa. Era increíble,  que con cuatro elementos básicos y mucha paciencia, un rostro podía evolucionar, hasta ser otro totalmente diferente. Deseó por un instante, que realizasen en él, uno de aquellos cambios físicos y así, pasar desapercibido, hasta atrapar a aquel maldito asesino.

- Listo Iván  – le dijo el peluquero –, te deseo que esta tarde ganéis de nuevo. Lamentablemente, trabajo todo el día, pero os seguiré por televisión.

Mientras salía de aquella estancia acompañado por María, todos y cada uno de los que allí estaban,  le desearon toda la suerte.

- ¿Te apetece tomar, un pincho o un refresco? – Le preguntó María – Aquí al lado, está el bar.

- Algo de beber sí, tengo la garganta seca ¡Menudo calor hace ahí dentro!

- Es normal, con tanta luz y los secadores encendidos todo el día. Piensa que ese departamento está trabajando prácticamente las veinticuatros horas, y no deja de entrar y salir gente. Además, conservando una temperatura agradable, el personal y los invitados, se sienten cómodos.

- Sí, lo entiendo, es algo que siempre me comentaban, pero para mí, hace demasiado calor.

- ¿Habías estado ya, en los estudios de una televisión?

- Sí, hace…Bueno, hace mucho trabajé en la televisión de mi ciudad, pero eso no importa ¿Te gusta ser azafata?

- Mucho. Conocer gente y hablar con ella, es algo que me agrada. La mayoría son fantásticos, incluso, intentan ayudarte, cuando estás haciendo tú trabajo. No sé, al menos aquí, hay muy buen rollo.

Iván se tomó una cerveza y un par de canapés. María le enseñó alguno de los decorados, donde se rodaban los programas de variedades y algunas series, hasta que llegó la hora de entrar en el estudio de informativos.

Aprovechando el corte publicitario, se acomodó en la butaca destinada para los invitados. Le colocaron el micro de solapa, sujetándolo con el imán por dentro de la camisa e hizo la prueba de sonido, hablando durante unos segundos con el presentador.

A la orden de silencio y de la cuenta atrás, el presentador comentó el desarrollo de los juegos que se estaban celebrando. La noticia de última hora, donde varias ciudades se habían interesado en la continuidad de los juegos, para próximas ediciones y tras las imágenes emitidas, el presentador sonriendo dio paso a su invitado. Tras varias preguntas y como Aurora le comentara, en un momento determinado, se centraron en su encuentro con el asesino.

- Por fin, como saben todos ustedes a través de los boletines informativos que estamos emitido durante toda la mañana, se conoce la imagen y el nombre del asesino de los deportistas. Iván, tú sufriste en propia carne la ira, por llamarlo de alguna forma, de ese elemento ¿Cómo ocurrió?

- Fue después de un entrenamiento, me encontraba duchándome y me atacó dentro de la ducha, intenté defenderme, pero te puedes imaginar que estar completamente desnudo, mojado, descalzo y…

- Impotente – Le interrumpió el presentador.

- Exactamente. Nunca me he sentido más impotente que aquel día. La paliza fue impresionante, por lo visto, gran parte del vestuario quedó salpicado con mi sangre. Tuve lesiones muy graves, pero afortunadamente me recuperé gracias al equipo médico, que se volcó en todo momento. Desde aquí, mi agradecimiento, una vez más, por su dedicación y fantástico trabajo.

- En cambio, no abandonaste, has seguido entrenando y él matando.

- Creo que todos estamos en el mismo barco, desde la ciudadanía, los deportistas y la policía, quienes están realizando una labor encomiable. Lo único que teníamos que hacer, era esperar que dejase alguna pista y por fin lo hizo. No existe el crimen perfecto, aunque en una época, como aficionado a la escritura y a las novelas policiacas, yo pensara lo contrario.

- A propósito, no sé ustedes, pero... ¿Alguien te ha dicho que tienes un cierto parecido con él?

- El primero en darme cuenta fui yo esta mañana, cuando salí a buscar unos bollos para desayunar y vi los carteles por toda la ciudad. Sentí que el corazón se me salía del pecho. Parecía mi imagen de  hace un par de años, cuando llevaba el pelo de mi color natural. Lo primero que hice, cuando llegué a casa, fue comentarlo con mis compañeros.

- Les puedo asegurar señores, que nuestro amigo Iván, no sería capaz de matar ni una mosca. Lo que hemos descubierto con este chico, es su vitalidad, su humor y sobre todo, algo que demostró en el partido anterior, la deportividad. Todos fuimos testigos de cómo pasabas balones a los compañeros, para que rematasen la jugada, cuando lo podías haber hecho tú mismo.

- Creo que un equipo no lo compone uno o dos hombres, sino todos, y es en ese esfuerzo y esa lucha, cuando consigues levantar o ganar un partido. Posiblemente, nuestra fórmula de juego radica en esa forma de pensar, todos nos llevamos como hermanos. Existe una gran complicidad, entre cada uno de nosotros. Somos una unidad.

- Ha sido un verdadero placer haber contado contigo en este espacio, y más, cuando faltan pocas horas para el encuentro ¿Nos vais a deleitar con otro buen espectáculo?

- Lo intentaremos, pero pensad que no siempre se puede jugar de la misma forma. Lo que tenemos muy claro, es que intentaremos no defraudar a la afición.

- Muchas gracias Iván por haber estado aquí, y mucha suerte. Ahora nos vamos unos minutos a publicidad y enseguida regresamos con el tiempo.

El presentador se despidió de Iván y éste salió del plató, donde le esperaba la azafata.

- ¡Has estado genial! – Le comentó mientras lo acompañaba por el pasillo en busca de la salida – Espero que ganéis, yo iré a veros y gritaré hasta que me quede afónica, como la otra vez.

- Te lo agradezco, no sabes lo que anima que el público grite, es como si jugase uno más con nosotros.

Los dos se aproximaron a la puerta, Iván se percató de que aquella chica estaba entusiasmada por estar junto a él y sintió que su ego crecía por momentos. Al abrir la puerta, Iván vio el coche de sus amigos, que lo esperaban.

- Muchas gracias por todo. Si cuando meta un gol, ves que doy una palmada, ese gol te lo habré dedicado a ti. Después del partido, si te apetece, podemos tomar algo juntos.

- Gracias – Le besó con timidez en la mejilla– Eres un cielo, y por cierto, estaré encantada de tomar algo contigo.

Él correspondió con otro beso y se introdujo en el coche policía.

- ¡Mira el muy truhán, encima ha ligado! – Comentó Óscar, mientras Iván cerraba la puerta.

- ¡Cállate! Te va a oír.

- Te estás poniendo colorado – Se rió Aurora.

- ¿Quieres arrancar de una vez?

- ¿No la has invitado a tomar algo?

- Sí, después del partido. Es guapa y simpática, y creo que a ella también le gusto un poco.

- ¡De puta madre, tío! Es lo que te falta, para ser feliz en esta ciudad.

- Sí, pero ahora, lo más importante es el partido. Tenemos que ganar, por la ciudad y en especial por José. Todos estamos de acuerdo, en dedicarle el encuentro.

- Bonito gesto por vuestra parte, además, es el único de los tres asesinatos cometidos últimamente, que hemos dado a conocer públicamente. Nos resultaba imposible ocultar su desaparición, él vivía aquí, los otros dos no, y además, era miembro del equipo.

- ¿Te sientes mejor ahora? – Preguntó Aurora.

- Si, mucho más tranquilo. Ahora ya saben, que no soy el asesino.

- Pienso, sinceramente, que nadie lo dudaba. Pero la idea de Aurora, ha sido muy buena. Te llevaremos a casa, debes de relajarte un poco, antes del encuentro.

- Sí, será lo mejor. Quiero entregarme por completo, en este partido.
            
- Lo harás, estoy segura y nosotros, lo disfrutaremos.
                                                                                  FIN DE LOS CAPÍTULOS  XXXII

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