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martes, 26 de mayo de 2026

EL DRAMA: CRÍTICA DE CINE

El Drama está escrita y dirigida por Kristoffer Borgli. “En ocasiones el pasado dinamita los cimientos del amor perfecto”

Emma Harwood (Zendaya), empleada de una librería, y Charlie Thompson (Robert Pattinson), trabajador en un museo, son una pareja joven que se ama y está a punto de dar el “sí quiero” ante su familia y  amigos. Sin embargo, durante una cena con la mejor amiga de Emma, Rachel  (Alana Haim), y su marido Mike (Mamoudou Athie), surge una charla sobre secretos inconfesables del pasado que pone a prueba su estabilidad. Tras conocerse las vivencias de Rachel, Mike y Charlie, llega el turno de Emma, quien revela un episodio que sacude los cimientos de la pareja y transforma para siempre su amistad con el otro matrimonio.

Los secretos de los personajes actúan como el detonante de una trama que se despliega en dos actos: por un lado, la preparación de una boda que, como un flan, se tambalea ante el peligro de desmoronarse en cualquier momento; por otro, el perverso juego de espejos que nos propone Borgli. El guion nos enfrenta a un dilema moral devastador: la confesión de Rachel, un acto de crueldad física y tangible, frente a la de Emma, un secreto que dispara un miedo psicológico mucho más profundo.

¿Qué es más censurable o qué nos asusta más: el daño causado por un error de juventud o la oscuridad latente que elegimos ignorar? El ingenio de Borgli no se limita a este dilema; nos atrapa en un suspense sostenido durante todo el metraje, manejando con maestría esos altibajos emocionales y planos de angustia que traza de manera admirable, siempre bañados por un humor negro y punzante. Es esa ironía marca inequívoca de la casa la que nos permite digerir la densidad del relato; Borgli tiene el don de hacernos reír justo cuando lo que estamos viendo debería, en realidad, aterrarnos y hacernos pensar. Tan astuto es el guion que frases que antes parecían inocentes, tras desvelarse los secretos, despiertan sonrisas heladas o carcajadas nerviosas.

Hay mucha hipocresía y cinismo en las páginas de esta romántica historia que presume de serlo pero, como tantas veces en la vida, no es oro todo lo que reluce. Aunque aquí el director de fotografía Arseni Khachaturan viste de gala cada plano con una luz suave, la realidad se rodea de la turbiedad del ser; de esa hipocresía y ese cinismo, que lo van impregnando todo hasta provocar que nuestra respiración se vuelva  lenta y pesada.

Estamos, por tanto, ante un inteligente drama psicológico cuyo peso emocional y fragilidad de los personajes sustentan dos grandes interpretaciones. Zendaya realiza aquí un ejercicio de contención magistral; su intrigante Emma no es una villana, sino un enigma que se resquebraja bajo el peso de una confesión que no busca el perdón, sino la liberación, sin ser consciente del incendio que provocará en su entorno más cercano. A su lado, Robert Pattinson vuelve a demostrar su capacidad para habitar la vulnerabilidad masculina; su Charlie es el espejo donde se refleja nuestro propio horror, transitando del amor incondicional a una desorientación existencial que hiela la sangre.

La química entre ambos es brutal y el paso emocional de un estado a otro, apabullante: primero luminoso y cómplice, en donde todo fluía con naturalidad como una de esas parejas perfectas y envidiadas, hasta tornar en una macabra danza de sombras en la cual cada silencio pesa más que las palabras y cada frase hiere sin aparente intención, pues la bruma que los envuelve no les deja ver la realidad del presente. Junto a ellos están Alana Haim y Mamoudou Athie, cuyos personajes tienen mucho que decir en la trama, completando este cuarteto de la infelicidad con una naturalidad que incomoda.

En definitiva, Kristoffer Borgli no solo nos regala una película técnicamente impecable, sino una autopsia moral de la honestidad. Bajo el paraguas de A24, el cineasta consolida ese estilo de historias potentes con un trasfondo psicológico incómodo, mientras los personajes entran en contienda con sus dudas, miedos y revelaciones. Borgli nos deja una pregunta que resuena más allá de los títulos de crédito: ¿es posible seguir amando a alguien tras asomarse al abismo de su verdadera naturaleza? Todo ello, mientras suenan las notas de la banda sonora de Daniel Pemberton, una partitura tan perturbadora como la propia película que os recomiendo desde este instante. Es una lástima que no haya podido desarrollar más estas líneas, pero no quiero caer en el error de desvelar el potencial de este brillante guion, sus magníficas interpretaciones y su elegante dirección.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 29 de mayo.

REPARTO: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie, YaYa, Michael Abbott Jr., Chase Breithoff, Sydney Lemmon, Hailey Gates, Jordyn Curet, Tierre Diaz, Matthew J McLaughlin, Echo Campbell, Mary Ann Schaub, Ineke Garbacz, Anastasiia Llich, Max Derderian, Casey McNeal, Legacy Jones, Jordan Raf, Charles Coan, Matt DiVito, Ian Dylan Hunt, Kayla Kohla, Mark Zecca, Peyton Jackson, Christopher C. James, Shawn Fogarty, Kara Curnane Joseph, Greer Cohen, Iona Yabut, Ricardo Wilkinson, Doria Bramante, Austin Fabre, Brian Savage, Matt Hayden, Amanda Alamanos, Eric Kahn, Courtney Hanna y Matthew Liptak.

PRODUCTORA: A24// Square Peg// Live Free or Die Films.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films España.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El director, editor y guionista, Kristoffer Borgli, posee una larga trayectoria en el cortometraje con obras como “Molo” y “Síndromes” (2011), “Lo que sea” (2013), “Famosos de Internet” (2014), “Un lugar que llamamos realidad” (2018),  “No es una fase” y “El perdedor” (2019), “Former Cult Member Hears Music for the First Time”, “El altruista” y “Suave” (2020), “Sí” (2021) y “Willem Dafoe” (2023). En el largometraje debutó con “DRIB” (2017) continuó con “Sick of Myself” (2022), “Dream Scenario” (2023) y este año nos ofrece “El drama” (2026).

lunes, 25 de mayo de 2026

THE MANDALORIAN and GROGU: CRÍTICA DE CINE

 

El Mandaloriano y Grogu está dirigida por Jon Favreau, quien comparte guion con Dave Filoni y Noah Kloor. El imperio ha caído y los señores de la guerra imperiales siguen dispersos por toda la galaxia. El mandaloriano y cazarrecompensas, Din Djarin (Pedro Pascal) junto a su aprendiz Grogu, son contratados para dar caza a estos fugitivos del imperio. Ward (Sigourney Weaver), la comandante de la Nueva República, encarga a Djarin encontrar al misterioso señor de la guerra y para ello se debe poner en contacto con los gemelos Hutt, hermanos y sucesores del fallecido señor del crimen Jabba. Estos se ofrecen a trabajar juntos con la condición de que rescaten a su heredero Rotta (Voz Jeremy Allen White) de un sindicato criminal dirigido por Lord Janu (Jonny Coyne). Djarin y Grogu aceptan la misión y con ella se verán sumergidos en una gran aventura en la que encontrar el camino no será sencillo.

El universo Star Wars continúa su incesante expansión. En esta ocasión, el Mandaloriano y su entrañable y carismático aprendiz, Grogu, saltan de la pequeña pantalla – donde la serie cautivó a audiencias de todas las edades – para intentar conquistar las grandes salas de cine. Unos días antes de enfrentarme a esta nueva entrega,  me asaltó esa incómoda pero inevitable pregunta que persigue a los grandes éxitos televisivos: ¿era realmente necesaria esta película? Se activó en mi interior esa dualidad, ese Yin-Yang mental al que nos enfrentamos en ocasiones los cinéfilos ante los grandes blockbusters, donde el escepticismo inicial lucha contra las ganas de dejarse sorprender.

Afortunadamente, la duda se despejó en los primeros minutos con una respuesta rotundamente positiva, porque la propuesta se deja disfrutar de principio a fin. Jon Favreau y su equipo ofrecen un entretenimiento cinematográfico puro y duro. Desde el prólogo, la dirección y el guion muestran sus cartas con total honestidad: menos diálogos innecesarios y mucha más acción de la que el espectador tanto anhela.

Más allá de la pirotecnia habitual, la cinta destaca por una deslumbrante riqueza visual que aprovecha cada rincón de la gran pantalla. El diseño de producción y los escenarios alcanzan su cénit en secuencias de puro espectáculo, como el imponente enfrentamiento en el foso contra la letal Serpiente Dragón blanca; un duelo físico cargado de tensión que Din Djarin debe librar bajo la atenta mirada de Grogu. Sin embargo, la gran sorpresa de la función radica en la construcción de los personajes secundarios, especialmente en la figura de Rotta el Hutt. A diferencia de la habitual pasividad de su especie – siempre tumbados y fumando esas shishas galácticas –,  este imponente gladiador se despliega con una agilidad y ferocidad brutales dentro de la arena de combate de Shakari. El verdadero acierto del guion es dotarlo de una profunda humanidad: la de un joven marcado por el desprecio familiar que huyó del hogar para forjarse su propio destino a golpes.

A partir de ese emotivo punto de inflexión, el guion firmado por Favreau, Filoni y Kloor pisa a fondo el acelerador. La trama se sumerge en una intrincada red de conspiraciones galácticas, falsas promesas de libertad y la fría ambición de Lord Janu, elementos que pondrán a prueba la resistencia física y moral de nuestros protagonistas, aunque parezca que lo tienen muy claro. El filme gana enteros al transformar estos dilemas éticos en secuencias de acción trepidantes, donde los combates dentro de la arena de Shakari destacan por unas coreografías físicas impecables. Es aquí donde la película demuestra que sabe jugar muy bien sus cartas: la necesidad mutua de supervivencia forzará alianzas inesperadas, manteniendo al espectador pegado a la butaca con los ojos bien abiertos para no perderse detalle, pues el ritmo no da tregua, equilibrando de forma notable el espectáculo visual con el factor humano.

En el plano interpretativo, la cinta se sostiene con firmeza gracias al impecable magnetismo de sus dos personajes de carne y hueso. La legendaria Sigourney Weaver impone su veteranía y autoridad como la comandante Ward, mientras que Pedro Pascal dota a Din Djarin de un temple heroico y una poderosa voz filtrada que traspasa el Beskar. Es en este instante cuando surge la duda de quién porta realmente el traje, pues como bien sabe el fan de la saga, debido al estricto credo del personaje, el rostro del mandaloriano no puede ser visto. Durante el metraje, si no me equivoco, son solo dos ocasiones en las que vemos el de Pascal.

No obstante, las mayores ovaciones se las llevan los personajes no humanos y animatrónicos. Aunque carezcan de rostro real, la profundidad dramática que muestra nuestro querido y entrañable Grogu es descomunal; gracias al soberbio trabajo de sus marionetistas, con su sola mirada, pequeños gestos y sus inflexiones en la voz, es capaz de adueñarse de la pantalla, convirtiéndose en el protagonista absoluto de la función. A su lado, la imponente expresividad del joven gladiador Rotta, la poderosa presencia física del carismático Zeb Orrelios, y la sobrecogedora calidad técnica y realismo con la que está construida la gran serpiente blanca demuestran que, cuando los efectos digitales y prácticos tienen alma, son capaces de igualar o superar el drama humano.

En el apartado puramente técnico, la película se beneficia de contar con artesanos  que conocen a la perfección el pulso de la saga. La fotografía, que corre a cargo de David Klein, exprime de forma soberbia cada centímetro de la gran pantalla, regalando una iluminación y unos encuadres espectaculares que elevan los paisajes y la épica de los combates muy por encima de lo visto en televisión. Coronando esta inmersión galáctica, la banda sonora del oscarizado Ludwig Göransson vuelve a ser un elemento indispensable; su música insufla esa perfecta atmósfera de “wéstern espacial” y su mítica partitura rítmica hace que los momentos más emotivos y las persecuciones ganen enteros en intensidad y épica dentro de la sala de cine, porque esta película, es para disfrutarla en una sala de cine.

En resumen, que me enrollo, esta pareja formada por el mandaloriano y Grogu es un entretenimiento honesto y sobresaliente que ha disipado todas las dudas que tenía sobre su necesidad. Logra expandir el universo con alma, un ritmo impecable y un derroche visual asombroso.

Este es el camino.

Mi nota es: 8

ESTRENO EN ESPAÑA: 21 de mayo.

REPARTO: Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Jonny Coyne, Hemky Madera, London Stubblelield, Matthew Willing, Brendan Wayne, Portia D. Harris, Christopher Alan Robinson, Evan Shafran y las voces de Steve Blum, Jeremy Allen White y Martin Scorsese.

PRODUCTORAS: Lucasfilm// Golem Creations// Ian Bryce Productions.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Walt Disney Pictures Spain.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El polifacético actor, guionista, director y productor, Jon Favreau, es sobradamente conocido por formar parte de dos grandes universos cinematográficos: Por una parte “Marvel” donde además de dirigir Iron Man, se le recuerda por su personaje de Happy Hogan, el chofer y asistente de Tony Stark y “Star Wars” con su serie televisiva de The Mandalorian.  Saltó a la gran pantalla con “Rudi” de David Anspaugh (1993) como actor y entre su extensa carrera como guionista, actor y productor, nos encontramos en la dirección con obras como: “Crimen desorganizado” (2001), “Elf” (2003),  Zathura: A Space Adventure” (2005),  “Iron Man (2008), “Iron Man2 (2010), “Cowboys & Aliens” (2011), “Chef” (2014),  “El libro de la Selva” (2016), “El rey león” (2019) y ahora nos presenta “The Mandalorian and Grogu” (2026). También cuenta con las series “The Mandalorian” (2019), “Mandalorian 2” (2020), “El libro de Boba Fett” (2021), “The Mandalorian 3” (2023) y “Oswald the Lucky Rabbit” (2026)  y para finalizar  las series documentales “The Chef Show” (2019) y “Galería Disney: Star Wars: The Mandalorian (2020).

viernes, 15 de mayo de 2026

HOKUM: CRITICA DE CINE

 

La coproducción entre Irlanda, Emiratos Árabes y Estados Unidos, Hokum está escrita y dirigida por Damian McCarthy.

Las primeras imágenes se mezclan con dos personajes caminando por un desierto: un hombre ataviado con un uniforme de la época de los conquistadores (Austin Amelio) y detrás de él un niño (Ezra Carlisle); con las de un escritor de nuestros tiempos, Ohm Bauman (Adam Scott), que está intentando escribir el epílogo de su trilogía literaria, Conquistador. Un golpe seco le saca de su concentración, viendo entre la oscuridad el rostro de su madre fallecida. Decide entonces emprender un viaje a un hotel rural en Irlanda, donde sus padres pasaron la luna de miel y de este modo cumplir el deseo de ellos de esparcir sus cenizas en los alrededores. En el hotel conocerá a su propietario Cob (Brendan Conroy), el recepcionista Mal (Peter Coonan), el jardinero Fergal (Michael Patric), la camarera Fiona (Florence Ordesh) y el botones Alby (Will O`Connell). Entre los lugareños, Ohm, conocerá a Jerry (David Wilmot), que vive en una furgoneta y tiene como costumbre tomar leche mezclara con setas alucinógenas.

En el bar del hotel, Fiona y Alby, en medio de una conversación sobre el lugar y el hotel, comentarán a Ohm que la suite nupcial está cerrada porque corren los rumores de que Cob encerró en ella a una poderosa bruja y que solo él tiene las llaves.

Lo primero que atrapa al espectador es su impecable puesta en escena, que abraza el estilo neogótico adaptado a la Irlanda rural. El director McCarthy, apoyado en la fotografía de Colm Hogan – que huye de los alardes visuales para mostrarnos una estética sucia y deliberadamente opaca –, busca la textura del abandono utilizando la oscuridad no como un vacío, sino como un personaje más. Los numerosos apliques de pared parecen exhalar una luz de gas mortecina, obligando al espectador a escudriñar entre una penumbra que parece manchar la pantalla, convirtiéndonos en cómplices de la paranoia del protagonista.

El hotel The Bilberry Woods se siente como un organismo vivo latiendo al ritmo de un corazón decadente; nada nuevo en el cine de terror, pero que en esta ocasión cuenta con efectos más inquietantes. Los pasillos estrechos y el ascensor no son meros lugares de paso, sino conductos de una tensión que se respira en cada encuadre.

Sin embargo, el elemento arquitectónico más perturbador es el montacargas. En un giro visual y narrativo asombroso, este aparato deja de ser un utensilio funcional para convertirse en un vehículo hacia lo que podríamos denominar el “inframundo”. Ese descenso físico al sótano simboliza la caída a los estratos más profundos de la culpa humana, un lugar donde el óxido, la humedad y lo espectral se mezclan para dar forma a los miedos que la luz del día se niega a aceptar. Todo ello envuelto en esos pasillos iluminados con alientos de luces que parecen a punto de apagarse, rompiendo aún más los esquemas de nuestro subconsciente más consciente.

En medio de este escenario claustrofóbico se encuentra Ohm Bauman, un escritor que no solo se enfrenta al folio en blanco de su epílogo, sino al vacío dejado por su madre. Bauman llega a The Bilberry Woods cargando literalmente con el peso de sus muertos en dos tubos, que contienen las cenizas; a través de un viaje que busca ser una despedida y termina siendo una autopsia de su propia psique. Scott interpreta con gran acierto esa frialdad del intelectual que usa la arrogancia como escudo, especialmente en sus tensas interacciones con el personal del hotel, para ocultar un trauma que lo tiene paralizado.

Es aquí donde la película se convierte en ese ejercicio de “espiar las culpas”. Ohm no es un visitante pasivo; es un hombre que, empujado por la atmósfera del lugar y el encuentro con personajes como Jerry – El lugareño cuyas “leches alucinógenas” actúan como la llave de una puerta que nunca debió abrirse –, se ve obligado a mirar por la cerradura de su propio pasado. La búsqueda del final para su trilogía Conquistador se entrelaza con la necesidad de resolver el nudo de su pasado: un trauma de la infancia que el hotel, como un espejo deformante, se encarga de proyectar en cada rincón oscuro, recordándose que hay secretos que no se pueden enterrar bajo las cenizas.

Damian demuestra una paciencia narrativa encomiable y nos arrastra con ella, alejándose del ritmo frenético del terror más convencional para apostar por un suspenso que se cuece a fuego lento, aunque pueda parecer irritante. Su dirección no busca el sobresalto gratuito – que los hay, os lo aseguro –, sino el de una duda constante en el espectador. A través de esos secundarios, a cada cual más inquietante y una dosificación precisa de la información, muchas veces velada, McCarthy nos plantea el gran dilema de Hokum: ¿Estamos ante una presencia ancestral o ante el colapso mental de un hombre drogado por la culpa y las setas alucinógenas?

Es una duda que el director estira hasta el último aliento, dejándonos pistas físicas que desafían nuestra lógica racional. Al final, nos puede quedar la sensación de que, como decía Jerry, el plano sobrenatural es real, pero solo visible para quienes se atreven a abrir sus mentes cerradas. Claro está que esta afirmación de Jerry, no comulgará con muchos espectadores, ante la duda de si existe un plano más elevado o inferior, más allá de lo tangible en nuestro espacio-tiempo.

En resumen, Hokum es una pieza rara, que lo es y fascinante, también; que se atreve a caminar por el filo de la navaja entre el drama psicológico y el horror folclórico. Aunque el protagonismo de Adam Scott es absoluto, no podemos olvidar el trabajo de unos secundarios donde destaco a Peter Coonan dando vida a Mal, cuya presencia encarna la maldad más terrenal y cobarde; a David Wilmon como Jerry o Will O´Connel como el botones Alby, que terminan de apuntalar un purgatorio donde nadie es inocente o sí; la última palabra la tiene siempre el espectador con el permiso del guionista y director.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 15 de mayo.

REPARTO: Adam Scott, Peter Coonan, David Wilmot, Florence Wilmot, Florence Ordesh, Michael Patric, Austin Amelio, Brendan Conroy, Will O`Connell, Ezra Carlisle, Mallory Adams y Siox C.

PRODUCTORAS: Cweature Geatures// Imagenation Abu Dhabi FZ// Neon Films// Spooky Pictures// Team Thrives// Waypoint Entertainment.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Beta Fiction Spain y Madfer Films.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Damian McCarthy estudió Producción de Cine y Televisión en el St. John`s College de Cork, graduándose en 2003 con honores en guion y dirección por la FETAC. Se inició en el cortometraje con “Escotilla” (2009), para continuar con “Muere al final” y “Nogal hambriento” ambas en (2010), “Nunca Jamás lo abras” (2011), “Grabaciones embrujada de Jeremy Dyson” (2012), “Cómo Olin perdió su ojo” (2013) y “Manos” (2017). En el largometraje debutó con “Advertencia” (2020) y ha continuado con “Oddity” (2024) y este año nos ofrece “HoKum) 2026.

jueves, 14 de mayo de 2026

JUGADA MAESTRA: CRÍTICA DE CINE

 

La coproducción entre Reino Unido y Francia, Jugada Maestra, que está escrita y dirigida por John Patton Ford, nos presenta a Becket Redfellow (Glen Powell) en una situación límite: conversando con el padre Morris (Adrian Lukis) sobre los motivos que lo han llevado al corredor de la muerte. Su historia se inicia con su madre, Mary Redfellow (Nell Williams), quien fue repudiada por su adinerada estirpe al decidir tener al hijo que llevaba en su vientre. Pese al abandono familiar, Becket recibe una educación exquisita, convirtiéndose en un joven culto, pianista y experto arquero.

Tras la muerte de su madre y bajo la promesa de reclamar la vida que “merece”, Becket inicia una metódica y letal escalada hacia la herencia familiar, al ser de nuevo rechazado por su abuelo Whitelaw Redfellow (Ed Harris). Con frialdad y elegancia, comienza a eliminar a sus parientes: desde su primo Taylor (Ley Raff), arrojado al mar con un ancla en el pie, hasta el fotógrafo Noah (Zach Woods), cuyos productos de revelado acaban siendo “misteriosamente” letales. Mientras “poda” el árbol genealógico, Becket se infiltra en el corazón del imperio financiero de su tío Warren (Bill Camp), que le ofrece el puesto de Taylor. ¿Logrará el éxito antes de que su jugada maestra sea descubierta?

Jugada Maestra se consolida como una de las sorpresas más refrescantes de la temporada al recuperar el espíritu de la comedia negra más sofisticada. No se limita a ser un thriller de venganza al uso, sino que se despliega como una sátira social y punzante que disecciona con elegancia los privilegios de clase. Para ello, descarga todo el peso sobre los hombros de un Glen Powell magnético, quien dota a su Becket del equilibrio perfecto entre el saber estar y su refinada maldad. Becket no es un asesino común, sino un estratega que utiliza su exquisita educación como el arma definitiva contra el linaje que lo repudió. Junto a él, las dos mujeres que le llevarán de cabeza, su novia Ruth (Jessica Henwick) y Julia (Margaret Qualley), su amiga de la infancia. Este trío bien o mal avenido, según se mire, bordan sus personajes junto al magnífico elenco de secundarios. El guion brilla por su precisión, regalando diálogos afilados que funcionan como estocadas y situaciones de lo más surrealistas, especialmente cuando la trama gira hacia las traiciones cruzadas.

La película te atrapa y despierta carcajadas con cada una de esas “podas” del “querido” árbol genealógico de Becket, en un ejercicio de justicia poética visualmente impecable, donde el contraste entre los entornos lujosos y la aniquilación metódica subrayan lo absurdo de esa aristocracia deshumanizada y cínica. Apoyada en unos secundarios de lujo que encarnan a la perfección la excentricidad del poder, la obra logra que el espectador se convierta en cómplice del protagonista, ofreciendo un entretenimiento inteligente que demuestra que la verdadera barbarie a menudo, viste de etiqueta. Es, en definitiva, una propuesta implacable en su ritmo y mordaz en su mensaje; una verdadera lección de estilo que cumple con creces la promesa de su título y que el propio espectador agradece no verse manchado de sangre, como en tantos filmes de muertes, con poca clase.

En definitiva, Jugada Maestra se erige como una pequeña y elegante pieza de orfebrería cinematográfica que se disfruta fotograma a fotograma, donde la puesta en escena, junto a la cuidada banda sonora de Emile Mosseri, subraya con ironía cada uno de los pecados de la estirpe Redfellow. Ford no solo nos regala un ejercicio de estilo vibrante, sino que logra que nos deleitemos con el ascenso de este amoral protagonista, convirtiendo la pantalla en un espejo de nuestras propias contradicciones sociales. Es una propuesta imprescindible para quienes recordamos obras como Puñales por la espalda; una cinta que demuestra que el cine de género aún puede ser una de las bellas artes. Sin duda, una jugada bien diseñada.

Mi nota es: 7

REPARTO: Glen Powell, Margaret Qualley, Ed Harris, Jessica Henwick, Zach Woods, Raff Law, Topher Grace, Bill Camp, James Frecheville, Nell Williams, Sean Michael, Martin Munro, Ethan Saunders, Steve Marc, Andre Jacobs, Loulou Taylor, Robert Hobbs, Bianca Amato, Gabe Gabriel, Maggie Toomey, Grady Wilson, Roxanne Prentice, David Chevers, Motsi Tekateka, Natasha Mayet y Nathan Roberts.

PRODUCTURA: Blueprint Pictures// Studiocanal.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films España.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR:  El guionista y director, John Patton Ford, asistió a la Universidad de Carolina del Sur y posee una Maestría en Bellas Artes (American Film Institute). Comenzó dirigiendo comerciales y videos musicales. Debutó con el cortometraje “Patrulla” (2010) y en el largometraje con “Emily la estafadora” (2022) y este año nos presenta “Jugada maestra” (2026)

martes, 12 de mayo de 2026

MOVIDA CELESTIAL: CRÍTICA DE CINE

 

Movida Celestial está escrita y dirigida por Aziz Ansari. En ella Gabriel (Keanu Reeves) es un ángel con una misión tediosamente moderna: evitar que los conductores sufran accidentes por el uso del móvil al volante. Uno de esos conductores es Arj (Aziz Ansari), cuya situación despierta en el ángel una curiosidad casi humana. Gabriel descubre, a pie de calle, que Arj sobrevive en la precariedad, saltando de un empleo temporal a otro mientras suspira por Elena (Keke Palmer), su compañera en una ferretería.

El destino cruza a Arj con Jeff (Seth Rogen), un millonario tecnológico que lo contrata como asistente. Sin embargo, un error provocado por la tentación – El uso indebido de una tarjeta de empresa para una cena de lujo – termina en un despido fulminante. Es en ese momento de “injusticia justificada” cuando Gabriel decide intervenir y cruzar sus destinos, intercambiando sus vidas por completo. Si bien la intervención del ángel es noble, las consecuencias de jugar a la justicia social sobre el terreno no serán, ni de lejos, celestiales.

En esta ocasión Keanu cambia las armas por las alas, o lo que es lo mismo, abandona la dura vida de un sicario como John Wick por la altruista de un ángel, aunque el resultado con su primera decisión resulte bastante más caótica  que divina. Ansari utiliza la figura de Gabriel no para darnos un sermón místico, sino para poner frente al espejo las costuras de nuestro sistema, especialmente en un país como Estados Unidos que sirve de reflejo a otros del llamado primer mundo. La película disecciona esa brecha abismal entre el “currito” Arj, que sobrevive en la economía de los trabajos basura, y el exceso obsceno de un Jeff que, desde su opulencia, ignora lo que sufre gran parte de la población por subsistir. Al intercambiar sus vidas, la cinta deja de ser una simple comedia de enredos para convertirse en una mordaz reflexión: ¿el dinero realmente nos cambia, o solo amplifica lo que ya somos? Una vuelta de tuerca a la eterna duda de si el dinero realmente da la felicidad o si, simplemente, te permite elegir tus propias desgracias.

La genialidad de Ansari reside en despojar a lo divino de su misticismo para convertirlo en una extensión de nuestra propia estructural laboral. El cielo no se ve, pero se siente a través de esos ángeles apostados en azoteas, cornisas y otros espacios; ejerciendo sus trabajos con la misma rutina de quien ficha en una oficina. Es en una de estas azoteas donde Martha (Sandra Oh), la jefa de Gabriel, le arrebata las alas convirtiéndole en humano. Este “despido laboral” obliga al personaje a adaptarse a la Tierra como un mortal más, aprendiendo a lidiar con la cotidianidad: trabajar, comer, fumar o placeres como el baile – que no se le da nada mal -, mientras intenta resolver el entuerto que ha provocado.

Si algo logra Aziz Ansari, es crear personajes cargados de humanidad y franqueza, con sus virtudes, defectos, miedos y sueños. “Movida Celestial” nos brinda excelentes interpretaciones que se disfrutan por su naturalidad. Aziz se reserva el personaje más jugoso, a mi modo de ver: su Arj es un currante de los que nos podemos encontrar a la vuelta de la esquina, un hombre que se enamora a primera vista y que, inicialmente, está convencido de que el dinero es la solución a todos sus males, aunque pronto comprenderá que el verdadero amor se conquista con el corazón y no con la cuenta corriente.

En este ecosistema de personajes tan mundanos, el contrapunto perfecto lo pone Seth Rogen (con quien ya disfrutamos de su Matt Remick en la serie The Studio). En esta ocasión recibe el personaje más “canalla” y despreocupado; su Jeff es la encarnación del privilegio, un tipo que no es necesariamente malvado, pero cuya desconexión con la realidad lo vuelve peligrosamente egoísta. Cerrando el trío, que no el cuarteto, nos topamos con un Keanu Reeves colmado de matices. Su Gabriel es el corazón de la historia, moviéndose entre la solemnidad de un ser eterno y la vulnerabilidad de un aprendiz terrenal. Resulta fascinante y muy divertido ver cómo Reeves o debería decir Gabriel, abraza su “castigo” con una curiosidad casi infantil. El guion nos regala momentos impagables en su transición a la humanidad, como la escena que mantiene con Jeff en una hamburguesería, dormir en el coche junto a Arj o verle con un uniforme de pinche de cocina fumando en la calle en su tiempo libre.

Finalmente, completando el cuarteto, está ella: el gran amor de Arj, Elena, interpretada por Keke Palmer, una mujer con un sueño claro: ser sindicalista para defender a sus compañeros. Palmer construye un personaje realista, honesto y profundamente político, aportando la sensibilidad necesaria para recordarnos que, a veces, la dignidad es lo único que no se puede intercambiar.

La película cuenta con un excelente guion, con frases incisivas que penetran como dardos en la mente hasta tocar las fibras que el director, guionista, productor y actor ha buscado, creando esta delirante y extravagante comedia con la que disfrutas y reflexionas, a partes iguales, sobre lo que verdaderamente nos hace felices.

Mi nota es: 7,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 15 de mayo.

REPARTO: Aziz Ansari, Seth Rogen, Keanu Reeves, Keke Palmer, Sandra Oh, Joe Anoa´i, Cari Shayne, Olivia Summers, Evan Shafran, Erik Estrada Loaiza, Stephan Henderson, Ricky Guillart y Tiana Bes.

PRODUCTORAS: Lionsgate//  Oh Brudder Productions.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Vértice Cine.

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: El actor, guionista, comediante y director, Aziz Ansari, estudió en la Academia Marlboro en Bennetsville, en la Escuela de Ciencias y Matemáticas de Gobernador de Carolina del Sur y se graduó en la Universidad de Nueva York, en la Escuela de Negocios Stern con especialización en negocios. Ha trabajado en numerosas piezas de televisión y cine principalmente como actor y humorista. Debutó en la dirección con el mediometraje para televisión “Aziz Ansari live in Madison Square Garden” 2015 continuando con capítulos para series como “Master of None” 2015, “Master of None presenta: Momentos de amor” 2021 y ahora debuta en la dirección con “Movida celestial” 2026. También cuenta con el mediometraje para televisión “Aziz Ansari: Nightclub Comedian” 2022.

lunes, 11 de mayo de 2026

UN HIJO: CRITICA DE CINE

 

La coproducción entre España y Portugal, Un hijo, supone el debut en el largometraje de ficción de Nacho La Casa, quien comparte guion con Juan Apolo para adaptar la premiada novela de Alejandro Palomas. “La magia como último refugio”

La historia nos presenta a Guille (Ian Cortegoso), un niño de 8 años cuya madre, azafata de vuelo, se despide de él por unos días dejándolo al cuidado de su padre, Manuel (Hugo Silva), que demuestra tener un fuerte temperamento.

En el colegio, ante la clásica pregunta de qué quieres ser de mayor, Guille  sorprende al afirmar que desea ser Mary Poppins. Lo que para sus compañeros es motivo de burla, para el profesor Roberto (Jesús Carroza) y la psicóloga (Macarena García) se convierte en un enigma a descifrar,  pues el niño explica que quiere ser como ella porque puede volar, pero para ello hay que decir la palabra mágica: Supercalifragilisticoespialidoso.

Es aquí donde la narrativa alza el vuelo: el duelo se refugia en la magia, transformando un deseo infantil en un mecanismo de supervivencia y protección. Sin embargo, la fragilidad de la pérdida a una edad tan temprana abrasa al espectador desde la butaca mientras este intenta dilucidar lo que esconde Manuel con tanto celo, recordándonos que, a veces, la fantasía no es un juego, sino la única forma de soportar una realidad que se ha roto en mil pedazos y que los mayores no llegan a comprender.

Ese enigma se materializa en los dibujos que Guille realiza – aquello de lo que no puede hablar directamente, pero desea que se conozca –, como el dibujar siempre una lavadora, testimonio de su angustiosa rutina doméstica: lavar él mismo cada mañana sus sábanas mojadas durante la noche antes de que su padre se despierte. Desde el reflejo de su padre que llora frente al monitor hasta el rastro de pipí en la cama; todo son trazos y acciones cargados de un simbolismo que la psicóloga deberá descodificar. A través de ellos, la película nos sumerge en una atmósfera de suspense emocional donde cada color, cada línea y cada hábito desvelarán el grito de auxilio silencioso de un pequeño que habita un hogar donde la vida parece haberse detenido.

Me sigo reafirmando en que los niños son los mejores actores del mundo y no es momento para enumerar grandes estrellas siendo tan pequeños, pero una vez más así sucede. El éxito de esta dramática historia descansa sobre los hombros del joven Ian Cortegoso, pues su trabajo es, sencillamente, una revelación que nos aplasta con sus miradas, el tono en las palabras y los gestos que nos desarman. Ian no interpreta a Guille, habita su soledad. Es capaz de sostener primeros planos donde su mirada, cargada de una madurez temprana y dolorosa, nos cuenta todo lo que el guion calla. Lo más impresionante, desde mi punto de vista, es la contención: esa capacidad de transmitir el amor que profesa a su padre, mientras este está roto por dentro. Logra que su obsesión por Mary Poppins no parezca un capricho, sino un acto de heroísmo urgente, convirtiendo cada gesto, en una lección de amor puro que desarma al espectador; como sus encuentros con la mujer del autobús, a la que va relatando todo aquello que el director se priva de mostrar en imágenes.

Frente a la luz de Guille encontramos la aspereza de Manuel. Hugo Silva realiza un trabajo valiente al encarar a un padre atrapado en una masculinidad quizás heredada; ese hombre que, a ojos del público, puede parecer frío o incluso machista al intentar forjar a un hijo “fuerte” a través del rugby o prohibiéndole llorar. Resulta especialmente revelador el instante en que, hablando con la psicóloga, hace el gesto de las comillas con los dedos al decir que sabe que su hijo es “especial”, un gesto que delata su incapacidad para comprender el mundo interior de Guille. Sin embargo, tras esa coraza de temperamento volátil, se intuye a un hombre amoroso pero aterrado, que intenta blindar a su pequeño contra el sufrimiento sin entender que es precisamente esa falta de sensibilidad compartida, lo que los está distanciando. Silva logra transmitir la desesperación de quien no sabe cómo pedir ayuda mientras ve cómo su mundo se rompe en mil pedazos, ante la ausencia de su mujer.

Pero la narración, que va creciendo en intensidad a medida que el filme avanza, no se detiene en lo doméstico, sino que se expande a través de personajes como Roberto y la psicóloga, quienes actúan como testigos y guías de un drama infantil que el padre se niega a aceptar. Manuel no solo lucha contra la pérdida, sino contra el propio comportamiento de su hijo, quien evita los juegos rudos prefiriendo recoger flores con una amiga o llevar un gorro que le regaló Mary Poppins. Mientras Jesús Carroza aporta una calidez humana que nos abraza, Macarena García logra transmitir esa mezcla de profesionalidad y angustia necesaria ante el reto de descodificar el simbolismo de los dibujos. Son ellos los primeros en comprender que el niño está atrapado en un duelo silencioso y rodeado por una sociedad que aún no está preparada para entender el maravilloso mundo de la mente de un infante, la cual se debe cimentar con amor y, sobre todo, sabiendo escuchar.

Detrás de esta delicada pieza se encuentra Nacho LaCasa, quien debuta en el largometraje con una elegancia narrativa y visual encomiable. Su mayor acierto es el uso del fuera de campo cinematográfico: el director decide, de forma inteligente, privarnos de las escenas de violencia física o dialéctica o el dilatarlas en el tiempo, permitiendo que sea la mirada y la palabra de Guille – relatándoselo a señora del autobús, cuya identidad descubriréis al final – las que nos cuenten el conflicto. Al ocultar lo evidente la película gana en profundidad y respeto hacia su protagonista. “Un hijo” no busca un golpe de efecto, aunque los haya, sino la comprensión del alma; es un claro ejercicio de estilo en el cual el silencio y lo sugerido son mucho más ensordecedores que cualquier grito, aunque también existan. Una ópera prima que nos recuerda que la magia no es solo un truco de cine o de prestidigitador, sino, a veces, la única tabla de salvación para un corazón roto.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 15 de mayo.

REPARTO: Macarena García, Hugo Silva, Ian Cortegoso, Jesús Carroza, Javier Aguayo, Chema del Barco, Silvia Larrauri, Daniel Mantero, Esther Noya, Tania Watson y Eva Tirado.

PRODUCTORA: Capitán Araña// Guion Alto// Veleta Films AIE// Vicinema// RTVE// Movistar Plus+// Canal Sur.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Filmax.

lunes, 4 de mayo de 2026

LAS OVEJAS DETECTIVES: CRÍTICA DE CINE

Las ovejas detectives, una coproducción entre Reino Unido y Estados Unidos, está dirigida por Kyle Balda bajo un guion adaptado por Craig Mazin. “La necesidad de recordar para no olvidar a quienes se fueron”

George Hardy (Hugh Jackman) es un pastor que vive por y para su rebaño, a cuyas integrantes las ha ido nombrado según lo que sus ojos le transmitían. Al caer la tarde, George se sienta frente a su caravana para relatarles novelas policiacas; está convencido de que no le entienden, pero ellas son lo que más ama junto a su hija Rebecca (Molly Gordon), a quien escribe cartas soñando con su pronto regreso. Mientras tanto, el joven periodista Elliot (Nicholas Galitzine) llega al pueblo para cubrir la feria local.

Una noche de tormenta, George aparece muerto en extrañas circunstancias. Ante la inoperancia del policía local, Tim Derry (Nicholas Braun), la oveja Lily (Voz de Julia Louis-Dreyfus), quien siempre lograba descubrir al asesino en los relatos de George, decide tomar las riendas. Con valentía e ingenio, Lily anima al rebaño a iniciar su propia investigación para resolver el misterio de la muerte de su pastor.

No estamos ante una comedia más, ni una inusual obra detectivesca de personajes variopintos que conforman el paisaje humano. Tampoco ante un drama, aunque las sombras que lo recorren den pie a ello. Estamos ante una encantadora historia rural para grandes y pequeños, con un guion aparentemente tan blanco como las suaves nubes en una tarde de verano y mensajes tan directos, que calan sin esfuerzo. En este pueblo la naturalidad es tal, que aceptamos de inmediato el pacto mágico: que las ovejas hablen entre ellas y que decidan ser ellas quienes busquen justicia ante la torpeza policial.

El filme despliega un ingenioso abanico de situaciones cómicas que rodea a este extraño equipo de detectives lanudos. Como si de una obra de Agatha Christie se tratara, las ovejas observarán y escucharán cada conversación o los interrogatorios que el inexperto Tim realiza al carnicero, la posadera, el reverendo, el vecino granjero o la propia hija del fallecido, buscando razones oscuras tras un acto tan vil. Sin embargo, la verdadera genialidad del filme no reside únicamente en este drama humano, sino en el complejo microcosmos del rebaño.

Lejos de ser un grupo uniforme, las ovejas viven marcadas por un sistema de castas implacable: las nacidas en “verano” y las nacidas en “invierno”, siendo estas últimas las rechazadas, parias condenadas a la soledad. Esa exclusión se personifica en dos figuras claves: El carnero proscrito que protege al grupo desde la montaña y un entrañable corderito al que todos ignoran. Es aquí donde el guion de Mazin se convierte en un dardo afilado que se clava en la diana de los prejuicios. Es en esta subtrama animal donde reside el mayor peso emocional, recordándonos que el desprecio puede nacer incluso en los lugares más inesperados.

Otro de los grandes aciertos de la cinta es la inteligente puesta en escena de Kyle Balda, con ese toque teatralizado que se sustenta en la impecable fotografía de George Steel. La cámara juega constantemente con el foco narrativo: la película no se limita a dejar a las ovejas en un segundo plano, sino que a menudo el encuadre subvierte las prioridades. Un claro ejemplo de ello sucede cuando, mientras los humanos discuten en el interior de una estancia o realizan determinadas actividades, la atención se traslada hacia el exterior, donde el rebaño despliega una coreografía casi militar. Momentos como el espionaje a través de las ventanas, con las ovejas ingeniándoselas para lograr su objetivo, despiertan carcajadas. Esta dualidad visual convierte al espectador en un cómplice activo, otorgando mayor peso a la acción silenciosa y bien estudiada de las ovejas que a la verborrea de unos sospechosos que ignoran que están siendo vigilados por el propio paisaje.

Si bien las ovejas son el corazón y el alma de toda la película, el elenco humano dota de una veracidad sorprendente al relato. Hugh Jackman realiza un trabajo excepcional: su voz en off durante la primera media hora establece una conexión íntima con el espectador al explicar cómo el nombre de cada oveja nació de lo que sus ojos le transmitían. El revelar que Lily es su favorita, construye un vínculo sagrado que trasciende la muerte a través de los flashbacks, mientras las cartas de su hija nos hacen cómplices de su esperanza. Emma Thompson está maravillosamente divertida, con ese toque de sobriedad que su personaje exige y Nicholas Braun aporta el contrapunto cómico ideal como el policía inexperto, mientras que el resto del reparto se integra con naturalidad en sus personajes. A todo ello se suma la juguetona banda sonora de Heitor Pereira, cuya partitura combina temas conocidos con ritmos que subrayan perfectamente la intriga y la comicidad de esta aventura lanuda. En definitiva, un reparto y una producción técnica que cumple sobradamente dándonos una pequeña joya que supera todas las expectativas.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 8 de mayo.

REPARTO: Hugh Jackman, Emma Thompson, Nicholas Braun, Nicholas Galitzine, Molly Gordon, Hong Chau, Kobna Holdbrook-Smith, Tosin Cole, Conleth Hill y Mandeep Dhillon. Las voces de: Bryan Cranston, Julia Louis-Dreyfus, Chris O`Dowd, Regina Hall, Patrick Stewart, Bella Ramsey, Rhys Darby y Brett Goldstein.

PRODUCTORA: Working Title Films// Lord Miller// Amazon MGM Studios// Three Strange Angels.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: SONY PICTURES RELEASING de ESPAÑA.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El animador y director de cine, Kyle Balda, se graduó en 1993 en el Instituto de las Artes de California (CalArts). Debutó con los cortometrajes “Día de orientación”,  “Remodelación del hogar” y “Banana” todas en (2010). En el largometraje debutó  junto a Chris Renaud con “El Lórax en busca de la trúfula perdida” (2012) y en solitario con “Minions” (2015), “Mi villano favorito 3” (2017), “Minions: Nace un villano” (2022) y “Las ovejas detectives (2026). Cuenta también con los videos: “Mi villano favorito: Las locuras de los Minions” (2010), “¡Vagón Ho!, “Serenata”, “Fuerzas de la naturaleza” en (2012),  “Competencia” (2015), “Weenie” (2016)

miércoles, 29 de abril de 2026

LA PLAGA: CRÍTICA DE CINE

La coproducción entre Australia, Emiratos Árabes, Estados Unidos y Rumanía, La Plaga, está escrita y dirigida por Charlie Polinger. “Cuando el contagio es la crueldad y el grupo la enfermedad”.

Ben (Everett Blunck) es un estudiante de secundaria de 12 años, introvertido y ansioso, que asiste a un campamento de verano de waterpolo tras mudarse desde Boston. El campamento está dirigido por el entrenador apodado “Daddy Wags” (Joel Edgerton). Ben desea ser aceptado en el grupo y para ello busca la amistad de su líder, Jake (Kayo Martin), un carismático y astuto manipulador psicológico. En el lado opuesto se encuentra Eli (Kenny Rasmussen), el rechazado del grupo, a quien estigmatizan afirmando que padece una enfermedad contagiosa que, en realidad,  no es más que una afección cutánea. Mientras Ben ansía encajar, con cierta desesperación, descubre las verdaderas intenciones que esconde la perversa mente de Jake.

Polinger, conocido por su estilo visceral, firma un  drama psicológico adolescente sobre el bullying con escenas de gran impacto visual. Un ejercicio con el que es muy difícil no sentirse incómodo, pues tanto la trama como la atmósfera lograda dejan al espectador en un silencio sepulcral. En esta ocasión, el terror no proviene de la supuesta enfermedad de Eli, sino que reside en la mentalidad de colmena del grupo. Es la deshumanización y la crueldad, reflejadas en esa sonrisa malévola e inteligente que desprende Jake, artífice del verdadero virus que contagia a los demás, incluido Ben; todo ante el temor a ser la siguiente víctima por su condición de novato.

Pocas cosas provocan tanto pavor como la pérdida de la inocencia de un niño, adulterada y transformada en agresividad, bien sea física o psicológica. Se entiende fácilmente en la mirada de Ben, que se opaca conforme comprende que para sobrevivir en el universo creado por Jake, debe ocultar sus sentimientos y emociones. Las miradas que dedica a Eli de compasión, el ayudarle con la aplicación de la crema en la espalda a escondidas de los demás, la bronca que le echa para que despierte de su letargo y se haga valer, demuestran su nobleza; pero Ben dejará al niño que disfruta en la piscina jugando y entrenando con sus compañeros, para transformarse en un paladín en las sombras, aunque sea consciente de que la batalla es imposible de ganar, si Eli no pone de su parte. En La Plaga, el acoso no es un evento aislado, sino un rito de iniciación oscuro. La narración nos obliga a mirar de frente una cruda realidad: el sacrificio de la empatía en aras de la aceptación en el grupo.

En cuanto a las interpretaciones, los niños siguen demostrando su innata capacidad para que sus actuaciones resulten creíbles gracias a su espontaneidad. Aunque hay que reconocer las brillantes actuaciones de todo el grupo, destaco a los que considero que llevan la voz cantante: Everett Blunck realiza un trabajo excepcional con su personaje de Ben, transmitiendo, a través de un inquietante lenguaje corporal, el conflicto interno que vive entre la elección de lo justo frente a lo injusto, aunque lo injusto le beneficie. Kayo Martin logra angustiar y despertar desprecio por su personaje de Jake mediante ese grado de maldad que expresa con sus miradas, silencios y, lo más perturbador, su sonrisa. Cerrando el trío, Kenny Rasmussen en su papel de Eli, ofrece la interpretación más física y desgarradora; encarna la vulnerabilidad absoluta y la autolesión consentida. Él representa las consecuencias de ese juego que deja de serlo cuando una vida está en peligro. Para finalizar, cabe destacar a Joel Edgerton como el entrenador, quien ofrece una interpretación contenida personificando la negligencia institucional disfrazada de camarería. Es el reflejo de esos adultos que miran hacia otro lado cuando su misión real es custodiar a los más indefensos.

Resumiendo, La Plaga es una película angustiosa, incómoda, donde el drama psicológico penetra como agujas, pues si la vulnerabilidad en el ser es delicada, aún más resulta en la adolescencia. Por si no fuera suficiente esta exposición descarnada, Charlie Polinger nos presenta a sus personajes con prácticamente una única prenda: el bañador, elevando aún más ese estado vulnerable. Cuenta con una fotografía asfixiante de Steven Breckon, con planos que llegan a estremecer y espacios vacíos que provocan desasosiego y potenciada por la alarmante banda sonora de Johan Lenox.

Mi nota es: 7

ESTRENO EN ESPAÑA: 30 de abril.

REPARTO: Everett Blunck, Joel Edgerton, Kenny Rasmussen, Elliott Hefernan, Kayo Martin, Lucas Adler, Kolton Lee y Caden Burris.

PRODUCTORA: Spooky Pictures// Imagenation Abu Dhabi FZ// The Space Program.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: YouPlanet Pictures.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El director de teatro y cine Charlie Polinger, graduado en la Universidad de Yale, cuenta en su haber con los cortometrajes “Austin” (2013), “Muckland” (2015), “Tempo” (2016), “Krujeniye” (2017), “Sauna” y “A Place to Stay” (ambas en 2018) y “Fuck Me, Richard” (2023). En el largometraje debuta con “The Plague” (2025).

martes, 21 de abril de 2026

TURNO DE NOCHE: CRITICA DE CINE

 

La coproducción entre Estados Unidos, Francia y Reino Unido, Turno de noche, aterriza en nuestras pantallas bajo la dirección de Jonny Campbell y con guion de David Koepp, quien adapta su propia novela. La premisa, que arranca con un pie en la historia real y el otro en el delirio absoluto, nos sitúa en 1979: la estación espacial Skylab es desmantelada mediante reentrada atmosférica, pero un tanque de oxígeno sobrevive al impacto en Australia Occidental. Lo que empieza como una nueva fuente de ingresos para un agricultor local, construyendo un museo a su alrededor, termina siendo el epicentro de una pesadilla de hongos alienígenas.

Tras un prólogo ambientado en 2007 donde la bioquímica Dra. Hero Martins (Sosie Bacon) descubre que el hongo que viajaba en el tanque ha mutado hasta volverse letal y corrosivo, la acción salta a la actualidad. Lo que antes era una bóveda de seguridad del Pentágono en Kansas es ahora una planta de trasteros de alquiler. Un giro del destino y de gestión inmobiliaria que despierta al organismo cuando el sistema de refrigeración falla por un aumento de temperatura. Es aquí donde Liam Neeson, en su línea de “héroe cansado”, aporta ese carisma que te hace perdonar cualquier agujero en el guion, que por cierto, tiene unos cuantos. Su personaje, Robert Quinn, es el sello de garantía de que, aunque lo que estés viendo sea una mamarrachada, va a ser entretenida.

Todo el peso de la acción recae en los guardias nocturnos, Travis (Joe Keery) y Naomi (Georgina Campbell), cuya química recuerda a los mejores momentos del cine de género de los 80. Keery explota ese aire despreocupado, a la vez que precavido por su estado de libertad condicional, mientras Campbell aporta la sensatez necesaria antes de que todo estalle con la llegada de Mary Rooney (Vanessa Redgrave), una abuelita de armas tomar. El espectador, desde el primer momento, empatiza con la pareja protagonista, esperando que nada les suceda. ¿Lo lograrán?

Lo que destaca de Turno de noche es que no tiene la más mínima intención de tomarse en serio. Es una comedia negra negrísima con un terror predecible bajo una dirección alocada que no da tregua. El guion es un disparo continuo de situaciones surrealistas: desde una Vanessa Redgrave sacando una pistola de una bota vieja hasta el sonido de la alarma de una bóveda en un antiguo almacén militar, pasando por un gato zombi que se empala a sí mismo, un ciervo poseído que toma un ascensor, una banda de moteros contrabandistas que irrumpe para llevarse un botín de televisores o la llegada inesperada del exnovio de Naomi, que también entrará a formar parte de este juego descabellado.

Desde el inicio, la película se siente como un homenaje a las cintas de serie B de las sesiones golfas o las que llegaban directas a los videoclubs. No pretende ganar premios; su hábitat natural es el público que disfruta de la casquería, el gore gamberro y las soluciones militares drásticas. Los efectos especiales del hongo mantienen ese equilibrio entre lo inquietante y lo cutre-divertido. En definitiva: un auténtico disparate de principio a fin que logra que nos preocupemos más por la supervivencia de un guardia de trasteros que por el destino de la humanidad.

Por otro lado, cabe destacar al elenco, que reconozco fue lo que me mantuvo en la butaca sin salirme de la sala antes de finalizar. La complicidad entre Joe Keery y Georgina Campbell nos convence y se agradece, pero no lo suficiente; a medida que pasan los minutos, uno más bien desea que ese maldito turno de noche acabe de una vez por todas. Ver a una Vanessa Redgrave dando tiros es un punto a favor y, por supuesto, a Liam Neeson, que parece ser un buen comodín como secundario imprescindible. Aun así, esto no compensa un guion que se empeña en ser más pegajoso que el propio hongo.

La idea era buena pero el resultado, siendo sincero, me desesperó. Sin embargo, es justo reconocer que Turno de noche es un festín diseñado para quienes buscan desconectar y disfrutar del caos. Si eres de los que celebra ver un ciervo poseído en un ascensor, el gore sin complejos y no te importa que el guion haga aguas mientras Liam Neeson está en pantalla, esta es tu película. Un disparate hecho por y para amantes de serie B que no buscan lógica, sino simplemente una sesión de palomitas y risas bizarras.

Mi nota es: 6

ESTRENO EN ESPAÑA: 22 de abril.

REPARTO: Joe Keery, Georgina Campbell, Liam Neeson, Lesley Manville, Sosie Bacon, Vanessa Redgrave, Aaron Heffernan, Ellora Torchia, Nahel Tzegai, Nahna James, Gavin Spokes, Justin Salinger, Lujza Richter, Clare Holman, Darrell D`Silva, Rob Collins y Andrew Brooke.

PRODUCTORA: Pariah Films// Studiocanal// HunkyDory Films// Ciné+OCS.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: DEAPLANETA.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Jonny Campbell, estudió francés y alemán en la Universidad de Durham y comenzó su carrera en televisión firmando como Jonathan Campbell en producciones como: “Nuevas voces” (1997), “Policía de barrio” (1999) o “Práctica de alto nivel” (1999/2000). Posteriormente ya como Jonny Campbell dirigió episodios para “Beso de Glasgow” (2000), “Phoenix Nights” (2001), “Nacido y  criado” (2002), “Juez John Deed” (2001/2002), “Equipo de ensueño” (2003), “Spooks” y “Shameless” en (2004), “Ashes to Ashes” (2008), “Doctor Who” (2010), “In the Flesh” (2013), “Westworld” (2016), “Informador” (2018) y “¿Estoy siendo irracional?” (2022). En cuanto a las miniseries destacan: “PD James: Muerte en el seminario” (2003), “Una vacante imprevista” (2015), “The State” (2017), “Drácula” (2020). También ha dirigido los telefilmes “Big Smoke” (2000), “The Abbey” (2007) y “Eric & Ernie” (2011). En el largometraje debutó con “Autopsia de un alien” (2006) y este año nos ofrece “Turno de noche” (2026).

sábado, 18 de abril de 2026

LA MOMIA DE LEE CRONIN: CRÍTICA DE CINE

La Momia, escrita y dirigida por Lee Cronin. “Cronin despelleja a “La Momia” en un festín de body horror”

Tras un breve prólogo, se nos presenta a la familia de Charlie Cannon (Jack Reynor), un periodista corresponsal en El Cairo, su esposa Larissa (Laia Costa) y sus dos hijos Seb (Shylo Molina) y Katie (Emily Mitchell/ Natalie Grace). Lo que comienza como una tragedia familiar (el rapto de la pequeña Katie mientras jugaba en el jardín) se convierte, ocho años después, en un enigma macabro.

Tras un accidente aéreo, encuentran un sarcófago de 3.000 años en cuyo interior se halla Katie, con problemas motrices, desnutrición y sin poder hablar. Rescatada por la Embajada Americana, la joven regresa a casa para reencontrarse con sus hermanos: un asombrado Seb y la pequeña Maud (Billie Roy), nacida durante su ausencia. Sin embargo, la alegría del reencuentro es el preludio de una pesadilla: fuerzas oscuras envuelven a Katie, amenazando con devorar la cordura de la familia.

Al terminar la película, mientras desfilaban los títulos de crédito, mi primera reacción fue de desconcierto: “¿Qué acabo de ver?”, me pregunté, intentando entender en qué momento la momia se había transformado en la niña de El Exorcista. Aunque el prólogo y ciertos pasajes puntuales nos muestran a una momia en el interior de un sarcófago pesado que requiere grúas y cadenas para abrirlo, la narración muta rápidamente hacia una posesión diabólica en el cuerpo de Katie. Una fusión extraña que me costó procesar, quizás por esperar una versión más fiel al clásico, pero conociendo a Lee Cronin, y fiel a mi costumbre de no ver tráileres antes de un pase de prensa, debería habérmelo imaginado. Dicho esto, no esperéis aquí comparaciones con el mito clásico. Esta reseña se centra en el body horror puro y duro, no apto para estómagos sensibles.

Hacía tiempo que no me tapaba los ojos en una sala; lo hice en algunos instantes, aunque fuera dejando los dedos entreabiertos para no perderme el horror y la repugnancia que provoca la presencia de un ser de ultratumba, y más en el cuerpo de una joven. Esa intranquilidad que sufre la familia se contagia astutamente al espectador, a quien Cronin revuelve las entrañas sin compasión.

Sí, lo confirmo, la película es desagradable, grotesca y, por momentos, de un gore impactante. Las vísceras bailan su danza macabra entre pieles que se desprenden o se arrancan deliberadamente. Un ejemplo perfecto de este horror táctil es la escena de la “pedicura”: un intento desesperado por adecentar a Katie que termina con una uña arrancada de cuajo, arrastrando consigo jirones de piel de la pierna. Estamos, por tanto, ante ese cine de sensaciones físicas, donde los ojos perdidos entre el mobiliario y la suciedad deshumanizada contrastan con el amor de una familia que busca lo racional en lo irracional.

Cronin no tiene el mínimo pudor, ni compasión. Traspasa las líneas rojas con vómitos negros que pasan de una boca a otra o estallando contra lo que encuentran a su paso; despliega sangre y contorsionismos imposibles, sin olvidar esas arañas y otros insectos que se cuelan por todos lados. Lo más positivo en su cine, a mi juicio, es el uso de los efectos visuales prácticos y un maquillaje protésico espectacular. “La Momia de Lee Cronin” es una propuesta cruda que te deja con una pregunta en el aire mucho después de salir del cine: ¿hasta dónde puede aguantar el cuerpo humano antes de romperse?

Un filme inquietante que juega con la mitología egipcia en un asfixiante entorno malsano, donde el horror no solo emana de lo sobrenatural, sino de la propia degradación física. Llegando a este punto, es de justicia destacar la magnífica interpretación de Natalie Grace; su entrega es tan absoluta que, por instantes, uno no sabe quién posee a quién, si ella al personaje o el personaje a ella. Su presencia amenazadora traspasa el denso maquillaje protésico que debe soportar y se convierte en el verdadero motor de una película que no da tregua.

Cronin no solo resucita al mito, sino que lo despedaza frente a nuestros ojos, transformando un puzzle que ya conocíamos para darle una vuelta de tuerca oscura, incómoda y más cercana. Una nueva composición visual que, regodeándose en lo visceral, nos recuerda que el horror más profundo es aquel que se instala en el seno de lo que más amamos.

Lee no busca simplemente complacer, aunque sí aterrarnos, removernos las entrañas y llegar más lejos, algo que ya hizo en su anterior trabajo: obligarnos a abrazar a la familia mientras todo lo demás se desmorona. Eso sí, no se olvida de sus pinceladas de humor negro, como yo tampoco me olvido de la fotografía de Dave Garbett y la banda sonora de Stephen McKeon, habituales en su corta filmografía y que ayudan a potenciar todo este terror abocado a la descomposición.

Mi nota es: 7

ESTRENO EN ESPAÑA: 17 de abril.

REPARTO: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace, Veronica Falcón, Shylo Molina, Billie Roy, Hayat Kamille, Emily Mitchell, Kian Nagel, Dean Allen Williams y Jonathan Gunning.

PRODUCTORA: Atomic Monster// Blumhouse Productions// New Line Cinema// Doppelgängers// Wild Atlantic Pictures.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Warner Bros. Pictures España.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El guionista y director, Lee Cronin se inició en el cortometraje con “Wilbur y Anto” (2004), “Durante la noche” (2010), “Billy y mandril” (2011) y “Tren fantasma” (2013). En televisión ha participado en las series “El plan maestro” (2011) y “50 estados de miedo” (2020). En el largometraje debutó participando en la antología “Minutes Past Midnight” (2016) y en solitario con “El bosque maldito” (2019), “Posesión infernal: El despertar” (2023) y este año nos ofrece su visión muy particular en “La momia de Lee Cronin”

PARA CURIOSOS: Seis han sido las versiones de la momia que han llegado a las salas de cine: “La Momia” (1932) de Karl Freund con Boris Karloff. “La Momia” (1959) de Jimmy Sangster con Christopher Lee. “La Momia” (1999), “El regreso de la Momia” 2001 y “La Momia: La tumba del emperador Dragón” (2008) las dos primeras de Stephen Sommers y la tercera de Rob Cohen, todas con Brendan Fraser  y finalizamos con la fallida “La Momia” 2017 de Alex Kurtzman con Tom Cruise y ahora es Lee Cronin quien nos ofrece una versión muy particular.