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viernes, 8 de mayo de 2026

MORTAL KOMBAT II (CRÍTICA DE CINE)

Mortal Kombat II está dirigida por Simon McQuoid con guion de Jeremy Slater.

El rey de Edenia, Jerrod (Desmond Chiam) entrega a su hija Kitana (Sophia Xu) un colgante perteneciente al Dios del trueno para que la proteja, antes de tener que enfrentarse en combate con el sanguinario Shao Kahn (Martyn Ford). Kitana y su madre la reina Sindel (Ana Thu Nguyen) presencian la contienda donde Jerrod demuestra su valentía pero finalmente muere a manos de Shao, quien toma como esposa a Sindel y a Kitana como su hijastra a la que prepara para ser una gran guerrera.

Pasan los años y Kitana (Adeline Rudolph) se ha convertido en una guerrera, teniendo como amiga y compañera de entrenamiento a Jade (Tati Gabrielle), una de las guardianas personales de Shao Kahn. El Reino de la Tierra está en peligro porque Shao se lo quiere anexionar y para ello el Reino de la Tierra deberá enfrentarse a un Mortal Kombat contra El Mundo Exterior; el encargado de reunir a los guerreros para la batalla será Lord Raiden (Tadanobu Asano)

Me enfrentaba a esta película totalmente virgen: ni he jugado el juego, ni lo he visto, ni tampoco vi en su día la primera entrega de esta saga. Pero, desde el primer minuto, me he sentido hechizado por todo el espectáculo visual y coreográfico que el director ha desplegado a lo largo del metraje. No sabía qué esperar de este “mundo mágico” envuelto en una mitología fascinante donde la elegancia y la brutalidad se dan la mano de forma hipnótica, junto a coreografías espectaculares meticulosamente diseñadas. Es meritorio por parte del guionista y director cómo consiguen inmiscuirte en el trasfondo de sus personajes. La narración logra que te intereses por ese destino trágico de la familia real de Edenia y por la amenaza de un emperador que se siente tan imponente como aterrador. No hace falta ser un experto en combos o fatalidades para apreciar que estamos ante un ejercicio de fantasía oscura que entra por los ojos y te atrapa por una cadencia endiablada, que no cesa hasta el final, logrando que te olvides de que eres un recién llegado a este sangriento tablero de juego de artes marciales combinado con armas mortíferas.

El ritmo de la película es un torbellino sin respiro que obliga al espectador a no despegar la mirada de la pantalla por miedo a perderse un solo detalle. Los combates se encadenan con una coreografía feroz donde cada guerrero o guerrera despliega un arsenal único y letal. Es fascinante ver cómo se combinan estilos tan dispares: desde la elegancia mortal de los abanicos de Kitana, que se clavan con la precisión de un puñal, hasta la brutalidad visceral de Baraka, capaz de convertir sus brazos en ametralladoras de proyectiles, que fulminan al enemigo con sus precisos movimientos. No faltan la lanza de Scorpion, los sais de Mileena o ese sombrero afilado de Kung Lao que danza al ritmo de su dueño como un disco de sierra capaz de las amputaciones más creativas. Tampoco nos podemos olvidar del fuego y la electricidad que emanan de sus manos y ojos, dotando a cada enfrentamiento de una identidad propia. Aquí el gore no es un simple adorno, sino la consecuencia lógica de un mundo donde se lucha a vida o muerte, sin cuartel y sin piedad.

Acompañando a este despliegue físico, el apartado técnico es el verdadero cimiento que sostiene el espectáculo. La fotografía de Stephen  F. Windon juega un papel crucial, no solo por su nitidez, sino por un uso narrativo del color que, entre otros, evoca la simbología de Star Wars: El azul asociado al bien y a los protectores, frente al rojo visceral y el naranja ardiente de los conquistadores. A esto se suma un soberbio trabajo en los efectos especiales, que logran dotar de una textura tangible a lo imposible, desde la integración de los proyectiles letales hasta la recreación de unos escenarios digitales que no se sienten vacíos.

Esta paleta cromática funciona como una brújula moral que guía al espectador entre el caos de las batallas, resaltando cada textura del Mundo Exterior. Por su parte, La potente banda sonora de Benjamin Wallfisch actúa como el motor de adrenalina de la cinta. Es una música que no se limita a acompañar, sino que puntúa cada impacto con una fuerza arrolladora, logrando que el espectador sienta en la propia piel la vibración de cada golpe de mazo de Shao Kahn o el silbido mortal de los abanicos de Kitana; una banda sonora que ruge con vida propia. Es por ello que recomiendo que, si estáis interesados en ver esta película – aunque no sepáis nada de la saga –, lo hagáis en el cine, porque cada detalle en la fotografía, la iluminación y esos escenarios donde se desarrollan las batallas se refuerzan en la oscuridad de la sala.

Pero, sin duda – y aquí llega el momento de mencionar a quienes dan vida a esos personajes –, quien se roba cada escena es Karl Urban. Su Johnny Cage es el soplo de aire fresco necesario; un actor de Hollywood perdido en un mundo de pesadilla que no deja de repetir que él no es un guerrero. Mientras los demás despliegan armas milenarias y poderes sobrenaturales, él se aferra a su carisma y a sus inseparables gafas de sol, aportando un sentido del humor cínico que equilibra perfectamente la tensión dramática. Urban clava esa actitud de estrella que se siente fuera de lugar, demostrando que, a veces, la chulería es tan efectiva como una bola de fuego. Junto a él, destaca la imponente presencia de Martyn Ford como Shao Kahn. Un villano que aterra con su voz grave y potencia sobrehumana, y la solvencia de Adeline Rudolph, quien dota a Kitana de una carga emocional que nos hace conectar con su sed de justicia. No son solo luchadores, son personajes que logran sostener el peso dramático de la trama.

En definitiva, Mortal Kombat II es una montaña rusa de adrenalina que demuestra que no hace falta un erudito del mando de la consola para disfrutar de un espectáculo de acción bien ejecutado. Si buscas una historia profunda quizás te equivoques de sala, pero si quieres ver cómo la fantasía oscura y las artes marciales más salvajes se fusionan en un festín visual, esta es tu película. Salgo de la sala con ganas de más y con la lección aprendida: en este torneo, si parpadeas, pierdes la cabeza (literalmente)

Mi nota es: 7,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 8 de mayo.

REPARTO: Karl Urban, Adeline Rudolph, Jessica McNamee, Josh Lawson, Ludi Lin, Lewis Tan, Tadanobu Asano, Hiroyuki Sanada, Damon Herriman, Joe Taslim, Mehcad Brooks, Chin Han, Tati Gabrielle, CJ. Bloomfield, Martyn Ford, Desmond Chiam, Ana Thu Nguyen, Julian Weeks, Max Huang, Issac Priest, Natyse Chan, Vanesa Everett, Sophia Xu, Gabrielle Joseph, Sharon Brooks, Steven Cragg, Peter Hill, Zel, Sade Goldsmith, Aristene Kisandro y Kyle Wyatt.

PRODUCTORA: Warner Bros.// New Line Cinema// Atomic Monster// Broken Road Productions// Fireside Films.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: WARNER BROS. PICTURES

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR:

El director y productor, Simon McQuoid, estudió en la Escuela Secundaria Superior  Lesmurdie. Su trayectoria profesional ha estado vinculada con la publicidad. Cuenta con los cortometrajes “El bosque de piedra” (2013) y “La economía nocturna” (2014) y en la dirección de largometraje debutó con “Mortal Kombat” (2021) y este año nos ofrece “Mortal Kombat II” (2026)