DIGGER está dirigida por Alejandro González Iñárritu compartiendo guion con Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman. “Iñárritu nos ahoga en el cambio climático con una experiencia única y delirante”
Las primeras imágenes se
recrean en mostrarnos la belleza de la naturaleza desde diferentes ángulos: los
árboles de un bosque, los atardeceres o el agua como elemento de vida. Este
despliegue da paso a una excéntrica habitación en la que está tumbado sobre su
cama Digger Rockwell (Tom Cruise), quien descansa junto a su vieja gata,
un animal que ya no tiene fuerzas ni para comer. Se nos hace saber que Rockwell
es un magnate del petróleo, el hombre más poderoso del planeta después del
presidente de los Estados Unidos, Compson (John Goodman). El conflicto
estalla cuando Digger desata un desastre ecológico ocasionado por uno de sus
oleoductos y el presidente le ordena que solucione el caos que ha provocado.
Alejandro somete al
espectador a un viaje alucinógeno en su nave del absurdo. Un delirio que se
desborda a medida que transcurre el metraje y que logra hipnotizarte por las
imágenes y una banda sonora incómoda y desconcertante que altera por completo
nuestro sistema nervioso, obligándonos a no despegar la mirada de la pantalla.
Estamos ante una experiencia única que al público le costará digerir entre las
numerosas críticas sociales y políticas en torno al cambio climático y sus consecuencias; con un Tom Cruise
que nos sigue demostrando que es capaz de ejecutar cualquier proyecto, por
imposible que pueda parecer, y llevarlo a buen puerto. Tras este aperitivo,
continúo.
Tras este aperitivo, nos
adentramos en la propuesta visual de Iñárritu: una locura de contrastes
formales orquestados por la impecable fotografía del maestro Emmanuel
Lubezki. En esta obra no existe el engaño digital, pues la cinta fue rodada
íntegramente mediante el mítico sistema VistaVision en celuloide de 35 mm.
Lubezki juega al límite
claustrofóbico al navegar entre planos cerrados y distorsionados con ojo de pez
y una iluminación puramente artificial que simula interiores perpetuos mediante
techos de placas blancas de donde brota una luz potente, mientras que en otras
ocasiones, la fotografía se hace más opaca. El color se convierte en otra herramienta
narrativa mutante, apagándose hacia los grises, abrazando el blanco y negro
absoluto, o transformando este último de manera quirúrgica para insuflar color
únicamente a elementos específicos. Esto ocurre con el traje de Digger cuando
entra en el Senado, dejando claro quién es el protagonista ante tanta fiera
desatada en las gradas a las que tiene la convicción de amansar.
Esta, por llamarla de
alguna manera, loca estética no camina sola; lo secunda un apartado sonoro
brutal que asalta los tímpanos sin concesiones. El compositor Cosmo
Sheldrake confecciona una banda sonora con notas que funcionan como un
personaje hostil, una amalgama de ruidos de la naturaleza –aves, corrientes de
agua, crujidos de madera y otros difíciles de identificar, al menos en mi mente
que estaba intentando captar todo el espectáculo surrealista que se me estaba
ofreciendo–. El sonido es tan demoledor y continuo que, lejos de acompañar la
acción, parece querer tapar de forma deliberada parte de los intensos diálogos
de los actores, provocando una asfixia sensorial que nos coloca directamente en
la mente desquiciada de su protagonista: Rockwell.
Tras la tempestad
sensorial que propone su factura técnica, el verdadero impacto de la cinta lo
proporciona el corazón compuesto por su elenco actoral, con un Tom Cruise
que carga de principio a fin con todo el peso de la función. Es un trabajo
actoral que impresiona y desconcierta a partes iguales. Escuchando su interpretación
en versión original, Cruise logra transformar por completo su voz, con matices
más maduros, espesos y ásperos. Sus movimientos se vuelven pesados y grotescos,
y no porque quiera imitar la fragilidad de un anciano, sino porque el director
busca su degradación absoluta. El personaje de Rockwell es un ser cínico,
grosero, corrompido por el poder, déspota y un embaucador profesional; un registro
que sobrecoge estando acostumbrados a la imagen de héroe de acción que Hollywood
nos ha ofrecido de él y que él mismo ha cuidado hasta el último detalle.
Este descenso a los
infiernos de la decrepitud física se apoya en un trabajo de caracterización
salvaje. No me quiero imaginar las horas de maquillaje a las que estuvo
expuesto, pues este es de una potencia extrema, que no solo recae en Cruise,
sino sobre todo el reparto, aunque en menor medida. Lejos de ser un mero alarde
técnico, se intuye aquí una ácida crítica hacia esos empresarios, políticos y hasta
el mismísimo presidente para retratarlos como auténticos seres decadentes. En
el caso de Cruise, todo en él se vuelve ajeno; desde el cabello ralo hasta un
rostro envejecido y posturas corporales repulsivas.
Sin embargo, para quienes
nos gusta observar fijamente a la gente a los ojos para detectar lo que
realmente son, el engaño se vuelve fascinante. Por momentos, el actor no puede
disimular al titán que se esconde tras esos kilos de prótesis y, en otros instantes,
logra de forma magistral que su propia mirada se vuelva tan retorcida y
nauseabunda como el propio personaje que habita.
A esta soberbia entrega
interpretativa se le suma la audaz filigrana estructural con la que Iñárritu
decide armar el relato. Lejos de conformarse con una narrativa lineal al uso y
de presentarnos una pieza cargada de un fuerte onirismo, el director mexicano
decide jugar con las fronteras del metacine y del metateatro, construyendo un
sofisticado espejo donde la ficción se mira a sí misma sin llegar a desvelar
por completo los límites de lo real. Esta propuesta sumerge al público en un
auténtico sueño surrealista muy potente, potenciado por el uso de unos decorados
abarrotados y sobrecargados. Son espacios tan saturados, en su amplio abanico,
de elementos que no solo asfixian la puesta en escena, sino que subrayan la
profunda artificialidad de ese micromundo en el que se mueven los poderosos; una
atmósfera que va ganando en intensidad a medida que el final se acerca, hasta el
punto de que el espectador tiene que hacer un esfuerzo sobrehumano para que su
mente no se quede bloqueada. Con esta última obra, Alejandro ha cruzado una
línea muy peligrosa y apasionante a la vez. Al finalizar la proyección, y
mientras desfilaban los títulos de crédito, la sala permanecía en un mutismo
absoluto y sepulcral que duró hasta el abandono de la sala. Nadie sabía qué
decir; el golpe de efecto había sido demoledor, dejándonos a todos clavados en
la butaca con la mente exhausta y el cuerpo completamente descolocado. Reconozco
que hacía mucho que un filme no me dejaba en un estado de shock total y solo
brotando en mi mente la idea de que necesitaba tiempo para poder procesar lo visto
y vivido y realizar esta reseña que ahora os ofrezco.
Mi nota es: 8
Estreno en España: 2 de
octubre.
Reparto: Tom Cruise,
Sandra Hüller, John Goodman, Jesse Plemons, Riz Ahmed, Michael Stuhlbarg,
Sophie Wilde, Robert John Burke, Andreea Paduraru, Pip Torrens, Kenton Craig,
Ian Chance, Ewen Weatherburn, Aetheria Angel, John Polivka y Ágota Dunai.
Productora: Legendary
Pictures// Warner Bros. // M Productions// TC Productions// Alejandro González
Iñárritu// Tom Cruise.
Distribuidora en España:
Warner Bros. Pictures.
Filmografía: El
guionista, productor y director, Alejandro González Iñárritu, estudió
Comunicación en la Universidad Iberoamericana y fundó su propia productora Zeta
Films en 1991, dedicada a la realización de anuncios publicitarios y
cortometrajes. Debutó con el telefilme “Detrás del dinero” (1995), con el
cortometraje “El timbre” (1996) y el largometraje “Amores perros” (2000).
Cuenta con otros largometrajes como “21gramos” (2003), “Babel” (2006), “Biutiful”
(2010), Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (2014), “El renacido
(The Revenant)” (2015), “Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades” (2022)
y este año presenta “Digger” (2026). Los cortometrajes: “Polvorín” (2001),
“Detrás de Biutiful: Notas del director” (2011), “Naran Ja” (2012), “Carne y
arena” (2017). Los videoclips “Café Tacuba: Avientame” (2000) y los vídeos
“Nike: Escribe el futuro” (2010), “Yves Saint Laurent: El hombre libre” (2011),
“Procter&Gamble: Gracias, mamá-El mejor trabajo” (2012), “Ryuichi Sakamoto:
Tema principal de El Renacido (Edición de Alva Noto)” (2016) y el vídeo “Nike:
Air te mueve” (2018).





