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miércoles, 29 de julio de 2026

SPIDER-MAN: BRAND NEW DAY: CRÍTICA DE CINE

 

Spider-Man: Brand New Day está dirigida por Destin Cretton, con un guion de Chris McKenna y Erik Sommers.

Han pasado cuatro años desde los últimos acontecimientos vividos por el héroe, y ahora Peter Parker / Spider-Man (Tom Holland) sigue protegiendo a la ciudad de Nueva York del crimen callejero desde el anonimato. En su soledad, recuerda a su tía May —a quien lleva flores a su tumba— y, sobre todo, a su novia MJ (Zendaya). Al mismo tiempo, tendrá que lidiar con el duro paso de su juventud a la madurez, ya que sus poderes arácnidos comienzan a sufrir una serie de mutaciones. Estas provocan cambios tanto en su carácter como en su cuerpo; por ejemplo, la pérdida de la capacidad de lanzar telarañas de forma orgánica desde sus muñecas, lo que le obliga a crear artilugios para generarlas. Y sí, como es costumbre en toda película de Marvel, cuenta con sus villanos —algunos ya los conocéis, pero otros…— lo dejamos aquí.

Se habla de que este nuevo Spider-Man es la cuarta parte de la saga que se inició con Spider-Man: Homecoming (2017), continuó con Spider-Man: Lejos de casa (2019) y siguió con Spider-Man: No Way Home (2021), donde conocimos a otros Spider-Man de diferentes dimensiones. En cambio, algunos creen que es el reinicio y el comienzo de una nueva saga mucho más ambiciosa, pero sin perder la continuidad del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU). Yo no pienso sacaros de dudas; es mejor que veáis esta nueva entrega que, os aseguro, la vais a disfrutar en sus dos horas y media de metraje.

Comenzaré con la interpretación de Tom Holland, que en esta entrega resulta sencillamente perfecta y totalmente creíble. Deja de ser el jovencito hambriento por perseguir el mal  y que cometía errores de principiante, para proyectar al espectador de forma magistral un torrente de sentimientos y emociones complejas. Gran parte de este mérito se debe al enfoque de Destin Cretton, quien se olvida por completo de las distracciones de los multiversos para centrar la cámara en la pura humanidad de sus personajes, sin omitir, por supuesto, las escenas de acción, de las que ya hablaré.

Nos encontramos ante un Spider-Man profundamente terrenal que se debate en un conflicto interno devastador: la necesidad de seguir haciendo el bien desde el anonimato absoluto contra el peso de una vida en soledad que, evidentemente, no le agrada. El dolor de añorar a su chica y la carga de protegerla desde las sombras marcan su día a día. Para colmo, Peter arrastra el desconcierto de no entender los alarmantes cambios que sufre su propio organismo, manifestados en fuertes dolores de cabeza y en la pérdida de facultades tan vitales como el lanzamiento de telarañas desde sus muñecas. En este punto, el director y los guionistas introducen un acierto de guion didáctico: en medio de una escena sencilla, vemos un fragmento de un documental en televisión que habla sobre los cambios biológicos que experimentan las arañas al convertirse en adultas, sirviendo como el espejo perfecto de la dolorosa madurez de nuestro protagonista.

Lo que sí existe es la química innegable entre Zendaya y Tom Holland, que ya hemos disfrutado en anteriores películas. Su conexión natural aporta la luz necesaria a una historia donde, por otro lado, el Bruce Banner de Mark Ruffalo arrastra sus propios demonios. La obsesión de Banner es no despertar a “la bestia”, pero como es de esperar, lógicamente termina emergiendo y junto a Hulk, nos encontramos con Frank Castle (Jon Bernthal). Si bien de los demás personajes hemos conocido su lado humano, de Castle siempre ha sido desde una perspectiva, digamos, oscura. Sin embargo, aquí sale al rescate del hombre araña, convirtiéndose en su sombra protectora a lo largo de todo el metraje y, por ende, en un aliado inesperado o esperado al que Peter no dudará en recurrir.

Este impecable manejo de las dinámicas nos lleva a una conclusión clara: nos encontramos ante una obra que es mucho más un film de personajes que de actores, priorizando la evolución dramática por encima del mero lucimiento de las estrellas de Hollywood. Todo el reparto cumple sobradamente y con nota en sus respectivos papeles, sumergiéndose en las aguas de un auténtico thriller psicológico donde el enemigo no es solo físico, sino emocional. El guion explora con una madurez y naturalidad asombrosa cómo el dolor, el rencor y la necesidad de venganza pueden corromper a cualquiera, sirviendo como un espejo oscuro para el propio Parker. En lugar de resolver los conflictos a base de batallas físicas, la narrativa se atreve a hurgar con cierta sutileza en las heridas del pasado, tocando de cerca traumas tan profundos como la pérdida de los seres queridos. Es ahí donde la película recupera la esencia más pura del cómic: recordar que “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”, pero enfocándolo esta vez desde la dolorosa necesidad de tener la valentía de mirar hacia adelante. Su misión en la vida es más grande que el dolor que arrastran, aunque como humanos, sufran.

Lejos de romper el ritmo de la narración, los constantes flashbacks que rememoran el pasado de Spider-Man junto a su tía May, a MJ y a su amigo inseparable Ned no interrumpen en absoluto el metraje; al contrario, lo enriquecen. Cretton utiliza con gran acierto una fotografía nostálgica en la mirada de Brett Pawlak para retratar estos recuerdos, contrastando con la realidad del héroe. Este despliegue visual es el complemento perfecto para potenciar las escenas de acción que no pueden faltar en un film del MCU, que se ven reforzadas por la banda sonora de Michael Giacchino.

En definitiva, Spider-Man: Brand New Day triunfa allí donde otras producciones flaquean: nos devuelve la humanidad tantas veces perdida entre batallas innecesarias, al enfrentarse a los dilemas y al corazón del héroe callejero. Para esta crítica, me he cuidado de no desvelar nada de lo más importante, pues quiero que al igual que me pasó a mí, os sorprendáis. Una obra que no se priva de diálogos para reflexionar y de situaciones de tensión. Os aseguro que esta nueva entrega, para los amantes del Universo Marvel y de Spider-Man, os va a sorprender.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 29 de julio de 2026.

REPARTO: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Sadie Sink, Jon Bernthal, Mark Ruffalo, Michael Mando, Tramell Tillman, Eman Esfandi, Liza Colón-Zayas, Marvin Jones III, Florence Pugh, Jamaal Burcher e Ian Chance.

PRODUCTORA: Marvel Studios // Pascal Pictures // Columbia Pictures // Sony Pictures.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Sony Pictures Releasing de España.

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: El productor, editor, guionista y director, Destin Cretton, fue educado en casa por su madre cristiana. Se mudó a San Diego, donde inició sus estudios en la Universidad Nazarena de Point Loma, especializándose en comunicación. Mientras estudiaba realizó diversos cortometrajes entre los que encontramos “Longbranch: A Suburban Parable” (2002), “Bartholomew's Song” y “Drakmar: A Vassal's Journey” (2006), “Deacon's Mondays” (2007) y “Short Term 12” (2008). Saltó al largometraje con “I Am Not A Hipster” (2012), “Las vidas de Grace” (2013), “El castillo de cristal” (2017), “Cuestión de justicia” (2019), “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” (2021) y este año nos ofrece “Spider-Man: Brand New Day” (2026). Además de los capítulos para las series “Chino americano, la serie” (2023) y “Wonder Man” (2026).

miércoles, 22 de julio de 2026

MOTOR CITY: CRÍTICA DE CINE

Motor City está dirigida por Potsy Ponciroli con guion de Chad St. John. “El amor desata la venganza”

John Miller (Alan Ritchson) avanza por los tejados de un edificio cargando el cuerpo de un hombre sobre sus hombros. Se detiene en seco y observa la calle: en la noche silenciosa, varios vehículos circulan a gran velocidad. Asistimos a una persecución vista desde dos planos simultáneos. Abajo, la huida desesperada de tres coches; y arriba, el propio John utilizando las azoteas como vía de escape.

En el instante preciso en que el automóvil del capo Reynolds (Ben Foster) cruza bajo su posición, John le arroja el cadáver provocando un brutal accidente. Tras descender a la caza de su objetivo, Reynolds logra reanimar el motor, pero el protagonista se lanza sobre el capó y, en una pirueta, abre fuego directo contra el parabrisas. Entre la metralla del cartucho, la pantalla congela el destello de un anillo.

La narración nos presenta a John con su pareja Sophia (Shailene Woodley) desde el momento en que se conocieron hasta la actualidad viviendo juntos, donde John se declara a Sophia ofreciéndole un anillo. Los dos rebosan felicidad cuando un bote de humo rompe una de las ventanas y… Y aquí lo dejo.

Alan Ritchson es un actor de pocas palabras y mucha acción, un intérprete de gran corazón como lo es su descomunal físico que aquí carga con la responsabilidad de ejecutar la justicia por su mano. En Motor City, todo se pone a su favor: el dolor y el sufrimiento físico se transmiten de forma visceral a través de su propio cuerpo. Sin embargo, en esta ocasión, la escasez de diálogos es el denominador común en todos los personajes. El libreto recupera con audacia la narrativa formal del cine mudo, donde las contadas frases que se escapan a lo largo del metraje solo sirven para subrayar la brutalidad del entorno. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven las palabras cuando la imagen y la acción ya dan cuenta de ello?

En los tiempos del cine mudo, la sala se llenaba con el sonido de un piano y es que la música siempre ha estado ligada al cine. Por eso, en esta ocasión, el peso del metraje recae en la imponente arquitectura sonora diseñada por Steve Jablonsky y en la brutal selección musical a cargo de Jack White. La inserción de clásicos inmortales como “The Chain” de Fleetwood Mac, “Nights in White Satin” de The Moody Blues, “Lovely Day” de Bill Withers o “I Feel Love” de Donna Summer, por poner algunos ejemplos, genera un contraste electrizante con la crudeza de la historia. Lejos de ser un mero fondo, las canciones actúan como ese piano de los orígenes, convirtiéndose en un personaje más que pauta el ritmo de las escenas de acción. Es una experiencia tan inmersiva que resulta imposible no encontrarse en la butaca tarareando estos temazos de los 70 mientras se disfruta de la adrenalina de la acción pura y dura.

De la mano como aliado indispensable de esta sinfonía sonora, el director se apoya en la elegante y exquisita fotografía de John Matysiak. Al renunciar a las explicaciones habladas y a los diálogos que muchas veces se meten con calzador, la cámara de Matysiak se convierte en el verdadero narrador visual de esta odisea nocturna. Su iluminación texturizada, que evoca la decadencia del Detroit de la época, y sus calculados encuadres –como esa persecución descrita al inicio entre los tejados y el asfalto, los planos detalle, las gesticulaciones, las miradas, el propio lenguaje corporal, sin olvidar las tonalidades y la iluminación– se encargan de guiar de forma impecable al espectador, sin dejarle despegar la mirada de la pantalla, por las entrañas del peligro.

Ponciroli se ha marcado un gol por toda la escuadra con esta propuesta marcadamente experimental, no exenta de ciertos riesgos, de la que sale logrando una nota excelente. Potsy nos demuestra una valentía encomiable al confiar el destino de un thriller comercial a la fuerza pura de la puesta en escena, esquivando la necesidad de sobreexplicar el conflicto al espectador. Este riesgo interpretativo se traslada también al duelo actoral, donde el imponente despliegue físico de Alan Ritchson encuentra su contrapeso perfecto en la sádica y contenida presencia de Ben Foster como el implacable Reynolds. Con este magnífico pulso de violencia y luto, la película se desmarca de las fórmulas habituales de la cartelera actual, regalando un ejercicio de estilo salvaje y estimulante que se saborea y se vive con los sentidos. ¿Qué mejor experiencia podemos pedir ante un trabajo cincelado con el máximo esmero?

En resumen, la fuerza de esta propuesta radica en el enorme acierto de recuperar la pureza narrativa del cine mudo en pleno siglo XXI a través de apenas una docena de frases, apoyándose en una banda sonora que no acompaña, como en tantas ocasiones, sino que lidera la acción hasta convertirse en un personaje con entidad propia. A ello se suma un trasfondo poético y romántico magistralmente representado en esos cartuchos de escopeta artesanales fabricados por el entorno obrero de Miller, un detalle soberbio donde el protagonista introduce cierto elemento para brindar la venganza a su amor asesinado y hacerla partícipe directa de su justicia. Todo ello coronado por el imponente duelo físico y gestual entre un Alan Ritchson colosal en su sufrimiento y un Ben Foster impecable en su mezquindad, redondeando una obra que se siente tan visceral como artística. Logro conseguido.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 24 de julio.

REPARTO: Alan Ritchson, Shailene Woodley, Ben Foster, Ben McKenzie, Pablo Schreiber, Lionel Boyce, Amer Chadha-Patel, Rafael Cebrián, Peter Epstein, Dominic Bogart, Scott Vogel, Iván Amaro Bullón, Tom Johnson, Oleg Prudius, Mister Fitzgerald, Elliott Mayer, James Blake Carrington, Vivia Font, Dennis Jay Funny, Bob Leszczak, Edward Olaie, Neil Schleifer y Gokce Erenmemisoglu.

PRODUCTORA: Black Bear// Gramercy Park Media// Stampede Ventures// Peachtree Media Partners.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Vértice 360

FILMOGRAFIA: Poco sabemos de Potsy Ponciroli, salvo que es productor, guionista y director de cine y televisión. Debutó en la dirección con “Super Zeroes” (2012), “Colt Ford: Crank It Up” y “Live at Wild Adventures” en (2014), “Old Henry” (2021), “Fuera de la ley” (2024) y este año nos ofrece “Motor City” (2025). También cuenta con los videoclips “Jerrod Niemann: Lover, Lover” (2010) y “Colt Ford ft. Jason Aldean: Drivin`Around Song” (2013) y algunos capítulos de la serie “Still the King” (2016/17).

martes, 21 de julio de 2026

EL MENSAJE: CRÍTICA DE CINE

 

La coproducción entre Argentina, España y Uruguay, El MENSAJE está dirigida por Iván Fund compartiendo guion con Martín Felipe Castagnet. “Retratos de quietud en blanco y negro sobre la supervivencia familiar”

A bordo de una vieja autocaravana conoceremos a los abuelos Myriam (Mara Bestelli) y Roger (Marcelo Subiotto) y su nieta Anika (Anika Bootz). En medio de una profunda crisis económica, Myriam y Roger buscan sobrevivir aprovechando el extraño don de la pequeña: la capacidad de comunicarse con los animales y las mascotas de personas en pleno duelo, o de aquellos dueños desesperados cuyos veterinarios no encuentran remedio a los males de sus compañeros.

Estamos ante un filme puramente contemplativo, donde la imagen devora a la acción. Para lograrlo, el director de fotografía Gustavo Schiaffino recurre a un cuidadísimo blanco y negro donde la iluminación esculpe cada escena. La cámara se detiene con minuciosidad en los encuadres de la naturaleza rural de Entre Ríos, un paisaje que se explora y explota a través de esta road movie minimalista. El entorno natural se convierte en un personaje más que se funde con los rostros del trío protagonista, reflejando el aislamiento físico y el desamparo de esta familia atrapada en una asfixiante crisis económica.

Por momentos, el filme parece el trabajo de un fotógrafo artístico que retrata no solo el paisaje, sino a sus tres protagonistas, deseando que formen parte de ese entorno silencioso para la eternidad. La cámara se acerca lentamente a ellos y se detiene justo cuando alcanzan una quietud absoluta, congelando el tiempo como si se tomara una fotografía analógica. Otras veces, por el contrario, es el personaje quien busca la complicidad directa con el objetivo, como en la escena donde entrevistan a la abuela para la televisión con el fin de hacer publicidad del negocio o los instantes donde la joven Anika se ve sorprendida por el móvil de su abuela, mientras estudia en el interior de la caravana. Sin embargo, si bien esa fotografía se disfruta y se palpa desde un plano puramente artístico, la extrema lentitud de cada secuencia puede llegar a desesperar al espectador más imperturbable.

Fund nos obliga a observar, a detenernos en el descarnado día a día de los tres protagonistas. La pantalla se llena con sus costumbres cotidianas: los momentos para el aseo, las comidas austeras, los instantes para el estudio, los silencios pesados e incluso el momento en que, entre juegos y risas, el abuelo desprende a su nieta uno de sus dientes de leche que está a punto de caerse. A esto se suman los problemas respiratorios de la niña, obligada a utilizar una mascarilla de nebulización en la estrechez de la autocaravana. En este entorno hostil, la magia de la infancia parece rota: el Ratoncito Pérez no acude a la cita, obligando al abuelo a dejar un billete falso con una nota para sustituir al personaje mitológico. Sin embargo, ese mismo abuelo no duda en gastarse sus pequeños billetes en una máquina de grúa hasta lograr sacar el peluche que su nieta tanto desea; un hermoso contraste que demuestra que el afecto sobrevive a la miseria, como la escena donde Anika le confiesa a su abuela Myriam que un pájaro le ha transmitido un mensaje para ella.

A nivel interpretativo, destaca de forma sobresaliente Mara Bestelli en el papel de la abuela. Su actuación es desgarradora, retrata a una mujer valiente y luchadora con sus luces y sombras que no llegaremos a conocer; capaz de engatusar y mentir con tal de garantizar la supervivencia de los suyos. Resulta sumamente curioso que, aunque ella carga con todo el peso de la dinámica familiar, el filme deje entrever el lado patriarcal dejando en evidencia el trasfondo social de los personajes.

En definitiva, El mensaje es una propuesta que sorprende, especialmente viniendo del cine argentino, que tiene una ganada y justificada fama de ser muy hablado, de diálogos rápidos y torrenciales. Aquí, por el contrario, las palabras escasean de principio a fin, cediendo todo el protagonismo al silencio y a la potencia visual. Una obra melancólica sobre la supervivencia familiar y los lazos que nos unen más allá de las palabras.

Mi nota es: 5,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 24 de julio.

REPARTO: Mara Bestelli, Mercelo Subiotto, Anika Bootz y Betania Cappato.

PRODUCTORA: Rita Cine// Insomnia Films// Amore Cine// Panes Contenidos// Blurr Stories.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: BTeam Pictures.

FILMOGRAFIA: El productor, guionista y director, Iván Fund estudió en la escuela secundaria de Crespo en Entre Ríos y comenzó sus estudios de cine en Buenos Aires, pero decidió abandonarlos para dedicarse a filmar sus primeros proyectos entre los que encontramos los cortometrajes “Vals” (2006), “Sirenas” y “El baile” (ambas en 2007) y “Amaina” (2010), cuenta también con los mediometrajes “Cíclope” (2008). “El asombro” (2014), “El organismo” (2015) y en el largometraje tras debutar con “La risa” (2009) llegaron: “Los labios” (2010), “Hoy no tuve miedo” (2011), “Me perdí hace una semana” (2012), “AB” (2013), “Toublanc” (2017), “Vendrán lluvias suaves” (2018), “Piedra Noche” (2021) y el pasado 2025 estrenó “El mensaje” que llega ahora a nuestras salas.

lunes, 6 de julio de 2026

HALF MAN: CRÍTICA DE SERIE

Half Man, creada por Richard Gadd y dirigida por Alexandra Brodski y Eshref ReyBrouck.

Hay ficciones que no se ven con comodidad; se sufren en la piel, se graban en la memoria y atraviesan el alma, sin olvidar que nuestro sistema nervioso permanecerá siempre alerta. Tras el arrollador e histórico éxito de la también miniserie Mi reno de peluche —que logró una importante cosecha de premios en 2025, entre ellos 2 Globos de Oro y 4 Emmy—, el creador escocés Richard Gadd regresa con Half Man, un demoledor y nuevo fenómeno que eleva la apuesta dramática hacia terrenos verdaderamente devastadores en una coproducción de la BBC y HBO.

La historia nos traslada a un pequeño y aislado pueblo escocés. Allí seguimos las vidas de Lori (Neve McIntosh) y Maura (Marianne McIvor), una pareja de mujeres que han criado juntas a sus respectivos hijos varones de matrimonios anteriores. El hijo de Lori es Niall (Jamie Bell), un joven profundamente reprimido, sensible y marcado por un complejo de victimismo que deviene en una sutil masculinidad tóxica pasiva. En el polo opuesto se encuentra Ruben (Richard Gadd), el hijo de Maura: un torbellino impulsivo, violento y dominado por una imperiosa necesidad de control y codependencia absoluta.

La mecha narrativa no tarda en encenderse, pues lo hace al poco de iniciarse la trama, cuando Ruben irrumpe de forma inesperada y no deseada en la boda de su “hermano” Niall. A partir de ese estallido inicial, donde vemos como las respiraciones se detienen y las miradas fusilan al recién llegado, la trama se fragmenta de manera formidable a través de potentes flashbacks que nos retrotraen hasta cuatro décadas atrás. Nos adentramos así en algo más de seis horas de pura angustia cinematográfica, pero sin duda muy adictivas. Es como un ejercicio de puro masoquismo televisivo. Una inmersión implacable en una toxicidad de un calibre inimaginable, donde el espectador es testigo de una verdad incómoda y autodestructiva: si su anterior propuesta nos dejó un sabor agridulce, esta nueva obra directamente nos rompe por dentro capítulo a capítulo.

El verdadero corazón de Half Man reside en el brutal duelo interpretativo entre Jamie y Richard. Lo que impacta desde el primer instante es la tremenda naturalidad y la absoluta entrega física y emocional de ambos actores. A través de un magnífico guion, el espectador va descubriendo poco a poco sus complejas personalidades, sus profundas contradicciones, sus complejos y sus rivalidades soterradas. En sus miradas se puede leer, de forma nítida en esos primeros planos, el miedo, el odio, el rencor e incluso un retorcido amor. ¿Fraternal o algo más? Sus palabras no son simples diálogos; son puñales diseñados para causar el mayor dolor posible, penetrar en el alma del otro y demolerla por completo. Es un juego del gato y ratón tan retorcido que nos deja sin aliento ante la pantalla. Es inevitable odiarlos cuando muestran su peor afán de destrucción, pero también amarlos cuando se vuelven vulnerables, mostrando su realidad. Sin embargo, esa humanidad es un espejismo: su vulnerabilidad dura apenas lo mismo que el batir de alas de una mariposa frente a un torbellino.

La miniserie realiza una radiografía perfecta de la masculinidad tóxica y, me atrevería a decir que sobrepasando muchos límites. Son dos vertientes opuestas que se retroalimentan. Por un lado, la pasividad maquiavélica de Niall. Su toxicidad nace de la envidia pura y de una profunda codicia; se autopercibe como un pobre infeliz y está convencido de que su “hermano” tiene, injustificadamente, todo lo que él merece. Niall utiliza su inteligencia de forma retorcida para crear situaciones incómodas y aterradoras, buscando dañar y traicionar a Ruben, e incluso aprovechándose de la situación familiar cuando surgen deudas económicas. Por otro lado, Ruben es la fuerza bruta. Un hombre de físico imponente que traspira testosterona por cada poro de su piel, pero cuyo machismo recalcitrante esconde una profunda frustración interna. Ruben descarga su violencia para camuflar sus propios complejos e inseguridades como hombre, sintiéndose desarmado ante la realidad de su hermano. Entre ambos personajes flota una tensión constante y una sexualidad latente muy perturbadora. Son dos polos opuestos atrapados en una atracción destructiva, dolorosa y oscura; una oscuridad tan abrasadora que hasta la propia noche temblaría; un vínculo enfermizo donde el amor y el odio se confunden en un juego donde la única salida posible parece ser la autodestrucción mutua. ¿Llegarán a tal estado o la cordura les frenará?

Mención aparte merecen las madres de ambos, Lori y Maura, que también tienen mucha tela que cortar en este relato. La ficción no se conforma con la toxicidad de los hijos; la madre de Niall demuestra ser una figura de una pasividad dañina, mientras la madre de Ruben arrastra su propia dosis de conflicto, aunque el guion logra de forma brillante que te apiades de ellas, aunque luego, te haga reflexionar si merecen o no el perdón.

A nivel técnico, la dirección de Alexandra Brodski y Eshref ReyBrouck es impecable. Logran mantener una atmósfera asfixiante y un ritmo milimetrado a lo largo de sus seis episodios, estructurados de tal forma que cada final de capítulo te deja con una necesidad imperiosa de más. En este apartado estético, resulta de justicia alabar la sobriedad de la fotografía de Carlos Catalán y Frederic Van Zandycke, junto a la perfecta elección de sus planos, cuyas luces, sombras y encuadres envuelven al espectador en el aislamiento claustrofóbico de ese pequeño pueblo escocés.

Pero si hay un elemento que termina por redondear esta experiencia sensorial es, sin duda, su impactante banda sonora. La música de Evgueni Galperine y Sacha Galperine. La música en Half Man duele tanto como las propias interpretaciones. No es un simple adorno de fondo; es una composición atronadora que acrecienta el drama, el sentir de los latidos de los corazones o la obnubilación de las mentes; elevando la tensión a niveles insoportables y dejando al desnudo las miserias de sus personajes. En ocasiones, la melodía se adelanta de forma sutil a los acontecimientos, preparándote para el golpe, y luego te taladra el cerebro y los sentidos cuando estalla el momento, ya sea esperado o completamente inesperado. Una genialidad técnica que se complementa con unos giros argumentales potentes de los que es mejor no hablar para no arruinar la experiencia al espectador.

En definitiva, Half Man no busca agradar al público, sino confrontarlo. Es una miniserie cruda, implacable en su violencia psicológica, redonda en su ejecución y abrasadora en sus interpretaciones. Gadd demuestra que lo suyo no fue un éxito puntual, entregándonos una de las ficciones más desgarradoras, potentes y dolorosamente adictivas de la televisión actual. Un viaje turbio que te mantiene con las pulsaciones al límite y del que es imposible salir ileso. Preparen su sistema nervioso, cuando le den clip a esta serie.

Mi nota es: 8,5

REPARTO: Richard Gadd, Jamie Bell, Mitchell Robertson, Stuart Campbell, Neve Mclntosh, Charlie de Melo, Tim Downie, Anjli Mohindra, Tom Andrews, Marianne Mclvor, Amy Manson, Sandy Matchelor, Kal Sabir, Kate Robson-Stuart, Ruchika Jain, Russ Bain, Bilal Hasna, Julie Cullen, Paul Antony-Barber, John Scougall, Adam McNamara, Simon Chandler, Stuart McQuarrie, Euan Macnaughton, Colin McCredie, Gordon Brown, George Anton, Jason Alan Staines, Paul Tinto, Rowan Mclntosh, Carol Ann Crawford, Anthony Strachan, Cara Kelly, Ewan Black, Nebli Basani, Brian Alexander, Andrew Watson, Martin Docherty, Piers Ewart,  Paul Giddings, Gemma Laurie, Craig McDonald-Kelly, Lucas Kelly y Martin Donaghy.

PRODUCTORA: BBC Studios// HBO // Mam Tor Productions// Screen Scotland// The Forge Entertainment// Thistledown Pictures.

jueves, 2 de julio de 2026

COSAS QUE NO OLVIDARÉ: CRÍTICA DE CINE

Hay gestos cotidianos que encierran la inmensidad de una vida entera. Un padre que se desliza la maquinilla por la barba cubierta de jabón, mientras su hijo de 11años, imberbe también tiene jabón en la cara y lo imita con una cuchara frente al espejo; en apariencia es una estampa rutinaria más. Sin embargo, en Cosas que no olvidaré (Per te), el director Alessandro Aronadio – quien firma el guion junto a Ivano Fachin y Renato Sannio – convierte esa complicidad padre/hijo en el prólogo de una dolorosa cuenta atrás.

En esta escena inicial vemos como un padre, Paolo (Edoardo Leo) enseña a su hijo a afeitarse, cuando a pelo y cuando a contrapelo. Mientras él lo hace con la maquinilla, su hijo Mattia (Javier Francesco Leoni), lo reproduce con una cuchara. Paolo tiene 40 años, está casado con Michela (Teresa Saponangelo) a la que ama con todas sus fuerzas, al igual que a su hijo. Lo son todo en la vida para él. Nos explica que nunca había olvidado nada, pero que ahora no recuerda cosas tan normales como el lugar donde ha dejado el coche aparcado, dejar las llaves puestas por dentro de la cerradura – un despiste tan habitual en cualquier hogar – e incluso la dirección de su trabajo; y que ahora, frente a su especialista recibe la noticia de que padece una variante rara de Alzhéimer precoz y que en unos meses es posible que no recuerde nada. Tras muchas lágrimas después…

El verdadero triunfo de Cosas que no olvidaré no radica en la búsqueda de la lágrima fácil – aunque desde que conocemos la noticia el corazón y el alma empiezan a encogerse –, sino en el diamante en bruto que se irá puliendo a través de la autenticidad con la que se construyen las rutinas familiares y el estudio de sus personajes. La película acierta de pleno al proponer un tierno e inteligente juego de contrastes psicológicos y emocionales entre sus tres protagonistas principales. Frente a un Paolo innatamente soñador, que se resiste a sepultar su sentido del humor bajo el peso implacable del diagnóstico médico, el guion opone el realismo inquebrantable de su entorno más cercano: su esposa Michela y su hijo Mattia. Es ella quien ejerce de brújula moral y pragmática en el relato; lejos de amparar el escapismo de su marido, le exige con firmeza que deje de camuflar la realidad y asuma el peso definitivo de compartir la verdad con su hermano, con quien lleva años enfadado, y su propio hijo.

Las situaciones cotidianas del trío esquivan con elegancia el melodrama en el que tantas cintas caen gracias a la solidez de sus pequeños detalles cotidianos y las chispas de humor tan bien gestionadas entre los diálogos. Aunque en alguna ocasión se escapa una carcajada, fruto en parte de la tensión emocional, enseguida queda velada. Una escena que serviría de ejemplo es cuando Michela lamenta con amargura no recordar la última vez que salieron a cenar juntos, la réplica de Paolo es una mirada impregnada de amor absoluto acompañada de un rotundo «yo sí». Un destello de lucidez tan sutil como trágico que funciona como una síntesis de la propia enfermedad: el dolor silencioso de saberse el único guardián de un pasado compartido que ya se ha evaporado para su compañera de vida.

Aronadio maneja el montaje con destreza para hacernos viajar por las imágenes de lo que un día se dijeron siendo novios, fundiendo las promesas del ayer con el presente. Sin embargo, la realización introduce un recurso visual devastador en su intimidad: esos instantes en los que la fotografía emborrona el rostro de Michela ante los ojos de Paolo. Es ahí donde el protagonista despliega uno de sus mayores actos de amor protector, disimulando para no inquietarla ni hacer que lo note, transformando su terror privado en un secreto tan humano que raya la heroicidad. Esta entrega total alcanza su cota máxima cuando Paolo, queriendo evitarles un sufrimiento futuro, le pide en la cama del hotel que lo interne en un hospital cuando llegue el momento crítico para que ella y el pequeño Mattia vivan sus vidas en libertad. La respuesta de Michela, la dejo para que la descubráis. Solo puedo suscribir que el amor en este film no es una opción voluble, sino un compromiso inquebrantable ante la peor de las tormentas. Un amor nada dulzón al igual que el drama. Ambos interactúan con la delicadeza que provoca el batir de las alas de una mariposa.

La obra va colocando cada pieza con precisión, sin prisas, confeccionando un puzle de vida, sabiendo que alguna de esas piezas no las volverá a recordar jamás, por eso lo más importante lo anota en una libreta. Uno de esos momentos es cuando toma la drástica resolución de aparcar sus obligaciones profesionales para entregarse por completo a los suyos, dividiendo sus jornadas en un pacto sagrado donde su menguante tiempo se oxigena a través de dos pulmones bien diferenciados. Por un lado, el pulmón diurno es su hijo Mattia, con quien comparte un tierno viaje de aprendizaje mutuo en plena naturaleza, accidentadas clases de conducción y confidencias en la antigua habitación infantil que compartía con su hermano. Es allí donde, bajo el influjo nostálgico de Rocky (1976), Paolo verbaliza su realidad mediante una potente metáfora: que no importa cuántas veces caigamos, lo verdaderamente crucial es levantarse ante la adversidad.

Por otro lado, el pulmón nocturno es su esposa Michela, con quien Paolo se desvive por mantener viva esa chispa de amor que nunca ha dejado de arder. Esta resistencia romántica se traduce en sofisticadas escapadas, íntimas conversaciones en la habitación de un hotel, cenas de enamorados y una desgarradora salida a la ópera. Allí, bajo los acordes del demoledor aria “E lucevan le stelle” de Tosca de Puccini, la música funciona como un hermoso espejo de su propia realidad. En paralelo, el film gana enteros gracias a la visita de Paolo a su hermano, un secundario imprescindible que inyecta la dosis precisa de realismo a una historia que necesita ser cerrada entre ambos. Entre aquellas paredes se habla del miedo y el hijo, en la intimidad de la habitación tras ver la película ya mencionada, le dice al padre «una vez me dijiste que lo importante no es tener miedo, porque a los demás les pasa, sino qué haces con ese miedo»

Vamos a ir finalizando y para ello comentaros que sostener un largometraje de estas características sin caer en la caricatura lacrimógena y el tedio, requiere de un actor en estado de gracia, y Edoardo Leo firma aquí el papel quizás más complejo y maduro de su carrera. Su interpretación es un recital de contención y verdad física; Leo expresa a la perfección el doloroso calvario de las transiciones de la enfermedad. El espectador asiste impotente a su frustración rabiosa entre sus miradas lánguidas, tristes y esperanzadoras a la vez que sus silencios atronadores, al verse incapaz de controlar la disolución de su propia mente y, finalmente, a una conmovida resignación. Su mirada refleja con una lucidez trágica cómo las páginas de su identidad se van borrando irremediablemente. A su lado, Teresa Saponangelo y el joven Javier Francesco Leoni sostienen la réplica con una naturalidad que desarma y duele, huyendo de los vicios del melodrama pastiche.

En el apartado técnico, la película se beneficia notablemente de una sobria fotografía de Andrea Reitano, captando la luz de la existencia y aquellos planos que retratan la cotidianidad pasando a nuestro lado, complementada por una partitura musical de Santi Pulvirenti, que sabe abrazar el silencio en los momentos más punzantes y pasar de puntillas para no alterar el ecosistema que se ha formado a lo largo de la narración. Fotografía y partitura maduras y profundamente humanistas, que celebran el compromiso de la familia. Una obra que araña el corazón pero que, lejos de hundir al espectador, lo saca de la sala entre nubes al reconectarlo con el valor del tiempo presente y de saber vivirlo con intensidad, pues nunca sabemos cuándo la oscuridad de una forma u otra, aparecerá.

MI NOTA ES: 8

ESTRENO EN ESPAÑA: 3 de julio.

REPARTO: Edoardo Leo, Teresa Saponangelo, Javier Francesco Leoni, Eleonora Giovanardi, Giorgio Montanini, Guia Jelo, Daniele Parisi y Alessandro Giallocosta.

PRODUCTORA: Lungta Film

DISTRIBUIDORAS EN ESPAÑA: Bteam Pictures y Bosco Films.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Alessandro Aronadio, estudió en la Universidad de Palermo, graduándose en Psicología y continuó especializándose en dirección en la Escuela de Cine de Los Ángeles a finales de 2002. Se inició con los cortometrajes: “The Story of Adam & Eve”, “Hollywood Stories” ambas en (2002), “Glorybox” y “Lost D.” en (2003) y “Roman Holiday” (2008). En el largometraje debutó con: “Due vite per caso” (2010), “Orecchie” (2016), “Io c´è (2018), “Ya era hora” (2022) y este año llega a las pantallas españolas “Cosas que no olvidaré” (2025). Cuenta también con el video musical “Brain” (2007).

miércoles, 24 de junio de 2026

LETRAS ROBADAS: CRÍTICA DE CINE

 

La coproducción entre Irlanda y Estados Unidos, Letras Robadas está dirigida por John Carney, quien comparte guion con Peter McDonald. “Esta canción cambió mi vida”

Rick Power (Paul Rudd) es el cantante de un grupo musical de cinco miembros que se dedica a amenizar bodas. Durante una de estas celebraciones, descubren que entre los invitados se encuentra la gran estrella del pop del momento, Danny Wilson (Nick Jonas). A petición de los novios, Rick invita al famoso cantante a subir al escenario ante la algarabía de todos los presentes. Danny demuestra ser un joven simpático y acepta cantar junto a él, convirtiendo la velada en un éxito absoluto.

La noche se vuelve aún más especial cuando, mientras Rick pasea por los jardines de la mansión, Danny lo llama. Ambos entablan una animada conversación de colegueo sobre música y lo que les inspira componer. Durante la misma, Rick le desvela la letra de una canción íntima. Como todas sus composiciones, la escribió pensando en su mujer, Rachel Power (Marcella Plunkett), con quien tiene una hija adolescente, Aja Power (Beth Fallon). Danny le entrega su tarjeta y se despiden.

Pasan unos meses y, mientras camina por un centro comercial, Rick escucha un tema en los altavoces: es la canción que él había compuesto y que Danny le ha robado. El tema se ha transformado en un éxito mundial. Mientras su familia lucha día a día para sobrevivir, Danny se está forrando gracias a las reproducciones en internet. Indignado, Rick decidirá viajar junto a su inseparable compañero Sandy (Peter McDonald) para buscar a la estrella pop y reclamar lo que es suyo.

Pensaba comenzar con las interpretaciones de los personajes, que tanto me han atrapado, pero esta vez he decidido que sea él, John Carney, quien abra la reseña, pues su dirección es sumamente acertada al apostar por una propuesta cinematográfica “blanca”, de esas que hoy en día escasean y se echan tanto de menos, pues resultan ideales para disfrutar en familia. El guion esquiva con elegancia el melodrama facilón o los golpes bajos, manteniéndose libre de palabras malsonantes o de giros innecesarios. Incluso en sus momentos más dramáticos, la historia se acepta con agrado porque no busca manipular al espectador, sino presentar con honestidad las realidades que ambos protagonistas viven en sus carnes, aunque estoy seguro que en el mundo de la industria, son más descarnadas. No hay villanos con maldad en esta función, solo el retrato humano de dos caminos opuestos que chocan de frente.

El gran pilar que sostiene este filme es, sin duda, el excelente duelo interpretativo de sus protagonistas. El buen rollo entre Paul Rudd y Nick Jonas, aun interpretando a dos rivales en pleno conflicto, es fantástico. Se nota desde el primer minuto que ambos se están divirtiendo en la pantalla junto al resto del reparto, algo que de forma innata contagia una energía positiva al espectador. Esta química tan especial permite que la trama fluya y transite por momentos memorables, incluyendo la secuencia de la pelea en la fiesta, que resulta de lo más rocambolesca y divertida. Rudd aporta su habitual carisma impregnado de una emotiva vulnerabilidad, mientras que Jonas sorprende gratamente al encarnar con total naturalidad las luces y las sombras de una gran estrella del pop actual, en ocasiones presionada por quienes tiene alrededor: los verdaderos chupasangres. ¿Cuántos artistas han caído en esas redes especulativas?

Como es de esperar en el cine de Carney, la música se convierte en el mejor compañero de viaje a lo largo de la cinta, dotando al metraje de una fluidez, armonía y entretenimiento encomiables que logran hacerte tararear para tus adentros y mover los pies en la butaca. – No sé a vosotros, al menos a mí sí. – Es una banda sonora juguetona, compuesta por John Carney y Gary Clark, reflejo fiel de la actitud de sus propios personajes. A esta vibrante atmósfera  musical se suma la acertada fotografía de Yaron Orbach, que, aunque nos regala algunas magníficas escenas en exteriores como jardines, carreteras y otros espacios; deslumbra principalmente al retratar los espacios cerrados. La cámara se mueve con maestría entre la espectacularidad de los estadios repletos de fans y la elegancia de los salones de boda, deteniéndose en la intimidad de los estudios de grabación o en esa gran mansión de amplios ventanales desde donde vemos componer, meditar y tocar a Danny. Sin embargo, tras la fachada del éxito comercial y las reproducciones en internet, el filme esconde un latido emocional mucho más íntimo. El enfado de Rick ante el plagio no nace de la codicia ni del deseo de fama, sino del valor sentimental de un recuerdo privado hecho canción; a mi juicio, lo que de verdad te hace abrazar la película de principio a fin.

Resumiendo, toda esta marea de emociones contenidas estalla en su tramo final, gracias a un montaje en paralelo verdaderamente excepcional. Estamos por tanto, ante un filme sumamente entretenido y palomitero que nos invita a reflexionar sobre los entresijos de la industria de la música desde una perspectiva quizás demasiado bucólica; un detalle menor que al espectador apenas le importará, pues lo que realmente busca – y encuentra – es todo lo que rodea a esta entrañable obra: grandes composiciones, interpretaciones magníficas, un ritmo que hace pasar un rato formidable y, por encima de todo, la honestidad de una propuesta que ofrece exactamente lo que promete: diversión para una tarde o noche de verano.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 26 de junio.

REPARTO: Paul Rudd, Nick Jonas, Jack Reynor, Havana Rose Liu, Rory Keenan, Sophie Vavasseur, Peter McDonald, Kelly Thornton, Paul Reid, Juliette Crosbie, Marcella Plunkett, Mae Higgins, Beth Fallon, Kate Moon, Martha Breen, Peter McGann, Donncha O´Dea, Ebimie Anthony, Caelum Frazer, Ruby Dunne, Sionnan Dunne, Márcio Wille, Hristiyana Yotova, Ian Dillon, Tudor Stefan, Keith McErlean y Naoimh Whelton.

PRODUCTORA: Screen Ireland// Fís Éireann/Screen// 30West// Treasure Entertainment// Likely Story.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films.

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: El guionista, productor y director se ha especializado en películas de drama musical. Estudió en el De La Salle College Churchtown y en el Synge Street CBS. Fue bajista de la banda de rock irlandesa The Frames entre 1991/93. Además de contar con la dirección de algunos videos musicales, debutó en el largometraje con “November Afternoon” (1996) continuando con “Park” (1999) y “Al límite” (2001), “Once” (2006), “Zonad” (2009), “The Rafters” (2012), “Begin Again” (2013), “Sing Street” (2016), “Flora y su hijo Max” (2023) y “Letras robadas” (2026). También cuenta con el cortometraje “Zonad” (2003). El programa especial para televisión “Bachelors Walk Christmas Special” (2006) y capítulos para series como: “Bachelors Walk” (2001/03), “The Modest Advewntures of David O`Doherty” (2007), “Modern Love” (2019/2021), “Maravillas modernas” (2024).

martes, 9 de junio de 2026

UN TALENTO ÚNICO: CRÍTICA DE CINE

La coproducción entre Canadá y Estados Unidos, Un talento único está dirigida por Daniel Roher quien comparte guion con Robert Ramsey. “El mi bemol está desafinado”

Harry Horowitz (Dustin Hoffman) es afinador de pianos en Nueva York y tiene como aprendiz a Niki White (Leo Woodall). Niki, en su día se vio obligado a abandonar la música cuando comenzó a padecer una severa hiperacusia que le impedía tocar, lo que le forzó a usar protectores auditivos constantemente para tolerar los ruidos extremos. Un día, Harry olvida la combinación de su caja fuerte; gracias a su agudo oído, Niki logra descifrarla,  descubriendo así un don innato para la cerrajería.

Una noche, mientras trabaja en la residencia de un cliente adinerado afinando el piano del gran salón, escucha ruidos extraños que provienen de la parte superior de la vivienda, interrumpiendo el asalto de una banda de ladrones liderada por Uri (Lior Raz). Tras un tenso encuentro, Niki decide ayudarles a abrir la caja fuerte para poder proseguir con su trabajo. Fascinado por su habilidad, Uri le ofrece sumarse a su equipo si de verdad quiere ganar dinero, dejándole su tarjeta y un fajo de billetes sobre el instrumento. Cuando el destino de Harry y su familia se complica críticamente, Niki se verá en la encrucijada de tomar una decisión drástica. Un punto de no retorno del que es mejor no desvelar más.

Un drama musical e íntimo cuyos silencios destrozan el alma y suplican piedad. Tal vez así es como se debería resumir esta obra dolorosa, triste y vivida en una soledad exigida por una vida artística frustrada; y lo primero que evocó mi mente mientras desfilaban los créditos finales: la necesidad de hacer especial hincapié en el abrumador y desolador diseño de sonido, el cual se convierte en un personaje más de la trama, un personaje demoledor. La dirección de Daniel Roher utiliza el contraste auditivo no solo como un elemento técnico, sino como el reflejo del aislamiento psicológico de Niki, brillantemente interpretado por un Leo Woodall, que sostiene la tensión con la mirada y los silencios mencionados. Hay instantes que creemos leer su mente y sufrimos como lo hace él.

Más allá de su impecable apartado técnico, el verdadero motor de la historia reside en su faceta humana y en su reparto de gran nivel. Destaca la entrañable y conmovedora presencia de un veterano como Dustin Hoffman en el papel de Harry Horowitz. Aunque sus apariciones son medidas – pasando gran parte del metraje postrado en la cama de un hospital –, Hoffman nos aporta la calidez, claridad y sapiencia de toda una gran carrera, pero también la fragilidad y la vejez que irremediablemente pasa factura. Junto a una magnífica Tovah Feldshuh como la dulce y resignada Marla, construyen un refugio emocional para Niki. La relación es tan fraternal, como esos “padres” que adoptan a un “hijo”, que justifica la desesperación del joven por salvarlos de las deudas. Niki vive envuelto en un manto de fantasmas que parecen ahogarlo y de sombras pesadas que no le dejan ver el camino que tanto desea continuar, impidiéndole en un principio dar el paso con Ruthie (Havana Rose Liu), a pesar de las insistencias de Harry. La escena que, a mi juicio, une y extrae la esencia más humana a los cuatro personajes es la que transcurre en el hospital. Allí, un viejo y olvidado piano en uno de los pasillos dará vida, aliento y sentido a la humanidad latente en ellos y a su claro amor por la música. Pero, siempre hay un pero, si la luz es ocultada por algunas sombras, es ese momento cuando el mal hace acto de presencia, en este caso el villano Uri, interpretado por un imponente Lior Raz, quien dota a su personaje de una amenaza latente, peligrosa y carismática, quien intentará doblegar al protagonista.

Un talento único se cocina a fuego lento, como los buenos platos, ofreciendo un drama pausado y doloroso que maneja el ritmo con precisión quirúrgica. Su narrativa profunda expone la crudeza de las malas decisiones, aunque estas puedan estar falsamente justificadas, pues son las que se toman ante la desesperación y la falta de pensar antes de actuar cuando la vida se pone del revés y la sociedad se empeña en cerrarte todas las puertas y ventanas justo, cuando precisas respirar. A través de la opulencia de los clientes adinerados de Niki, la cinta lanza una sutil pero afilada crítica social basada en la ley de la utilidad marginal decreciente: cómo aquellos que lo poseen todo dejan de apreciar el verdadero valor de las cosas, asumiendo con arrogancia que cualquier contratiempo o negativa se soluciona vaciando el talonario; un mensaje que queda claro durante una conversación y que, sin duda, nos provoca la reflexión.

En este ecosistema donde afinar un piano significa intentar crear armonía en mitad del caos – una tarea que obliga a aceptar la imperfección –, el conflicto exterior termina por dinamitar la burbuja del protagonista. El punto álgido de la tensión no llega solo por la amenaza criminal que busca alterar nuestro sistema nervioso, sino por la devastadora falta de empatía humana. Un ejemplo, muy latente en nuestra sociedad individualista está presente en la discusión que mantienen Niki y Ruthie, la cual no os voy a desvelar, pero que nuevamente Daniel Roher y Robert Ramsey, nos sumergen en una reflexión no deseada pero necesaria; no solo de ser escuchada, sino también vista, y que plantea una doble pregunta incómoda. ¿Quién es realmente el egoísta en una relación? ¿El que calla sus problemas para no cargar a los demás, o el que se atreve a juzgar la vida del otro desconociendo su realidad?

Resumiendo, Un talento único se alza como una de las sorpresas más gratas, desgarradora y estimulante de la temporada cinematográfica. No sería justo cerrar esta crítica sin aplaudir la partitura melancólica y precisa de Marius De Vries y Will Bates, cuyas notas lloran y reflexionan en silencio y acompañan con sutileza a una fotografía inmersiva, franca y sin artificios en la mirada de Lowell A. Meyer. Roher rubrica un filme que transita entre el drama intimista y la tensión del thriller descarnado. Una obra redonda en sus interpretaciones y demoledora en sus mensajes que bien se merece…

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 12 de junio.

REPARTO: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Dustin Hoffman, Lior Raz, Tovah Feldshuh, Jean Reno, Gil Cohen, C.S. Lee y Nissan Sakira.

PRODUCTORA: Black Bear// Elevation Pictures.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films España.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Daniel Roher, se graduó en la Etobicoke School of the Arts en el año 2011, destacando en artes visuals. Además estudió en el Savannah College of Art and Design en Georgia (Estados Unidos). Se inició con los cortometrajes “Nunca lejos de casa” (2011), “Niños de la Sirena Cohete” (2013), “Resuelto” y “La visión de Bashir” en (2014), “Sobrevivientes Rowe”, “Conversaciones con un primer ministro fallecido” ambas en (2015),  “Sourtoe: La historia del caníbal arrepentido” (2016), “Dilveen” (2018), “Encontrando a Fukue” (2018). Cuenta con el documental “Ghosts of our Forest (2017), “Once Were Brothers: la historia de la banda” (2019), “Navalny” (2022) y “Blink” (2024) y la serie “Marca Canadá” (2017). En el largometraje de ficción debuta con “Un talento único” (2026).

viernes, 5 de junio de 2026

SCARY MOVIE: CRÍTICA DE CINE

Scary Movie está dirigida por Michael Tiddes, con guion de Rick Alvarez junto a Marlon Wayans, Shawn Wayans y Keenen Ivory Wayans. “Cucú, cucú: El buffet libre de puñaladas y nostalgia que sí necesitábamos o no”

Es complicado hacer una sinopsis de esta película – al igual que de las anteriores –, pues la línea argumental original se ha ido diluyendo con las sucesivas entregas, aun sin perder la esencia (o ganando, ¿quién sabe?), que no es otra que acuchillar a diestro y siniestro hasta que no quede nadie.

Llegando a esta sexta entrega, nos encontramos con parte del elenco original junto a caras nuevas que se incorporan; algunas sin saberlo y otras muy conocedoras de dónde se están metiendo y lo que les espera: una nueva pesadilla cómica a manos de Ghostface. El “core four” veterano – formado por Shorty (Marlon Wayans), Ray (Shawn Wayans), Cindy  (Anna Faris) y Brenda (Regina Hall) – despierta simpatías a medida que aparece en pantalla. Inevitablemente, pensamos que el tiempo no perdona a nadie y deja su huella, pero esa marca de nostalgia “física” se pasa pronto ante la absoluta locura que nos espera en sus 95 minutos de metraje.

Pero la película no limita sus cuchilladas al cine de terror puro y duro. Fiel al espíritu irreverente de sus creadores, el mensaje se sumerge sin complejos en la sátira geopolítica actual. Sin necesidad de mencionar explícitamente su nombre, la trama lanza dardos envenenados hacia la figura de Trump y los polémicos escándalos que lo rodean a nivel global. El punto álgido de esta subtrama llega con una imagen de lo más surrealista que hace hincapié en los archivos desclasificados de Epstein, demostrando que la saga sigue sabiendo cómo sacarle punta a los trapos sucios de la política global para transformarlos en pura comedia absurda.

El despliegue de irreverencia arranca desde el mismísimo prólogo con un inicio de antología. La cinta abre con una rubia despampanante llamada Teyana (Teyana Taylor) desafiando a Ghostface por teléfono en un bar, saliendo a la calle y adentrándose en un callejón con actitud desafiante hacia su interlocutor. Cuando el asesino presume de su letalidad, ella canta un cómico “cucú, cucú” que invoca a un grupo de matones de barrio. La paliza que le propinan a Ghostface es de tal magnitud que lo deja medio muerto en el suelo y Teyana lo remata con su Globo de Oro. Sin embargo, el caos no termina ahí: Teyana se traslada de inmediato a la casa de Miércoles, quien aparece con su clásico vestido gótico y coletas, dando pie a un brutal y desternillante giro que abre la veda para el aluvión incesante de referentes cinematográficos que define el filme. No estoy haciendo Spoilers, es el inicio, sobre el resto de la trama. ¿He dicho trama?, mutis.

Hay que reconocer que si de algo sabe esta franquicia, es de encomendarse a sus viejas glorias para que el castillo no se caiga. El verdadero motor cómico de estos 95 minutos explota cuando entran en escena Anna Faris y Regina Hall. Ver de nuevo a Cindy Campbell y a Brenda Meeks compartiendo plano es un regalo absoluto para los fans y nostálgicos; ellas, como muchos saben, lideraron las cuatro primeras películas y ahora vuelven a demostrar por qué las entregas clásicas de la saga siguen siendo las mejores en la memoria del espectador. La química entre ambas sigue tan intacta, absurda y gamberra como siempre. Faris domina como nadie el arte de poner cara de no enterarse de nada mientras Hall vuelve a devorarse la pantalla con sus réplicas cortantes. Ellas demuestran que no hacen falta grandes guiones cuando tienes a dos actrices que conocen al milímetro el tempo de la comedia física de esta saga.

Y es que, tras ese enérgico arranque, la película se convierte en un auténtico buffet libre que satiriza sin piedad los mayores éxitos del terror que han desfilado recientemente por las salas y la cultura pop.

El espectador asiste a un bombardeo tan frenético de referentes que es fácil perder la cuenta; la cinta salta sin pestañear de los espasmos faciales de Smile al gore desvergonzado de Terrifier 3, pasando por una delirante e incómoda imitación del “body horror” y las mutaciones de La Sustancia. Los hermanos Wayans no dejan títere con cabeza: se mofan del inquietante asesino de Longlegs, desgarran con humor absurdo el misterio coral y las desapariciones de Weapons, clavan un gag desternillante con el viaje psicodélico de Shorty en el pozo de hipnosis de Déjame Salir,  se ríen de los discursos teológicos de Heretic, parodian a los vampiros cantores de Sinners y  nos regalan a una Cindy paranoica que parodia a la Laurie Stroud de las últimas entregas de Halloween. Sin embargo, los momentos más brutales, donde la sala se viene arriba, son cuando la película satiriza el fenómeno de  las guerreras K – Pop, un gag loquísimo que desata la carcajada unánime y demuestra que no hay “vaca sagrada” que escape a su quema. Este aluvión constante funciona por acumulación, aunque también hay que reconocer que en algunos instantes te ves saturado y te saca de la película, al no dejarte saborear el gag en toda su medida.

En resumen, Scary Movie no viene a ganar premios en festivales de autor, viene a conquistar risas. La fotografía de Terry Stacey sabe replicar a la perfección las atmósferas oscuras y opresivas del cine de terror moderno (Como los tonos de Smile o la estética de La Sustancia, sin olvidar la gama de colores de las guerreras K – Pop, por poner tres ejemplos), logrando que el chiste visual funcione aún mejor por el brutal contraste. Por su parte, la banda sonora de Haim Mazar, es un acierto total: maneja con maestría los silencios tensos que preceden al susto, rompiéndolos de golpe con temas discotequeros o el loquísimo ritmo de las guerreras K-Pop. La película cumple sobradamente la promesa de hacerte olvidar el sentido común durante 95 minutos a base de carcajadas gamberras y chistes de brocha gorda. Ideal para una sesión entre amigos e incluso tarareando un cómico “cucú, cucú”.

Mi nota es: 6,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 5 de junio.

REPARTO: Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans, Shawn Wayans, Cheri Oteri, Lochyn Munro, Dave Sheridan, Jon Abrahams, Chris Elliott, Damon Wayans Jr. , Gregg Wayans, Kim Wayans, Benny Zielke, Cameron Scott Roberts, Heidi Gardner, Olivia Rose Keegan, Ruby Snowber, Savannah Lee May, Sydney Park, Savannah May, Nedim Jahic, Laniece Ware, Felissa Rose, Kai Cenat, Michael Leavy, Billy Slaughter, Hasani Vibez Comer, Phil Biedron, Hattie M. Baker, Marlon Fisher, André Wilkerson, Christopher Jensen, Derek Chouinard y Geneva Meredith.

PRODUCTORA: Miramax// Original Film// Ugly Baby Productions

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Paramount Pictures Spain.

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: El guionista, productor y director, Michael Tiddes, se inició en el cortometraje con “Espacio de acceso reducido” (2007) y “#DreamRideLA” (2015). En televisión cuenta con “Fred” (2010), “En sintonía con Affion Crockett” (2013) y “Ríete de ello y compártelo” (2025). En el largometraje debutó con “Una casa embrujada” (2013), “Una casa embrujada 2” (2014), “Cincuenta sombras de negro” (2016), “Desnudo” (2017), “Sextillizos” (2019), “Medio horneado: Totalmente alto” (2024) y este año nos ofrece “Scary Movie” (2026).

jueves, 4 de junio de 2026

HE-MAN y los MASTERS del UNIVERSO

HE-MAN y los masters del universo está dirigida por Travis Knight con un afinado guion de Chris Butler. “Caerse es una oportunidad para levantarse”

El joven príncipe Adam (Artie Wilkinson-Hunt)  tiene 10 años y vive en un maravillo reino que es símbolo de armonía y paz, regentado por su padre el rey Randor (James Purefoy), y su madre, la reina Marlena (Charlotte Riley). Como él mismo nos narra, de niño era uno de los más bajitos y debiluchos de todos sus compañeros. Mientras los demás se burlaban de él, Adam contaba con una amiga fiel: Teela (Eire Farrell) hija adoptiva de Man-At-Arms (Idris Elba), quien ejerce como consejero militar, estratega y maestro instructor del pequeño príncipe.

Un buen día, el reino se ve envuelto por las sombras de Skeletor (Jared Leto), un tirano implacable que gobierna entre ruinas, miedo y magia negra. En medio de la desesperada batalla, la hechicera del castillo Grayskull (Morena Baccarin) – madre biológica de Teela – le entrega la espada mágica a Adam y, tras abrir un portal dimensional, le dice que salte a él. Adam duda, pero finalmente lo hace…

Y aquí viene el primer giro de este magnífico guion: Esta épica historia que os acabo de contar se la está narrando, en realidad, un Adam veinteañero  a una chica en una cafetería actual en la Tierra. Ella, como es de esperar, duda de su cordura y se marcha dejándolo plantado. Y es que han pasado 15 años y Adam (Nicholas Galitzine), atrapado en nuestro planeta, busca desesperadamente la espada del poder que perdió en aquel viaje de la infancia con la única esperanza de regresar a su hogar, Eternia. Sin embargo, en plena trifulca en medio de una autopista provocada por un ser enviado por Skeletor, Adam recibe la inesperada visita de su amiga de la infancia, convertida ahora en toda una guerrera: Teela (Camila Mendes).

Y… se acabó. No os cuento más. Si queréis pasar casi dos horas y media de puro divertimento echando unas buenas carcajadas mientras os atiborráis a palomitas y refresco, no os la podéis perder. Pero para entender por qué funciona tan bien este regreso, vayamos por partes.

Para comprender el éxito de esta propuesta hay que mirar obligatoriamente hacia la silla de dirección, con el máximo respeto. Travis Knight nos vuelve a demostrar que posee una sensibilidad prodigiosa para las grandes producciones. En su filmografía ya nos habíamos enamorado de la honestidad, la humanidad, el buen hacer y la ternura con la que dota a sus personajes; lo logró de forma artesanal con la bellísima Kubo y las dos cuerdas mágicas y lo repitió al rescatar con maestría una saga en Bumblebee. En cierta manera, este príncipe Adam comparte el mismo ADN emocional que aquel entrañable escarabajo amarillo de los Transformers: ambos son “extraterrestres” enviados a nuestro planeta, jóvenes guerreros perdidos con una enorme carga de vulnerabilidad a sus espaldas, aun percibiendo su fortaleza.

Haciendo un divertido juego de palabras con su propio nombre, podríamos decir que en esta película Travis se comporta como un auténtico “niño travieso”. Knight recupera ese espíritu juguetón, divertido y directo de los blockbusters clásicos, logrando que el espectador se crea lo imposible con una naturalidad pasmosa. Visualmente la película es un espectáculo descomunal, pero el director nunca olvida que el corazón de la historia son sus personajes.

Ese toque gamberro se palpa sobre todo en el guion. Lejos de la aburrida solemnidad de otros héroes actuales, la película brilla gracias a una maravillosa camaradería repleta de diálogos ágiles, pullas constantes y frases con un doble sentido finísimo. Es un humor con un punto ácido pero deliciosamente blanco, donde los personajes se miden tanto por sus golpes físicos como por sus réplicas verbales. Knight consigue lo que parecía imposible: que cuando sus héroes tienen que demostrar su poder lo den absolutamente todo en pantalla, pero que cuando bajan la espada, nos conquistan por su arrolladora personalidad, pues no solo hay humor fino y sarcástico sino momentos para  la introspección del yo y de la misión que la vida les ha reservado.

Otro de los grandes aciertos, sin duda, es la elección de los actores que encarnan la mitología de Eternia aportando capas de realismo y cercanía muy de agradecer. El peso principal recae sobre un divertidísimo Nicholas Galitzine, que convence en su papel. Durante gran parte del metraje, su príncipe Adam huye del estereotipo hipermusculado; nos regala a un chico que se mimetiza con la gran urbe vistiendo una ropa casual, moderna y sin olvidar el toque elegante para las ocasiones; la que cualquier veinteañero llevaría hoy en día para ir a trabajar o tomarse una cerveza. Sin embargo, el genial contraste cómico surge de que Adam jamás reniega de su identidad ni de su destino: él sabe perfectamente que su misión es recuperar la espada del poder para regresar a Eternia. El problema, si es que se puede definir así, es que lo lleva con una naturalidad tan pasmosa que nadie lo toma en serio, cuando les cuenta su historia, salvo un colega. Adam es un chico corriente, con una gran humanidad y sinceridad; un veinteañero con los pies en la tierra y la mente en las estrellas esperando el glorioso instante en que empuñe el acero y pronuncie las palabras mágicas.

A su lado, Camila Mendes brilla como una Teela formidable. La química entre ambos funciona desde que eran niños. Es un amor de siempre donde él se muestra más receptivo y vulnerable, mientras ella intenta contener sus sentimientos con madurez, tal vez consciente del abismo entre sus posiciones: él es el heredero al trono y ella la hija del guerrero más importante del reino.

Y aunque el Skeletor de Jared Leto cumple con creces entregándonos un villano disfrutable, será Idris Elba, con su Man-At-Arms, la auténtica ancla moral de la historia, con una excelente interpretación. Elba no se limita a ser un soldado de acción; construye un protector profundo, un mentor cuya severidad militar esconde un inmenso cariño y respeto hacia Adam. En cuanto al resto del elenco arropa la función con solvencia, respetando la esencia de los personajes clásicos que todos conocemos, pero es este cuarteto protagonista el que eleva el espectáculo palomitero hacia algo mucho más memorable.

En conclusión, He-Man y los Masters del Universo es un soplo de aire fresco que se agradece. Travis nos demuestra que la nostalgia no tiene por qué ser un simple recurso comercial, sino una oportunidad maravillosa para reconectar con el disfrute puro y la  inocencia. Salir del cine dejando en la sala flotando las carcajadas y el buen rollo que respira la obra, comentando cada escena y con una sonrisa de oreja a oreja, es el mejor indicador de que Eternia ha regresado por la puerta grande. Es cine de aventuras honesto, vibrante y endiabladamente divertido que ya nos hace presagiar nuevas entregas. Todo ello se potencia con la brillante fotografía de Fabian Wagner y una espectacular banda sonora a cargo de Daniel Pemberton, la cual brilla con fuerza gracias a la mítica guitarra de Brian May (Queen) y la energía de bandas como The Darkness.

Mi nota es: 8

ESTRENO EN CINES: 5 de junio.

REPARTO: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Alison Brie, James Purefoy, Morena Baccarin, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Charlote Riley, Kristen Wiig, Jared Leto, Sasheer Zamata, Jon Xue Zhang, Idris Elba y Christian Vunipola.

PRODUCTORAS: Escape Artists// Laika Entertainment//Mattel.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Sony Pictures Releasing de España.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El director, animador y productor, Travis Knight, es el animador principal de los Estudios de Animación Stop-motion, Laika Entertainment, quien además de debutar en el largometraje con “Kubo y las dos cuerdas mágicas” (2016), ha supervisado la animación de todo el catálogo del estudio. Tras Kubo, dirigió “Bumblebee” (2018) y este año nos ofrece “He-Man y los masters del universo” (2026)

He-Man y los masters del universo