La invitación está dirigida
por Olivia Wilde con guion Rashida Jones y Will
McCormack.
Angela (Olivia Wilde) se apresura a
realizar las últimas compras antes de regresar a casa y preparar todo para una
cena especial. Joe (Seth Rogen), su marido, trabaja como profesor de
música en un conservatorio. Es un hombre un tanto amargado, siempre quejándose
de sus dolores de espalda, antisocial y molesto con sus vecinos, a los que
Angela ha invitado a cenar: Piña (Penélope Cruz) y su marido Hawk (Edward
Norton), debido a los ruidos y gemidos que provocan cada noche mientras
realizan sus actos sexuales. Angela intenta convencerlo de no sacar
determinados temas durante la cena, en particular los mencionados, pero Joe no
está dispuesto a ello. La tensión comienza a florecer cuando Piña y Hawk entran
en la casa y Hawk, que no tiene filtro, les dice abiertamente que les ha estado
escuchando discutir. ¿Cómo terminará la velada?
La invitación – tercer nombre que recibe
esta obra – fue escrita y dirigida originalmente por Cesc Gay. Primero nació en
el teatro bajo el título Los vecinos de arriba (2016) y más
tarde fue llevada al cine como Sentimental (2020), obteniendo
un gran éxito; ahora, de la mano de Olivia Wilde, la incómoda cena se traslada
a la gran pantalla estadounidense con el título La invitación (2026).
Tomando como referencia el recuerdo de la
obra original estrenada en 2020, resulta una grata sorpresa comprobar que
Hollywood ha respetado con creces el esqueleto del texto, la fina ironía y la
mordacidad tan características de nuestro querido Cesc Gay. ¿Les habrá
asesorado? Lejos de edulcorar la función para el mercado norteamericano, la
adaptación cinematográfica se atreve a mantener el pulso notablemente picante y
desvergonzado. La propuesta camina con inteligencia sobre el filo de la navaja:
es una comedia decididamente subidita de tono, pero medida al milímetro para no
rebasar los límites permitidos, logrando así una clasificación idónea para
conquistar al gran público sin perder su esencia gamberra. Por momentos me
parecía estar viendo a Cesc tras la cámara, por lo que de entrada felicito a
Wilde.
En este tablero de juego a cuatro,
Penélope Cruz se convierte en el auténtico torbellino de la función con una
clase indiscutible. Cuando nuestra Pe se pone seductora, no hay quien le baje
la mirada; la actriz derrocha esa fuerza, raza y temperamento tan genuinamente
españoles que desarman por completo a sus compañeros de reparto. Sus palabras
remarcan, pero sus miradas fulminan. Asimismo, el guion introduce ciertos
cambios muy acertados respecto al film original. Mientras que en la cinta de
2020 arrancaba directamente entre las cuatro paredes del hogar, al más puro
estilo teatralizado, aquí la dirección de Olivia Wilde acierta de lleno al
regalarnos un inicio en exteriores con las secuencias de las compras y la
búsqueda de la alfombra perfecta; unos minutos que aportan un dinamismo visual
magnífico y sirven para rebajar la tensión teatral antes de que se cierren las
puertas del apartamento.
El verdadero triunfo dramático de la
función reside principalmente en la genialidad del guion, que sabe contrastar
la psique que define a ambas parejas, dibujadas como las dos caras de una misma
moneda. Por un lado están los invitados – Hawk y Piña –, quienes se muestran
espontáneos, positivos, sin filtros y despreocupados ante la situación, porque
en realidad ellos tienen un objetivo claro; por otro, los anfitriones, quienes
arrastran una constante estela de tensión, fragilidad, negatividad e
inhibición, pues su objetivo es muy diferente al de los invitados. Es como si
la primera pareja caminara arropada por el sol, la luz y el calor, mientras la
segunda arrastrara sobre sus cabezas un gran nubarrón.
Estos diálogos mordaces y cautivadores,
algunos como puñales afilados, ofrecen a este cuarteto de excelentes actores la
posibilidad de lucimiento tanto en el conjunto como de forma individual, no
desaprovechando ninguna ocasión. Seth Rogen lo borda
interpretando al quejica por excelencia, ese tipo huraño que uno reza por no
tener al lado en ninguna situación; es un hombre ajeno a todo que no se
avergüenza de lo que dice, para sufrimiento de quien lo tiene que padecer. Por
su parte, la interpretación de Olivia Wilde como la esposa
exasperada intenta disimular la frustración que siente hacia su marido, sus
responsabilidades y hacia un matrimonio en crisis que naufraga. Este
comportamiento divierte y a la vez atrae a Piña y Hawk, como un entretenimiento
de una noche.
En cuanto a la pareja formada por Edward
Norton y Penélope Cruz funciona con la precisión de un reloj suizo.
Él despliega una ironía brillante a través de una “alarmante” falta de filtros,
mientras ella derrocha magnetismo y seducción al hablar con absoluto desparpajo
sobre su sexualidad y los encuentros compartidos con terceras personas, dejando
por momentos intrigados y noqueados a sus anfitriones. Lo más gratificante de
la función es no desvelar más detalles de la velada, ya que el arriesgado juego
psicológico al que se someten los cuatro personajes termina por revelar sus
propias y valiosas moralejas.
Para ir terminando, Olivia Wilde mantiene
con pulso firme las riendas de la narración, abrazando con orgullo el tono
teatralizado de la propuesta y logrando que el ritmo no decaiga en ningún
instante. La realizadora recurre con inteligencia al uso del plano-contraplano
o a planos generales, como una elección formal e idónea para no perderse un
solo detalle de las interpretaciones ocultas en las miradas, el peso de los
diálogos y la expresividad gestual de los cuatro. A este triunfo interpretativo
se le suma la correcta labor tras las cámaras del director de fotografía Adam
Newport-Berra, quien opta por una iluminación y unos encuadres funcionales
que, lejos de buscar un protagonismo innecesario, pasan desapercibidos de forma
muy elegante para cederle todo el escenario al verdadero tesoro del film: las
monumentales actuaciones de su cuarteto protagonista.
Para concluir, la invitación demuestra
que, incluso en una era donde Hollywood abusa de las fórmulas prestadas, un
buen guion y un reparto en estado de gracia pueden convertir un remake en un
ejercicio brillante. Olivia sale airosa del desafío de trasladar el universo de
Cesc Gay a las colinas de San Francisco, firmando una obra tan incómoda como
magnética. Una inteligentísima comedia de salón que, tras sus puñales afilados,
sus deseos a flor de piel y sus provocaciones modernas y moderadas, nos obliga a
mirarnos en el espejo de nuestras propias rutinas conyugales. Pasen, pónganse
cómodos y disfruten de la velada; pocas veces un naufragio matrimonial ajeno
resultó tan sumamente divertido.
Mi nota es: 8,5
Estreno en España: 16 de octubre.
Reparto: Olivia Wilde, Seth Rogen,
Penélope Cruz y Edward Norton.
Productoras: Filmnation Entertainment//
Annapurna Pictures// Permut Productiones.
Distribuidora en España: Diamond Films
España.
Filmografía: La actriz, productora y directora, Olivia Wilde, estudió interpretación en la Academia Phillips en Andover (Massachusetts), se trasladó a Dublín matriculándose en la Gaiety School of Acting y de nuevo regresó a los Ángeles para trabajar en una agencia de casting. Además de su larga trayectoria como actriz, Wilde ha dirigido los cortometrajes: “Free Hugs” (2011), “Wake Up” (2020); los videoclips “Edward Sharpe and the Magnetic Zeros: No love Like Yours” y “Red Hot Chili Peppers: Dark Necessities” ambos en (2016) y debutando en el largometraje con “Súperempollonas” (2019) para continuar con “No te preocupes, querida” (2022) y este año nos ofrece “La invitación” (2026).
