El
Mandaloriano y Grogu está dirigida por Jon Favreau, quien comparte guion con Dave Filoni y Noah Kloor.
El imperio ha caído y los señores de la guerra imperiales siguen dispersos por
toda la galaxia. El mandaloriano y cazarrecompensas, Din Djarin (Pedro Pascal) junto a su aprendiz Grogu,
son contratados para dar caza a estos fugitivos del imperio. Ward (Sigourney Weaver), la comandante de la
Nueva República, encarga a Djarin encontrar al misterioso señor de la guerra y
para ello se debe poner en contacto con los gemelos Hutt, hermanos y sucesores
del fallecido señor del crimen Jabba. Estos se ofrecen a trabajar juntos con la
condición de que rescaten a su heredero Rotta (Voz Jeremy Allen White) de un sindicato criminal dirigido por Lord
Janu (Jonny Coyne). Djarin y Grogu
aceptan la misión y con ella se verán sumergidos en una gran aventura en la que
encontrar el camino no será sencillo.
El universo Star Wars
continúa su incesante expansión. En esta ocasión, el Mandaloriano y su
entrañable y carismático aprendiz, Grogu, saltan de la pequeña pantalla – donde
la serie cautivó a audiencias de todas las edades – para intentar conquistar
las grandes salas de cine. Unos días antes de enfrentarme a esta nueva entrega,
me asaltó esa incómoda pero inevitable
pregunta que persigue a los grandes éxitos televisivos: ¿era realmente
necesaria esta película? Se activó en mi interior esa dualidad, ese Yin-Yang
mental al que nos enfrentamos en ocasiones los cinéfilos ante los grandes
blockbusters, donde el escepticismo inicial lucha contra las ganas de dejarse
sorprender.
Afortunadamente, la
duda se despejó en los primeros minutos con una respuesta rotundamente positiva,
porque la propuesta se deja disfrutar de principio a fin. Jon Favreau y su
equipo ofrecen un entretenimiento cinematográfico puro y duro. Desde el
prólogo, la dirección y el guion muestran sus cartas con total honestidad:
menos diálogos innecesarios y mucha más acción de la que el espectador tanto
anhela.
Más allá de la pirotecnia
habitual, la cinta destaca por una deslumbrante riqueza visual que aprovecha
cada rincón de la gran pantalla. El diseño de producción y los escenarios
alcanzan su cénit en secuencias de puro espectáculo, como el imponente
enfrentamiento en el foso contra la letal Serpiente Dragón blanca; un duelo
físico cargado de tensión que Din Djarin debe librar bajo la atenta mirada de
Grogu. Sin embargo, la gran sorpresa de la función radica en la construcción de
los personajes secundarios, especialmente en la figura de Rotta el Hutt. A
diferencia de la habitual pasividad de su especie – siempre tumbados y fumando
esas shishas galácticas –, este
imponente gladiador se despliega con una agilidad y ferocidad brutales dentro
de la arena de combate de Shakari. El verdadero acierto del guion es dotarlo de
una profunda humanidad: la de un joven marcado por el desprecio familiar que
huyó del hogar para forjarse su propio destino a golpes.
A partir de ese emotivo
punto de inflexión, el guion firmado por Favreau, Filoni y Kloor pisa a fondo
el acelerador. La trama se sumerge en una intrincada red de conspiraciones
galácticas, falsas promesas de libertad y la fría ambición de Lord Janu,
elementos que pondrán a prueba la resistencia física y moral de nuestros
protagonistas, aunque parezca que lo tienen muy claro. El filme gana enteros al
transformar estos dilemas éticos en secuencias de acción trepidantes, donde los
combates dentro de la arena de Shakari destacan por unas coreografías físicas
impecables. Es aquí donde la película demuestra que sabe jugar muy bien sus
cartas: la necesidad mutua de supervivencia forzará alianzas inesperadas,
manteniendo al espectador pegado a la butaca con los ojos bien abiertos para no
perderse detalle, pues el ritmo no da tregua, equilibrando de forma notable el
espectáculo visual con el factor humano.
En el plano
interpretativo, la cinta se sostiene con firmeza gracias al impecable
magnetismo de sus dos personajes de carne y hueso. La legendaria Sigourney Weaver impone su veteranía y
autoridad como la comandante Ward, mientras que Pedro Pascal dota a Din Djarin de un temple heroico y una poderosa
voz filtrada que traspasa el Beskar. Es en este instante cuando surge la duda
de quién porta realmente el traje, pues como bien sabe el fan de la saga,
debido al estricto credo del personaje, el rostro del mandaloriano no puede ser
visto. Durante el metraje, si no me equivoco, son solo dos ocasiones en las que
vemos el de Pascal.
No obstante, las
mayores ovaciones se las llevan los personajes no humanos y animatrónicos.
Aunque carezcan de rostro real, la profundidad dramática que muestra nuestro
querido y entrañable Grogu es descomunal; gracias al soberbio trabajo de sus
marionetistas, con su sola mirada, pequeños gestos y sus inflexiones en la voz,
es capaz de adueñarse de la pantalla, convirtiéndose en el protagonista
absoluto de la función. A su lado, la imponente expresividad del joven
gladiador Rotta, la poderosa presencia física del carismático Zeb Orrelios, y
la sobrecogedora calidad técnica y realismo con la que está construida la gran
serpiente blanca demuestran que, cuando los efectos digitales y prácticos
tienen alma, son capaces de igualar o superar el drama humano.
En el apartado
puramente técnico, la película se beneficia de contar con artesanos que conocen a la perfección el pulso de la
saga. La fotografía, que corre a cargo de David
Klein, exprime de forma soberbia cada centímetro de la gran pantalla,
regalando una iluminación y unos encuadres espectaculares que elevan los
paisajes y la épica de los combates muy por encima de lo visto en televisión.
Coronando esta inmersión galáctica, la banda sonora del oscarizado Ludwig Göransson vuelve a ser un
elemento indispensable; su música insufla esa perfecta atmósfera de “wéstern
espacial” y su mítica partitura rítmica hace que los momentos más emotivos y
las persecuciones ganen enteros en intensidad y épica dentro de la sala de
cine, porque esta película, es para disfrutarla en una sala de cine.
En resumen, que me enrollo,
esta pareja formada por el mandaloriano y Grogu es un entretenimiento honesto y
sobresaliente que ha disipado todas las dudas que tenía sobre su necesidad.
Logra expandir el universo con alma, un ritmo impecable y un derroche visual
asombroso.
Este es el camino.
Mi nota es: 8
ESTRENO EN ESPAÑA: 21
de mayo.
REPARTO: Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Jonny Coyne,
Hemky Madera, London Stubblelield, Matthew Willing, Brendan Wayne, Portia D.
Harris, Christopher Alan Robinson, Evan Shafran y las voces de Steve Blum,
Jeremy Allen White y Martin Scorsese.
PRODUCTORAS: Lucasfilm// Golem Creations// Ian Bryce
Productions.
DISTRIBUIDORA EN
ESPAÑA: Walt Disney Pictures Spain.
FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: El polifacético actor, guionista, director y productor, Jon Favreau, es sobradamente conocido por formar parte de dos grandes universos cinematográficos: Por una parte “Marvel” donde además de dirigir Iron Man, se le recuerda por su personaje de Happy Hogan, el chofer y asistente de Tony Stark y “Star Wars” con su serie televisiva de The Mandalorian. Saltó a la gran pantalla con “Rudi” de David Anspaugh (1993) como actor y entre su extensa carrera como guionista, actor y productor, nos encontramos en la dirección con obras como: “Crimen desorganizado” (2001), “Elf” (2003), Zathura: A Space Adventure” (2005), “Iron Man (2008), “Iron Man2 (2010), “Cowboys & Aliens” (2011), “Chef” (2014), “El libro de la Selva” (2016), “El rey león” (2019) y ahora nos presenta “The Mandalorian and Grogu” (2026). También cuenta con las series “The Mandalorian” (2019), “Mandalorian 2” (2020), “El libro de Boba Fett” (2021), “The Mandalorian 3” (2023) y “Oswald the Lucky Rabbit” (2026) y para finalizar las series documentales “The Chef Show” (2019) y “Galería Disney: Star Wars: The Mandalorian (2020).
