La
Momia, escrita y dirigida por Lee Cronin. “Cronin despelleja a “La Momia” en un festín de body
horror”
Tras un breve prólogo,
se nos presenta a la familia de Charlie Cannon (Jack Reynor), un periodista corresponsal en El Cairo, su esposa Larissa
(Laia Costa) y sus dos hijos Seb (Shylo Molina) y Katie (Emily Mitchell/ Natalie Grace). Lo que comienza como una tragedia familiar (el
rapto de la pequeña Katie mientras jugaba en el jardín) se convierte, ocho años
después, en un enigma macabro.
Tras un accidente
aéreo, encuentran un sarcófago de 3.000 años en cuyo interior se halla Katie,
con problemas motrices, desnutrición y sin poder hablar. Rescatada por la
Embajada Americana, la joven regresa a casa para reencontrarse con sus
hermanos: un asombrado Seb y la pequeña Maud (Billie Roy), nacida durante su ausencia. Sin embargo, la alegría
del reencuentro es el preludio de una pesadilla: fuerzas oscuras envuelven a
Katie, amenazando con devorar la cordura de la familia.
Al terminar la
película, mientras desfilaban los títulos de crédito, mi primera reacción fue
de desconcierto: “¿Qué acabo de ver?”, me pregunté, intentando entender en qué
momento la momia se había transformado en la niña de El Exorcista. Aunque el prólogo y ciertos pasajes puntuales nos
muestran a una momia en el interior de un sarcófago pesado que requiere grúas y
cadenas para abrirlo, la narración muta rápidamente hacia una posesión
diabólica en el cuerpo de Katie. Es una fusión extraña que me costó procesar,
quizás por esperar una versión más fiel al clásico, pero conociendo a Lee
Cronin, y fiel a mi costumbre de no ver tráileres antes de un pase de prensa, debería
habérmelo imaginado. Dicho esto, no esperéis aquí comparaciones con el mito
clásico. Esta reseña se centra en el body
horror puro y duro, no apto para estómagos sensibles.
Hacía tiempo que no me
tapaba los ojos en una sala; lo hice en algunos instantes, aunque fuera dejando
los dedos entreabiertos para no perderme el horror y la repugnancia que provoca
la presencia de un ser de ultratumba, y más en el cuerpo de una joven. Esa
intranquilidad que sufre la familia se contagia astutamente al espectador, a
quien Cronin revuelve las entrañas sin compasión.
Sí, lo confirmo, la
película es desagradable, grotesca y, por momentos, de un gore impactante. Las
vísceras bailan su danza macabra entre pieles que se desprenden o se arrancan
deliberadamente. Un ejemplo perfecto de este horror táctil es la escena de la
“pedicura”: un intento desesperado por adecentar a Katie que termina con una
uña arrancada de cuajo, arrastrando consigo jirones de piel de la pierna. Es
ese cine de sensaciones físicas, donde los ojos perdidos entre el mobiliario y
la suciedad deshumanizada contrastan con el amor de una familia que busca lo
racional en lo irracional.
Cronin no tiene el
mínimo pudor, ni compasión. Traspasa las líneas rojas con vómitos negros que
pasan de una boca a otra o estallan contra lo que encuentran a su paso; despliega
sangre y contorsionismos imposibles, o esas arañas y otros insectos que se
cuelan por todos lados. Lo más positivo en su cine, a mi juicio, es el uso de
los efectos visuales prácticos y un maquillaje protésico espectacular. “La
Momia de Lee Cronin” es una propuesta cruda que te deja con una pregunta en el
aire mucho después de salir del cine: ¿hasta dónde puede aguantar el cuerpo
humano antes de romperse?
Un filme inquietante
que juega con la mitología egipcia en un asfixiante entorno malsano, donde el
horror no solo emana de lo sobrenatural, sino de la propia degradación física. Llegando
a este punto, es de justicia destacar la magnífica interpretación de Natalie Grace; su entrega es tan
absoluta que, por instantes, uno no sabe quién posee a quién, si ella al
personaje o el personaje a ella. Su presencia amenazadora traspasa el denso
maquillaje protésico que debe soportar y se convierte en el verdadero motor de
una película que no da tregua.
Cronin no solo resucita
al mito, sino que lo despedaza frente a nuestros ojos, transformando un puzzle
que ya conocíamos para darle una vuelta de tuerca oscura, incómoda y más
cercana. Una nueva composición visual que, regodeándose en lo visceral, nos
recuerda que el horror más profundo es aquel que se instala en el seno de lo
que más amamos.
Lee no busca
simplemente complacer, aunque sí aterrarnos, removernos las entrañas y llegar
más lejos, algo que ya hizo en su anterior trabajo: obligarnos a abrazar a la
familia mientras todo lo demás se desmorona. Eso sí, no se olvida de sus
pinceladas de humor negro.
Mi nota es: 7,5
ESTRENO EN ESPAÑA: 17
de abril.
REPARTO: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy,
Natalie Grace, Veronica Falcón, Shylo Molina, Billie Roy, Hayat Kamille, Emily
Mitchell, Kian Nagel, Dean Allen Williams y Jonathan Gunning.
PRODUCTORA: Atomic Monster// Blumhouse Productions//
New Line Cinema// Doppelgängers// Wild Atlantic Pictures.
DISTRIBUIDORA EN
ESPAÑA: Warner Bros. Pictures España.
FILMOGRAFIA DEL
DIRECTOR: El guionista y director, Lee
Cronin se inició en el cortometraje con “Wilbur y Anto” (2004), “Durante la
noche” (2010), “Billy y mandril” (2011) y “Tren fantasma” (2013). En televisión
ha participado en las series “El plan maestro” (2011) y “50 estados de miedo” (2020).
En el largometraje debutó participando en la antología “Minutes Past Midnight” (2016)
y en solitario con “El bosque maldito” (2019), “Posesión infernal: El
despertar” (2023) y este año nos ofrece su visión muy particular en “La momia
de Lee Cronin”
PARA CURIOSOS: Seis han
sido las versiones de la momia que han llegado a las salas de cine: “La Momia”
(1932) de Karl Freund con Boris Karloff. “La Momia” (1959) de Jimmy Sangster
con Christopher Lee. “La Momia” (1999), “El regreso de la Momia” 2001 y “La
Momia: La tumba del emperador Dragón” (2008) las dos primeras de Stephen
Sommers y la tercera de Rob Cohen, todas con Brendan Fraser y finalizamos con la fallida “La Momia” 2017
de Alex Kurtzman con Tom Cruise y ahora es Lee Cronin quien nos ofrece una
versión muy particular.
