viernes, 31 de julio de 2015

NOTICIAS SORPRENDENTES DEL MUNDO: EL ROBO DE CEREBROS


Que hay mucho descerebro creo que todo el mundo lo sabe. Que la escasez de neuronas preocupa seriamente a las agencias de inteligencia del planeta, nadie lo va a dudar, pero como siempre, hay quienes intentan abastecerse por si un día escasean los cerebros. Dicho esto y sabiendo que  no es lo más inteligente que he escrito en mi vida, paso a comentaros una noticia sucedida en ese país que siempre nos trae grandes sorpresas. Sí, habéis acertado. EE. UU.  Concretamente en Texas y es que los investigadores de la Universidad de dicho estado, informaron que una colección de 100 cerebros de seres humanos (está bien matizar porque luego puede vienen los errores) desapareció del sótano de los laboratorios del centro de estudios.

Señores, seamos serios, no sé cuanta información contendrían dichos ilustres órganos, pero un sótano no es un lugar para tenerlos. No.

Seguimos con la noticia y es que los investigadores Tim Schaller y Lawrence Cormack informaron a un medio local que las muestras desaparecidas pertenecían a una colección de 200 ejemplares. (Bueno, ya me quedo más tranquilo, les queda la mistad del conocimiento)

Los cerebros habían sido una donación del Hospital Estatal de Austin. Llevaban 28 años en sus frascos con formaldehído.  

El doctor Tim Schaller informó que los 100 órganos restantes permanecen dentro de su laboratorio. (Espero que los cuide mejor que los anteriores)

Cormack explicó que temen que los cerebros hayan sido robados para adornar las salas de estudiantes o realizar bromas de Hallowenn. (Yo tendría más miedo que algún loco se abriese la cabeza y cambiase uno por otro, pero bueno, cada uno tiene sus miedos)

Y para finalizar la noticia, ambos científicos comentaron que aunque existe un acuerdo de confidencialidad para no revelar la identidad de las personas cuyos cerebros servían para el estudio y análisis, entre los desaparecidos se encuentra el de un hombre que asesinó a 16 personas en 1966.

Anda, eso sí es peligroso. Ahora sí que estoy en un sin vivir.  Mira que si alguien se cambia de cerebro por el de ese asesino y se dedica a matar de nuevo, tendríamos un serio problema.

Señores científicos, con todos mis respetos, que ese cerebro ya está caducado, que hay no queda ninguna neurona, se lo digo más que nada para que no se preocupen por si tienen alguna duda.

La semana que viene, más y mejor.

Y mira que no sé… Un cerebro de un asesino por ahí en manos de un delincuente… Ahora me quedo preocupado… No voy a poder hacer nada en todo el día… Me dan ganas de ir a Texas y hablar con unas cuantas vacas a ver si han visto algo...

 

miércoles, 29 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XXIV y XXV


       
CAPÍTULO XXIV

   Mario terminó de ducharse. Limpió el espejo del vaho contenido en él y se observó. Acarició su melena con su mano izquierda. En la derecha sujetaba unas tijeras y mientras cerraba los ojos, la llevó hacia su cabello, dejando caer el primer mechón al suelo. Cuando lo tuvo lo suficientemente rapado, se aplicó jabón sobre toda la cabeza y con la navaja de afeitar, emprendió la delicada operación de dejar su cuero cabelludo, completamente despejado.
   El lavabo y el suelo contenían el cabello de varios años de cuidados y mimos. Estuvo siempre orgulloso de su melena, pero era el momento del cambio.
   - Falta un pequeño toque.
   Cogió entonces una pequeña cajita que reposaba sobre el lavabo, la abrió y tomó de su interior unas lentillas de color verde, colocándolas en sus ojos. Se miró de nuevo en el espejo y sonrió. Pasó su mano derecha por su rostro, sintiendo en la palma, la barba que tenía de varios días.
   - La dejaré crecer, cambiará aún más mi imagen.
   Tras limpiar el lavabo y barrer el suelo, arrojó todo el cabello por la taza del váter, tirando varias veces de la cadena y asegurándose que no quedaba el mínimo rastro de su pelo.  Se volvió a la habitación. Abrió el armario y buscó minuciosamente la ropa que cubriría su cuerpo. Debía ser algo que no utilizaba con asiduidad. Tenía que  cambiar todo su aspecto, el que todos conocían.
   Por fin se decidió por un pantalón vaquero, una camisa de cuadros en tonos rojos y verdes, que hacía años no ponía, el tres cuartos de cuero y se calzó las botas militares que se había comprado unos días antes. Las noches ya eran más frescas y no llamaría la atención. Al mirarse de nuevo en el espejo, esta vez de cuerpo entero, se sintió complacido.
   - Si.... Este es el aspecto que nadie conoce de mí y creo que pasaré desapercibido. No debo omitir nada – Pasó las manos por su cabeza –  Espero que el sacrificio hecho, tenga su recompensa.
 
   Salió de la habitación, entró en la cocina, sacó de las bolsas la comida que había comprado en dos de los comercios que quedaban en su misma calle y lo guardó en el frigorífico ordenado en varios tarper. Encendió el televisor, sintonizó el canal en el cual estaban retransmitiendo los juegos. Pensó en comer algo, abrió de nuevo el frigorífico sacando de su interior embutido y algunas sobras de la comida, que calentó en el microondas. Llenó un vaso con vino y se sentó.
   Mientras se alimentaba, no despegó la mirada del monitor.
   - Es hora de trabajar un poco y hacer justicia.
   Cogió el vaso y apuró su contenido. Apagó el televisor y tras recoger en el fregadero los cubiertos, plato y vaso que había utilizado, salió de la casa.
   Sus pasos le llevaron hasta el pabellón azul, donde comenzaban los juegos de noche. Al llegar comprobó como una gran multitud, hacía cola para comprar sus entradas. Sintió el alivio de tener aquel pase y se acercó a una de las puertas, intentando en todo momento, disimular su cojera.
   Cuando estuvo frente a las puertas, miró a los guardias de seguridad. Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro al comprobar, que uno de ellos, era un gran conocido suyo. No lo dudó y fue hacia él.
   - Buena noches – Saludó el chico.
   - Buenas noches – Respondió Mario entregando su pase.
   - Espero que disfrute del partido.
   - Muchas gracias.
   Se sintió feliz, no le había reconocido y se veían prácticamente todos los días. Pero debía tranquilizarse, no debía descuidarse, tal vez, no se fijó lo suficiente, ante tanta avalancha de gente. Debía entonces, acercarse a gente que habitualmente estaban cansados de verle. Así lo hizo. Fue al bar a tomar un refresco y comprobó, como personas, amigos, con los que él frecuentaba habitualmente, no le reconocían. “Lo he conseguido” Se dijo para sus adentros “Nadie me reconoce, soy un genio”
   Decidió sentase, el pabellón comenzaba a llenarse poco a poco. El partido de baloncesto que iban a presenciar, había levantado mucha expectación. Se enfrentaba el equipo local con sus máximos contrincantes , aquellos con los que competir, significaba medir las fuerzas y el saber hacer en la cancha.
   Mientras esperaba que diese comienzo el encuentro, sacó de su bolsillo un pequeño libro  y se dispuso a leerlo.
   Como se esperaba, las gradas del pabellón se llenaron por completo, los gritos y conversaciones de unos con otros, cada vez se hacían más ininteligibles. Las bocinas y pancartas delataban a ambas hinchadas, que esperaban ver un gran partido y vencedor a su equipo. Todo estaba preparado, sólo faltaban los protagonistas que saliesen a la cancha, y cuando así lo hicieron, el pabellón pareció venirse abajo. Cientos de confetis e incluso rollos enteros de papel higiénico, desplegados, cayeron sobre el parquet y los jugadores. Las bocinas y los gritos ensordecieron al personal. El servicio de limpieza, con sumo cuidado y rapidez, dejaron de nuevo listo el suelo, para que diese comienzo el encuentro.
   Iván, Carlos y Juan, disfrutaron también del partido, situados en las butacas más cercanas a los jugadores. El ser deportista, a veces, tiene su gratificación y Carlos, había conseguido aquellas valiosas entradas.
   Al final del segundo tiempo, en los minutos que ambos equipos tenían como descanso, Iván decidió llegarse hasta el bar a coger unos refrescos para él y sus compañeros. Cuando volvió y se sentó, esperando la reanudación del partido, tuvo un extraño presentimiento.
   - ¿Te ocurre algo Iván? – Preguntó Carlos.
    - No sé, he tenido una extraña sensación de frío.
   Los jugadores volvieron a la cancha, el partido estaba al rojo vivo, ambos equipos se dejaban la piel en cada jugada. Estaba claro, que eran los favoritos para subir a lo más alto. Los minutos pasaban y la tensión se vivía cada vez, con más intensidad. Las bocinas de una y otra afición sonaban para animar a los hombres que buscaban los puntos que les otorgasen una mejor posición y poder llegar a la final deseada. El primer sueño, estaba a punto de cumplirse, a falta de cinco segundos, la posición era para el equipo anfitrión y con el marcador a favor. El lanzamiento en aquellos segundos, consiguió enmudecer a un pabellón, con más de cinco mil personas. La canasta fue limpia y el equipo ganó.
   - ¡Joder, ha sido de infarto! – Comentó Juan.
   - Esperemos que no tengamos que luchar de esta forma – Intervino Carlos.
   - Yo sólo pido dar un espectáculo como éste, ganemos o perdamos, pero que la gente disfrute y vibre con cada jugada – Habló Iván.
   - ¿Dudas qué vamos a ganar? – Preguntó Juan.
   - No, no lo dudo. Pero nos enfrentamos a los mejores.
   - Se enfrentan ellos, a los mejores – Matizó Carlos.
   - ¡Perdonad! Pero debemos ser un poco más humildes, que si luego nos ganan por cualquier motivo, bien por estar más preparados o  que nosotros tengamos un mal día, el batacazo es peor, y no quiero que nadie se desmoralice. Tenemos que darlo todo, pero también disfrutarlo.
   - Tiene razón Iván – Comentó Juan –  Debemos pensar que podemos perder.
   Iván miró a uno y otro lado, mientras sus compañeros seguían hablando sobre el partido que les esperaba. Sintió de nuevo aquella sensación extraña. Carlos lo observó y puso su mano sobre su hombro.
   - ¿Qué ocurre?
   - He vuelto a sentir…
   - Es posible que él esté aquí – Le  interrumpió Juan – Lo he pensado antes, pero no te he querido preocupar.
   - No sé, no es la misma impresión. Intuyo que está cerca, pero la sensación es muy diferente. Lo que experimento… ¡Será mejor que lo dejemos! No quiero volver a pensar en aquellos momentos, y menos, en víspera de nuestro encuentro. Necesito tener la mente muy clara.
   - Son las diez y media de la noche, deberíamos ir a descansar. Podemos ver un rato la tele, escuchar música, o charlar ¿Qué os parece? – Propuso Juan.
   - Por mí, de acuerdo ¿Qué opinas Iván?
   - Que tenéis razón, nos vamos a casa y mientras vemos una película, podemos charlar un rato. Lo que tenga que venir, vendrá. No adelantemos acontecimientos, si no están previstos que ocurran.
   Así lo hicieron. Durante el camino, Iván, aunque dijese a su amigo que no pensaría más en los días pasados, por unos instantes, en aquel paseo a casa, lo hizo. Era cierto, que la sensación no era de asfixia, ni el corazón se le aceleraba, pero sabía que aquel extraño escalofrío, no podía ser otra cosa, que la presencia de Mario. Tal vez, el abandonar y dejar para siempre su cuerpo yaciente en el otro mundo, había variado las sensaciones encontrándose cerca de él. Si era así, aunque preocupado, se sentía a la vez aliviado. Un escalofrío no era igual que una taquicardia y si por un casual, se volvían a encontrar, no estaría tan desvalido, como aquella primera vez. Podría luchar, enfrentarse y quién sabe, cuál sería el resultado.
   - No has hablado nada desde que salimos del pabellón – Comentó Juan mientras entraban en la casa.
   - Simplemente, pensaba.
   - Pues deja de pensar tanto y descansemos, como nos ha sugerido el entrenador.
   - Así será, os lo prometo.

                                                        CAPÍTULO XXV

    Mario esperó pacientemente, oculto en los baños de caballeros, a que todo el pabellón quedase vacío. Dos hombres de la limpieza entraron hablando del encuentro, que minutos antes se disputara en la cancha.

   A través de una pequeña rendija de la puerta que ocultaba a Mario, este observó a los dos hombres. Decidió entonces salir y uno de ellos se volvió al escuchar el sonido de la cisterna.

   - Perdone, pero el pabellón está cerrado – Le comentó uno de los hombres.

   - Lo siento – se excusó acentuando esta vez su cojera –, pero con tanta gente, temía tropezarme y me he entretenido un poco.

   - No se preocupe – Comentó el otro, al comprobar como arrastraba su pierna –  ¿Sabe usted cómo salir?

   - Sí, aunque no soy de aquí, todos los pabellones son iguales. Me gusta mucho el baloncesto y he aprovechado que tenía unos días libres en el trabajo, para acercarme a disfrutar de los encuentros. Hoy sin duda, han dado un buen espectáculo.

   -  Sí, sin duda. A nosotros también nos gusta. Buenas noches.

   - Buenas noches – Respondió Mario.
 
   Salió de los servicios y se dirigió a la puerta. Ya fuera, se sentó en uno de los bancos situados a un lateral del edificio.

   Pasarían un par de horas, cuando uno de los chicos de la limpieza saldría despidiéndose de sus compañeros. Mario se levantó y fue hacia él lentamente.

   - Perdona, he estado esperando un rato a ver si pasaba algún taxi. La verdad, por la noche me despisto mucho y no sé cómo regresar a la pensión.

   - ¿Tienes tarjeta de esa pensión?

   - Sí – Abrió su cartera y se la mostró.

   - No está lejos de aquí. Si quieres, te puedo acercar. Tengo el coche ahí mismo.

   - Te lo agradezco, la pierna últimamente me está dando problemas. Debe ser el otoño, cuando cambia de estación, siempre se resiente.

   Los dos entraron en el coche, Mario observó la bolsa que introducía en el maletero.

   - Disculpa si te lo pregunto ¿Tuviste un accidente?

   - Se podría decir que sí. Fui futbolista y uno de los mejores. Un día en un encuentro, en una jugada de las más simples, me hicieron una entrada y me rompieron los ligamentos.

   - ¡Menudo hijo de puta! ¿Y no lo demandaste?

   - Simplemente lo amonestaron con dos partidos y se acabó el asunto. Aunque ya lo ha pagado. Cambiando de tema, tiene que ser duro estar limpiando todo el día en un lugar, por el que está pasando tanta gente.

   - La verdad es que estoy acostumbrado, llevo en este puesto desde que  inauguraron el pabellón, y lo mejor, es que  podemos ver todos los partidos, sin guardar colas ni gastar dinero. Estos días, estrenamos uniforme. Estos juegos van a marcar un antes y un después en esta ciudad. Nunca se había organizado nada a este nivel.

   - Me imagino que la seguridad será importante.

   - Eso ha sido lo primero que han tenido en cuenta, pienso que algo sabrás sobre el asesino de los deportistas. El tío tiene  que estar muy mal de la cabeza. A todos nos han dado unos pases especiales, personalizados. Los tenemos que pasar por el scanner al entrar y salir.

   - ¿Con su foto y todo?

   - No, no llevan foto, tienen una banda magnética especial, y cuando se pasa por la máquina, se comprueba con la que llevas en la manga del uniforme. Por eso, todos los días nos tenemos que llevar y traer traje de trabajo.

   - Muy interesante.

   - Hemos llegado. Esa es la pensión donde estás alojado.

   - ¡Gracias por todo! – Metió su mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó un pequeño cuchillo. Se abalanzó sobre el chico, sin que éste pudiese hacer el menor movimiento. Le tapó la boca con una mano y con la otra le asentó varias puñaladas en el corazón – Siento mucho que seas tú, me resultabas simpático, pero el uniforme y  la tarjeta, me serán de gran ayuda.

   Salió del coche con suma tranquilidad, cerró la puerta y fue hacia la del conductor. Abrió y empujó el cuerpo inerte del chico hacia el otro lado. Se sentó, arrancó y se dirigió al puerto. Allí, y protegido por la soledad del lugar, colocó de nuevo al chico al volante, sacó su cartera, de uno de los bolsillos del pantalón, comprobando que llevaba consigo la famosa tarjeta, seguidamente abrió el maletero, extrayendo la bolsa con el uniforme. Comprobó que el freno de mano estaba quitado y la marcha en punto muerto. Cerró bien todas las  puertas del coche dejando abierta la ventanilla del conductor y suavemente, fue deslizándolo hasta el final, dejándolo caer. Esperó pacientemente para asegurarse que desaparecía en las profundas aguas.

   Terminada toda aquella parafernalia, y el minuto de silencio que le dedicó, volvió tranquilamente a la ciudad, muy despacio, no tenía la menor prisa. Miró a la gran luna y la sonrió.

   - Eres la única testigo y tú impotencia muda, es aún mayor que la mía por volver a jugar – Miró la tarjeta de entrada al pabellón y la besó – Eres mi pasaporte para la fama.

 
                                                                   FIN DEL CAPÍTULO XXIV y XXV
 



martes, 28 de julio de 2015

RESEÑA: QUE TRABAJE RITA, ALICANTE.


Este año de momento me estoy tomando unas cortas vacaciones en Alicante, una tierra que no conocía y que me está resultando muy interesante, aunque el calor aquí también es muy intenso en estas fechas. Mar, cultura y diversión. Un mar este año cálido, al menos en la playa del Rebollo, a la que más estamos yendo por tener su zona nudista. Cultura la que hay alrededor, en todos sus pueblos y el propio Alicante, y diversión. Diversión con brochazos de cultura y de ambiente salino, es la que pudimos disfrutar en la tarde noche del sábado 25 de Julio en un lugar privilegiado del puerto de Alicante, con una nueva edición de Que Trabaje Rita.

Acudir a esta fiesta al aire libre, rodeado de mar y a las siete de la tarde, donde el sol aun calentaba nuestros cuerpos, me resultó curioso y a la vez gratificante con respecto a otras ediciones disfrutadas bajo el amparo de las paredes de una discoteca.

Que trabaje Rita Alicante, nos ofreció la posibilidad de tomarnos una copa cómodamente sentado en un sofá o sillón, al lado mismo del mar. Apoyado contra las barras que disponía el bar al exterior. Caminar sobre una alfombra verde artificial que rodeaba palmeras naturales, y en el centro de todo aquel espacio, un templete con un toque de sofisticación, con su juego de luces que a medida que caía la noche se podía disfrutar de una iluminación muy discotequera, mientras el cielo se cubría de estrellas con una luna en creciente. Debido a las zonas estratégicas por donde estaban distribuidos los altavoces, la música llegaba a todos los rincones y mientra tanto, sobre aquel templete desafilando toda la gran familia de Que trabaje Rita con su “padre” Mateo, al frente y atento a que nada fallase.

Hoy diré sobre esta fiesta, que admiro a todos sus artistas. Nos hacen reír, soñar, cantar, bailar y vivir unas horas inolvidables. Unos artistas que trabajan duro para que cada espectáculo, aunque tenga tintes similares, sea muy diferente y sorprenda con algún número inesperado para los asistentes.
Una vez más yo también disfruté de sus actuaciones, la primera parte sentado cómodamente sobre un gran sofá blanco y mi cubata de ron en la mano derecha y la segunda, dentro de todo el mogollón con amigos y conocidos, bailando y cantando, como provoca cada edición de Rita, porque como siempre digo: Trabaja Rita para que nosotros disfrutemos.

Gracias a Rubén y a Dani por presentarme a algunos de sus amigos y hacerme pasar una tarde noche inolvidable. Gracias al equipo de Que trabaje Rita con los que pude hablar, por vuestras palabras, simpatía y entrega. Gracias a todos los que conocí ese día, por transmitir tan buena energía.

Una nueva edición de Que Trabaje Rita que no deja indiferente a nadie, porque además de espectáculo, crea amistades y lo que tanto hoy en día se busca: Buen rollo.

lunes, 27 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XXII y XXIII


                   CAPÍTULO XXII y XXIII

 Mario se encontraba colocando unas deportivas en un escaparate, cuando escuchó la voz de su jefe que le llamaba.

- ¡Voy, estoy terminando de colocar el escaparate!

Observó que todo estaba a su gusto, se giró  y se acercó a su jefe.

- He estado pensando en los días de vacaciones que me habías solicitado, y desde mañana si lo deseas, puedes disfrutarlos. Cuando termines de ordenar, te puedes ir y cogerte diez días. La tarde de hoy no te la contaré.

- Puedo venir esta tarde sin ningún problema, no tengo intención de salir de la ciudad. Como le dije, tenía la ilusión de poder asistir a los juegos. Ya sabe lo mucho que me gustan los deportes y para una vez que tenemos esta oportunidad, no deseaba perdérmela.

- No me tienes que dar explicaciones, tú cuando termines – miró el reloj –, y sólo falta media hora para almorzar, te olvidas de todo y a descansar. Lo que siento, es no haber podido dártelas antes, pero la verdad, esta celebración, nos ha venido muy bien.

- ¿Quién se va a encargar de la tienda durante estos días? Es posible que haya mucho  trabajo, con tantos deportistas en la ciudad.

- Entre mi hijo, mi mujer y yo, nos arreglaremos. Tú vete tranquilo y disfruta de los juegos. A propósito, toma este sobre, contiene un pase especial para todos los días, así no tienes que guardar colas.

- Muchas gracias, pero no se tenía que haber molestado.

- No ha sido molestia. Los buenos amigos son para estas ocasiones y para eso hacemos descuento a todos los deportistas de la zona, alguna ventaja teníamos que tener ¿No te parece?

- A su hijo también le gusta el deporte.

- Mi hijo si quiere ir, cuando termine su jornada, que lo pague. Mejor dicho, se lo pagaré yo. Tú pásatelo bien, que lo tienes merecido. Nunca pensé confiar en nadie como lo he hecho contigo.

- Muchas gracias. Lo tendré en cuenta.

Mario guardó el sobre en el bolsillo del pantalón, cogió un chándal que tenía sobre un mostrador y se volvió al escaparate a vestir a uno de los maniquíes. En sus labios se dibujó una sonrisa, mientras terminaba su tarea.

Cerró las cristaleras y ordenó los estantes. Su jefe se estaba colocando la chaqueta. Miró su reloj y comprobó que había, por fin, llegado la hora de la comida.

- ¡Vamos! – Le ordenó el jefe, poniendo su mano sobre el hombro de Mario – Es hora de almorzar. Nos tenemos bien ganada la comida.

Mario se despidió a la salida de los almacenes, miró a su alrededor, sonrió y estiró los brazos.

- ¡De puta madre! – Se dijo para sí, continuando con sus pensamientos – Lo conseguí. Por fin podré llevar a cabo mi plan sin agobios. Ahora, tranquilo Mario, muy despacio. Tienes todo el tiempo del mundo y sabes lo que tienes que hacer, te lo han puesto a huevo y el broche es tener estos diez días de vacaciones.

Lo primero es asistir a los dos pabellones y ver el percal que han montado. Está claro que se han tomado medidas especiales, al menos eso es lo que se ve estos días. Son tan gilipollas que muestran todo su alarde y despliegue de medios, pero a mí no me intimidan. Soy demasiado listo para que ahora me atrapen, yo también tengo mis planes. No pienso dejar un puto deportista vivo. ¡El mejor deportista, el deportista muerto!

Con sus pensamientos a flor de piel, llegó a casa. Entró en su habitación, se desnudó y se miró en el  espejo de cuerpo entero, que llevaba adosado el armario empotrado.

- Aún mantengo la forma – dijo en voz alta –, y no debo perderla. Sino fuera por esta puta cojera. Ella fue la culpable de que tuviese que abandonar lo que me mantenía vivo. El deporte era más que un sueño y una esperanza de futuro, pero mi venganza está llegando a su fin. Luego, sólo quedará el cirujano que me operó y mi obra se habrá cumplido en esta ciudad.

Se dirigió a la cocina, abrió un frasco de zumo de tomate y bebió de él. Luego se quedó observando el frasco, haciendo un gesto de desprecio.

- No sabe igual, aunque el color sea parecido, echo de menos el sabor dulce de la sangre de los chicos y el ungir mi cuerpo con ella – Comenzó a manchar su tórax con aquel líquido rojizo, llevando su mano hasta los genitales – Mi piel estaba más suave. Me excitaba sentir el calor que aún conservaba mientras la extraía de sus cuerpos. Un vínculo que sólo quien comparte el sudor junto a sus compañeros de equipo, puede entender.

Ese momento de embriaguez que provoca la unión feliz de los cuerpos ante la victoria sobre el contrincante, ese compartir el calor de la piel húmeda de los tuyos, producida por el esfuerzo realizado. No existe nada que se parezca... Todo ello me fue arrebatado por un desalmado, que no buscaba otra cosa que truncar mi carrera.

¡Me falta… Necesito el calor de su sangre! – Dejó caer el frasco al suelo, volvió a su habitación, miró sus manos aún rojas,  manchó el espejo desvirtuando su imagen y unió su cuerpo a él – Hace demasiado tiempo que no tengo uno de esos cuerpos junto al mío, disfrutando de la amistad que anhelo, mientras ellos ya no la podrán compartir.

Necesito el poder de sus energías, quiero poseer sus esencias. Apoderarme de ellas para siempre y al final formar parte de un nuevo cosmo, más importante aún, que el existente.

Se separó del espejo, se miró y rió abiertamente – Lo conseguiré – Volvió sus pasos hacia el cuarto de baño, preparó la bañera y se sumergió completamente. Sacó la cabeza, se quitó la espuma de la cara y observó el techo.

- Si existiera Dios, el aprobaría mi gesta. Soy un paladín en busca de la verdad y de la justicia – Se dijo para sus adentro.

Cerró sus ojos y se dejó acariciar por la suave sensación que le proporcionaba el agua. Permaneció allí durante más de media hora. Luego salió, aclaró su cuerpo y se enfundó en el albornoz de color verde manzana. Observó su rostro en el espejo que se encontraba a unos centímetros por encima del lavabo. Tomó el peine de una de las baldas adosadas a la pared y comenzó a peinarse con mucha tranquilidad, proporcionando a su cuero cabelludo un agradable masaje. Al finalizar, volvió a la habitación, cogió de encima de la mesilla un bloc en blanco,  un bolígrafo y tumbándose sobre la cama, dibujó extrañas figuras que sólo él sabía interpretar.
 
                                                                 CAPÍTULO XXIII

SEGUNDO DÍA DE LOS JUEGOS

           El entrenador estaba junto al equipo en el vestuario. Los chicos se fueron sentando a medida que salían de las duchas. Él, daba vueltas ensimismado en sus pensamientos. Cuando comprobó que todos estaban esperándole, se situó frente a ellos.

¡Bueno... chicos... Estáis todos en perfecta forma! ¡Creo que podemos dar una buena demostración de nuestro juego! Ahora vamos a lo importante: Carlos será el número uno como atacante, José el número dos también atacante, Ángel será nuestro hombre número tres  en la defensa; el cuarto y quinto atacante, serán Pedro y Roberto respectivamente, como portero contaremos con Juan e Iván será  boya. Es nuestro hombre más fuerte. No sé de dónde puede sacar esa potencia y vitalidad, pero es como un torbellino... Es incansable.

- Este cabrón, no es de este mundo – Comentó uno de sus compañeros golpeándole en el hombro – En menos de un mes, se ha puesto como una piedra.

- Huracán – como le apodamos en aquel famoso encuentro.

- Yo sé de lo que soy capaz – intervino Iván –, pero no quiero que toda la responsabilidad recaiga sobre mí, no olvidéis lo que ocurrió en aquel partido. Además, somos un equipo, todos nos llevamos bien y por eso funcionamos.

- En efecto – Afirmó el entrenador – Funcionáis porque estáis unidos y eso es lo más importante. Todos debéis estar preparados para cualquier sorpresa que pueda surgir, nadie es imprescindible y en cualquier momento, si lo creéis oportuno, solicitad cambio. No debéis olvidar, que los equipos a los que os tenéis que enfrentar, vienen dispuestos a ganar. Pensad que es la oportunidad de saltar a la fama. Estos juegos van a ser retransmitidos por las cadenas más importantes del país y quién sabe, si alguno de vosotros puede saltar a la máxima categoría. Sería un orgullo para la región y para mí, por haberos entrenado.

Pero como dice la frase “Vivamos el presente, que el futuro ya llegará” Así que lo más importante ¡Mañana os quiero ver tranquilos! Y cuando entréis en el agua, pensad sólo en una cosa ¡Vosotros sois los mejores, nadie está por encima y vais a ganar! La afición espera que le deis un buen espectáculo. Tenéis el resto del día para hacer lo que os plazca, pero intentad esta noche descansar bien ¿De acuerdo?

- De acuerdo – Contestaron todos.

- ¿Qué vamos a hacer mañana?

- Ganar          

- No he escuchado bien ¿Qué vamos hacer mañana? – Volvió a preguntar.

- ¡Ganar! – gritaron todos.

Ahora os podéis vestir y marcharos. Disfrutad del día.

Así lo hicieron. Iván salió junto a Carlos y Juan. Los tres habían conectado perfectamente desde el principio, no sólo dentro de la piscina, sino fuera. Compartían una buena amistad. El piso de Iván era el cuartel general y por ese motivo, pensaron en pasar el resto del día, juntos.

- ¿Qué os parece si vamos a tomar algo? El estómago me está pidiendo comida. – Sugirió Carlos.

- No sé cómo lo haces –  intervino Juan –, siempre estás pensando en comer ¿Dónde coño lo metes?

- Lo desgasto con el esfuerzo físico, y entrenar  da mucha hambre.

- La verdad es que yo también tengo ganas de comer algo, podemos picar alguna ración y luego, si os parece, vemos qué pruebas deportivas quedan interesantes de ver. – Sugirió Iván.

El mesón más popular de la ciudad se encontraba a escasos metros de donde estaban. Decidieron ir a disfrutar del placer de los manjares que el buen amigo Antonio, ofrecía a sus clientes. Siempre con la máxima dedicación y si no se encontraba saturado de trabajo, atendía personalmente a cada mesa con su gran sonrisa. En muchas ocasiones, entre plato y plato, contaba algún chiste o hacía referencia, de forma socarrona, pícara y graciosa, sobre los alimentos que le habían solicitado.

Era un lugar sencillo. Había sido un gran caserón, de los pocos que aún quedaban en la ciudad y ahora sólo se pueden apreciar en los pueblos más remotos. De esos locales con solera de los que se han destruido por decenas para construir grandes moles de edificios, donde se vive como en grandes panales de abeja. Ahora  añoramos la ausencia de ellos, por el calor hogareño que aún se respira en su interior, recordándonos nuestra infancia, ante la chimenea o el fogón de leña.

Antonio no había suprimido ni un solo tabique, creando de esta forma, atmósferas muy diferentes. Cada habitación era un salón. Cada salón según sus medidas, se convertía en el lugar, que además de satisfacer el apetito y saciar la sed, provocaría conversaciones, tertulias, reuniones de amigos, familias y cómo no, esos pequeños rinconcitos, donde las parejas pasaban algunas horas de la tarde, con algún juego de mesa entre el café o la copa de licor.

Todo el ambiente estaba rodeado de una luz suave y siempre difusa para no cansar la vista. Ausente de música de fondo, para evocar esos momentos entre amigos que llevan un tiempo sin verse y tienen tanto que contarse. Para que las miradas hablen, sin molestar al oído. En definitiva, para que los sentidos se relajasen de una vida cotidiana, que a solo un paso de la puerta, era tan diferente.

Las paredes con simples adornos, algunos, según el propio Antonio comentaba cuando se le preguntaba por ellos, habían salido del desván y restaurados: Antiguas radios, discos de intérpretes desconocidos hasta para los más mayores, molinillos de café y un sinfín de utensilios que posiblemente sus antepasados no dieron el valor que ahora su propietario les otorgaba. Para él, era como un museo viviente de un tiempo pasado.

El mobiliario se componía de sencillos bancos o sillas rústicas, sobre las que reposaban cojines mullidos para hacer más agradable el momento. Las mesas de madera descoloridas por los productos utilizados durante tanto tiempo, se vestían con manteles de plástico blanco y sobre ellos, un sencillo plato, cubiertos y un vaso para cada comensal. Una jarra de cristal labrada, contenía agua cristalina, siempre fresca y un pequeño paquete de servilletas de papel, colocado a uno de sus extremos.

No tenía carta de comidas, todo el mundo sabía lo que el amigo Antonio ofrecía, y si un forastero acudía a su establecimiento por primera vez, muy amablemente le “cantaba” cada plato y aconsejaba sobre la gran variedad de carnes, pescados y mariscos, que él seleccionaba diariamente en la lonja.

Carlos, Juan e Iván, entraron en uno de los pequeños salones compuesto por seis mesas para cuatro personas cada una, tras la  sugerencia de Antonio.

- Aquí vais a estar tranquilos ¿Cómo es que unos deportistas como vosotros, no están viendo los juegos? – Preguntó Antonio.

- Acabamos de salir de entrenar, mañana jugamos nuestro primer encuentro – Respondió Juan.

- ¿A qué hora? Esta vez me gustaría veros jugar, y sin menospreciar a ninguno de vosotros, ver en acción, al huracán Iván. Aún se recuerda aquel encuentro.

- Sobre todo, porque no pude terminar – Intervino Iván.

- No por eso, que fue una desgracia, sino por el espectáculo que según escuché, diste dentro de la piscina.

- Intentaré esta vez superarme, somos los anfitriones y no podemos defraudar. Respondiendo a tú pregunta, jugamos a las doce del mediodía.

- Me conformaré viendo el partido en la televisión, esa es la peor hora para dejar solos a mis hijos y mi mujer. Pero os puedo asegurar, que si jugáis la final, además de ir a veros, crearé un nuevo plato y le pondré vuestro nombre.

- Te sugiero un nombre. Huracán – comentó Carlos – Un homenaje a Iván.

- Os lo prometo ¿Qué vais a comer?

Carlos pidió varias raciones, que Antonio anotó en su libreta blanca. La cerveza, bebida en común para los tres, les fue servida en unas jarras de barro. A medida que las fuentes llegaban a la mesa, los tres daban buen cuidado de que no se enfriase su contenido.

- ¿Qué pasa? ¡Voy a tener que pedir más comida! – Comentó Carlos – Por lo visto, el hambre os ha llegado de repente.

- No amigo – habló Iván –,  yo también tenía apetito.

- ¡Tu sí, pero este cabrón está dejando las bandejas limpias!

- Nadie se puede resistir a la cocina de Casa Antonio – Se defendió Juan, llevándose una croqueta a la boca.

- Ya, tú siempre tienes alguna excusa ¿Pedimos más?

- Tampoco es cuestión de darnos una tripada, debemos comer bien, pero con moderación – Sugirió Iván – Estos días debemos  cuidarnos un poco, sólo faltaría que por culpa de una indigestión, no podamos jugar.

- No os preocupéis, comed con tranquilidad – Intervino Antonio entrando en el pequeño salón – Un chupito de mi bebida digestiva y vuestro estómago estará como nuevo.

- Ya lo veis – Sonrió Carlos – Antonio nos cuida, es como una madre.

- Pero con barba – afirmó Juan.

- ¿Os traigo algo más?

- Mejor será que no – Respondió Juan – Iván tiene razón. Cuando terminen los juegos, saciaremos nuestros paladares a gusto. Tráenos la cuenta y ese licorcito que preparas y tan escrupulosamente guardas su secreto ¿Cuándo nos lo  vas a desvelar?

-  Cuando las ranas críen pelo. Si os lo cuento, ya no sería mi bebida. Sólo mi hijo mayor sabe su fórmula ¡Es un secreto de familia!

Antonio se retiró tras despojar de la mesa las bandejas y la jarra vacía de cerveza. Volvió al poco tiempo con una botella de cristal, limpia de marca publicitaria. La descorchó y sirvió en los pequeños vasos. Realizada la operación, posó un pequeño platillo con la cuenta hecha a mano y desglosada por raciones, bebida y pan consumido. A los chupitos les invitaba él.

Consumieron aquel líquido suave al paladar, pero que producía un cierto calorcito en sus estómagos. Colocaron el dinero sobre el platillo y salieron del local caminando en dirección a uno de los pabellones. Leyeron el programa del día, en uno de los tablones. Estuvieron discutiendo, sobre qué actividades disfrutar aquella tarde y comprobando, si aún quedaban entradas. Los precios resultaban muy populares y las ganas de ver deporte de calidad, presagiaba que las entradas se agotarían enseguida.


                                                                       FIN DEL CAPÍTULO XXII y XXIII

viernes, 24 de julio de 2015

NOTICIAS SORPRENDENTES DEL MUNDO: UN COPIE EN MASA


La costumbre de copiar en los exámenes es el vicio de todos los estudiantes, algunos gracias a ser lo suficientemente astutos, han logrado aprobar exámenes muy complicados, por el contrario, cuando no se tiene precaución puede suceder algo parecido a lo que ocurrió en la India.

En la ciudad de Patna, en la India, más o menos 600 alumnos de secundaria fueron expulsados de sus escuelas por copiar en unos exámenes importantes en el décimo grado.

Tras ser emitida la noticia por la televisión india donde mostraba imágenes en las que se veía a padres y amigos de los alumnos, que se estaban examinando, trepando por los muros de las escuelas para pasar las conocidas “chuletas” a los estudiantes, se montó un gran revuelo y es que más de 1,4 millones de alumnos de décimo grado realizaban dicha prueba en más de 1.200 centros. El continuar estudiando en uno de esos centros, sería equiparable a aprobar una oposición para trabajar. Muy difícil y ello provoca una presión  muy alta porque de ese aprobado, depende el continuar o no estudiando.

Tras los hechos, donde profesores y empleados del departamento estatal de educación que supervisaban las pruebas, atraparon a cientos de estudiantes que habían pasado a escondidas libros de texto o partes del temario, el ministro de Educación de Bohar, lugar donde ocurrió el acontecimiento expuso a los medios de comunicación “Es prácticamente imposible realizar evaluaciones justas sin la cooperación de los padres”… “Sin embargo, resulta imposible monitorear a los 6 millones de padres y otras personas que acompañan a los niños a los centros de exámenes”

Pero en ese país el copiar en un examen no queda en una amonestación o el suspenso del mismo, sino que pueden recibir sanciones desde no poder volver a examinarse en tres años, a multas e incluso prisión, como señaló en la misma rueda de prensa el secretario de la junta de evaluación de Bihar Sriniwas Tiwari.

Y luego nos quejamos de nuestra educación. No, no se lo voy a poner fácil al ministro de educación en nuestro país, porque no se lo merece. Hay que pensar que en un país como la India, son millones en comparación con nosotros.

Les deseo mucha suerte a todos los estudiantes indios y que la próxima vez, la televisión no sea la chivata de turno.

 

miércoles, 22 de julio de 2015

NOVELA: TRANSITO: CAPÍTULO XX y XXI


                 CAPÍTULO XX

                     Eran las once y media de la noche, la víspera de la inauguración de los juegos. Todos los policías, salvo los ocupantes de los coches patrulla que vigilaban a Mario, se encontraban en uno de los grandes salones del Hotel Emperador. El comisario se hallaba sobre una tarima, frente a él más de doscientos hombres dispuestos, aleccionados y con ganas de enfrentarse y apresar, al hombre por el que estaban allí reunidos. Miró su reloj y levantó de nuevo la cabeza. El salón parecía un velatorio, nadie hablaba, ninguno hizo el menor gesto, todos permanecían quietos, esperando.

- Bien – intervino el comisario –, todos sabéis lo que tenéis que hacer. Falta media hora para la hora cero, si alguien tiene alguna duda, es el momento.

El silencio se rompió comenzando a hablar entre ellos, todos tenían claro su cometido y era hora de entrar en acción.

- Entonces ¡Se levanta la reunión! Espero que la liebre caiga en su trampa lo más pronto posible, sabéis todos que si estáis aquí es porque sois los mejores y lo más importante, orgullosos del cuerpo al que pertenecéis. Estos días hemos trabajado codo con codo como si fuésemos un solo ser, por un mismo objetivo. Desde esta noche, espero que continúe de la misma manera. Sólo así, descubriremos al verdadero artífice de estas muertes. Os deseo a todos suerte y recordad lo que tantas veces hemos dicho, nadie y repito, nadie, debe alejarse de su pareja bajo ninguna circunstancia.

El salón comenzó a vaciarse, algunos de los policías se dirigieron hacia las habitaciones que tenían asignadas para transformarse, en los personajes que durante aquellos días debían representar. Barrenderos, electricistas, camareros, masajistas, deportistas y un largo número de profesiones que hasta entonces habían visto en sus calles, locales y gimnasios. Unas profesiones que debían desempeñar como grandes actores en una espectacular película, pero, a diferencia que en el cine todo es ficción, ellos vivirían y representarían un filme muy real, en busca de un final feliz. Al menos en sus mentes, ésa era la meta.

Las burlas y las risas se intercambiaban a medida que aquellas prendas cubrían sus cuerpos. Uniformes a los que no estaban acostumbrados y les costaba adaptarse a ellos. Se miraban una y otra vez en los grandes espejos de los armarios empotrados y hasta ellos, se reían de sí mismos. Iba a resultar, según algunos comentaban, “una interesante experiencia, ejerciendo una profesión, vestido de otra muy diferente”

Mientras todo esto sucedía en la planta superior de hotel y protegida por sus propios compañeros, en el salón se habían quedado tres personas, Óscar, Aurora y el comisario. Los tres perfilaban los últimos detalles sobre uno de los planos de los pabellones donde se desarrollarían prácticamente todas las pruebas. Les acompañaban tres miembros del servicio de inteligencia.

- Chicos – Intervino el comisario colocando las manos sobre el plano –, creo que es hora de descansar. Mañana va a ser un largo día y no el único. Estoy convencido que todos conocen, conocéis, cada rincón de esos pabellones y en especial vosotros. Tengo entendido que desde hace más de un mes vais en vuestro tiempo libre a inspeccionar cada habitáculo de dichos pabellones – Les sonrió – Conocéis hasta la última mota de polvo que en ellos se esconde.

- ¿Cómo sabe usted eso? – preguntó Aurora.

- Desde el atentado a Iván, vosotros os habéis tomado este caso como algo personal, y nosotros así lo hemos entendido, respetado, pero no siempre comprendido. Somos una unidad. Pero recordad que en esta ocasión tenemos la ayuda inestimable de miembros del servicio de inteligencia. Algunos de ellos os han estado cubriendo las espaldas cuando personalmente, contesté a sus preguntas.

- Gracias por entender nuestros sentimientos, hemos creído hacer lo más conveniente para todos. Somos muchos y es cierto que somos una unidad, pero hay demasiados rincones en esta ciudad, donde el asesino nos puede sorprender y, desgraciadamente, él también conoce muy bien por donde se mueve, tanto o más que nosotros. Ha vivido toda su vida aquí y seguramente, con su astucia, sabe dónde acometer su plan. Creo hablar por los dos y en mi nombre y  el de Aurora, pedimos disculpas si hemos ocasionado algún…

- No. Tranquilo – Le interrumpió el comisario – No se ha provocado ninguna tensión que respondiendo a las preguntas, como os he dicho, no se pudiera arreglar. Es más, ellos mismos han alabado vuestro comportamiento de discreción y entrega. No hay que dar las gracias por nada Óscar, Iván para todos nosotros, es algo más que un ciudadano. Desde el día en que tú lo encontraste, ha demostrado su predisposición para ayudarnos, ha expuesto su vida para atrapar al asesino y hemos descubierto que es una buena persona, cualquiera, estoy seguro, entre los que me incluyo, hubiera hecho lo mismo, si contara con la amistad que le une a vosotros, y en cuanto a los rincones, esperemos, estén todos cubiertos.

-¡Si usted supiera comisario, hasta qué punto Iván ha decidido involucrarse en este caso y el respeto y cariño que tiene al cuerpo, se sorprendería!

- ¡Yo ya no me sorprendo por nada, amigo mío! Pero no demoremos más todo esto, será mejor que descansemos. Ha comenzado la cuenta atrás, y esperemos que todo salga como está previsto.

El comisario guardó el plano en su maletín, Óscar se colocó la chaqueta y Aurora se dirigió hacia la puerta, la abrió y esperó a que saliesen los dos. Óscar la tomó por la cintura y los tres recorrieron el pasillo sin hablar. Todo el hotel permanecía en silencio. Al pasar por recepción, saludaron a los dos chicos que se encontraban realizando su trabajo.

Ya en la calle, el comisario les deseo suerte y se internó, con paso lento, en una de las avenidas principales.

La noche era templada, en el cielo una gran luna anaranjada presidía todo el firmamento visible. Óscar y Aurora decidieron dar un paseo antes de volver a casa. Aquellos días habían resultado estresantes, demasiados compañeros nuevos para un recinto, que se les había quedado pequeño, como era la comisaría. Durante aquel mes la rutina diaria se amontonaba en las mesas. Todas las horas habían sido dedicadas al caso y estaban deseando que, por fin, llegase el momento de volver a la monotonía a la que estaban acostumbrados y que un simple robo, les apartase de la normalidad. Pero aún quedaba mucho por hacer. Como dijese el comisario, aquel era el pistoletazo de salida. La hora cero de muchas horas de trabajo por delante. De vigilancias, de desvelos, de intranquilidad ante cualquier movimiento sospechoso y del cuidado de muchos jóvenes que se habían involucrado en el proyecto. Un proyecto, como posiblemente nunca se había diseñado antes y por eso, debía de salir bien, sin fallos, sin errores, aunque seguramente, alguno se cometería. Eran humanos, no maquinas diseñadas, e incluso si fueran máquinas, también errarían. Era tiempo de descansar, por lo menos por aquella noche, aunque ninguno de los dos estaba muy seguro de poderlo conseguir. Pensaban en silencio en Iván. Durante esos días, no lo verían, se mantendrían alejados de él para no levantar sospechas, pero otros ojos estarían encima de él, para que nada le sucediese. Iván, más que nadie, debía de salir libre de toda aquella estrategia montada, fuera cual fuese el final. Iván... En medio de aquellos pensamientos, llegaron a la casa. Era el tiempo de entrar y olvidarse durante unas horas del trabajo, despojarse de la ropa, disfrutar de una buena ducha y del descanso merecido.

Aurora decidió quedarse a dormir en casa de Óscar, como ya había hecho en otras ocasiones desde que Iván alquilara el piso en el que vivía. La relación entre los dos cada vez se consolidaba más. No sólo demostraban estar unidos en el trabajo, sino en la vida diaria y lo que tenían ambos muy claro, es que cuando la puerta de la casa se cerraba tras ellos, nada que tuviera que ver con el trabajo o el exterior, formaría parte de sus conversaciones, a no ser que fuera algo extremadamente importante.

Óscar fue el primero en liberarse de la ropa, quedándose en bóxer y dirigiéndose a la cocina preguntó a Aurora si la apetecía un sándwich, ella contestó que sí. Abrió el frigorífico, sacó los embutidos y la margarina. De un armario extrajo un paquete de pan de molde y se dispuso a montar los Sándwich. Aurora se acercó por detrás y le rodeó con sus brazos. Óscar sintió el calor de la piel de Aurora y el sujetador que se pegó a su espalda. Aurora le besó en el cuello y él se estremeció.

- Estás muy provocativo con el bóxer.

- Para eso me he puesto así – Comentó sin dejar de montar los bocadillos – Quiero que nunca olvides al hombre que tienes junto a ti – Sonrió para sus adentros.

- Nunca he pensado en otro que no fueras tú y mira que te costó decidirte.

Óscar se volvió tras limpiarse las manos en una servilleta, la tomó de la cintura y la pegó a su cuerpo.

- Porque nunca pensé que a quien yo deseaba, ella también sintiera lo mismo por mí. Porque pensaba que mi profesión no era compatible con una vida acompañado. Porque…

Aurora no dejó que continuara hablando, cogió con sus manos la cara de Óscar y le besó – No te hagas tantas preguntas, cuando éstas te pueden hacer daño y no tener la respuesta adecuada – Le volvió a besar, pero esta vez con más pasión.

Óscar acarició la espalda desnuda de Aurora y bajó las manos hasta dejarlas en aquellas nalgas firmes cubiertas por la pequeña braguita. Sintió como el ardor del deseo recorría todo su ser y sin pensárselo dos veces, la tomó en brazos y se encaminó con ella hacia el dormitorio. Ella no dejaba de acariciar su rostro y mirarle con fijeza a los ojos.

-Te amo.

- Lo sé – Afirmó él – Pero ahora no es momento de hablar. Ahora soy yo el que quiere demostrártelo.

 

                                                        CAPÍTULO XXI

PRIMER DÍA DE LOS JUEGOS

            El teléfono sonó a las siete de la mañana, Iván se desperezó y lo cogió.

- ¿Sí, quién es?

- Arriba dormilón – Respondió Óscar – He hablado con tu entrenador, el primer partido lo tienes pasado mañana, así que debes dejar las sábanas y prepararte para el encuentro.

- ¿Qué hora es? – Preguntó mientras palpaba el reloj que reposaba en la mesilla y lo miraba - ¿Y me despiertas a las siete de la mañana para decirme esto? ¿No podías haber llamado anoche, que estuve despierto hasta las dos? Además, ya lo sabía, se han quedado a dormir en casa dos compañeros de equipo.

- ¿Quién os manda acostaros tan tarde? ¿No sabéis que los deportistas debéis estar en la cama pronto? ¡Las horas de sueño son muy importantes!

- Y lo dices tú llamando a estas horas ¡Te voy a matar! Cuando pase todo esto, yo me voy a convertir en un asesino de amigos policías y el primero serás tú ¡Por cabrón!

- ¡No seas cascarrabias! Te llamo porque luego me va a ser imposible, y para decirte, que ni Aurora ni yo, nos acercaremos a ti para nada. Te saludaremos como uno más y aparentemente no tendremos ningún favoritismo contigo. En resumen, como si no te conociéramos nada más que de verte por la ciudad y ser un ciudadano más.

- ¿Voy a estar todo los juegos sin verte el careto? ¡Sólo por eso, ha merecido la pena que me despertases! Me has alegrado el día, señor policía.

- ¡No seas hijo de puta! Esto es muy serio. De verdad, tal vez sea una estupidez, y él ya tenga conocimiento de nuestra amistad, pero lo mejor será que no le demos la menor pista. Lo hemos estado hablando esta noche, ninguno de los dos hemos podido dormir, por si se nos queda algún cabo sin atar.

- Bromeaba. Lo que tenéis que hacer es relajaros, no pensad más de lo necesario, tomadlo con la responsabilidad que os corresponde como agentes de orden ante un acontecimiento tan importante, que suponen los juegos para la ciudad. Sois muchos, y todos, auténticos profesionales. Va a salir bien, lo sé, y cuando todo pase, lo festejaremos a lo grande.

- ¡Eres la hostia tío! En vez de animarte yo a ti, vas y me devuelves el bumerán. Cada día estoy más orgulloso de tenerte como amigo.

- Sé que estáis preocupados por mí, y con sólo escuchar tu voz o la de Aurora, me basta para sentirme bien. También sé que aunque intentéis disimular, os voy a tener más cerca que mi propia sombra. Saluda a Aurora y descansad ¿Vale?

- Aurora está en la ducha, comenzamos nuestro trabajo a las ocho. Cuídate ¿Nos lo prometes?

- ¡Sí pesado, os lo prometo! Me portaré bien, no estaré nunca solo, me divertiré y os daremos un buen espectáculo pasado mañana. Se me olvidaba, también comeré a mis horas y me acostaré pronto, como un niño bueno ¿Vale? Y sólo una o dos cervezas diarias.

- Después de los juegos, te invitaré a la mejor mariscada con la que nunca hayas soñado.

- ¡Pues, prepárate, soy capaz de soñar mucho y de comer más!

- ¡Cuídate!

Óscar colgó el teléfono, se tumbó sobre la cama mirando hacia el techo. Aurora apareció desnuda, secándose el pelo con una toalla.

- ¿Con quién hablabas?

- Con Iván. Le he comentado lo que hablamos anoche y decirle que se cuide.

Aurora se tumbó encima y con las manos cogió su cara. Le sonrió.

- ¿Estás preocupado por él? Es fuerte y no creo que se deje sorprender de nuevo.

- Es que… ¡Quiero a ese cabrón! Lo he dicho en otras ocasiones, pero es verdad. Nadie me había calado tan profundamente. No he querido a nadie como a él.

- ¿A nadie? – Le preguntó agarrándole del pelo.

- ¡No seas tonta! Es muy distinto. A ti te amo. A él le quiero; y aunque en ocasiones usemos las dos palabras para el mismo sentimiento, existen claras diferencias.

- Lo sé, yo también le quiero. También me he preguntado muchas veces el motivo ¿Te das cuenta que hace unos meses que lo conocimos?

- Lo que quiere decir, que no importa el tiempo, sino con la intensidad que se vive con una persona. Y con él, hemos vivido mucho y muy intensamente. Demasiadas cosas, el otro día, él mismo lo decía. Ha vivido más emociones estos meses, que toda su vida junta. Ese fue, uno de los motivos que le motivó regresar.

- Quiero verte sonreír y despreocuparte un poco del asunto. Estamos rodeados de grandes compañeros y todo va a salir bien.

- Eso mismo me ha dicho él. Aparentemente, por su voz, lo he encontrado tranquilo. Demasiado tranquilo. Parece no tener ningún miedo, como siempre. No sé. Me repetiré, pero ese cabrón, está hecho de una materia muy especial. Demuestra estar muy seguro de si mismo y por el contrario, sé, porque lo he visto y vivido junto a él, que también es vulnerable.

- Ahora te preocupas porque está tranquilo – Se incorporó  sentándose en la cama – Tú eres el que debes de  relajarte y levantarte ya, que tenemos que ir a trabajar. Él sabe lo que tiene que hacer y nosotros también.

- Tienes razón ¿Te importa preparar el desayuno?

- No, venga, dúchate

Óscar se levantó y Aurora lo siguió. Al salir de la habitación, Aurora se quedó observando la desnudez de Óscar. Le propinó un azote en los glúteos y entró en la cocina. Tras la ducha y el  desayuno, prácticamente en silencio, se vistieron y salieron de la casa.

Óscar miró hacia el cielo, estaba radiante, sin una nube que pudiese perturbar todo el esplendor de una ciudad volcada con el evento que se le avecinaba. Unos días de júbilo y alegría, donde todos se sentían partícipes del acontecimiento del año. Diversos puestos se levantaban cerca de los pabellones, con todo tipo de recuerdos: camisetas, llaveros, carteras, cinturones y un sin fin de objetos, que recordasen en el presente y el futuro, lo sucedido en aquel lugar, durante aquellos días.

- ¿Qué miras?

- Que no va a llover, y lo mejor, es que ha vuelto el calor. Sólo deseo que continúe así durante estos días. Sería magnífico que el sol nos acompañase y calentase la ciudad, como lo hace en el verano.

- Yo también lo espero, y que desde ahí arriba nos escuchen. Sería un buen detalle.

La ciudad había despertado para muchos ciudadanos, entre ellos, aquella pareja de policías. Mientras tanto, en otro lugar, en otra casa, en otra cama, Iván, volvió a quedarse profundamente dormido, tras la llamada de Óscar. En efecto, él estaba tranquilo, seguro de que todo iba a discurrir de la forma correcta y si algo debía de suceder, para qué preocuparse, sólo era cuestión de estar preparado y alerta, para atajar, de la mejor manera posible, el problema.

                                                           FIN DE LOS CAPÍTULOS XX y XXI