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miércoles, 23 de septiembre de 2026

EN EL CORAZÓN DE LA BESTÍA: CRÍTICA DE CINE

En el corazón de la bestia, dirigida por David Ayer y con guion de Cameron Alexander.

En mitad de una carretera solitaria, una joven detiene su automóvil y se queda observando a un pastor alemán que permanece quieto frente a ella. La historia nos traslada entonces a una semana atrás en el tiempo. James Belmont (Brad Pitt), un oficial retirado de las Fuerzas Especiales, pilota un hidroavión rumbo a Alaska junto a Odín, su fiel perro de combate –el mismo animal que acabamos de ver en la carretera–. La tragedia se desata en pleno vuelo cuando James sufre un repentino infarto que le hace perder el control del aparato, provocando que se estrelle contra el agua. Tras lograr salir con vida del fuselaje y estabilizarse, James llama a gritos a su compañero, localizándolo herido en mitad de la espesura del bosque. A partir de ese instante, y arrastrando las secuelas del ataque cardíaco, hombre y animal emprenderán un agónico viaje de supervivencia a través de la implacable naturaleza salvaje, en un trayecto que pondrá a prueba sus límites físicos y mentales, mientras forjan un vínculo inquebrantable que se convertirá en su única posibilidad de regresar a la civilización.

David Ayer maneja los tiempos de la narración con una precisión quirúrgica, cocinando a fuego lento la tragedia y el dolor. Lejos de optar por el efectismo rápido, la cinta se toma su tiempo para instalarnos en el aislamiento de Alaska junto a James Belmont y Odín. Es en este inicio donde la película respira, regalándonos momentos de una gran belleza cotidiana y cómplice, como la simpática e inesperada escena en la que Odín sorprende a James atrapando un pez de gran tamaño con la boca; un destello de ligereza que alivia la tensión y afianza el apego del público hacia el animal.

Sin embargo, el verdadero triunfo de este primer acto radica en la sutil construcción del colapso físico de Belmont, un papel que le viene como anillo al dedo a un Brad Pitt que nos regala una madurez interpretativa verdaderamente impresionante. Ayer siembra pistas magistrales: esos gestos mudos de Belmont tocándose el pecho y el hombro que, en un primer momento, el espectador puede atribuir a las secuelas de su pasado militar. La revelación de que esos dolores eran el preludio de un infarto en pleno vuelo golpea con una fuerza tremenda en una escena sobrecogedora.

El verdadero corazón emocional de la película late en la desgarradora complicidad que se forja entre sus dos protagonistas. David Ayer introduce un elemento visual y dramático portentoso: Odín no es solo un acompañante, es un soldado mutilado al que le falta una pata, sustituida por una moderna prótesis metálica. Este detalle físico equipara al animal con James Belmont; ambos son náufragos de la misma guerra, rotos por dentro y por fuera. Dos solitarios que se necesitan para curar sus heridas en silencio. El Trastorno de Estrés Postraumático que comparten se materializa en una serie de pesadillas filmadas en un tono sepia muy real. Lejos de ser meros recuerdos estáticos, estas imágenes funcionan como un rompecabezas fragmentado que va cobrando cuerpo y construyéndose poco a poco ante el espectador a medida que avanza el metraje.

En este hostil escenario, el guion huye de la sensiblería barata para refugiarse en la sutileza. El sufrimiento de Odín se expresa a través de unas miradas silenciosas, brutales, estremecedoras y desbordantes de una profunda humanidad, al igual que las lamidas constantes en la cara de James. La química entre Pitt y el animal es magistral; cuando el perro despierta intranquilo a causa de los fantasmas del pasado, James lo devuelve a la realidad acariciándolo y susurrándole que todo aquello ya pasó, que es hora de olvidar. Es en ese lenguaje mudo, donde el animal parece comprender cada caricia y cada palabra, donde la película alcanza sus cotas dramáticas más altas y conmovedoras.

Más allá de su poderoso trasfondo dramático, la película funciona como un mecanismo de tensión impecable cuando se adentra en el cine de supervivencia más puro. David Ayer no da tregua al espectador ni suaviza la crueldad de la naturaleza salvaje de Alaska. La travesía de James y Odín se convierte en una carrera de obstáculos física y psicológica, donde el director filma con un realismo sobrecogedor los peligros que acechan en el camino. Desde la imponente y tensa presencia de la fauna local hasta la brutalidad de una geografía traicionera marcada por terrenos inundados, pasos imposibles entre troncos caídos y la furia de unas aguas bravas que se convierten en un enemigo implacable. El director demuestra una vez más su maestría para rodar la acción física, transmitiendo al espectador el frío, el cansancio y el dolor de una lucha desesperada por alcanzar la civilización.

Toca hablar del envoltorio técnico de la película, que no solo es impecable, sino que cobra el protagonismo de un personaje invisible que amplifica el torrente emocional de la historia. La banda sonora de Jared Michael Fry es, en esta ocasión, el auténtico latir del corazón del film. Con una partitura suave y penetrante a la vez, Fry compone una melodía que cala en los huesos y se clava en el cerebro del espectador, transportándolo con una sutil elegancia por los pasajes más dramáticos, tensos y humanos de la travesía propiamente dicha. Es una música que sabe ser silenciosa, que escucha al viento y a la naturaleza cuando la soledad lo requiere, pero que alcanza su cenit absoluto en el tramo final, fundiéndose de manera sobrecogedora con las imágenes de clausura y la profunda voz en off de Belmont.

A este triunfo sonoro se une la portentosa fotografía de Mauro Fiore. El oscarizado operador nos muestra la naturaleza de Alaska en todo su esplendor, logrando retratarla de manera bella y cruda a la vez. Fiore juega con una luz muy especial, tanto para las secuencias diurnas como para las nocturnas, regalando al espectador encuadres que por momentos parecen postales de colección y que, al segundo siguiente, te abofetean con la cruda realidad de los elementos. Un trabajo visual deslumbrante que equilibra la inmensidad del paisaje con la intimidad de los rostros. Con ella el frío se palpa y se siente y los rayos de sol calientan los músculos helados.

En el corazón de la bestia (Heart of the Beast) es muchísimo más que un relato de supervivencia extrema; es una radiografía desgarradora sobre el trauma, la redención y el amor incondicional en su estado más puro. David Ayer firma su obra más madura y humana gracias a la soberbia y física interpretación de un Brad Pitt crepuscular, formidablemente arropado por un coprotagonista de cuatro patas que roba el alma del espectador. Una película cruda, hermosa y profundamente conmovedora que rompe por dentro y se instala en la memoria mucho después de que se enciendan las luces de la sala. Cine con mayúsculas que merece ser vivido y sentido en la gran pantalla.

Mi nota es: 9

Estreno en España: 25 de septiembre.

Reparto: Brad Pitt, J.K. Simmons y Anna Lambe.

Productoras: Plan B Entertainment// Temple Hill Entertainment// Will Chickens Productions// Crave Films// Soho VFX

Distribuidora en España: Paramount Pictures Spain.

Filmografía: El guionista, productor y director, David Ayer, abandonó sus estudios de preparatoria por problemas familiares. Comenzó a trabajar de pintor de casas hasta que se alistó a la Marina de los Estados Unidos, como submarinista. En el mundo del cine se inició como guionista y debutó en la dirección con “Vidas al límite” (2005) continuando con “Dueño de la calle” (2008), “Sin tregua” (2012), “Sabotage” y “Corazones de acero” ambas en (2014), “Escuadrón suicida” (2016), “Bright” (2017), “Cuenta pendiente” (2020), “Beekeeper: El protector” (2024), “The Working Man” (2025) y este año nos ofrece “En el corazón de la bestia” (2026). También ha dirigido los videoclips: “LCD Soundsystem: Pow Pow” (2010), “Lil Wayne, Wiz Khalifa, Imagine Dragons, Logic, Ty Dolla Sign and Z Ambassadors: Sucker for Pain” (2016) y “Machine Gun Kelly feat. X Ambassadors & Bebe Rexha: Home” (2017). El video: “Sabotage: Alternate Endings” y capítulos de la serie: “Deputy” (2020).

viernes, 18 de septiembre de 2026

SIX: EL MUSICAL: CRÍTICA TEATRO/MUSICAL

 

Sorpresa mayúscula en la Gran Vía: El rugido pop y el empoderamiento femenino de 'SIX el Musical'

'SIX': Crónica de una catarsis colectiva en Madrid con la inesperada bienvenida de Julia Gómez Cora y sus creadores.

El reloj ya marcaba la hora de inicio cuando el Teatro Gran Vía nos regaló la primera gran sorpresa de la velada. Antes de que se encendieran los focos del concierto, frente al telón e iluminada con un foco apareció Julia Gómez Cora con micrófono en mano y una enorme sonrisa, ella fue la encargada de presentarnos a sus invitados de honor: los mismísimos creadores del fenómeno mundial, Toby Marlow y Lucy Moss.

Ambos salieron destilando una cercanía y una frescura que rompieron de inmediato el protocolo de los grandes estrenos. Vestidos con ropa de calle y con una humildad abrumadora, nos confesaron entre risas que, a día de hoy, siguen sin creerse el impacto global de la obra; al fin y a la postre, “SIX” nació simplemente como un proyecto divertido entre amigos mientras cursaban su último año en Cambridge. Escuchar de su propia voz el asombroso y el agradecimiento por el éxito cosechado fue el prólogo perfecto para encender los ánimos de una platea entregada antes del primer acorde.

Es por todo esto que el Teatro Gran Vía se vistió de luz y color para recibir en su escenario a: Clara Lanzani, Udara Zubillaga, Beatriz Santana, Liz Tatis, Arianna Galletti y Alba Egido. A través de sus imponentes voces, ellas dan vida a Catalina de Aragón, Ana Bolena, Jane Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr. Las Six mujeres que tuvo Enrique VIII y que ahora están dispuestas a tomar el micrófono de mano para contar su propia historia.

Nos encontramos ante una obra que juega brillantemente con la historia, la música y el divertimento. Está presentada en un dinámico formato de concierto que incluye clarísimas referencias al K-Pop, algo que se palpa tanto en su espectacular diseño de vestuario como en la precisión milimétrica de algunas de sus coreografías urbanas. Desde el plano de las composiciones, el show es un torbellino donde resuenan sones de muy diferentes géneros musicales.

Esta es una propuesta nacida para gloria del empoderamiento femenino. No en vano fue creada por Lucy Moss y Toby Marlow mientras estudiaban su último curso en la Universidad de Cambridge. Siguiendo esa estela de fuerza femenina, la brutal banda de música en directo – bautizadas como las Ladies in Waiting– está integrada enteramente por mujeres: Sofía Kherroubi (Directora musical y encargada de llevar la batuta desde el teclado), Emma Weil (guitarra), Iranzu García (bajo), Mónica Vicente (batería) y Mireia Federico (directora musical asistente y teclado alternante). Ellas, junto a las Six sensacionales componentes del elenco, son las responsables de un espectáculo redondo.

Uno de los mayores aciertos de la producción es su arrollador apartado visual, que eleva las composiciones musicales a otra dimensión. Aunque la partitura original bebe directamente del pop anglosajón más comercial, la puesta en escena de este montaje nos traslada a un universo completamente vanguardista. Las luces estroboscópicas de neón, las coreografías hiper-sincronizadas en grupo y la sofisticada estética de los trajes brillantes recuerdan muchísimo al fenómeno visual de las girl bands del K-Pop actual. Mencionarlo es de justicia, ya que dota al espectáculo de una identidad modernísima.

Este despliegue visual corre en paralelo a un ritmo escénico frenético. Con una duración de unos 80 minutos y sin interrupción, el show se convierte en un auténtico torbellino de energía que se expande desde el escenario a cada butaca del teatro. No hay espacio para el bostezo; cada transición está medida al milímetro para que la adrenalina no decaiga, logrando que el espectador permanezca pegado a la butaca, contagiado por la fuerza que se respira sobre las tablas.

Aunque el nivel de las Six protagonistas es tan homogéneo y brillante que resulta difícil elegir una favorita, hay un momento de la noche donde el ritmo frenético se detiene para dar paso a la pura emoción. Se trata del turno de Juana Seymour (interpretada magistralmente por Beatriz Santana). Frente al estilo puramente pop-rock y urbano del resto de reinas –donde la velocidad de frases y la potencia de la banda sonora a veces hacen que se pierdan algunas palabras en el aire–, Santana defiende una balada soberbia de corte clásico. Aquí la limpieza de sonido y la absoluta legibilidad de cada palabra permitieron al público conectar de lleno con la faceta más íntima e histórica de la obra.

Esa conexión no se pierde en los momentos de comedia. La adaptación del humor al castellano es uno de los grandes triunfos de este montaje: irreverente, atrevido, muy femenino y trufado de expresiones sumamente actuales que modernizan el relato sin desvirtuarlo. El resultado es un clímax donde el mensaje de sororidad estalla en la platea. Para cuando llega el “MegaSIX” final –el único momento donde el show permite romper las reglas y sacar los teléfonos para inmortalizar el número–, el Teatro Gran Vía ya estaba complemente en pie, entregado a un fin de fiesta inolvidable.

“SIX el Musical” es mucho más que un fenómeno de masas; es una inyección de pura adrenalina y un ejemplo magistral de cómo el teatro musical puede reinventarse sin perder un ápice de calidad. Con un elenco soberbio, una banda en directo que ruge con fuerza y una puesta en escena que es un deleite visual, la producción madrileña ha desembarcado en la Gran Vía por la puerta grande. Una propuesta redonda, enérgica y rebosante de vida que no solo divierte, sino que emociona y deja un mensaje necesario. Salí del teatro con las pilas cargadas, con la alegría contagiada y el convencimiento de que este “histo-remix” ha llegado para coronarse como el espectáculo imprescindible de la temporada, aunque por ahora, tenga fecha límite de 20 semanas.

FICHA TÉCNICA: 'SIX el Musical' (Producción Española)

Título: SIX el Musical

Género: Teatro musical / Concierto Pop

Duración: 80 minutos (sin intermedio)

Libreto, Música y Letras: Toby Marlow y Lucy Moss

Dirección Original: Lucy Moss y Jamie Armitage

Coreografía Original: Carrie-Anne Ingrouille

Diseño de Vestuario Original: Gabriella Slade

Diseño de Iluminación: Tim Deiling

Diseño de Sonido: Paul Gatehouse

Orquestaciones: Tom Curran

Supervisión Musical: Joe Beighton

Productores Originales: Kenny Wax, Wendy & Andy Barnes y George Stiles

Presentado en España por: Julia Gómez Cora y Stellar Theatre (Dmitry Bogachev)

Teatro: Teatro Gran Vía (Madrid)

Temporada: Limitada (20 semanas)

Elenco (Las SIX Reinas)

Catalina de Aragón: Clara Lanzani

Ana Bolena: Udara Zubillaga

Jane Seymour: Beatriz Santana

Ana de Cléveris: Liz Tatis

Catalina Howard: Arianna Galletti

Catalina Parr: Alba Egido

Actrices alternantes: Clara Rengel, Bárbara Sanches y Flor Lopardo

Banda en Directo (The Ladies in Waiting)

Dirección Musical y Teclado: Sofía Kherroubi

Guitarra: Emma Weil

Bajo: Iranzu García

Batería: Mónica Vicente

Dirección Musical Asistente y Teclado Alternante: Mireia Federico

Lugar: Teatro Gran Vía (Calle Gran Vía 66, Madrid)

Temporada: Limitada a 20 semanas desde el 17 de septiembre de 2026

Horarios de las funciones:

Martes, miércoles y jueves: 20:00 h

Viernes y sábados: Dos funciones, a las 18:00 h y a las 21:00 h

Domingos: 18:00 h

Lunes: Descanso

RESIDENT EVIL: CRÍTICA DE CINE

 

La coproducción entre Estados Unidos y Alemania, Resident Evil está dirigida por Zach Cregger compartiendo guion con Shay Hatten.

Bryan (Austin Abrams) es el repartidor de una empresa de material médico a quien encomiendan una misión urgente: transportar un órgano a un hospital situado en la alta montaña, en mitad de una gran nevada. Sin importarle las inclemencias del tiempo, el joven recoge el paquete y emprende el viaje esa misma noche. Mientras conduce y habla con su novia por el móvil, una mujer aparece de la nada y la atropella de forma inevitable. Tras el impacto, Bryan sale del vehículo para socorrerla y sigue las huellas marcadas en la nieve que lo conducen hasta el cuerpo de la víctima, tendida en el suelo en una postura grotesca. Al darse cuenta de que sigue viva, decide subirla al coche para llevarla al hospital. Sin embargo, en el trayecto es detenido por una patrulla de policía. Tras explicarle la situación al agente, este, extrañado, acepta trasladar a la mujer a su vehículo policial con la condición de que el joven lo siga sin intentar escapar. Al poco tiempo, el coche patrulla pierde el control y se despeña por un barranco. Bryan baja del automóvil y… lo vamos a dejar aquí. Sí, sé que queréis saber más, pero os aseguro que me lo agradeceréis cuando vayáis a verla.

Lo primero que os contaré es que estamos ante un auténtico e indiscutible reinicio de la saga. Nada de marear la perdiz con historias pasadas. Aunque nunca he sido jugador de la franquicia, muchos sabéis que el cine de terror es una de mis grandes pasiones y he seguido de cerca varias de sus entregas cinematográficas. Por ello, la gran sorpresa que me he llevado con esta producción es que la reinvención sea absoluta, ofreciendo una historia completamente original y diferente a todo lo visto anteriormente en la saga.

El gran acierto de esta nueva propuesta recae sobre los hombros de Austin Abrams, quien ofrece una interpretación impresionante cargando con el peso absoluto de la función. Con él reímos, con él caemos y con él nos volvemos precavidos. Bryan no es el clásico héroe de acción imbatible al que Hollywood nos tiene acostumbrados; es un joven común y abrumado por una situación apocalíptica que le viene no grande, sino gigantesca. Al principio, se mueve desde el recelo, el pánico y la incomprensión más absoluta: huye de una anciana infectada que le persigue, sobrevive de milagro a una descarga eléctrica, al brutal ataque de un perro infectado en un granero y sufre una emboscada en el interior de una vivienda donde intentaba pedir refugio. Pero esto son solo cuatro pinceladas. Sin embargo, en lugar de rendirse, su desesperación se transforma en una determinación de hierro: sobrevivir y entregar el maldito paquete. Abrams clava esa evolución psicológica y física, pasando de esquivar los peligros con verdadero pánico a terminar empuñando un arma y disparando con total normalidad cuando la noche se vuelve una auténtica y sanguinaria carrera de obstáculos. Pero os aseguro que lo mencionado aquí es solo el primer tramo hasta llegar a la meta. ¿Existe meta?

Para responder a esa pregunta, la película nos sumerge en una extenuante carrera de dificultades donde el diseño de los peligros es tan aterrador como original. Al llegar a un pueblo aparentemente desierto y con los coches cubiertos de nieve, Bryan se topa con una estampa dantesca: decenas de personas agazapadas en los tejados que, de repente, comienzan a lanzarse al vacío sobre él, estrellándose contra el suelo y tiñendo la nieve de sangre –no descubro nada que el tráiler no muestre–. Una lluvia de infectados que sirve como recurso visual impactante que dinamita cualquier cliché del género. En medio de esta locura, Cregger se permite introducir valiosas píldoras de humor y complicidad. Hay un momento glorioso –tranquilos, no voy a decir cuál– en el que Bryan, tras superarlo, suelta toda la tensión que lleva acumulada con el grito de “¡Videojuegos, sí!” Es un guiño que despierta carcajadas y un homenaje explícito al lenguaje de la saga de Capcom, recordándonos que estamos atrapados en una partida en tiempo real donde cada esquina superada es un logro desbloqueado.

Y si Bryan es el rey indiscutible de esta función, el resto del reparto opera exactamente como lo que son: simples peones y comodines, de lujo, en un tablero de ajedrez mortal. Al adentrarse en el epicentro de la pesadilla, los científicos de la Corporación Umbrella –interpretados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry –reciben a nuestro protagonista con la esperanza de que el paquete médico que transporta contenga la clave para frenar el brote. En este tramo, Zach Cregger demuestra un colmillo afilado al utilizar a estos secundarios de excepción para inyectar unas muy necesarias dosis de humor negro.

En este punto me voy a detener, porque no deseo descubrir nada importante, pues os aseguro que el filme merece la pena verlo desde la perspectiva del suspense más terrorífico y desde la comedia irónica que se produce. Sin duda, esta vez sí felicito a los guionistas, que logran con nota su objetivo, como también lo hace Dariusz Wolski ofreciendo una fotografía clara, potente y directa, y por supuesto el acompañamiento musical de los hermanos Holladay, que ya colaboraron con él en la impactante Weapons. Para terminar, solo deciros que la he disfrutado de principio a fin y que tú, amante del cine de suspense, no te la puedes perder.

Mi nota es: 9

Estreno en España: 18 de septiembre.

Reparto: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser, Hohnno Wilson, Juan Wilson, Devon Stewart y Shaun W. Loeser.

Productora: Vertigo Entertainment// Constantin Film// PlayStation Productions.

Distribuidora en España: Sony Pictures Releasing de España.

Filmografía: El productor, guionista, actor y director, Zach Cregger estudió en The Field School y se graduó en el School of Visual Arts de Nueva York y fundó la compañía teatral The Whitest Kids U`Know. Ha trabajado como actor en un buen número de producciones y debutó en la dirección junto a Trevor Moore con “Miss Marzo” (2009), con quien también dirigió “The Civil War on Drugs” (2011), “Barbarian” (2022), “Weapons” (2025) y este año nos presenta “Resident Evil” (2026). Para televisión dirigió capítulos para series como “The Whitest Kids U`Know” (2007/2011), “WKUK Talk About Sketches” (2020/2021), “Self Suck Saturday” y “Newsboyz” ambas en (2020).

jueves, 17 de septiembre de 2026

EN LA ZONA GRIS: CRÍTICA DE CINE

En la zona gris está dirigida por Guy Ritchie quien comparte guion con Paul Tamasy y Eric Johnson.

La trama sigue a Rachel Wild (Eiza González), una abogada que, como nos confiesa, se mueve entre lo moral e inmoral, el blanco y el negro, lo legal e ilegal, por lo que considera que su mundo es una gama de grises. Ella y su equipo son contratados para recuperar una deuda de mil millones de dólares del mafioso Salazar (Carlos Bardem). Sus hombres de confianza son dos exsoldados: Sid (Henry Cavill) y Bronco (Jake Gyllenhaal). Por su parte, Salazar vive en una isla privada donde tiene comprada a la policía y posee un ejército propio. Aunque el golpe se planifica milimétricamente, nada termina saliendo como se esperaba y…

Creo que solo los fans de Guy Ritchie entienden verdaderamente el trabajo de Ritchie, siendo los únicos capaces de perdonarle los fallos en los que tropiezan sus obras. Al fin y al cabo, el director británico compensa cualquier laguna regalándonos, desde el primer minuto, unas narraciones que avanzan a una velocidad tan endiablada que ni el mismísimo Speedy Gonzales lograría superar. Gran parte del metraje está conducido por ese juego de voces en off que tanto le gusta exprimir, logrando un ritmo frenético que no te deja tomar aire, ni despegar la mirada de la pantalla. A esto se le suma una banda sonora atronadora que eleva todavía más la tensión de lo que vemos en pantalla, y un catálogo de personajes que, como ya es marca de la casa, derrochan carisma por todos sus poros. Dicho esto, iré parte a parte.

La película se articula en tres fases claramente diferenciadas: 1.- Presión y derecho, 2.- Planificación y preparación, y un clímax final bajo el título de Reunión con el enemigo. Como ya es habitual en el cine de Ritchie, cada una de estas etapas nos la detalla con una precisión de cirujano, sin olvidar un solo detalle. En ocasiones pienso que demasiada información para ser asimilada por el espectador, pero se agradece, pues su intención es que seamos uno más en la trama. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de este viaje estructural no es el rigor del papel, sino ver cómo Guy utiliza estos tres bloques como un resorte de tensión ascendente. Nos va sumergiendo de lleno en una falsa sensación de control absoluto durante las dos primeras fases para, de golpe y porrazo, tras los aciertos y reveses, preparar al público para esa media hora o algo más donde lo da todo, dejando una vez más al espectador abrumado.

Y es que, a este director, como bien sabemos, le gusta jugar con fuego, explosiones y los tiros más que a un niño un caramelo; pues creo firmemente, tras escribir esta frase, que para Ritchie cada una de sus películas es ese juguete con el que disfruta mientras le da vida. Es precisamente en ese tramo final donde lo que comienza como una misión calibrada al milímetro, se transforma velozmente en una guerra abierta de supervivencia, engaños, acción táctica y estrategia militar sin margen de error. O vives o mueres. Para plasmar este caos con su habitual sello, nos deleita con un despliegue frenético de todo tipo de vehículos que devoran la pantalla: carreras de coches, motos, buggies todoterreno, los llamativos autogiros monoplaza y tirolinas en momentos puntuales. Un festín de adrenalina pura que demuestra que, cuando se desata la tormenta, Ritchie está en el centro.

En el apartado interpretativo, la película se sostiene gracias al carisma del cuarteto protagonista, quienes defienden con solvencia unos roles muy marcados por el sello del director. Eiza González capitanea la función con una Rachel Wild magnética, explosiva y bellísima que dota a su personaje de la sangre fría e inteligencia necesarias para liderar esa ambigua gama de grises morales en la que se mueve. A su lado, la química entre Henry Cavill y Jake Gyllenhaal encarnando a Sid y Bronco respectivamente, traspasa la pantalla; una pareja de exsoldados que derrocha presencia física y soltura en las escenas tácticas, convirtiéndose en el brazo ejecutor perfecto del plan. Por último, Carlos Bardem compone a un Salazar imponente y despiadado, un villano de la vieja escuela que se siente intocable en su isla privada y que se convierte en el contrapeso ideal para poner en aprietos a nuestros héroes.

Para ir terminando, comentaros que gran parte del mérito de que este torbellino no descarrile se debe a la espectacular labor de montaje de Martin Walsh. Su tijera debió echar humo al dictar ese ritmo frenético de la cinta, logrando que el constante vaivén entre la voz en off y la acción se sienta orgánico, fluido y sumamente adictivo. Con ese pulso tan medido, el director se guarda un último cartucho en la recámara para el final y, con ello, rematar la faena, que no es poco; una sorpresa de última hora que reordena las piezas del tablero en el último segundo y que dejará a los espectadores con una sonrisa cómplice. En resumen: En la zona gris no inventa nada nuevo y el director utiliza casi los mismos parámetros que en otras obras, pero funciona a la perfección como un adrenalínico regreso a las salas, ideal para disfrutar en una pantalla grande y arrancar el curso cinematográfico con pura diversión.

Mi nota es: 7

ESTRENO EN ESPAÑA: 18 de septiembre.

REPARTO: Jake Gyllenhaal, Henry Cavill, Eiza González, Kristofer Hivju, Carlos Bardem, Rosamund Pike, Emmett J Scanlan, Jason Wong, Fisher Stevens, Michael Vu, Christian Ochoa, Kojo Attah, Raya Meddine, Cory Douglas Campbell, Gonzalo Bouza, Karlos Klaumannsmoller, Silvia Naval, Marcus Glimne, Darrell D`Silva, Susan Lawson-Reynolds, Peter M. Smith, Nathalie Fani, Mark Mottram, Gabriella Muir González, Victor Chaga y Max Keene.

PRODUCTORAS: Black Bear// Yellow Camel Studios// Black Bear International// C2 Motion Picture Group// Toff Guy Films.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films España.

FILMOGRAFIA: El director, productor y guionista británico, Guy Ritchie, se inició en el mundo del cine con el cortometraje “The Hard Case” (1995). Su ópera prima, en el largometraje, llegaría tres años más tarde con la divertida y por méritos propios obra de culto “Lock and Stock” (1998), continuó con “Snatch. Cerdos y Diamantes” (2000), “Barridos por la marea” (2002), “Revolver” (2005), RocknRolla” (2008),  “Sherlock Holmes” (2009), “Sherlock Holmes: Juego de Sombras (Sherlock Holmes 2) (2011), “Operación U.N.C.L.E” (2015), “Rey Arturo: La leyenda de Excalibur” (2017), “Aladdin” (2019), “The Gentlemen: Los señores de la mafia” (2020), “Despierta la furia” (2021), “Operación Fortune: El gran engaño” y “Guy Ritchie: El pacto” ambas en (2023), “El ministerio de la guerra sucia” (2024), “La fuente de la eterna juventud” (2025) y este año nos llega “En la zona gris” (2026). También ha dirigido los videoclips “WestBam, Koon & Stephenson: Always Music” y “Nightcrawlers: Don`t Let the Feeling Go” ambos en (1995) y musical “Madonna: What It Feels Like for a Girl” (2001). Los cortometrajes “The Hard Case” (1995), “The Hire: Star” (2001), “Nike: Take It to the Next Level” (2008), “Un rendez-vous” (2010) y “Touching Hands” (2024) y para televisión el telefilme “Sospechoso” (2007) y en las series “The Gentlemen: La serie” (2024), “Tierra de familias” (2024), “El joven Sherlock” (2025).

miércoles, 16 de septiembre de 2026

COYOTE vs ACME: CRÍTICA DE CINE

Coyote vs. Acme está dirigida por Dave Green con guion de Samy Burch e Ian Franzier. “¿Hay alguien en el mundo entero al que le importe lo más mínimo lo que le pase al Coyote?”

En esta ocasión, encontramos a un Wile E. Coyote completamente desesperado: cada uno de los productos que compra a la corporación ACME falla estrepitosamente, incluso estallándole en su cara e impidiéndole alcanzar al escurridizo Correcaminos. Decidido a cambiar su suerte, el Coyote descubre en televisión el anuncio de Kevin Avery (Will Forte), un abogado en horas bajas que, al igual que su bufete, atraviesa una mala racha económica. El icónico personaje animado decide contratar sus servicios, y Kevin se pondrá manos a la obra junto a su sobrina Paige Avery (Lana Condor). Sin embargo, la tarea no será fácil: en el lado contrario del tribunal de justicia se toparán con el todopoderoso equipo legal de Acme Corporation, presidido por el implacable Buddy Crane (John Cena).

No cabe duda de que los maravillosos Looney Tunes y Merrie Melodies siguen cautivando a grandes y pequeños desde hace décadas y que seguramente así continuará en el tiempo, visto lo visto. A los más jóvenes los atrapan porque, sin la menor duda, estos seres animados no envejecen y mantienen intacta su frescura pasen los años que pasen. Para los adultos, en cambio, evocan la dulce nostalgia de un pasado que se reactiva en el presente. De este modo, a lo largo de este divertido filme, desfilarán ante nuestros ojos personajes tan inolvidables como el desquiciado Pato Lucas, el entrañable cerdito Porky, el insoportable Piolín junto a la Abuelita, el altivo Gallo Claudio, el siempre chulesco Bugs Bunny, el eterno cazador Elmer e incluso el loquísimo y mi favorito, el demonio de Tasmania. Sin embargo, en medio de este festival de cameos y secundarios de lujo, quien se lleva todo el triunfo y se corona como la gran estrella de la función es, indiscutiblemente, nuestro querido Coyote.

El gran triunfo narrativo de Coyote vs. Acme radica en el absoluto respeto a la esencia de su personaje. Wile E. Coyote siempre ha sido, junto al Demonio de Tasmania, mi personaje favorito y, paradójicamente, el más humano de la factoría Looney Tunes; un ser que no necesita articular palabra para transmitir frustración, esperanza o determinación. En el filme, esta regla de oro se mantiene intacta: el Coyote no habla, sirviéndose apenas de sus icónicos carteles –de los que el guion inteligentemente no abusa– y de una expresividad gestual portentosa que el espectador decodifica al instante. En el estrado, el peso de la palabra recae en su abogado, Kevin Avery. La química entre ambos funciona a la perfección al trazar un arco de complicidad bellísimo y hasta humano: el de dos perdedores natos que arrastran una racha infame pero que se niegan a tirar la toalla.

El juicio se convierte, intencionado o no, en un interesantísimo espejo social. Por un lado, la película pone sobre la mesa una sutil pero agudísima reflexión: la discriminación y la normalización del sufrimiento del personaje animado. El bufete rival alega que, por el mero hecho de ser un “dibujo animado”, su dolor no cuenta porque su función es hacer reír a la audiencia. Esto nos invita, como espectadores, a plantearnos si la violencia clásica en los dibujos animados es un buen ejemplo para los niños o si hemos deshumanizado el sufrimiento ajeno bajo la capa del humor. Por otro lado, la puesta en escena plasma de forma brillante la absoluta prepotencia y el acoso de un bufete de abogados multimillonario y arrogante, dispuestos a aplastar sin piedad a un modesto despacho en crisis que solo busca justicia.

Lejos de quedarse en la superficie del chiste fácil, la película se atreve a introducir valiosas moralejas sobre la resiliencia y la perseverancia, demostrando cómo reunir las fuerzas para levantarse y volver a empezar cuando todo parece perdido. Son instantes que se quedan grabados inconscientemente en la mente del público adulto mientras el más joven, simplemente, se divierte a lo grande.

El éxito de una propuesta híbrida de esta envergadura depende por completo de la credibilidad de su universo, y aquí la interacción entre personajes de tinta y los actores de carne y hueso resulta totalmente orgánica. Lejos de la condescendencia, los humanos tratan a los dibujos animados como a iguales, integrándolos con absoluta naturalidad en el ecosistema cotidiano y legal, e incluso llegando a intimidarlos o presionarlos. Dos ejemplos de esta normalidad institucional son ver al mismísimo Gallo Claudio subiendo al estrado a testificar, o cómo el abogado de la corporación ACME intenta presionar violentamente a Piolín; detalles geniales si tenemos en cuenta lo serio y sagrado que es el acto de testificar en el sistema judicial de los Estados Unidos. Por cierto, ¿No os recuerda la arrogancia del Gallo Claudio a un personaje político de la actualidad?

Dentro del reparto real, John Cena cumple con creces en la piel del extravagante Buddy Crane. Cena compone un villano deliberadamente excesivo, lo cual encaja a la perfección con las extravagancias de un guion que convierte el estrado en una maravillosa farsa. En este tribunal, desde la taquígrafa hasta el mismísimo juez, nadie parece tomarse el litigio completamente en serio; sin embargo, la puesta en escena es lo bastante inteligente como para que los mensajes de calado social queden claros, conviviendo con el humor sin romper jamás la línea cómica. El guion no deja puntada sin hilo y creo me entendéis.

Equilibrando esta balanza de excentricidades encontramos a Lana Condor como Paige Avery. La actriz aporta al bufete de los “perdedores” una bocanada de aire fresco cargada de inocencia y juventud, pero también la dosis justa de sensatez cuando la trama lo precisa. Junto a ellos, el desfile de secundarios de lujo de los Looney Tunes – brillantemente respaldado por el polifacético trabajo de voces de Eric Bauza, eso sí, si veis la película en su versión original– no se percibe como un mero catálogo de cameos gratuitos, sino como un engranaje vivo que reacciona y padece ante las injusticias corporativas, elevando la dinámica de la función.

El apartado técnico y visual de Coyote vs. Acme es, sin duda, otro de sus grandes pilares. El director demuestra una inteligencia soberbia al dosificar los códigos visuales y respetar las reglas de su propio entorno: aquí no existen dos mundos paralelos, sino un único universo compartido donde los dibujos y los humanos coexisten con total normalidad. La gran mayoría de los gags más exagerados se concentran en el prólogo inicial en el desierto, hasta que el coyote se desplaza a la ciudad de Albuquerque –un guiño impagable a las clásicas rutas de Bugs Bunny – para buscar a su abogado. A partir de ahí, la integración de los elementos animados en los escenarios cotidianos resulta asombrosamente natural y orgánica, huyendo del abuso digital para abrazar la fisicidad del porrazo.

Esta simbiosis se apoya en detalles de guion brillantísimos que salpican la puesta en escena: un ejemplo desternillante ocurre en el tribunal cuando el juez, antes de abrir la sesión, visualiza en su maletín dos mazas –la clásica de madera institucional y una de plástico chillón–; tras mirar a la sala y reparar en la presencia del Coyote, opta por la de plástico, cuyo golpe desata el mítico pitido infantil de juguete. Todo en la película opera bajo esta lógica juguetona, potenciado por una fotografía colorida y luminosa de Brandon Trost que exprime tanto la aridez del desierto como la sobriedad de las salas de justicia, y por una vibrante partitura musical de Steven Price que coreografía cada secuencia con el mismo ritmo enérgico que las sinfonías clásicas de los Looney Tunes.

En definitiva, Coyote vs. Acme es un triunfo absoluto de la nostalgia bien entendida jugando con la actualidad más rabiosa. Una comedia familiar inteligentísima que no solo recupera la magia del humor físico clásico, sino que dignifica la figura de su eterno protagonista, demostrando que el verdadero éxito consiste en no dejar de intentarlo. Larga vida al Coyote.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 18 de septiembre.

PRODUCTORAS: Lin Pictures// Warner Bros.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Beta Fiction Spain.

FILMOGRAFIA: Dave Green, comenzó su carrera dirigiendo cortometrajes independientes y videos musicales en la década de los 2000 que se hicieron virales debido a su estilo humorístico. Debutó con el videoclip “Miles Fisher: This Must Be the Place” y el cortometraje “Meltdown” ambos en (2009). Continúo con otros cortos como “Pinkberry: The Movie” (2010), “Ham Sandwich”, “New Romance” y “Dial M for Murder” todos en (2011) y “Staff Meeting Video: The Movie” (2012). Los videoclips: “T.J. Miller” (2012), “Five Points: Viral Video” (2018). El video “Lowe´s: Plants” (2023) y también cuenta con capítulos de series como “Zombie Roadkill” (2010). Con respecto al largometraje, ha dirigido: “Tierra a Eco” (2014), “Ninja Turtles: Fuera de las sombras” (2016) y este año nos ofrece “Coyote vs. Acme” (2026).

miércoles, 2 de septiembre de 2026

BLACK BOX: VUELO 298: CRÍTICA DE CINE

   Black Box: Vuelo 298 está escrita por Stephen Susco y dirigida por Steven Quale.

Entre las personas a bordo del Vuelo 298 de Vero Airlines, que cubría el trayecto entre Seattle y Nueva Orleans, conoceremos a varios de sus pasajeros; entre ellos a Jeremy Durham (Tom Brittney), quien observa al resto de viajeros, en particular a un anciano con una larga barba que comienza a toser mientras se encierra en el baño. Una joven de nombre Chloe (Molly Belle Wright), siente la necesidad de ir al servicio y, mientras espera a que salga el anciano, se sienta en la fila opuesta a la de Jeremy y empieza a conversar con él. Cuando el anciano sale del servicio, entra en pánico, sangra y muere. Conmocionadas por la repentina muerte del hombre, las auxiliares de vuelo y una agente de seguridad intentan calmar a los pasajeros, pero el caos no ha hecho más que comenzar, pues los viajeros van presentando síntomas de una extraña enfermedad que les hace sangrar por una oreja o por uno de los ojos. ¿Qué está sucediendo en ese vuelo y más cuando estalla una potente tormenta?

Sin duda, lo que más impacta de la película es la atmósfera que se logra crear dentro del avión. Todos hemos viajado en uno alguna vez y sabemos perfectamente lo vulnerables que somos cuando estamos suspendidos en el aire, encerrados en esa enorme máquina de metal. No es como viajar en un coche o en un tren; aunque un accidente en ellos pueda ser igual de mortal, la psicología es distinta. Imaginar que algo terrible sucede a una altitud de unos 35.000 pies, en mitad de un trayecto largo, te hiela la sangre, aunque ya estemos acostumbrados porque: ¿Qué haces en una situación así? ¿Por dónde sales? No hay escapatoria posible.

Es precisamente en ese agobio real y cotidiano donde Quale lo apuesta todo. El realizador huye conscientemente del susto fácil o el jumpscare gratuito, apoyándose en una banda sonora minuciosamente diseñada por Rory Okey, que sin grandes impactos sonoros va perforando con astucia nuestros sentidos. A esto se le suma un sobresaliente apartado cinematográfico. La fotografía utiliza el formato de pantalla vertical de los móviles de los pasajeros mientras los vemos en el aeropuerto, durante el embarque e incluso en el interior del avión, reflejando esa naturalidad de hoy en día de querer grabar todo lo que nos pasa; un recurso que contrasta hábilmente con el formato panorámico para el resto de la narración. Steven Quale, quien también es responsable de dicha fotografía, juega astutamente con el grano, lo digital, la cámara en mano y una paleta donde el azul predomina al llegar la noche. En el propio decorado del avión sobresalen principalmente dos colores: grises limpios en la estructura y una gama de azules meticulosa para los asientos, reposacabezas y puertas de los baños, por poner algunos ejemplos. La iluminación cobra una importancia vital en el suspense a través de ráfagas proyectadas en el interior de las nubes y con formas circulares frente al parabrisas de la cabina, rompiendo la monotonía cromática del interior y alertando de que algo hay fuera.

En cuanto a la cámara, su dinamismo es espectacular. Con una excelente elección de planos, la cámara está siempre donde el espectador quiere que esté, incluso cuando fotografía el interior de una taza de váter y no se olvida de mostrar nada, no os alarméis, muy limpia. Juega constantemente con los pasillos recorriendo el avión de punta a punta: desde la clase económica y el tenso tránsito hacia la altivez de primera clase, pasando por la cabina del piloto, hasta bajar a la bodega de carga donde van los perros en sus jaulas, entre otros compartimentos. Acompaña a los personajes en un enérgico recorrido por las tripas de la aeronave, mostrando cómo van ocultándose, saliendo y entrando de estos espacios mientras esos seres misteriosos les persiguen. Esas persecuciones que me gusta denominar “el juego del gato y el ratón”. Todo está tan milimétricamente calculado que te hace experimentar la angustia del pasaje sintiéndote, por fortuna, a salvo en tu butaca.

En lo que respecta al guion de Stephen Susco, aun con sus pequeñas lagunas y no siendo demasiado original, salvo el cómo se desarrolla en el interior de ese avión, posee destellos realmente interesantes y lo más importante, con un ajustado metraje. Su gran acierto es saber camuflar sus cartas y jugar con el misterio. Pero, como tantas veces me habréis leído, una atmósfera angustiosa no se sostiene si el espectador no empatiza con quienes la sufren. Es aquí donde la película gana enteros gracias a unas interpretaciones muy bien ajustadas a las exigencias de sus personajes, logrando que el pánico se sienta real y no artificial. Sin duda, el peso de la función recae sobre un espléndido Tom Brittney en el papel de Jeremy, pues desde los primeros planos el actor nos regala una interpretación melancólica y dolorosa cuya pesada carga emocional vamos descubriendo a lo largo del metraje, a la vez que destila bondad de forma silenciosa, algo que se hace evidente en la relación de amistad que entabla con la pequeña Chloe, encarnada por una deliciosa Molly Belle Wright. Ellos son el corazón y el alma de la cinta.

En definitiva, Black Box: Vuelo 298 se nos presenta como una propuesta modesta pero inteligentemente ejecutada, donde la amenaza exterior y lo sobrenatural actúan como el espejo perfecto del propio drama humano. Mientras pasan los títulos de crédito y tras lo escuchado, la película nos deja una inquietante reflexión flotando en el ambiente aún protegido por la oscuridad de la sala: con tanta deshumanización y crueldad como la que vemos a diario a nuestro alrededor en el mundo real, quizás, para buscar alguna explicación, bien podría ser verdad, porque de lo contrario…

Mi nota, 7,5

Estreno en España: 4 de septiembre.

Reparto: Tom Brittney, Holly White, Betsy-Blue English, Dane Whyte O´Hara, Kaja Chan, Boadicea Ricketts, Ceallach Spellman, Georgina Leonidas, Hanneke Talbot, Danny Mac, Molly Belle Wright, Anton Trendafilov y Weronika Rosati.

Productora: Capstone Pictures// Hammerstone Studios// Inzide Media.

Distribuidora en España: Vértice 360.

Filmografía: El supervisor de efectos visuales y director, Steven Quale, comenzó su carrera como supervisor de efectos visuales y director de segunda unidad. Debutó con el cortometraje “Darkness” (1988) al que han seguido el telefilme “Superfire” (2002) y junto a James Cameron en el documental “Misterios del océano” (2005) para saltar al largometraje con “Destino final 5” (2011), “En el ojo de la tormenta” (2014), “Renegados” (2017) y este año llega “Black Box: Vuelo 298” (2026).

miércoles, 12 de agosto de 2026

CUENTA ATRÁS: CRÍTICA DE CINE

 

Cuenta Atrás está dirigida por David Mackenzie con guion de Ben Hopkins. “Una propuesta de luces y sombras que necesita aire para respirar, pero cumple como distracción pasajera.

Las primeras imágenes nos sitúan en pleno centro de Paddington, donde unas obras de construcción en un solar se ven interrumpidas por un hallazgo alarmante: uno de los trabajadores alerta de que han encontrado una supuesta bomba de la Segunda Guerra Mundial sin explotar. La superintendente Zuzana Greenfield (Gugu Mbatha-Raw) ordena acordonar la zona y evacuar a los ciudadanos a un lugar seguro. Llaman a una puerta para que salga toda la gente y nadie contesta, aunque nosotros sabemos que sí hay gente en el interior; y más cuando vemos moverse las cortinas de una de las ventanas de dicho edificio. Enseguida descubriremos que se trata de una banda de ladrones cuyo objetivo es robar el banco Al Muraqabah en Edgware Road, bajo las órdenes de Giorgos Karalis (Theo James).

Pongamos que he visto muchas, tal vez demasiadas películas de atracos. Cuando uno acumula a sus espaldas tantas tramas ingeniosas y ejecuciones técnicas impecables dentro del género, coge vicios y es inevitable ponerse exigente; por eso mismo, Cuenta atrás me ha dejado un tanto frío. La propuesta naufraga debido a un guion predecible y, sobre todo, a una narrativa visual que avanza a trompicones.

Resulta difícil asimilar que estemos ante un filme firmado por el mismo realizador que nos deslumbró con el excelente wéstern social Comanchería o con el tenso y asfixiante pulso de Relay (El intermediario). Es desconcertante que, al adentrarse en el cine de robos, Mackenzie entregue una obra tan confusa y a la vez predecible. Esta deriva se percibe en un guion con lagunas y en un montaje atropellado, demasiados planos que no dicen nada y otros que deberían contar más y todo, quizás, por buscar más   ritmo cuando no es preciso. Hay historia y momentos que precisan su propio tiempo y necesitan aire para respirar, y más cuando coexisten dos tramas tan dispares como la del robo y la de la desactivación de la bomba. Bajo mi modesta opinión, el lenguaje cinematográfico se diluye aquí en situaciones inverosímiles. Si la película logra mantenernos en la butaca, no es por la solidez de su suspense, sino estrictamente por el alivio de un metraje muy medido que no estira el chicle innecesariamente.

Toca hablar de ellos, quienes dan vida al texto: un reparto que se convierte en el verdadero salvavidas de la función. A pesar de que el guion carece de la profundidad psicológica necesaria, la cinta cuenta con un interesante trío actoral. Aaron Taylor-Johnson y Theo James sostienen el pulso con un magnetismo incuestionable, derrochando el carisma necesario para que sus personajes no queden desdibujados en medio del caos. Asimismo, cabe hacer una mención muy especial para Gugu Mbatha-Raw; su encarnación de la superintendente Greenfield se apoya en un trabajo de campo sumamente comedido, resultando increíblemente creíble. En definitiva, nos encontramos ante una buena dirección actoral, aunque esta tropiece con la general.

En cuanto a la parte técnica, me ha sorprendido el director de fotografía Giles Nuttgens, quien habitualmente trabaja con Mackenzie. Nuttgens rompe drásticamente con la sofisticación cromática y el mimo por las texturas que nos deslumbraron en Comanchería o Relay. En esta ocasión, opta por una iluminación marcadamente cruda, retratando el asfalto y el asedio londinense con gran naturalidad, tal y como lo contemplaría cualquiera que pise esas calles. Pienso que el renunciar a la elegancia visual funciona como un recurso intencionado, pues al despojar el encuadre de cualquier artificio estético, el espectador se ve obligado a focalizar su atención en la inmediatez de lo que sucede, desvinculándose por completo del decorado.

En la misma línea de contención visual se mueve la banda sonora compuesta por Tony Doogan, aliado incondicional en el universo sonoro de Mackenzie. La música ejerce aquí de perfecta acompañante durante todo el metraje; no busca sobresalir con melodías individuales ni regalar temas memorables que distraigan la atención, sino que se mimetice de forma orgánica con cada plano de la fotografía sin alterar la suma del todo.

En definitiva, Cuenta atrás es una propuesta lastrada por evidentes luces y sombras que, para el espectador curtido en el género de atracos, su trama resultará previsible desde el primer acto. Sin embargo, como ya he mencionado, gracias al indiscutible carisma de su trío protagonista, un metraje muy comedido y algunas de sus escenas de acción, la película logra distraer al público mientras consume sus palomitas.  En definitiva, ese es el propósito del cine, entretener en mayor o menor medida, pero también debo decir, que este filme es una obra menor en la carrera de Mackenzie.

Mi nota es: 5

ESTRENO EN ESPAÑA: 14 de agosto.

REPARTO: Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Sam Worthington, Gugu Mbatha-Raw, Saffron Hocking, Honor Swinton Byrne, Elham Ahsas, Luke Mably, Nabil Elouahabi, Iain Fletcher, Arron Long, Jorge León Martinez, Atul Sharma, Naveed Khan, Lian Edwards, Joakim Skarli, Rami Nasr, Bharat Mistri, George Pavlidis, Teddy Jay, Richa Prakash, Abdul Basith, Abid Mohammed, Idris Fertout, Taylor Coombes, Alexander Arnold, Samuel Oatley, Vanluke Watson, Lee Hunter, Laurie Duncan, Karen Seacombe, Patrick Pearson, Griffin Stevens, Nisaro Karim, Hannah Collins, Mary Doherty, Anjna Chawhan, Amie Francis, Kris Knight, Liam Ballantyne, Aslan Amjad, Alex Hames, Janny Coates, Luke Mackenzie, Tom Myles, Anshuman Bajaj, Dave Caine, Pádraig Greenwood, Marton Virag y Jonathan Grove.

PRODUCTORA: ACE// Sigma Films.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films España.

FILMOGAFIA DEL DIRECTOR: El productor y director, David Mackenzie, estudió en el Duncan of Jordanstone College of Art and Design en Dundee. Es cofundador de la productora Sigma Films con sede en Glasgow. Sus primeros trabajos fueron los cortometrajes “Dirty Diamonds” (1994), “Wanting and Getting” (1995), “California Sunshine” (1997), “Somersault” y “Marcie´s Dowry” (2000). En el largometraje debutó con “The Last Great Wilderness” (2002), “Young Adam” (2003), “Obsesión” (2005), “Hallam Foe” (2007), “American Playboy” (2009), “Perfect Sense” y “You Instead” ambas en (2011), “Convicto” (2013), “Comanchería” (2016), “El rey proscrito” (2018), “Relay” (2024) y ahora llega a nuestras salas “Cuenta atrás” (2026). Cuenta también con capítulos de las miniseries: Lloyds Bank Channel 4 Film Challenge” (1997), “Hecho en casa” (2020) y “Por mandato del cielo” (2022).

miércoles, 29 de julio de 2026

SPIDER-MAN: BRAND NEW DAY: CRÍTICA DE CINE

Spider-Man: Brand New Day está dirigida por Destin Cretton, con un guion de Chris McKenna y Erik Sommers.

Han pasado cuatro años desde los últimos acontecimientos vividos por el superhéroe, y ahora Peter Parker / Spider-Man (Tom Holland) sigue protegiendo a la ciudad de Nueva York del crimen callejero desde el anonimato. En su soledad, recuerda a su tía May —a quien lleva flores a su tumba— y, sobre todo, a su novia MJ (Zendaya). Al mismo tiempo, tendrá que lidiar con el duro paso de su juventud a la madurez, ya que sus poderes arácnidos comienzan a sufrir una serie de mutaciones. Estas alteraciones provocan cambios tanto en su carácter como en su cuerpo; por ejemplo, la pérdida de la capacidad de lanzar telarañas de forma orgánica desde sus muñecas, lo que le obliga a crear artilugios para generarlas. Y sí, como es costumbre en toda película de Marvel, cuenta con sus villanos —algunos ya los conocéis, pero otros…— lo dejamos aquí.

Se habla de que este nuevo Spider-Man es la cuarta parte de la saga que se inició con “Spider-Man: Homecoming” (2017), continuó con “Spider-Man: Lejos de casa” (2019) y siguió con “Spider-Man: No Way Home” (2021), donde conocimos a otros Spider-Man de diferentes dimensiones. En cambio, algunos creen que es el reinicio y el comienzo de una nueva saga mucho más ambiciosa, pero sin perder la continuidad del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU). Por mi parte no pienso sacaros de dudas; es mejor que veáis esta nueva entrega que, os aseguro, la vais a disfrutar en sus dos horas y media de metraje.

Comenzaré con la interpretación de Tom Holland, que en esta entrega resulta sencillamente perfecta y creíble. Deja de ser el jovencito ansioso por perseguir el mal y que cometía errores de principiante, para proyectar al espectador de forma innata un torrente de sentimientos y emociones complejas. Gran parte de este mérito se debe al enfoque de Destin Cretton, quien se olvida por completo de las distracciones de los multiversos para centrar la cámara en la pura humanidad de sus personajes, sin omitir, por supuesto, las escenas de acción, de las que ya hablaré.

Nos encontramos ante un Spider-Man profundamente terrenal que se debate en un conflicto interno devastador: la necesidad de seguir haciendo el bien desde el anonimato absoluto contra el peso de una vida en soledad que, evidentemente, no le agrada. El dolor de añorar a su chica y la carga de protegerla desde las sombras marcan su día a día. Para colmo, Peter arrastra el desconcierto de no entender los alarmantes cambios que sufre su propio organismo, manifestados en fuertes dolores de cabeza y en la pérdida de facultades tan vitales como el lanzamiento de telarañas desde sus muñecas, como ya he comentado. En este punto, el director y los guionistas introducen un acierto de guion con cierta carga didáctica: en medio de una escena cotidiana, vemos en un televisor un fragmento de un documental que habla sobre los cambios biológicos que experimentan las arañas al convertirse en adultas, sirviendo como el espejo perfecto de lo que está pasando nuestro protagonista.

Es innegable la química entre Zendaya y Tom Holland, un magnetismo que ya se disfrutaba en las anteriores entregas. Su conexión natural aporta la luz necesaria a una historia ensombrecida por los demonios internos del Bruce Banner de Mark Ruffalo. La obsesión de Banner por contener a “la bestia” fracasa inevitablemente y, tras la emergencia de Hulk, la trama introduce a Frank Castle (Jon Bernthal). A diferencia del resto de los personajes, cuyo lado humano conocemos a fondo, la perspectiva de Castle siempre ha sido oscura. Sin embargo, aquí acude al rescate del Hombre Araña cuando este le pide ayuda, convirtiéndose así en su sombra protectora a lo largo del metraje; un aliado tan implacable como necesario al que Peter no duda en recurrir.

Este impecable manejo de las dinámicas nos lleva a una conclusión clara: nos encontramos ante una obra que es mucho más un film de personajes que de actores, priorizando la evolución dramática por encima del mero lucimiento de las estrellas de Hollywood. Todo el reparto cumple sobradamente y con nota en sus respectivos papeles, sumergiéndose en las aguas de un auténtico thriller psicológico donde el enemigo no es solo físico, sino emocional. El guion explora con una madurez y naturalidad asombrosa cómo el dolor, el rencor y la necesidad de venganza pueden corromper a cualquiera, sirviendo como un espejo oscuro para el propio Parker. En lugar de resolver los conflictos a base de batallas físicas, la narrativa se atreve a hurgar con cierta sutileza en las heridas del pasado, tocando de cerca traumas tan profundos como la pérdida de los seres queridos. Es ahí donde la película recupera la esencia más pura del cómic: recordar que “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”, pero enfocándolo esta vez desde la dolorosa necesidad de tener la valentía de mirar hacia adelante. Su misión en la vida es más grande que el dolor que arrastran, aunque como humanos, sufran.

Lejos de romper el ritmo de la narración, los constantes flashbacks que rememoran el pasado de Spider-Man junto a su tía May, a MJ y a su amigo inseparable Ned no interrumpen en absoluto el metraje; al contrario, lo enriquecen. Cretton utiliza con gran acierto una fotografía nostálgica en la mirada de Brett Pawlak para retratar estos recuerdos, contrastando con la realidad del héroe. Este despliegue visual es el complemento perfecto para potenciar las escenas de acción que no pueden faltar en un film del MCU, que se ven reforzadas por la banda sonora de Michael Giacchino.

En definitiva, Spider-Man: Brand New Day triunfa allí donde otras producciones flaquean: nos devuelve la humanidad tantas veces perdida entre batallas innecesarias, al enfrentarse a los dilemas y al corazón del héroe callejero. Para esta crítica, me he cuidado de no desvelar nada de lo más importante, pues quiero que al igual que me pasó a mí, os sorprendáis. Una obra que no se priva de diálogos para reflexionar y de situaciones de tensión. Os aseguro que esta nueva entrega, a los amantes del Universo Marvel y de Spider-Man, os va a sorprender.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 29 de julio de 2026.

REPARTO: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Sadie Sink, Jon Bernthal, Mark Ruffalo, Michael Mando, Tramell Tillman, Eman Esfandi, Liza Colón-Zayas, Marvin Jones III, Florence Pugh, Jamaal Burcher e Ian Chance.

PRODUCTORA: Marvel Studios // Pascal Pictures // Columbia Pictures // Sony Pictures.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Sony Pictures Releasing de España.

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: El productor, editor, guionista y director, Destin Cretton, fue educado en casa por su madre cristiana. Se mudó a San Diego, donde inició sus estudios en la Universidad Nazarena de Point Loma, especializándose en comunicación. Mientras estudiaba realizó diversos cortometrajes entre los que encontramos “Longbranch: A Suburban Parable” (2002), “Bartholomew's Song” y “Drakmar: A Vassal's Journey” (2006), “Deacon's Mondays” (2007) y “Short Term 12” (2008). Saltó al largometraje con “I Am Not A Hipster” (2012), “Las vidas de Grace” (2013), “El castillo de cristal” (2017), “Cuestión de justicia” (2019), “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” (2021) y este año nos ofrece “Spider-Man: Brand New Day” (2026). Además de los capítulos para las series “Chino americano, la serie” (2023) y “Wonder Man” (2026).