Mortal
Kombat II está dirigida por Simon McQuoid con guion de Jeremy
Slater.
El rey de Edenia,
Jerrod (Desmond Chiam) entrega a su
hija Kitana (Sophia Xu) un colgante
perteneciente al Dios del trueno para que la proteja, antes de tener que
enfrentarse en combate con el sanguinario Shao Kahn (Martyn Ford). Kitana y su madre la reina Sindel (Ana Thu Nguyen) presencian la contienda
donde Jerrod demuestra su valentía pero finalmente muere a manos de Shao, quien
toma como esposa a Sindel y a Kitana como su hijastra a la que prepara para ser
una gran guerrera.
Pasan los años y Kitana
(Adeline Rudolph) se ha convertido
en una guerrera, teniendo como amiga y compañera de entrenamiento a Jade (Tati Gabrielle), una de las guardianas
personales de Shao Kahn. El Reino de la Tierra está en peligro porque Shao se
lo quiere anexionar y para ello el Reino de la Tierra deberá enfrentarse a un
Mortal Kombat contra El Mundo Exterior; el encargado de reunir a los guerreros
para la batalla será Lord Raiden (Tadanobu
Asano)
Me enfrentaba a esta
película totalmente virgen: ni he jugado el juego, ni lo he visto, ni tampoco
vi en su día la primera entrega de esta saga. Pero, desde el primer minuto, me
he sentido hechizado por todo el espectáculo visual y coreográfico que el
director ha desplegado a lo largo del metraje. No sabía qué esperar de este
“mundo mágico” envuelto en una mitología fascinante donde la elegancia y la
brutalidad se dan la mano de forma hipnótica, junto a coreografías
espectaculares meticulosamente diseñadas. Es meritorio por parte del guionista
y director cómo consiguen inmiscuirte en el trasfondo de sus personajes. La
narración logra que te intereses por ese destino trágico de la familia real de
Edenia y por la amenaza de un emperador que se siente tan imponente como
aterrador. No hace falta ser un experto en combos o fatalidades para apreciar
que estamos ante un ejercicio de fantasía oscura que entra por los ojos y te
atrapa por una cadencia endiablada, que no cesa hasta el final, logrando que te
olvides de que eres un recién llegado a este sangriento tablero de juego de
artes marciales combinado con armas mortíferas.
El ritmo de la película
es un torbellino sin respiro que obliga al espectador a no despegar la mirada
de la pantalla por miedo a perderse un solo detalle. Los combates se encadenan
con una coreografía feroz donde cada guerrero o guerrera despliega un arsenal
único y letal. Es fascinante ver cómo se combinan estilos tan dispares: desde
la elegancia mortal de los abanicos de Kitana, que se clavan con la precisión
de un puñal, hasta la brutalidad visceral de Baraka, capaz de convertir sus
brazos en ametralladoras de proyectiles, que fulminan al enemigo con sus
precisos movimientos. No faltan la lanza de Scorpion, los sais de Mileena o ese
sombrero afilado de Kung Lao que danza al ritmo de su dueño como un disco de
sierra capaz de las amputaciones más creativas. Tampoco nos podemos olvidar del
fuego y la electricidad que emanan de sus manos y ojos, dotando a cada
enfrentamiento de una identidad propia. Aquí el gore no es un simple adorno,
sino la consecuencia lógica de un mundo donde se lucha a vida o muerte, sin
cuartel y sin piedad.
Acompañando a este despliegue
físico, el apartado técnico es el verdadero cimiento que sostiene el
espectáculo. La fotografía de Stephen F. Windon juega un papel crucial, no solo
por su nitidez, sino por un uso narrativo del color que, entre otros, evoca la
simbología de Star Wars: El azul asociado al bien y a los protectores, frente
al rojo visceral y el naranja ardiente de los conquistadores. A esto se suma un
soberbio trabajo en los efectos especiales, que logran dotar de una textura
tangible a lo imposible, desde la integración de los proyectiles letales hasta
la recreación de unos escenarios digitales que no se sienten vacíos.
Esta paleta cromática
funciona como una brújula moral que guía al espectador entre el caos de las
batallas, resaltando cada textura del Mundo Exterior. Por su parte, La potente
banda sonora de Benjamin Wallfisch
actúa como el motor de adrenalina de la cinta. Es una música que no se limita a
acompañar, sino que puntúa cada impacto con una fuerza arrolladora, logrando
que el espectador sienta en la propia piel la vibración de cada golpe de mazo
de Shao Kahn o el silbido mortal de los abanicos de Kitana; una banda sonora
que ruge con vida propia. Es por ello que recomiendo que, si estáis interesados
en ver esta película – aunque no sepáis nada de la saga –, lo hagáis en el
cine, porque cada detalle en la fotografía, la iluminación y esos escenarios
donde se desarrollan las batallas se refuerzan en la oscuridad de la sala.
Pero, sin duda – y aquí
llega el momento de mencionar a quienes dan vida a esos personajes –, quien se
roba cada escena es Karl Urban. Su
Johnny Cage es el soplo de aire fresco necesario; un actor de Hollywood perdido
en un mundo de pesadilla que no deja de repetir que él no es un guerrero.
Mientras los demás despliegan armas milenarias y poderes sobrenaturales, él se
aferra a su carisma y a sus inseparables gafas de sol, aportando un sentido del
humor cínico que equilibra perfectamente la tensión dramática. Urban clava esa
actitud de estrella que se siente fuera de lugar, demostrando que, a veces, la
chulería es tan efectiva como una bola de fuego. Junto a él, destaca la
imponente presencia de Martyn Ford
como Shao Kahn. Un villano que aterra con su voz grave y potencia sobrehumana,
y la solvencia de Adeline Rudolph,
quien dota a Kitana de una carga emocional que nos hace conectar con su sed de
justicia. No son solo luchadores, son personajes que logran sostener el peso
dramático de la trama.
En definitiva, Mortal
Kombat II es una montaña rusa de adrenalina que demuestra que no hace falta un
erudito del mando de la consola para disfrutar de un espectáculo de acción bien
ejecutado. Si buscas una historia profunda quizás te equivoques de sala, pero
si quieres ver cómo la fantasía oscura y las artes marciales más salvajes se
fusionan en un festín visual, esta es tu película. Salgo de la sala con ganas
de más y con la lección aprendida: en este torneo, si parpadeas, pierdes la
cabeza (literalmente)
Mi nota es: 7,5
ESTRENO EN ESPAÑA: 8 de
mayo.
REPARTO: Karl Urban,
Adeline Rudolph, Jessica McNamee, Josh Lawson, Ludi Lin, Lewis Tan, Tadanobu
Asano, Hiroyuki Sanada, Damon Herriman, Joe Taslim, Mehcad Brooks, Chin Han,
Tati Gabrielle, CJ. Bloomfield,
Martyn Ford, Desmond Chiam, Ana Thu Nguyen, Julian Weeks, Max Huang, Issac
Priest, Natyse Chan, Vanesa Everett, Sophia Xu, Gabrielle Joseph, Sharon
Brooks, Steven Cragg, Peter Hill, Zel, Sade Goldsmith, Aristene Kisandro y Kyle
Wyatt.
PRODUCTORA: Warner Bros.// New Line Cinema// Atomic
Monster// Broken Road Productions// Fireside Films.
DISTRIBUIDORA EN
ESPAÑA: WARNER BROS. PICTURES
FILMOGRAFÍA DEL
DIRECTOR:
El director y productor, Simon McQuoid, estudió en la Escuela Secundaria Superior Lesmurdie. Su trayectoria profesional ha estado vinculada con la publicidad. Cuenta con los cortometrajes “El bosque de piedra” (2013) y “La economía nocturna” (2014) y en la dirección de largometraje debutó con “Mortal Kombat” (2021) y este año nos ofrece “Mortal Kombat II” (2026)
