martes, 30 de diciembre de 2014

EL GEMELO: RELATO EXCLUSIVO PARA EL BLOG DE LOS PERSONAJES DE "AL FILO DE LA PASIÓN"


Carmen y León, los protagonistas de mi nueva novela erótica “Al filo de la Pasión” os quieren felicitar el nuevo año con una de sus aventuras. Historia NO incluida en la novela, es exclusiva para el blog. 

 
                          EL GEMELO

Marcaban las diez menos cuarto de la noche en el reloj de León, cuando éste abría la puerta del caserón donde junto a otras parejas, celebraría la Noche Vieja con Carmen. Ésta le dispensó, como siempre, una sonrisa cómplice. Carmen disfrutaba con los pequeños detalles de atención que le dispensaba León.

Al traspasar las puertas un chico con camisa blanca, chaleco, pantalón y pajarita negra, se acercó a ellos con un libro de tapas de piel marrón, entre las manos.

            - Bienvenidos. Me imagino que tienen ustedes reserva.

            - Sí – Asintió con una tremenda sonrisa León – León y Carmen

            El chico miró la lista y afirmó con la cabeza. Les acompañó hasta la zona reservada para el guardarropa y se despidió. León tomó el abrigo de lana, en color vino, de Carmen y se lo entregó a la chica para que lo guardara; seguidamente se quitó el suyo. Carmen le observó por unos segundos: En aquella perfecta anatomía de la que León estaba dotado, el traje negro azabache, con la camisa en azul celeste y la pajarita en el mismo tono del traje, despertaba en ella instintos lascivos, y más cuando la sonreía. Estaba arrebatadoramente sensual. No terminaba de acostumbrarse a las feromonas que revoloteaban alrededor de él. Era puro magnetismo. Pura sexualidad hecha hombre. León se sintió observado y la guiñó el ojo derecho mientras en un gesto fugaz, besaba sus labios. Carmen se estremeció y él sonrió. Le encantaba seducirla. Carmen le ofrecía todo lo que él soñara en su día en una mujer y esa noche, con su vestido vaporoso en blanco roto, escote en uve que hacía resaltar sus hermosos senos y largo hasta los pies, donde se descubrían en una generosa abertura desde la rodilla, en el lado derecho, parte de sus perfectas piernas. Suspiró al mirarla de nuevo a los ojos y acarició aquella melena negra que había decidido llevar suelta, cayendo por sus hombros. La chica les entregó las chapas con los números de las perchas y León se las entregó a Carmen para que las guardara en el pequeño bolso negro que hacía juego con los zapatos de tacón de aguja que lucían sus pies.

            La chica del guardarropa les informó que la cena se serviría en la planta superior. León sonrió y se retiraron. León tomó de la mano a Carmen y caminaron por la alfombra roja, que les llevaba hasta las escaleras que se encontraban frente a ellos. La observó y ella sonrió.

            - Me la pones dura, lo sabes, ¿verdad?

            - No seas ordinario. Estamos en un local muy especial.

            - Me da igual, me la pones muy dura y soy capaz de gritarlo.

            - ¡Por favor, León!

            Lanzó una carcajada y ella no pudo evitar reírse.

            - Estás loco. Muy loco.

            - Pero eso te gusta de mí – Frunció el ceño.

            - Te amo – Suspiró – Eres lo más importante en mi vida.

            - Más te vale. Soy muy celoso – Levantó la mano que sujetaba con la suya y la besó.      

Varias parejas se cruzaron con ellos, subiendo o bajando las escaleras de mármol que quedaban en el centro del inmenso hall. Escalinata que terminaba en un descansillo en la zona alta y en cuya pared frontal un inmenso espejo les reflejaba al subir el último escalón. El pasillo se abría a derecha e izquierda, y tanto a un lado como al otro, las paredes estaban cubiertas con cuadros de temática erótica campestres. Los que bajaban sujetaban en sus manos copas de cava y saludaban al pasar ante ellos.

Algunas mujeres más que andar parecían flotar en sus largos y livianos vestidos. Carmen y León, formaban una de esas parejas espectaculares, donde tanto las mujeres como los hombres se volvían a su paso dispensándose palabras susurrantes los unos a los otros. Todo aquel ritual, bien medido por el ambiente provocado, excitaba por igual a Carmen y León. Se miraban y mientras Carmen se humedecía sensualmente los labios, León dejaba salir el aire de sus pulmones de forma suave por sus fosas nasales, mientras entrecerraba los ojos. Carmen sabía que tenía a su amante, como le gustaba llamarle en aquellas situaciones morbosas, a cien, y que esa noche podría hacer con él lo que deseara, o… No debía aventurarse, pues León bien la había demostrado y desmontado muchos de los planes que ella tenía, por los suyos propios. Ella reconocía que era una mujer  ardiente pero León además de ardiente, le devoraba la pasión.

            León miró al espejo y sonrió a la Carmen que en él se reflejaba, ella movió la cabeza de lado a lado devolviéndole el gesto. Un chico uniformado con chaleco, pantalón, pajarita negra y camisa blanca se acercó a ellos con una bandeja con copas de cava, León tomó una de ellas y se la entregó a Carmen, luego cogió otra para él  y con un ligero movimiento de cabeza, dio las gracias al camarero. Caminaron sin hablar, observando cuanto a su alrededor sucedía.

            Carmen le había comentado unas semanas antes el acontecimiento que se celebraba en una finca a las afueras de Paris, y tras realizar algunas preguntas,  a él le atrajo la idea. Una despedida de año sólo para parejas liberales. Lo que descubrió con aquellas preguntas, es que se podían poner límites y él estaba dispuesto a marcarlos si fuera preciso, aunque junto a Carmen, en una situación excitante, nunca sabía cómo iba a reaccionar.

            El sonido casi mágico de unas campanas alertó a todos los que estaban en la planta de abajo o en las escaleras, que la hora de la cena había llegado. Un chico se acercó a ellos y les invitó a entrar en el gran salón. Accedieron a él por dos grandes puertas. Una estancia con paredes limpias de todo adorno en tono salmón y fuertemente iluminada con lámparas de cristal. La mesa estaba dispuesta en forma de U y los comensales se sentaban al lado exterior. La anchura de la  U era  suficiente para entrar dos camareros y no molestarse entre ellos. El uno serviría a un lado y al frente y el otro lo haría al opuesto y al frente en el plato siguiente.

            Los entrantes estuvieron marcados por el marisco en todas sus variantes:

- Ostras sobre cama de hielo picado y limón

- Cigalas grillo a la plancha cubiertas en cebolla confitada

- Conchas finas templadas a las finas hierbas y bañadas en albariño

- Cóctel de langostinos y otros frutos del mar sobre cama crujiente

Para el principal se podía elegir entre:

- Lubina salvaje a la espalda con salsa cremosa de trufa y setas.

- Cochinillo segoviano asado en su propia salsa

Los postres:

- Profiteroles rellenos de crema pastelera y cubiertos de chocolate bombón caliente

- Degustación de tartas variadas

- Frutas de temporada bañadas en ron negro

La cena comenzó de forma natural. Carmen y León se presentaron a las pajeras que tendrían ambos a su lado y conversaron con ellos entre plato y plato. En el ambiente sonaba música clásica variada y a la altura perfecta para que nadie tuviera que levantar la voz más de lo deseado.

 León tomó una de las conchas finas y miró a Carmen, ésta negó con la cabeza pero él con una gran sonrisa acercó  el molusco hasta la boca de ella. Carmen se resignó y abrió la boca recibiendo el delicioso manjar. León afirmó con la cabeza sintiéndose complacido, tomó una segunda y cuando Carmen ya tenía parcialmente la boca abierta, giró la mano y la comió él. Carmen le miró desconcertada y él volvió a sonreír.

            - Lo siento, me lo he pensado mejor, es que están muy ricas y tú no has tenido el detalle de ofrecerme una de las tuyas.

            - Eres…

            La chica que se sentaba a la derecha  de León se sonrió y en un alarde de decisión cogió una de las suyas y se la ofreció a León. León la aceptó.

            - Muchas gracias – comentó tras degustarla - ¿Ves? – Se dirigió a Carmen – Lana sí sabe cuidar de un hombre.

            - De un chico como tú cuidaría toda la vida – Comentó Lana, que tendría más o menos unos treinta y cinco años, como Carmen.

            - Cuidado, que tu hombre se puede poner celoso.

            - No. No somos celosos.

            -  Eso es bueno. Yo siempre se lo digo a Carmen. Que aunque es poco, es algo celosa y eso no es bueno.

            Carmen le propinó un puntapié que sorprendió a León.

            - No le hagas caso Lana, nunca he sido celosa. A León le encanta provocarme y no mide el lugar donde lo hace.

            - Yo soy un chico bueno.

            - ¡Ya! – Asentó Lana – No lo dudo, no te conozco pero estoy convencido que Carmen no se tiene que aburrir contigo.

            - No – León movió la cabeza de un lado a otro – Soy un chico bueno y además muy divertido y…

            - No le des coba Lana, que enseguida te saca toda la lista de cualidades, incluso las que aún no tiene.

            - Mi novia no me entiende Lana. Acepto el que tú me cuides.

            Lana contuvo la risa en la servilleta que en ese momento se había llevado a la boca para limpiarse – Lo tendré que consultar con Trésor

            - Trésor – Repitió León – Me gusta ese nombre – Y miró a la pareja de Lana.

            - Conmigo no te valen esas estrategias chaval. Soy perro viejo y tú demasiado joven.

            - Tu marido es muy serio – Le comentó a Lana en voz baja.

            - ¿Siempre es así? – Preguntó Lana a Carmen.

            - No – Contestó tras terminar de comer un langostino del cóctel – Es muy responsable y serio, pero es muy juguetón cuando le dan alas.

            León se dio cuenta que los demás comensales estaban imitando la ocurrencia que había tenido con Carmen cuando le ofreció la concha fina y sonrió. Miró a Carmen.

            - Mira, están pasándose la comida de unos a otros, como yo hice contigo. He implantado una moda.

            - Sí, creo que has abierto la veda antes de tiempo – Le susurró Carmen al oído – Han empezado los flirteos y no sólo entre la propia pareja.

            - Pues espero que no me multen por adelantarme al juego. Yo sólo lo he hecho contigo, porque te quiero ver bien alimentada.

            - Sigamos cenando – Puso una de sus manos sobre la de León – Ya habrá tiempo para todo. Te amo.

            - No me lo digas, demuéstramelo.

            Carmen cerró los ojos y dirigió sus labios hacia los de León. Los labios no se limitaron a quedar cerrados y fundirse en un beso sutil, no, tanto los de él como los de ella se abrieron y se dejaron llevar por uno de aquellos besos donde se lo ofrecían todo. Los pezones de Carmen al momento se pudieron tan duros como el pene de León.

            - Gracia – Susurró León cuando comenzaron a separar sus bocas.

            - ¿Por qué?

            - Por ser la mejor. Yo también te amo.

            León comenzó a degustar el Cochinillo que le habían puesto en el plato y Carmen la Lubina. León creyó conveniente no seguir jugando durante el resto de la cena, pues se percató, mientras daba buena cuenta de aquella carne deliciosa y perfectamente preparada, de que muchos de los asistentes les observaban. No, ante todo no quería dejar mal a Carmen. Ésta se dio cuenta del cambio tan radical de su chico y le observó, León giró con suavidad la cabeza hacia ella y esbozó una dulce sonrisa.

            - No dejes de ser León, nunca. Es por lo que te amo, por ese combinado tan perfecto de locura y seriedad. Esa explosión de improvisación que tienes, y de saber estar cuando es preciso.

            - Seguiré siendo yo mismo – La contestó con un bocado de cochinillo en la boca.

            - ¡Guarro! Con la boca llena no se habla.

            - Es que soy un León. Necesito tener la boca siempre llena y si no te puedo besar…

            - Ya llegará ese momento. Terminemos de cenar.

            Así lo hicieron o debería decir que hasta que llegaron los postres, porque León, por muy serio que quiso estar, no se contuvo cuando llegaron los profiteroles que había pedido Carmen. La miró cuando se llevaba uno a la boca y ella intuyó lo que estaba pasando por su cabeza y negó. León levantó la ceja derecha y ella volvió a negar. León resopló y Carmen sonrió para sus adentros. Él se llevó a la boca un trozo de fruta y masticó refunfuñando, de soslayo observó como Carmen no cortaba uno de sus profiteroles y le miró con ojos de deseo. León lanzó el aire por las fosas nasales mientras como si fuese a cámara lenta contemplaba como aquel profiterol llegaba hasta la boca carnosa y deseada de Carmen. Apenas el dulce tocó aquellos labios rojos, León colocó una de sus manos alrededor del cuello de Carmen y la acercó hacia él. Las bocas se unieron y el profiterol fue degustado por ambos, en un beso tan apasionado que silenció a todo el comedor.

            Tras la cena los camareros informaron a  los presentes que las copas se servirían en el salón de baile. Poco a poco fueron levantándose y mientras se dirigían al salón indicado, entre los concurrentes comenzaron las conversaciones. Algo que les resultaba curioso a la mayoría, es que nadie se había presentado como anfitrión o creador de aquel  último evento del año. Todos habían recibido la invitación como  años atrás. Algunos ya se conocían, otros por el contrario era la primera vez que se veían.

            El salón contaba con un escenario donde el grupo contratado estaban tocando los primeros temas lentos, al lateral derecho se disponía una amplia barra de bar con tres camareros tras ella y repartidas por el resto de la estancia sillas y pequeña mesas individuales. Carmen y León se acercaron a la barra y pidieron dos copas de cava.

            - ¿Hay alguna tradición en esta fiesta que tenga que saber?

            - Sí, hay una, casi al final del baile, pero mejor será que te sorprendan como me hicieron a mí la vez que me iniciaron.

            - ¿Iniciación?

            - Es una forma de denominar la entrada a esta fiesta. Una vez que acudes por primera vez, ya serás invitado todos los años. En ti estará el que vuelvas o no. Sólo hay una regla, no puedes coincidir con tu pareja en la resolución  del juego  – Le sonrió y le besó en los labios – Yo no había aceptado la invitación hasta este año.

            - Así que soy un iniciado y suceda lo que suceda, no puedo coincidir contigo al final de toda esa historia. ¿Es eso lo que me quieres decir?

            - Sí. No es tan difícil de entender – Le respondió mientras se llevaba la copa a los labios.

            - Pues lo considero una total estupidez, pero vale, respetaré las reglas. Ahora – Sonrió – Nunca más, pues no pienso separarme de ti jamás.

            - Te quiero. ¿Bailamos?

            Dejaron las copas sobre una de las pequeñas mesas y entraron en la pista donde ya había varias parejas bailando un pasodoble. Cada determinados temas salían de la pista para refrescar sus gargantas y descansar. En uno de esos momentos dejaron el salón y caminaron por el largo pasillo de aquella planta superior. León observaba aquellas escenas campestres y las puertas que se encontraban cerradas. Veinte puertas cerradas además de la del salón comedor y de baile. Frunció el ceño y miró a Carmen.

            - Son parte de las habitaciones, en la zona inferior hay otras tantas.

            - Me despierta curiosidad esta casona. No es un hotel porque carece de recepción, no nos ha recibido nadie, por lo que entiendo que los dueños quieren pasar desapercibidos…

            - No preguntes lo que no es necesario saber – Le interrumpió – ¿Lo estás pasando bien, hasta el momento?

            - Sí.

            - Eso es suficiente.

            Una vez más León percibió la mirada de muchas de las mujeres con las que se encontraban a su paso, y más al entrar de nuevo en el salón de baile. A todas las dispensaba una sonrisa. Una chica le arrebató del lado de Carmen y le internó en la pista donde en ese momento estaban haciendo una rueda de baile. León pasaba de unas manos femeninas a otras como si fuera un muñeco que todas desearan quedarse, pero la voz del cantante no permitía, provocando los cambios constantes de pareja. En uno de esos giros vio a Carmen sonriendo fuera de la pista, acertó a estirar el brazo y tomándola por la mano, la incluyó en aquel laberinto de giros, pasos, saltos y cambios de compañero de baile.  La pieza terminó con León frente a Carmen. Los dos agotados, los dos sudando por la frente, los dos con los ojos llenos de felicidad y en ese momento el ambiente se hizo más íntimo. La luz del salón descendió y en la voz del cantante comenzaron a sonar las primeras palabras del “Thinking Out Loud” y León tras limpiar el sudor de la frente de Carmen con el pañuelo y guardarlo, se relajó, tomó la cintura de Carmen y su mano para  emprender un nuevo baile. Una vez más los dos se dejaron llevar por la música, por la letra del tema, por la voz de intérprete y a la vez olvidándose del mundo existente ante ellos.

Los dos se dejaron llevar como si aquella pista de baile no existiera, y donde sus cuerpos parecían ser elevados  por alas mágicas invisibles. Donde León contempló a Carmen en toda su belleza y esplendor, como una diosa hecha mujer ante sus ojos.

Los dos se dejaron llevar por las caricias que sus manos proporcionaban la una a la otra, mientras sus pies parecían flotar sobre aquel suelo rígido.

Sus miradas de nuevo hablaban de amor, como la canción sugería. Un amor eterno pasaran los años que pasasen, y a ninguno de los dos se le ocurrió pensar en voz alta, pues era el silencio de sus voces quienes más les arrullaba.

Se deslizaron por la pista como aves en el paraíso, mientras Carmen sonreía al desear que León la besara, como la letra de la canción invitaba, bajo la luz de millares de estrellas, mientras tomándola entre sus amorosos brazos él descubriera como latía su corazón por amor. Cada vez estaba más enamorada de aquel maravilloso joven al que veía como el hombre soñado, porque la complacía en todo lo que ella precisaba y sobre todas las cosas, la hacía reír y sentirse viva.

La magia en la pista se rompió al encenderse de nuevo las luces y donde en el centro del escenario apareció un hombre con traje blanco y camisa negra.

- Señoras y señores, estamos a punto de entrar en la media noche y tras el brindis y recibir al nuevo año, como es tradición, llegará el juego del gemelo. Como sé que cada año nuevas personas se incorporan a esta tradicional fiesta de fin de año, les explicaré en que consiste: Los caballeros deberán dejar uno de sus gemelos en la caja que se encuentra aquí delante de ustedes, tras el brindis y las felicitaciones, las mujeres irán retirando uno de los gemelos, buscara al propietario del mismo y ambos se retirarán, pudiendo elegir entre irse a una de las habitaciones, pasear por los jardines o  lo que decidan. Todas las puertas desde este momento, tanto las de esta planta como las de la inferior, tienen ya puesta la llave por fuera. Les deseo una buena entrada en el nuevo año 2015.

León miró a Carmen con sorpresa.

            - Sí, ese es el colofón de la fiesta. Si te parece esperamos al brindis y nos vamos.

            - No. Yo quiero jugar – Comentó León – Introduciré mi gemelo y veremos que nos depara el destino.

            Carmen bajo la cabeza y suspiró – No me apetece jugar, León – Levantó el rostro y le besó en los labios – Ya te tengo a ti, no necesito nada más.

            - Entonces… ¿Para qué me has traído a esta fiesta si conocías el desenlace?

            - No es obligación que las parejas terminen… Ya lo has escuchado, pero…

            - Pero me provoca mucho morbo – La miró fijamente a los ojos – Comencemos el año con nuevas sorpresas. Tengo el presentimiento que vas a disfrutar mucho más que yo.

            - Lo dudo, pero si otras veces has accedido a algunos de mis caprichos, no voy a decirte que no – Lanzó un fuerte suspiro – Lo haremos.

            - ¡Bien! – La sonrió y tomándola suavemente por las mejillas, la besó con descaro - Te amo.

            León la miro de soslayo mientras se quitaba uno de los gemelos y caminaba hacia la caja de madera, donde ya otros hombres habían depositado el objeto en cuestión. Mientras colocaba su mano sobre la caja giró su cabeza hacia atrás, buscando la presencia de Carmen, recordando la ocasión en que le había ordenado  participar en una orgía, ahora, ahora era él quien la estaba poniendo en la cuerda floja, en una situación muy distinta. Vio como su amada recogía las dos copas de cava. Cerró los ojos, suspiró y abrió la mano sobre la caja. Regresó y Carmen le ofreció una de las copas. Un gran telón rojo se descorrió al fondo del escenario apareciendo un gigantesco reloj. Los últimos segundos para dar la media noche fueron vitoreados por todos y tras juntarse las dos manecillas y sonar las doce campanadas, la música estalló en el salón. Se felicitaron los unos a los otros, mientras las copas se vaciaban.

            Una campanada provocó que una mujer se acercara a la caja de madera y retirase uno de los gemelos, lo observó y buscó a su dueño, así fueron desfilando todas. León miraba la escena que se estaba provocando en el salón con inquietud e intriga. Cuando una de aquellas mujeres encontraba al poseedor del otro gemelo, ambos salían de la estancia. Carmen decidió ser la última y percibió como el corazón de León se agitaba a medida que el salón se vaciaba, cuando en él sólo se encontraron ellos dos, Carmen miró a León. León se encogió de hombros. Carmen no se podía creer que el destino la uniera incluso en aquel juego sexual a León. León la dispensó una sonrisa pícara y la invitó a recoger el gemelo, Carmen así lo hizo, caminó hacia la caja y de vez en cuando miraba hacia atrás donde León esperaba con los brazos cruzados al pecho y erguido, mostrando el puño de la manga donde faltaba su gemelo. Carmen introdujo la mano en la caja. La movió por todo el fondo. No había nada, se giró hacia León y éste separó sus brazos y extendiendo una de sus manos, la abrió. Sobre la palma de la misma estaba el gemelo. Carmen sonrió y corrió hacia él, León la recibió entre sus brazos.

            - Eres un…

            - Soy tu hombre.

             - ¿Por qué no introdujiste tu gemelo?

            - A ti no tengo que explicarte todo lo que me gusta el sexo y los momentos que hemos vivido juntos, no solos, sino también con otras personas; pero ante esta situación deseaba saber cómo reaccionarías. Cada pareja iba a estar separada, algo que nosotros nunca hemos estado. No, eso no es compartir, eso es dividir – La sonrió – ¿Sorprendida?

            - Tú siempre me sorprendes, aunque en esta ocasión más que sorpresa me has provocado incertidumbre – le besó en los labios – Nunca dejes de sorprenderme.

            - Jamás. ¿Nos vamos a hacer el amor?

            Carmen asintió con una sonrisa plena, y los dos salieron del salón en dirección al coche que les llevaría casa.

 Si queréis descubrir las aventuras de Carmen y León, como se conocieron, sus aventuras sexuales, sus secretos, sus intrigas, sus morbos y las vivencias personales, recordad que lo encontraréis en  “Al límite de la Pasión” Está editada por Amazon y la podéis adquirir en:
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                                                FELIZ AÑO 2015

lunes, 29 de diciembre de 2014

MI HISTORIA COMO ESCRITOR: CAPITULO V (UN SUEÑO HECHO REALIDAD)


Al poco de terminar mis estudios de Diseño de Moda en Madrid regresé a Torrelavega, mi ciudad natal y tras un tiempo entre diversos trabajos, conocí a Américo Gutiérrez, con el que realicé varios cursos de cine – televisión y vídeo.  Recuerdo que tras el último curso impartido por Américo sobre cine me decidí a escribir un pequeño guión: “La partida” y animé a unos cuantos amigos a que se pusieran delante de la cámara, algo que no dudaron en ningún momento y el jefe, como me gustaba llamar a Américo, me prestó una cámara de SUPERVHS. El cortometraje gustó mucho, ganó un premio a mejor guión en un certamen de cortometrajes y estuvo nominado a mejor vídeo en otro certamen nacional.

Con Américo también colaboraba en su Distribuidora - productora  de Cine, y un buen día junto a otras cinco personas, me propuso unirme a un nuevo proyecto para la ciudad. “Vegavisión del Besaya” Una televisión con firma propia y donde deseaba destacar por su programación exclusiva, y se consiguió, durante los 6 años que duraron las emisiones, hasta que un sinvergüenza arruinó a la cadena llevándose todo el dinero, Vegavisión destacaba entre las televisiones locales de España por ser la que más horas de programación propia emitía a diario. Mi función era Encargado del departamento de Continuidad, aunque también ejercía otras labores como cámara, guionista del programa infantil “Minilanda” y dirigir uno de cosecha propia que se desarrollaba los miércoles en la villa marinera de Suances "Con sabor a sal" 

Fue durante esta gran etapa donde mi imaginación literaria se desarrolló mucho más. Estaba rodeado de cultura, de gentes importantes que vivían y muchos siguen viviendo en mi región natal. Cantabria siempre ha derrochado mucha cultura: Músicos, pintores, Cantantes, Actores, Escritores… Y yo estaba mamando toda esa vida. En cada proyecto que Américo me involucraba, lo seguía sin pensarlo dos veces. Disfrutaba con todo aquel arte.

En muchas ocasiones me tocaba trabajar de noche, controlando las emisiones para que nada fallara, pues entonces se emitía de forma analógica, lo digital llegaría más tarde. Esas noches se hacían muy largas estando solo, por lo que aprovechaba que tenía un ordenador al lado que utilizaba  para preparar parrillas de programación, los guiones del programa infantil, etcétera, y en esos momentos muertos decidí convertir mi primer guión de cortometraje “La partida” en novela corta. Me sentía preparado para dar ese gran paso del relato largo a la novela corta y lo conseguí. Fueron 100 páginas a doble especio y la felicidad que me embargó cuando plasmé la última palabra fue total. SÍ, YA ESTABA, HABÍA DADO EL GRAN PASO.

Muchas horas de aquellas noches las invertí en seguir escribiendo nuevas historias, y de esta forma surgió la primera trilogía de mi vida: Una trilogía sobre el amor, la amistad y la muerte, con tres novelas muy distintas entre ellas: “LA PARTIDA” (El protagonista se enfrentará a la muerte en una partida de ajedrez y donde el amor de la chica por la que aún no se ha decidido a declararse y de su mejor amigo, serán la clave de toda la historia)  MERET” (Relata el viaje de placer de un joven a Egipto durante el cual y tras conocer a una chica de nombre Meret, se verá envuelto en una aventura que nunca soñó vivir) y “TRANSITO” (Un accidente de moto sumergirá al protagonista en un estado de Coma donde viajará a un mundo paralelo al que él vive, semejante en todo y donde tendrá que ayudar a la policía a detener a un asesino de deportistas. Realidad y ficción confundirán en momentos la mente del personaje) A estas tres novelas poco tiempo después se unió un libro de relatos que titulé “Colores (De fantasmas y fantasías)”

Cuatro primeras obras que quedaron registradas en Santander. Cuatro primeras obras cortas que me abrían ese gran camino hacia el mundo de la novela tan deseado y soñado. Cuatro primeras obras que sirvieron para estar preparado, para darme cuenta que si deseaba lograr un escrito sólido, debía contar con paciencia y este camino lo había logrado. Ya estaba preparado y al año siguiente, cuando me propusieron venirme a vivir a Madrid, tras asentarme y vivir junto a una de las mujeres que más quiero en mi vida: Gemma Pindado, emprendería el gran viaje de mi vida, hacia una nueva trilogía que jamás pensé escribir y donde cada día me siento más orgulloso de haberlo hecho. Pero como se suele decir, esa es otra historia..

El próximo capítulo estará marcado por: Tras las puertas del corazón, mi primera novela publicada.

sábado, 27 de diciembre de 2014

TEATRO: DOS HOMBRES SOLOS SIN PUNTO COM... NI NÁ (RESEÑA - CRÍTICA)


Nada mejor para  terminar este mes de diciembre, que disfrutar de una nueva cita con el teatro, el cual ha estado muy presente durante todo este año en mi vida y a través de este blog, os he ido informando de las diversas posibilidades a tener en cuenta.

La obra en concreto ha sido “Dos hombres solos sin punto com… ni ná” producida por Teatro Sí de Jerez y que lleva representándose ininterrumpidamente más de 10 años con un éxito rotundo en sus más de 1.200 representaciones a lo largo y ancho del país (Valencia, Bilbao, Sevilla, Palma de Mallorca, Málaga…), pero como el propio director y protagonista Manolo Medina comentara al terminar la función del martes 23 del presente mes: “Lo que más cuesta es llegar a pisar un escenario en la capital, en Madrid y me siento orgulloso de estar esta noche una vez más en esta ciudad, deseando que hayan disfrutado” Sin duda la última frase …deseando que hayan disfrutado, estaba cargada de emotividad, pues los aplausos nada más finalizar la función, resonaron con gran fuerza y durante largo tiempo, hasta que él mismo pidió silencio para hablar, sin olvidar las constantes interrupciones durante la propia obra.

La función  tiene una duración de dos horas y media, con dos protagonistas en escena: Manolo Medina quien también dirige la obra y Javier Vallespin. El argumento nos habla de dos hombres, Manolo y Javier,  que comparten piso. No son homosexuales. Javier trae el dinero a casa y Manolo es el ama de casa. Pero hay un problema y es que Manolo se ha criado con su madre, seis hermanas y un mayordomo maricón y la gente habla más de la cuenta porque la gente...es "mu mala”.  Con este arranque,  la obra irá girando  en torno a clichés de la heterosexualidad y la homosexualidad hasta convertirse en la obra más desternillante de la escena actual en nuestro país, y anclada en la realidad de la España del siglo XXI, con improvisaciones y ofreciendo al espectador, de forma jocosa, instantes de rabiosa actualidad.

Durante el transcurso de la obra, los protagonistas dialogan, discuten, comentan e incluso se ríen del momento improvisado, ocasionado por las fuertes carcajadas del espectador. Diálogos que darán paso a monólogos para el lucimiento propio de cada uno de los actores, y desde luego que se lucen. Llenan el escenario con su única presencia.

Decir en honor a la verdad, al menos desde mi punto de vista, que Javier está muy bien en su papel, con un monólogo que lo borda, pero Manolo se sale. Sobrepasa los límites de la comedia, hasta el punto que en algunas ocasiones me recordaba a la gran Lina Morgan. Ese desparpajo, esa forma de moverse por el escenario, esa manera de dirigirse al espectador, pues al espectador también lo hacen partícipe de la obra, sin olvidar de las constantes improvisaciones, que sólo otro buen actor, es capaz de no perder el hilo de la historia, y Javier está a su altura en esos momentos.

Manolo hace reír a mandíbula abierta y se ríe sin ningún rubor de sus propias ocurrencias o las de su compañero. Es un actor con el gran don de la espontaneidad, que traspasa hasta el espectador.

Una obra aclamada por crítica y público donde han conseguido el ansiado cartel de “No hay entradas” en la gran mayoría de sus representaciones. Dos horas y media de pura comicidad, de carcajadas sonoras, de sonrisas y risas constantes.

Mis felicitaciones a los dos actores y a la fabulosa dirección y puesta en escena por parte de Manolo Medina. Sólo espero y deseo que sigan cosechando muchos éxitos porque eso significará que siguen haciendo reír al público, algo tan necesario en los tiempos en que nos ha tocado vivir.

Muy recomendable para dejar los problemas fuera, durante más de dos horas.

La obra se está representando en el Teatro la Marquina C/Prim 11

Desde el 23 de diciembre al 6 de enero.

viernes, 26 de diciembre de 2014

CONTESTACIÓN AL TEXTO ESCRITO POR CARMEN RIGALT EN EL MUNDO


Hoy voy a hablaros de un artículo, si se puede llamar así, encontrado en El Mundo, publicado el 23 de Diciembre y escrito por la periodista: Carmen Rigalt en su columna Rigaltísima  y titulado “Las exóticas costumbre del embajador”

Nunca he leído nada de esta señora y desde luego que si sus artículos son tan venenosos como éste, está claro que no volveré a hacerlo. Tal vez ha tenido un mal día, o simplemente desafortunado.
 
Lo más curioso de todo, es que comienza su columna hablando de una boda a la que no ha asistido, pero en cambio, como una gran “periodista, con información de primera mano”, se atreve a criticar. Tras las primeras frases donde no deja en duda su homofobia, entra a trapo contra el embajador, uno de los cónyuges “El embajador francés no es aquel señor de pelo rubio y con cortinilla tipo Oneto que iba tanto a los toros. Ese era el anterior. El de ahora se llama Bonnafont y es un tipo flaco, educado, con pinta de romántico, que nada tiene que ver con los toros. En todo caso, con las gallinas étnicas. Me contó Carmen Duerto, de los Duerto de toda la vida, que las vio en vivo y en directo paseándose por el césped de la embajada como si nada”. Pues ole por el embajador, a estas alturas del siglo XXI, quien anteponga la muerte de un animal  ante la libertad de los mismos, como pueden ser las gallinas étnicas (ejemplo que usted pone), mal vamos, mal vamos Sra. Rigalt. La vida antes que la muerte. SIEMPRE.

Pero las perlas escritas continúan cuando dice: “…no en vano él es hombre de querencias exóticas y tiene el alma impregnada de nostalgia colonial. Esto no es Indochina, sino Serrano esquina María de Molina, y por muchos años” Sorprendido no, lo siguiente Sra. Rigalt.  Posiblemente él, el embajador, sepa mejor que nadie donde vive y si en sus terrenos desea tener gallinas, pollos, conejos, pavos y demás especies de animales, está en su libertad absoluta y total de tenerlos. ¿Quién es usted para atreverse a juzgar lo que otra persona tiene o no en su casa o sus terrenos? Tal vez por su alma “soberana, sofisticada y un mucho provocadora” preferiría entrar en unos jardines engalanados con setos de los cuales broten maravillosas flores dependiendo de la estación. Sin olvidar las fuentes exuberantes con figuras de alabastro y bancos custodiados por árboles que le ofrezcan la sombra mientras le sirven  un café francés. Perdón, disculpe, que usted no es bienvenida a esa finca.  Y por otra parte ¿Discrimina usted acaso zonas de Madrid por el estatus social que en ella habita, para poder vivir de una forma u otra?

Se atreve en su artículo a criticar la forma en que dos personas desean hacer partícipes a sus invitados de su enlace matrimonial. Estas han sido sus gloriosas palabras “Vuelvo a la boda, digo al cumpleboda. El momento sorpresa del día fue cuando “Monsieur l´ambassadeur” anunció que el verdadero motivo de la convocatoria no era para apagar las velas de una tarta sino comunicar a sus amigos que se había casado días atrás con Dany Lalrinsanga, su pareja de muchos años y padre de su hijo Moisés”

Por lo que usted luego cuenta, ya tuvo en su momento un encontronazo con el señor embajador, pues ya se metió con su condición sexual y se intenta defender diciendo  “No pienso renunciar a mi libertad de expresión ni a las palabras bendecidas por la RAE” En primer lugar Sra. Rigalt  hacerle saber que si se escribe una columna seria, en un diario tan serio como es EL Mundo, debería usted usas más la RAE y en segundo lugar me deja estupefacto que enarbole la bandera de la libertad en su especie de artículo y falte el respeto a una condición sexual tan importante y plural como es la homosexualidad, pero es que no queda ahí el insulto, porque se atreve a decir: “No me doblegaré a la dictadura de lo políticamente correcto, y si tengo que describir a un tío, lo haré con las palabras que mejor le cuadren, ya sea negro, homosexual, judío o catalán”. Sra. Rigalt, ¿ha repasado lo escrito antes de publicarlo y reparado en lo dicho? Creo que no. Lea atentamente, por favor: Negro (Racismo) Homosexual (Homofobia), Judío (condición de libertad de culto) y Catalán (Aquí me deja usted intrigado. ¿Vale también madrileño, gallego o andaluz?) Y comienza con la palabra “tío” ¡¿Tío?! Sra. Rigalt, un poco de respeto, por favor. ¿Es usted acaso su sobrina, para utilizar de esa palabra tan “libremente” en un artículo supuestamente serio de un diario tan importante como El Mundo?

Vamos terminando con su columna donde finaliza con una hipocresía del tamaño de las cataratas de Niagara. Felicito al embajador y a su marido por la reciente boda, pero les recuerdo a ambos que el matrimonio es un invento imperfecto, aunque lo adornen. Además, de nada sirve que las mujeres lleven luchando toda la vida contra la división de los roles conyugales si de pronto han venido los gays a rescatar las viejas costumbres con el propósito de jugar a las casitas”

Analicemos a parte este maravilloso e impresionante texto.

Primero.- No sea usted hipócrita a esta alturas del texto, y no la estoy insultando, es una realidad, la columna está llena de odio hacia dicho embajador y la verdad me parece lamentable que un periódico del prestigio de El Mundo haya permitido a uno de sus colaboradores, volcar tanto odio en una reseña. ¿Se atreve a felicitarles después de todo lo dicho? Eso es hipocresía, en cualquier parte del planeta.

Segundo.- Osa afirmar que el matrimonio es un invento imperfecto. ¿Qué pruebas tiene usted para demostrar que es así? No confunda nunca aquellas personas que se casan por amor, a las que lo hacen por intereses o son obligados a contraer nupcias. Afirmar sin demostrar, no es bueno.

Tercero.- El que la mujeres sigan luchando por la igualdad, a mi modo de ver es lamentable, pues nunca debió de existir la división de roles, no ya conyugales, que usted todo lo lleva por lo visto al mismo terreno, sino sociales, culturales, políticas e incluso me atrevo a decir que religiosas. Cualquier mujer le diría cuatro palabras tras leer dicha frase. ¿Roles conyugales? ¿El resto de las diferencias entre hombres y mujeres a usted no le importa? Pues mire, Sra. Rigalt, soy hombre y me encantaría que un día hombres y mujeres estuvieran en el mismo nivel de la balanza social, y como a mí, a muchísimos hombres, algo que parece por lo escrito que a usted lo que le importa son los roles conyugales. 

Y en cuarto y último lugar.- Es usted una atrevida, y me quedo corto en la definición. Los gays no van en rescate de las viejas costumbres con el propósito de jugar a las casitas. Tal vez, y digo tal vez, ya ve que yo no me atrevo a afirmar a la ligera como usted, tuvo alguna carencia en la niñez, algún recuerdo frustrado de la adolescencia o quién sabe si en su madurez ha recibido algún desengaño del cual no se ha recuperado.

Su texto está lleno de odio e ira hacia un embajador que lo único que ha hecho es reunir a las personas que ambos han decidido que estuvieran a su lado,  para comunicarles que se ha casado con la persona a la que ama desde hace años. Y cuando se escribe con tinta envenenada, salen a relucir otras aversiones internas, como demuestra en sus palabras.

Sra. Rigalt, creo que debe dejar a un lado las disputas o no con el citado embajador y retractarse públicamente de este artículo, donde deja entrever que:

Es más normal ir a una corrida de toros que tener gallinas correteando con libertad por una finca.

Que depende en la zona de Madrid que se habite, se debe vivir de una forma u otras. ¿Gallinas en una finca de Serrano? Por favor, que despropósito, eso para los extrarradios. ¿Verdad?

El que es usted homófoba lo deja muy claro, pues ya en su día tuvo un encontronazo con dicho embajador y usted en su defensa enarbola la bandera de la libertad. Disculpe, la libertad es de todos, no sólo suya.

Debe una disculpa muy seria al movimiento LGTB y sobre todo al embajador y su pareja.

Y por último. ¿Jugar a las casitas? Tal vez para usted el matrimonio no tenga ninguna validez, que para usted sea una broma o como bien  ha afirmado “Es un invento imperfecto” Pero recuerde que su forma de pensar no es ley. En el mundo hay miles de millones de personas y usted, lo quiera o no, es una de tantos seres que camina por este planeta. No es usted ni más ni menos que los demás.

Errar es de humanos, retractarse de sabios, y aunque soy sincero, como siempre lo soy, opino que usted de erudita tiene muy poco tras lo leído, pero al menos gánese el subir el primer peldaño.

Formar un hogar y disfrutar de él, no es jugar a las casitas, es vivir en armonía con la persona que eliges hacerlo.

 

A mis queridos lectores les pido disculpas por la extensión de esta reseña y os dejo en enlace del texto escrito por Carmen Rigalt

 




 

 

 

 


jueves, 25 de diciembre de 2014

EL PAJARO DE LAS PLUMAS AZULES: CUENTO DE NAVIDAD 2014


          
Érase una vez un niño que vivía en un pequeño pueblo, donde al llegar los días fríos del invierno se sentía deprimido. Su madre siempre lo intentaba animar contándole mil historias y jugando con él, pero él siempre miraba por la ventana, buscando a sus amigos pájaros, con los que afirmaba que podía hablar.

Aquellas navidades sus padres le preguntaron que deseaba que le trajeran los Reyes y él, además de algún que otro juguete les pidió un pájaro. Sus padres se sorprendieron pues sabían que a su hijo no le gustaba tener a ningún animal enjaulado.

Uno de aquellos días paseando por la ciudad de la mano de sus padres, se detuvo ante una pajarería y observó a un precioso pájaro de plumas azules. El niño sonrió y el pájaro pió con brío.

-          ¡Mamá, mama! Ese es el pájaro que me gustaría tener como amigo.

-          Pero hijo, necesitaríamos una jaula para él y…

-         No, no lo quiero en una jaula. Sé que no se escapará – Se encogió de hombros y miró a su madre – Lo quiero como amigo y si decide irse, es porque no quiere estar conmigo.

La madre suspiró y tras mirar a su marido decidieron entrar en la tienda y comprarle el pájaro a su hijo. El dependiente lo introdujo en una caja  de cartón y agujereó la parte superior para que la avecilla pudiera respirar. El pequeño estaba loco de contento con su nuevo amigo y al llegar a casa, corrió hacia su habitación con la caja entre las manos y la colocó encima de la cama. Se desprendió de sus ropas de abrigo y se tumbó encima de la cama. Respiró con tranquilidad y levantó la tapa de la caja lentamente. El pájaro le observó pero no hizo el menor gesto de escapar, el niño le acarició el plumaje azul y su larga cola del mismo color.

-         Espero que te guste estar conmigo y si un día te quieres ir lo puedes hacer, aunque ahora con el frío que hace, donde mejor se está es en casa – Le sonrió y le acarició la cabecita.

El pájaro pió y el cerró de nuevo la caja dejándola encima de la mesa de su habitación. Corrió hacia la cocina donde se encontraba su madre y le pidió que preparase dos cuencos, uno para la comida y otro para el agua del pájaro. La madre le sonrió y lo preparó todo en dos frasquitos de cristal, el niño lo acomodó dentro de la caja. Esa noche se quedó dormido mirando hacia la caja donde descansaba el animalito.

 Los días iban pasando, el invierno oscurecía las tardes antes de lo deseado y nuestro pequeño se entretenía con su nuevo amigo.

Una de aquellas tarde se encontraba tumbado boca abajo en la alfombra que tenía en su habitación. Alrededor de él varios juguetes permanecían dispersos mientras él leía uno de sus cuentos favoritos. El pájaro de las plumas azules se posó encima de la tapa de cartón de dicho cuento y pió mirando al niño, éste desvió la mirada de la página que estaba leyendo y le observó.

- ¿Quieres jugar?

El pájaro pió y el niño cerró con suavidad su cuento para no pillar las patitas del ave. Voló sobre la cabeza del pequeño y éste se incorporó. Ambos jugaron. El niño intentando atrapar a la avecilla y ésta escaqueándose de lado a lado, con un suave aleteo. El niño se detuvo, respiró con dificultad y estornudó, el pájaro se giró y manteniendo un aleteo rápido, se quedó frente a él.  

- ¿Te encuentras bien?

El pequeño tras limpiarse la nariz con la manga de la camisa se le quedó mirando con los ojos muy abiertos.

            - ¿Me has hablado tú? – Le preguntó mientras sus ojos recorrieron toda la habitación, comprobando que sólo estaban ellos.

            - Claro. Aunque no lo hiciera en tu idioma, tú ya me entendías antes.

            - ¡Qué pasada! ¡Qué guay! ¡Tengo un pájaro que habla! – Se sentó en la alfombra y volvió a estornudar.

            El pájaro se posó sobre una de sus piernas y le observó moviendo la cabecita de lado a lado mientras en niño sacaba el pañuelo del bolsillo y se sonaba.

            -¿Estás enfermo?

            - No, únicamente resfriado, nada más – Acarició el plumaje de la cola y sonrió – Me gustaría tener juguetes adecuados para jugar contigo.

            En la habitación destelló una luz por unos segundos y en zonas libres de la misma, se cubrieron con objetos de plástico de colores. El niño se quedó quieto como una piedra mirando lo sucedido.

            - ¿Qué ha pasado?

            - Concederte lo que has pedido.

            - Pero… - Le miró fijo a los ojos - ¿Puedes conceder deseos?

            - Sí, todo cuanto desees.

            El pequeño se llevó las manos a la cabeza y abrió la boca. Miró de nuevo al pájaro y le pidió otro deseo, pero no apareció. El niño frunció el ceño.

            - Sólo te puedo conceder los deseos si ejecutas la acción correcta.

            - ¿Cuál?

            - No te lo puedo decir. Recuerda qué estabas haciendo cuando pediste el anterior.

            El niño pensó y se enfadó consigo mismo por no haber puesto atención a lo que había hecho y recordó las palabras de su madre cuando le decía que siempre estaba despistado y que era muy importante prestar atención a las cosas. ¿Qué había hecho? Estaba… Observó al ave y ésta movió la cola ligeramente – ¡Eso es! – Gritó – Te estaba acariciando la cola – El pájaro cumplió su promesa de no decirle nada, pero agitó la cola con más fuerza. El pequeño volvió a acariciar aquella cola de plumas azules – Deseo un balón de reglamento – Y el balón apareció entre sus piernas – ¡Genial! – La madre al escuchar a su hijo gritar entró en la habitación.

            - ¿Te sucede algo?

            - El pájaro es mágico.

            - Me alegro mucho, te lo ha dicho él.

            - Sé que no me crees. Acércate – La madre se acercó – Dime algo que te gustaría tener.

            La madre le obedeció y acercándose le observó con intriga – Quiero para la cena de esta noche un pollo relleno con patatas al horno y una tarta de manzana – Le sonrió – No me apetece cocinar. El hijo tocó la cola del pájaro y lo pidió. Nada apareció, el pequeño frunció el ceño y la madre sonriendo a su hijo y tras acariciarle la cabeza, les dejó de nuevo en la habitación.

            - ¿No decías que podías concederlo todo?

            - Tú espera – Contestó el pájaro y a los pocos minutos la puerta de la habitación de abrió de golpe, tras haberse escuchado gritar a su madre. Miró a su hijo con los ojos muy abiertos y luego al pájaro.

            - ¿Qué pasa mamá?

            - Ven… Ven a la cocina.

            El pequeño se levantó y el pájaro se posó en el hombro derecho, salieron de la habitación dirección a la cocina y al entrar, la madre señaló hacia la mesa sin emitir palabra. Sobre ella se encontraba una gran bandeja con un hermoso pollo asado, relleno y rodeado de patatas, y a un lado sobre una fuente redonda, una exquisita tarta de manzana.

            - ¿Cómo lo has hecho?

            - Ya te he dicho que el pájaro es mágico. Todo cuando le pidamos, nos lo concederá.

            Con aquellas palabras todo cambió en la familia. Esa noche su madre habló con el padre en la cama, le explicó lo sucedido y muy pronto, apenas la luz solar traspasaba los cristales de la casa, el padre y la madre se personaron en la habitación del hijo. El niño preguntó si pasaba algo y el padre le solicitó que demostrara el poder del pájaro. El padre no se conformó con pedir un pollo relleno, no, lo primero que demandó a su hijo fue un coche nuevo a la puerta de la casa y con los papeles en regla. Al instante todos los papeles solicitados y las llaves de un coche, los tenía entre sus manos y al mirar por la ventana contempló con admiración la presencia de un coche en el mismo color que él solicitó. Gritó de alegría y tomando a su mujer entre sus brazos la levantó por los aires.

            - Vamos a ser millonarios. Tendremos todo lo que hemos soñado y mucho más.

            Así sucedió. El padre pensó que en aquellos días que tenía libres de trabajo, aprovecharía para hacer los grandes cambios en la vida de los tres: de su mujer, de su hijo y para él. Lo primero sería dejar el pueblo para no levantar sospechas, así que pidió tener un piso amplio en la mejor calle de la ciudad. Luego abrió tres cuentas de ahorro en tres bancos distintos, y por supuesto la casa soñada cerca del mar. El piso y la casa fueron amueblados con todo lujo de detalles y los armarios contenían abundante ropa de la mejor calidad, sin olvidar las joyas. La vida les cambió por completo. El padre montó su propio negocio para no levantar sospechas y la madre se reunía, cada tarde, con las mujeres de la alta sociedad de la ciudad.

Pasarían dos años y aunque en la casa, parecía que se respiraba felicidad plena, el niño no era feliz. Algo no iba bien.

            Esas nuevas navidades sus padres habían decidido pasarlas en la casa de la playa. El pequeño estaba con su pájaro de las plumas azules sentado en la terraza que daba al mar, con su abrigo puesto. El pájaro había perdido parte de su plumaje al igual que su intenso color azul, que había mutado a un azul celeste y no uniforme. El niño lo acariciaba y el pájaro apenas podía levantar la cabeza.

            - ¿Qué sucede?

            - Creo que pronto te tendré que dejar.

            - No, por favor, eres lo único que tengo.

            - No digas eso amigo, posees cuanto quieres y si precisas más, sólo tienes que pedírmelo, aún puedo concederte cuanto desees.

            - Lo único que quiero es que siempre estés conmigo. Eres el único amigo que tengo. Con el único que puedo hablar y…

            - Pero es ley de vida. Además…

             - No – De los ojos del niño se desprendieron algunas lágrimas – Ya que puedo  seguir pidiendo deseos, quiero que nunca te separes de mí. Quiero…

            - No – Le interrumpió – Ese deseo no te lo puedo conceder. Sobre la vida y la muerte nadie manda más que el propio destino.

            Se mantuvieron en silencio. El niño miró al infinito que le ofrecía el mar, sin dejar de acariciar a su amigo. Pensó cuando se lo regalaron sus padres dos años atrás y los momentos que juntos habían vivido. Sus padres apenas se habían preocupado por él debido a su nuevo estatus social. Sólo su nuevo amigo estaba pendiente de él, descubriéndole lugares que nunca el pequeño pensó conocer. El pájaro le había descubierto otras culturas, como vivían niños de su edad en otros países lejanos, habían nadado bajo cascadas de agua, volado por cielos en plena naturaleza, lo había llevado a la montaña más alta e incluso, aunque su amigo de las plumas azules no pudiera nadar, le ofreció la oportunidad de bucear en mares llenos de peces de múltiples colores. Con su amigo descubrió un mundo de matices, de vida, de intensas situaciones y sobre todo, de emociones que poco a poco enriquecieron su forma de ser. Ahora suspiraba por su compañero, desde hacía unos días lo observaba a cada instante, descubriendo que apenas comía y bebía, y que su piar era muy débil. Su amigo se estaba muriendo y él no estaba preparado para ello. Su mano se detuvo y miró hacia su compañero. La cola del pájaro se había separado del cuerpo y… Las lágrimas rebosaron sus ojos. Su amigo le había abandonado. No supo el tiempo que permaneció sentado allí, en la fría mañana de la víspera del nuevo año. No sería hasta que su madre lo llamó para comer y él no se inmutó. Su madre salió a la terraza y contempló la escena. Posó una mano sobre el hombro del niño y le habló.

            - Ahora será feliz en su mundo, con los suyos. Él nos ha ofrecido todo esto para nuestra felicidad. Además puedes comprarte uno más bonito.

            - No quiero otro, lo quiero a él. Él es el único amigo que he tenido y lo cambiaría por todo lo que nos ha concedido.

            - No digas tonterías, tienes que aprender a madurar. Es un simple pájaro – La madre intentó coger el pájaro y el niño la miró entrecerrando los ojos. Por primera vez sintió rabia hacia la indiferencia que presentaba su madre hacia su amigo.

            - ¡No se te ocurra tocarlo! Ahora me doy cuenta que a vosotros nunca os ha importado más que todo lo que os ha ofrecido. Como me gustaría pedir un último deseo.

            - Nadie puede desear que alguien vuelva a la vida.

            El niño no dijo nada, se levantó dirigiéndose a su habitación. Aún con todo el lujo que tenía a su alrededor, conservaba aquella primera caja de cartón, donde el dependiente introdujera a su amigo cuando sus padres se lo regalaron. Lo colocó en el interior y buscó por su habitación. Miró los cojines que adornaban su cama y tras coger unas tijeras sacó parte del miraguano de uno de ellos, luego salió al salón y buscó entre las cajas de cristal que su madre coleccionaba, tomó la más grande y regresó a la habitación. Cubrió el interior de la caja de cristal con parte del miraguano y acomodó a su compañero, luego cerró la caja con la tapa de cristal y ésta la introdujo dentro de la caja de cartón.

            - Quiero que estés cómodo, pero que viajes también en tu primera casa.

            Salió y le pidió a su madre la pequeña paleta de jardín con la que ella plantaba sus rosas. La explicó que deseaba enterrarlo bajo el árbol en que ellos se sentaban en verano. La madre accedió y se la entregó. El niño se dirigió con paso lento hacia el árbol, clavó la paleta en la tierna tierra y abrió un agujero lo suficientemente grande y hondo para introducir la caja. En todo aquel tiempo no dejó de llorar, de acordarse de su amigo, de  creer sentirlo a su alrededor piando y aleteando, creyó percibir su pequeñas patitas posarse en su hombro y por unos segundos miró hacía dicho hombro. Suspiró y el yanto se hizo mayor. Introdujo la caja de cartón en la tierra, la destapó y contempló a su amigo dentro de la de cristal. Abrió la tapa para colocar la cola que se había desplazado con el movimiento.

            - Querido amigo, no sabes lo triste que estoy. Si hoy pudiera pedir un último deseo sería que todo lo que nos has concedido desapareciera. Mis padres apenas me hacen caso, incluso ellos se ven poco tiempo. Tienen vidas muy distintas de las de hace un par de años, mi madre con sus amistades y mi padre con las suyas. La única persona con la que he compartido estos dos años ha sido contigo, que me has descubierto mil cosas y me has acompañado en todo momento. Te quiero, quiero que sepas que nunca he querido a nadie como a ti.

            Las lágrimas empapaban las plumas del pequeño pajarito, una de aquellas cayó justo entre la cola y el cuerpo, y un resplandor cegó los ojos del pequeño. Apartó la mirada y cuando sus ojos se habituaron de nuevo al lugar, sonrió al verse sentado sobre la alfombra de su antigua habitación. Miró la caja de cartón que se encontraba frente a él, comprobando que estaba vacía. Buscó a su compañero y aquel pájaro de plumas azules descendió de lo alto del armario hasta sus manos.

            - Tu deseo se ha cumplido tal y como has pedido, y aunque te dije que ningún deseo puede hacer que un ser vivo regrese de la muerte, en esta ocasión ha sido volver al pasado y convertirlo en presente, en el cual eras feliz.

            - No quiero que me abandones nunca y espero que mis padres…

            - Tus padres no recordarán nada – Le interrumpió – Para ellos y para el resto del mundo, es como si despertaran a un nuevo día. Mira por la ventana, está amaneciendo.

            - Te quiero, espero que estés a mi lado por muchos años.

            - Aunque ya no puedo conceder más deseos, salvo el hablar contigo, prefiero que la magia de la vida y del destino nos sorprendan a todos. Mejor será que te metas en la cama, tienes que descansar, mañana tenemos muchas cosas que hacer.

            - ¿Ha desaparecido todo?

            - Toca dormir. Yo también estoy cansado – Le respondió evitando la respuesta.

            El pequeño le hizo caso, se introdujo en la cama y miró como su amigo se acomodaba en la caja de cartón.

 

NOTA.-  Aunque tal vez a algunos les pueda sorprender, por el contenido de la historia, éste fue el primer cuento navideño que escribí teniendo 7 años, claro está que al no conservar el original las palabras y las descripciones están adaptadas a estos tiempos. Y sólo he modernizado un detalle. En el cuento original ellos se van a vivir a un castillo, he creído conveniente que ese castillo sea reemplazado por un piso en la ciudad y una casa en la playa, es más propio y menos ostentoso.  En cuanto al resto, el cuento en sí, no se altera en lo más mínimo. Incluso si os fijáis, no se habla de que ve la televisión, ni de teléfonos, ni de ordenadores, ni de edredones de plumas, sino de cojines de miraguano, todo lo he querido mantener adaptado a aquellos años de final de los 60, cuando fue escrito. Espero que haya sido de vuestro agrado.

 

                                    FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO 2015

miércoles, 24 de diciembre de 2014

MI HISTORIA COMO ESCRITOR: CAPITULO IV (APRENDIENDO EN EL CAMINO)

Y fueron pasando los años, se podría decir, y en todos aquellos años no recuerdo haber pasado más de una semana sin escribir algo, aunque luego no se convirtiera en nada concreto. Siempre llevaba una pequeña libreta conmigo y anotaba todo lo que se me ocurría en ese instante: sentado en el suelo apoyado contra un árbol, subido en la verja que daba frente a mi casa, caminando desde mi pequeño pueblo a la ciudad, más o menos un kilómetro y medio… Daba igual el lugar y el momento, si tenía una idea el bolígrafo y el papel estaban a punto, al igual que cuando me iba a la cama, en la mesilla siempre o casi siempre he tenido papel y bolígrafo, pues no ha sido la primera vez que me he despertado con una idea en la cabeza y automáticamente tras incorporarme y dar la luz, escribirla.

Los relatos y los cuentos se iban amontonando unos sobre otros en carpetas de cartón que iba guardando en un cajón. Muy poca gente conocía la existencia de aquellos escritos, salvo algunas amigas/os que les gustaba de vez en cuando echarles un vistazo.

Recuerdo haber escrito dos pequeñas obras de teatro, una de ellas se llevó a escena interpretada por unas amigas a las cuales dirigí: “Días de ensayo, días de estreno” y al año siguiente, otra amiga, del curso de tercero del instituto femenino, me pidió que las dirigiera en una mini obra de una media hora de duración, con guión en verso de una chica de la cual recuerdo las primeras frases: “Van caminando despacio, hacia la puerta central, del edificio negruzco, que algún día pintarán…” Aquel texto en verso, lo adoré desde el primer instante. Aquella chica, con tan sólo 16 añitos, atrapaba con sus palabras. Me di cuenta que tenía mucho que aprender, que lo que hasta la fecha había escrito, no valía nada; pero continué en mi tozudez escribiendo.
Recuerdo mi profe de literatura en el Instituto: Carmen Íñiguez, que me animaba siempre a escribir. Decía que tenía un estilo muy propio a la hora de redactar los comentarios de texto y en 2º de BUP me presenté al concurso navideño con un cuento que está colgado aquí, en el blog: “ÉL” y aquel cuento que había nacido del dolor, de la soledad, del vacío que en aquel tiempo sentía en mi interior, me recompensó con el Primer Premio. Y “Él” se convirtió automáticamente en el pistoletazo de salida hacia una meta que aún veo lejana. Pero también os decía en otro de los capítulos, que mi mayor enemigo era la impaciencia. Idea que tenía, idea que debía estar materializada casi al instante y así surgió otra de mis frustraciones, el no ser capaz de desarrollar una historia en más de cinco o seis páginas mecanografiadas. Además de escribir, era un gran lector y admiraba a aquellos escritores que eran capaces de ofrecer en más de 300 o 500 páginas una historia. ¿Por qué yo no? El relato corto y el cuento me gustaban y me siguen gustando, pero poder abrir todo un mundo de imágenes, de diálogos, de expresiones, sensaciones y emociones… Deseaba ser como ellos, por lo menos tener la oportunidad de una primera obra, aunque fuera sólo una, pero… No, mi relato más largo no sobrepasaba las quince páginas. Me resigné.

Mis estudios fueron dando tantas vueltas como yo mismo. Emprendía unos y sin ser finalizados eran relevados por otros y siempre con la inquietud de que lo que estudiaba no me complacía. Un buen día vi el anuncio de una escuela de diseño de moda. En mi familia el mundo de la moda lo había visto desde niño en las casas talleres de mis tías y con mi madre que era una mujer muy elegante y la encantaba lucir un buen vestido. ¡Y lo lucía! Tipazo el que tenía. Y me apunté a dicha escuela. Luego los años de especialidad me llevaron a Madrid y cuando terminé el último curso y estaba preparando el proyecto de fin de estudios, decidí enfocarlo al mundo del cine de ciencia ficción y para ello escribí una historia. Por primera vez sobrepasé las 50 páginas en un relato lleno de aventuras, de personajes que parecían rodearme, de lugares soñados y nunca reales. Recuerdo las palabras de mi profesora tutora del proyecto: “Siempre me ha gustado como diseñas, pero creo que te has confundido, lo tuyo no es el diseño, es escribir. No dejes de hacerlo nunca” Al final no entendí muy bien si en realidad me quiso decir: “Anda Javier, no pienses en el mundo de la moda como profesión, porque si no te morirás de hambre” Y salvo alguna temporada no lo ejercí, no porque no me motivara, sino porque lo que contemplé a mi alrededor en ese mundo aparentemente tan mágico y maravilloso de la moda y la creación, por dentro está podrido. La rivalidad es absoluta, el ego alcanza cotas insospechadas, la prepotencia se convierte en mezquindad… Pero no he venido a hablar de moda, eso se lo dejo a los grandes "magos e intelectuales de ese campo"
El próximo capítulo estará centrado en otro campo mágico en mi vida: El mundo del cine y el guión.

martes, 23 de diciembre de 2014

CRÓNICA - CRÍTICA: SOÑANDO EL CARNAVAL DE LOS ANIMALES (OBRA MUSICAL)


El pasado domingo acudí al Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa) a DISFRUTAR, y no, no me he equivocado, lo he puesto con mayúsculas porque es lo que todos hicimos a lo grande, los más pequeños que no se sabe bien quien acompañaba a quien a la gran función, y los mayores, con la obra: Soñando el Carnaval de los Animales.

“Soñando el Carnaval de los Animales” es un espectáculo musical que como bien reza en el programa, “está dedicado a toda la familia”, y recalco, sin excepción de ningún miembro, pues desde el más pequeño al más mayor, fantasea durante toda la obra, en un sueño provocado por parte de los músicos, actriz y titiriteros, donde en ocasiones unos se confunden con otros, pues los propios músicos se ven envueltos en la locura que les arrastra la escenografía reinante, mientras interpretan los diversos temas.

Una obra donde arranca con el Preludio a la siesta de un Fauno, de Claude Debussy y continúa con El Carnaval de los Animales de Camille Saint – Saëns y como comenta el director de la obra, entre otras muchas funciones que asume, Enrique Lanz, “debemos imaginarnos el sueño de un fauno soñando con todo tipo de Animales de diferentes continentes. Animales grandes y pequeños, nadadores y voladores, lentos y veloces, prehistóricos, de granja y hasta de orquesta”. ¿De orquesta? Es un sueño, por tanto, soñemos. Soñemos con música que nos hará soñar. Y en ese sueño nos encontraremos con la realidad, al menos la escénica que nos presenta la compañía. Una realidad con un concierto cargado de humor y poesía en toda la expresión de la palabra. Los animales surgirán de la música y entre los músicos y como el propio Enrique comenta en el programa, “hasta los músicos hacen el animal mientras interpretan quince piezas musicales envueltas por la fantasía”,
y yo me atrevo a ir más allá, afirmando de que es la fantasía quien se adueña de cada butaca del teatro, de cada uno que en ella se sienta y de la forma en que personalmente cada uno vive el espectáculo de luz, de sonido, de música envolvente, de animales que te hacen esbozar una gran sonrisa y sorprenderte en otras ocasiones. Una obra donde el espectador verá pájaros en un cielo imaginario, se sumergirá en un acuario donde somos capaces de escuchar los sones de la música, donde los músicos flotan, donde los peces de mil formas y colores les rodean, donde se puede respirar sin precisar oxígeno, pues estoy convencido que son los propios espectadores quienes alientan a los músicos con sus silencios, sus susurros de admiración ante lo que están contemplando, las sonrisas que se esbozan y el entusiasmo que se contagia. Veremos como un violinista viaja a lomos de una gran tortuga y un León se sube a uno de los dos pianos, mientras por la otra esquina, aparecerá un hermoso ejemplar de elefante. Un gran dinosaurio sorprenderá a
pequeños y mayores y… Y todo ello envuelto en la magia de la música, pues es la música y sus intérpretes quienes nos hacen soñar y el sueño se hace corto cuando debemos regresar a la realidad de estar sentado en una butaca de un teatro. Es cuando entonces deseas en lo más profundo, que el sueño vuelva a uno y seguir ilusionándose en un espacio rodeado de otros soñadores, en un loco carnaval de animales.

Termino con palabras del propio programa que rezan así: “Se trata de un soplo de felicidad, una mágica experiencia de teatro, títeres y música que fascina y entusiasma”

HORARIOS: DEL 19 de Diciembre al 4 de Enero

23, 25, 26, 29 Y 30 de Diciembre y 1 y 2 de Enero: 17:30 y 19:30 horas.

27 de Diciembre y 3 y 4 de Enero: 12:00, 17:30 y 19:30 horas.

28 de Diciembre: 11:00, 13:00, 17:30 y 19:30 horas.

24 y 31 Diciembre NO HAY FUNCIÓN

PRECIOS:

14 € ADULTOS   9 € NIÑOS

DURACCIÓN 50 MINUTOS.

 

Dramaturgia, escenografía, títeres y puesta en escena: ENRIQUE  LANZ

Iluminación: MARÍA DOMÉNECH (A.I.I.)

Asesor Musical: ORIOL ALGUERÓ

Realización de títeres, escenografía y vídeos: TÍTERES ETCÉTERA.

Intérpretes: ORQUESTA MURTA  ENSEMBLE.

Actriz: NOCHE DIÉGUEZ

Titiriteros: ARACELI GARCÍA, YANISBEL MARTÍNEZ, CARLOS MONTES, MIGUE RUBIO Y ÓSCAR RUIZ

Técnicas de iluminación: LÍA ALVES O NATIVIDAD SÁNCHEZ.

Coproducción: ETCÉTERA Y EL GRAN TEATRE DEL LICEU, CON LA COLABORACIÓN DE LA JUNA DE ANDALUCÍA.

lunes, 22 de diciembre de 2014

MI HISTORIA COMO ESCRITOR: CAPITULO III (MI PRIMERA FRUSTRACIÓN COMO ESCRITOR Y MI PRIMER DESCUBRIMIENTO)



Mi madre también fue la primera persona que me enseñó a escribir y la  “adopté” como mi gran maestra. Lógicamente como todos los niños, con mis 5 añitos comencé al colegio tras haber pasado un año de párvulos, pero cada vez que dudaba como escribir una palabra iba corriendo donde mi madre y ella me mostraba como hacerlo.  De esta forma no sólo aprovechaba lo que el profesor o profesores me enseñaban, sino que jugaba con ventaja, como se suele decir: En casa.

Cursaba tercero de EGB cuando llegaron los días antes de las vacaciones de Navidad y desde cada curso escolar se organizaban diferentes talleres manuales. Yo me apuntaba a todos. Las mañanas de los sábados eran de las más felices de mi vida yendo unas horas a clases de manualidades. Me podía la impaciencia. En cuanto veía algo o sabía lo que deseaba hacer, lo tenía que tener YA ejecutado. Los profesores y más concretamente las monjas que daban estas actividades, se volvían locas diciendo que tenía que tomarme mi tiempo. ¿Tiempo? ¿Qué  era eso? Yo quería tener hecha mi casita de palillos y como me sobraba tiempo, terminaba creando todo un pequeño pueblo. O intentaba dibujar aquel dibujo imposible. ¡Qué malo he sido siempre dibujando! Y entre todas aquellas actividades de los sábados por la mañana, estaban las redacciones, los cuentos, los relatos y una de aquellas primeras frustraciones era que deseaba escribir más y desconocía las palabras en su forma escrita. Sí, vocabulario me sobraba, era un gran charlatán desde muy niño, ¿por qué entonces no podía escribir las palabras que surgían por mi boca? Una pregunta demasiado compleja para un niño de unos siete años. Había una monja que era muy paciente conmigo y me lo intentaba explicar, pero yo era demasiado cabezón. Bueno, en ocasiones debo confesar que todavía lo soy.

Con mucha paciencia, con demasiada, tanto mi madre, mis profesores y algunas de aquellas monjas, consiguieron que mi habilidad para plasmar las palabras sobre una hoja tuviera sus frutos y en aquel tercero de EGB, por fin me lancé a presentar mi primer cuento navideño. Claro, por supuesto que recuerdo el título y la historia. “El pájaro de las plumas azules” Un cuento, que será el que este año os ofrezca a todos como regalo navideño, aunque a estas alturas de mi vida, las palabras que use serán más variadas que en aquella temprana edad. Yo estaba convencidísimo que ganaría el premio y no fue así. No os podéis imaginar lo mal que lo pasé, hasta el punto que me prometí no volver a presentarme a un certamen de relatos o cuentos a no ser que me lo dijera alguien en quien confiera plenamente. Y así sucedió, a partir de aquel tercero de EGB continué escribiendo, prácticamente a diario, pues para mí era todo un reto, un juego donde me involucraba contando historias y creando personajes que iban llenando mi mundo interior, un mundo, que como sucede con el cosmos, no tiene fin, y donde pasados los años, muchos desde aquel primer cuento, sigo opinando de la misma manera. La magia de la escritura es total.
Creo que no tenía los ocho años cuando mis ojos se abrieron a otro nuevo mundo. La máquina de escribir. Sí. Os he hablado de mi impaciencia. Necesitaba terminar una cosa en cuanto podía para emprender una nueva y un día, no sé el motivo exacto, iba con una monja caminando por uno de los pasillos de las aulas y entró en una de ellas. De aquella clase surgía un sonido repetitivo y metálico provocado por unos objetos negros de metal que contenían las letras en unas teclas redondas  negras de metal. Estas teclas al ser golpeadas por un dedo terminado salían disparadas hacia arriba y aquella letra quedaba grabada en el papel. No me lo podía creer, aquellas chicas, porque era una de las actividades femeninas, eran capaces de escribir muy deprisa sin usar el lápiz o el bolígrafo. No os olvidéis que estamos hablando de los años 60 en un pequeño pueblo con raíces muy conservadoras donde hombres y mujeres eran diferentes, hasta el punto que niños y niñas no jugaban ni estudiaban juntos y en una gran mayoría, en la propia iglesia hombres y mujeres se sentaban en zonas diferentes. Pues bien, aquel aparato se quedó grabado en mi mente y cuando llegué a casa, se lo dije a mi madre.


Ella me explicó que se trataba de una máquina de escribir y que lo que hacía era dejar impreso a través de una cinta de tinta que golpeaba la tecla las letras deseadas. Y claro, la frase mágica fue cuando dijo: Lo que hace es que cuando uno aprende va más deprisa escribiendo que si lo hacemos a mano. Más deprisa, más deprisa, más deprisa. Sí, aquello era lo que necesitaba y quería aprender y llegó el drama. Yo no podía aprender a escribir a máquina, no porque fuera un chico, sino porque a mi edad tenía los dedos muy débiles para golpear con fuerza y sobre todo por la falta de vocabulario escrito. ¡Una mierda! Soy un cabezón y cada día al despertarme martirizaba a mi madre con que necesitaba aprender a escribir a máquina, durante las comidas, antes de ir a dormir, antes de asearme. A todas horas hasta que la mujer desesperada acudió donde las monjas y les imploró que al menos intentaran darme una clase, que seguro al ver que era muy complicado desistiría y que así todos contentos. La monja accedió y una tarde tras las horas lectivas mi madre me acompañó a aquella aula, que quedaba prácticamente frente a mi casa, nada más cruzar la carretera. Debo reconocer que los primeros días los dedos me dolían muchísimo, pero en ningún momento dejé de ir a una de aquellas clases y ante el asombro de la monja y de mi madre, en aquel primer curso, mi mente retuvo todo el mágico proceso de escribir a máquina sin mirar al teclado. Lo había conseguido. Ahora tendría que estudiar la forma de tener una de aquellas máquinas en mi casa.

P.D. La primera máquina es similar a la que mis dedos tocaron por primera vez y aprendí en ella, la segunda, es idéntica a la que mis padres me compraron un año por reyes.

El próximo capítulo tratará de mi primer premio por un cuento navideño.