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lunes, 18 de agosto de 2014

DE OLORES, SABORES Y RECUERDOS (PRIMERA PARTE)


No, no me he olvidado. Sé que como lunes debería publicar una de esas noticias sorprendentes, pero esta vez, permitidme que varíe el día y hoy lunes y mañana martes, los dedique a mi viaje, visita, reencuentro, como queráis llamarlo, a mi tierra cántabra y concretamente a Torrelavega, mi ciudad natal.
 
Como reza el título, así se podría señalar a los siete días pasados en Torrelavega, la ciudad que me vio nacer. Olores  y sabores olvidados y deseosos de recuperar,  y recuerdos en encuentros con gentes que en algunas ocasiones hacía casi 30 años que no veía, como es la gente del Poblado y a otros unos 9, los que llevo sin regresar a Torrelavega, pues los 3 días que estuve en enero, fueron frenéticos para organizar temas y papeleos y no pude ver a nadie.

Como he dicho a algunas personas con la que he estado, es como si hubiera vuelto para hacer las paces con la ciudad, y ninguna fecha más adecuada que las tradicionales fiestas patronales de la Virgen Grande.

La llegada fue calurosa y soleada, pero este tiempo fue tan solo un saludo, pues los días restantes, la región se mostró con sus cambios habituales, sus olores a humedad ambiental, sus nubes plomizas, la lluvia que te sorprendía a cada momento, cuando menos te lo esperabas y el frescor. Mis paisanos lo llaman así: frescor, yo lo llamo: frío. Camisa de manga larga y hasta  chaqueta algunos días, y seguía teniendo frío, en agosto, pero eso es lo que hace que esta hermosa tierra cántabra, sea tan mágica en cuanto a naturaleza se refiere.

Mi tío Víctor me fue a recoger y enseguida ya en casa con mi tía Merce que siempre me recibe con los brazos abiertos, comenzamos a hablar como si nos hubiéramos visto el día anterior. Os quiero a los dos y por supuesto a mis primos: Beny y Luis, y a sus respectivas parejas: Jana y Bea. No pude conseguir ver a mi primo segundo, que no quiere salir ni a tiros de la barriguita de su madre, Bea, por más que se lo pedí. El domingo terminó con un paseo en solitario por toda la ciudad, desde la Inmobiliaria hasta el Zapatón, donde estaban instalados los puestos de las fiestas, y tras comprar unos churros calentitos, regresé a casa (El primer sabor que volvía a recuperar mi paladar, pues los churros de mi tierra, aunque se parecen mucho en el sabor, tienen algo distinto)

El lunes se despertó soleado y algo cálido, que cambiaría a medida que pasaban las horas, a fresquito. Entre los que me encontré por la calle fueron: Lali y Miguel (un amigo de entonces con su madre) breve encuentro pero emotivo, luego otros vecinos de la ciudad y tras la comida, la tarde del lunes se cargó de nostalgia. Había quedado con la gente del Poblado SNIACE, donde habité desde los primeros meses de vida hasta los 24 años. El encuentro fue en el Bar la Principal y solo me queda dar las gracias una vez más a todos ellos, por sus palabras, sus sonrisas, sus momentos entrañables que en aquellas horas se me pasaron como minutos (Seguimos en contacto por Facebook)
Nada más volver a Torrelavega una llamada al móvil y Vicente Macho, otro amigo de aquellos tiempos pasados, me llamaba para hacerme regresar a un ayer detenido en el espacio tiempo, en toda la extensión de la palabra. Recorrimos callejuelas del Poblado (Colonia Santo Domingo), me senté frente a la casa donde viví durante 24 años (La primera foto), donde tantas tardes las pasaba mirando hacia el monte y pensando en mil cosas. Me llevó hasta vecinos e incluso compañeros de estudios de la EGB; con sinceridad y así se lo hice saber a algunos de ellos, me costaba recordarles, pues en mi mente estaban presentes tal y como cuando me fui.
Pocos cambios en aquella zona, donde parece que el tiempo se ha detenido mientras que sus habitantes siguen tranquilos viviendo sus vidas, sin demasiados altibajos, salvo los que el destino les tiene preparados. Sentados en bancos charlando amigablemente, a través de las ventanas, en la puerta de las casas, en los bares donde comparten sus momentos y donde muchos, seguramente, muchos de ellos, añoran los años en que la Fábrica de la SNIACE cubría sus necesidades con el trabajo que ellos realizaban. Ahora, esta fábrica ha cerrado sus puertas y esa situación se nota en la tristeza de la propia ciudad, que agoniza si no se pone remedio a ello. Comercios vacíos, locales en alquiler y venta… Pero estos días se olvida un poco, porque la Patrona, La Virgen Grande les observa y tal vez, muchas súplicas han sido destinadas a ella, para que todo cambie.

El martes estuvo marcado por el reencuentro con una gran amiga, además de haber sido mi profesora cuando estudié Diseño de Moda en los primeros cursos en Torrelavega. Josefína Solórzano. Había perdido su teléfono, pero recordaba su dirección, y la sorpresa que la di fue absoluta. Estuvimos hablando más del presente que del pasado, aunque está claro que éste aparecía de vez en cuando, al igual que cuando llegó su Marido, Poli. No sé bien a quien sorprendí más. Ahora sí, vuelvo a tener el teléfono de contacto, porque para mí, son dos personas muy importantes, de esas que uno dice que forman parte de la familia que se labra en el día a día, y donde la sangre no importa, sino los momentos vividos con ellos. Por la tarde las cervecitas con Novel Sámano y visita a la fachada del Instituto Marqués de Santillana, donde tantos buenos tiempos vivimos junto a otros amigos que no pudieron estar presentes físicamente, pero si en el recuerdo y las palabras.

El miércoles tuve que ir a Santander a arreglar un asunto familiar y me llevé la sorpresa de la llamada de Regino Mateo, uno de esos hombres cultos, amante de todas las artes, crítico musical, aficionado al buen cine y poeta. Queda claro, que conversar con él fue todo un privilegio y un honor, además de conocernos en persona, después de un largo tiempo a través de la red Facebook.

Decidí caminar desde Puerto Chico a la estación de Bus para disfrutar de la ciudad de Santander y deteniéndome en una pastelería, recuperé otro de aquellos sabores de infancia, La Bomba, como así se llamaban. Un bollo frito relleno de crema. Que delicia.

El regreso a Torrelavega para almorzar y volver a tomarme unas cañas con Novel y esta vez acompañado de Eduardo Hidalgo (Uno de los componentes de la Editorial Qualea) Hablamos de todo, música, literatura y todo aquello que nos traía recuerdos, despertando las sonrisas.
La noche me llevó hasta la Ciudad Vergel, donde por fin pude conocer a mi querida sobrina - Nieta. Una preciosidad de niña y junto a sus padres, mi sobrina Verónica y su marido, estuvimos cenando y pasando una noche muy agradable, hasta pasadas las doce de la noche. Llovió y mi sobrino me llevó hasta el centro, donde había quedado con otros viejos conocidos de estudios del Instituto: Javier y Yoli. Que buen final de noche con ellos, y con Novel, que este siempre se apunta a un bombardeo.
Muchos recuerdos en estos días, que continuaré mañana para no hacerlo demasiado largo y pesado. Pero me apetecía dejarlo aquí como ese recuerdo imborrable e imperecedero.