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jueves, 23 de abril de 2026

LA ZONA 3: CRÍTICA DE CINE

Bajo la dirección de Cédric Jimenez y con guion de Olivier Demangel, “La Zona 3” adapta la novela de Laurent Gaudé para proyectarnos un París distópico en 2045. La siempre bella “Ciudad de la Luz” ha mutado en un laberinto de sombras y neones, de lluvia, drones y controles, donde la justicia recae en “Alma”, una inteligencia artificial que segmenta a la sociedad en tres castas. Tras el asesinato de Kessel, el creador de dicha tecnología, a la puerta de su casa, John Mafram (Louis Garrel) es señalado por el sistema y arrestado, pero mientras lo arrastran, encomienda a los agentes Salia (Adèle Exarchopoulos) y Zem (Gilles Lellouche) que no abandonen la investigación. Juntos deberán enfrentarse a un sistema rígido y opresivo, descubriendo secretos que pondrán en riesgo sus propias vidas.

Lo que más impacta de entrada es su deslumbrante factura visual. Jimenez bebe directamente de la estética cyberpunk de Blade Runner y, por momentos, la moderniza con un lenguaje cercano al videojuego en sus escenas de acción. El uso de interfaz narrativa no es un mero capricho estético; la integración de esas ventanas otorga un dinamismo extra a la obra. Al permitirnos interactuar con los escenarios de las tres zonas de forma simultánea, nos sumergimos de lleno en la trama sin perder el foco de la acción. Todo ello mientras las pantallas LED y la publicidad invasiva visten un mobiliario urbano de rascacielos que actúan como vigilantes silenciosos. Desde el río hasta los centros de entretenimiento que evocan el universo de John Wick, cada elemento da forma a una atmósfera envolvente y opresiva, elevada por la extraordinaria y elegante fotografía de Laurent Tangy y Jean-Charles Granjon.

Más allá de esta conspiración tecnológica, el alma del filme recae en la relación entre sus dos protagonistas. Jimenez nos presenta a Zem (Gilles Lellouche) como ese policía de la vieja escuela, curtido y desencantado por la cruda realidad de los barrios olvidados, que choca frontalmente con la disciplina y el estatus de Salia (Adèle Exarchopoulos). Pero como suele suceder en tantas ocasiones, el choque de prejuicios (la élite frente al fango) acaba convirtiéndose en una alianza inquebrantable frente a un enemigo común: un sistema que los utiliza como piezas de ajedrez.

La interpretación de Lellouche cala desde el primer momento al transmitir esa robustez de quien ya lo ha visto todo, pero que aún guarda un instinto protector, casi paternal, hacia una Salia que desborda energía, visceralidad y secretos. Juntos dejan de ser peones del algoritmo para convertirse en el último reducto de humanidad en un París que ha delegado su moral a una máquina. Esta conexión y complicidad se respira, otorgando verdadero peso a la obra en general y a las escenas de acción en particular; no estamos viendo solo a dos agentes cumpliendo su deber, sino a dos compañeros defendiendo una verdad que la IA intenta silenciar a toda costa.

A este festín visual se une la banda sonora de Guillaume Roussel, colaborador fundamental en el cine de Jimenez que aquí vuelve a demostrar su capacidad para manipular el pulso del espectador. Su música no es un mero acompañamiento; es una arquitectura sonora envolvente donde la partitura se apoya en sintetizadores de corte retro-futurista, cuyos tonos electrónicos y oscuros evocan esa nostalgia por el futuro propia del cyberpunk. Estos ritmos punzantes subrayan la estética de videojuego en las persecuciones, contrastando hábilmente con un diseño de sonido más orgánico en los barrios bajos o en los momentos de reflexión. De este modo, la obra de Roussel se funde con la atmósfera para convertir a París en una entidad viva que respira y late bajo el mando y mundo de Alma.

Todo este cuidado engranaje técnico se apoya en un montaje frenético en las manos de Laure Gardette y Stan Collet, que mantienen una sensación de urgencia constante. Aunque el guion pueda pecar de predecible en ciertos giros sobre la naturaleza de la IA, Jimenez consigue compensarlo con una puesta en escena tan eléctrica que el espectador apenas tiene tiempo para cuestionar la lógica del sistema.

 En definitiva, La Zona 3 es una experiencia sensorial de primer nivel; un thriller que nos advierte que el verdadero peligro no reside en la capacidad de la máquina, sino en la catadura moral de quienes la programan. Nos recuerda que, en un futuro de algoritmos y castas sociales, el único código imposible de programar es la lealtad humana, más allá de identificadores en forma de pulseras o escaneo de iris. Por tanto, no olvidemos que nuestra humanidad es, al fin y al cabo, el único código unipersonal que una inteligencia artificial jamás podrá programar, se comparta o no con el resto de los habitantes de este convulso planeta.

Mi nota es: 7,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 24 de abril.

REPARTO: Gilles Lellouche, Adèle Exarchopoulos, Louis Garrel, Romain Duris, Valeria Bruni Tedeschi, Artus, Lala&ce, Thomas Bangalter y Stéphane Bak.

PRODUCTORA: Artemis Productions// Chi-Fou-Mi Productions.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Flins y Pinículas.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El guionista, productor y director Cédric Jimenez, debutó con el video “¿Quién manda aquí?; El jefe de Scandalz Strategyz” (2003) y en el largometraje con “Aux yeux de tous” (2012), “Conexión Marsella” (2014), “El hombre del corazón de hierro” (2017), “BAC Norte: Brigada de Investigación Criminal” (2020), “Noviembre” (2022) y este año nos ofrece “La Zona 3”.