POSESIÓN INFERNAL EN
LLAMAS está dirigida por Sébastien Vaniček, compartiendo
guion con Florent Bernard.
El prólogo nos presenta a
dos jóvenes, Leo y Jared, sentados junto a un río pescando. Jared se ausenta un
momento y la caña de Leo comienza a moverse. Leo decide recoger el sedal y,
cuando la pieza sale del agua, se encuentra con una cabeza humana. No le da
tiempo a reaccionar cuando decenas de anzuelos se clavan en su rostro, tirando
de él y arrojándolo al agua. Cuando Jared regresa, ve a su amigo medio ahogado
y nada en su busca, pero una extraña mujer demonizada lo ataca. Jared logra
escapar y, tras subirse al coche, sale a la carretera general. En mitad de la
calzada, la mujer del río se le aparece de nuevo; él la atropella y el coche se
despeña por un barranco. Jared muere tras escuchar a la mujer poseída
pronunciar cuatro palabras pertenecientes al Necronomicón. Finalizado el
prólogo, comienza la nueva aventura o, debería decir, desventura. Pero de ella
nada os voy a desvelar que no se deba.
Este punto de partida nos
prepara para lo que vendrá y, sabiendo cómo se las gastan en esta saga, nos
acomodamos en la butaca y nos dejamos llevar por las oleadas de sangre y
vísceras. El filme nos encierra en una atmósfera densa y opresiva. Vaniček –
que ya demostró su talento ante el gran público con su ópera prima Vermin: La
plaga –, cambia aquí las arañas por los demonios, pero mantiene intacta su
obsesión por los espacios cerrados. En esta ocasión “encierra” a la
protagonista, Alice (Souheila Yacoub) quien está pasando el duelo de la
muerte de su marido en una tétrica casa aislada junto a sus suegros, sin saber
lo que le espera. Lo interesante es cómo la dirección utiliza la cámara en mano
y los giros abruptos para transmitir el colapso emocional de una familia que ya
estaba rota por los secretos, antes de la llegada de las fuerzas del mal. Algo
habitual en este tipo de géneros. El mal se ceba precisamente en los más
vulnerables o en quienes están pasando por una situación crítica.
Nadie puede extrañarse si
afirmo que el motor principal de esta experiencia es el impacto visual puro y
duro; poco importa la historia más que para presentarnos al grupo que va a ser
masacrado. Sin embargo, es precisamente en este apartado donde la película
camina sobre la cuerda floja. El director no escatima en gastos a la hora de
desplegar camiones cisterna de sangre, extremidades arrancadas y heridas autoinfligidas
de un realismo que raya lo grotesco, no apto para todos los paladares. Aunque
claro está que para los fanáticos más acérrimos esto será un festín absoluto,
para el espectador que busque algo más que casquería fina el metraje puede
volverse excesivo. Por instantes, la acumulación de vísceras es tan implacable
y gratuita que termina anestesiando la tensión; el horror psicológico se diluye
entre tanta carnicería, haciendo que desconectemos (al menos así me sucedió a
mí) de la trama para fijarnos solo en el espectacular, pero agotador, trabajo
de efectos visuales.
En
definitiva, porque poco más se puede hablar de este filme que seguramente los
fans más viscerales devorarán este verano, deciros que Posesión infernal: En
llamas es una montaña rusa de adrenalina y hemoglobina que cumple con creces su
promesa de no dejar a nadie indiferente. Sébastien demuestra que tiene un pulso
envidiable para la atmósfera asfixiante, aunque su devoción por el exceso
visual termine por ahogar la narrativa. Pero, bien pensado, a quien se acerca a
estos productos poco le importa la narrativa. ¿Me equivoco? A lo dicho hay que
sumarle el diseño de sonido que, cayendo en la molesta costumbre de este tipo
de producciones, resulta excesivamente ruidoso; una estridencia que busca el
sobresalto fácil a base de decibelios más que por su pura tensión psicológica.
No es una película apta para estómagos sensibles, como he comentado; es un
espectáculo palomitero y visceral diseñado para disfrutar en el cine en verano
a refugio de las olas de calor. Una propuesta tan extenuante como espectacular
que, pese a sus excesos acústicos y visuales, mantiene la franquicia viva.
Mi
nota es: 6
ESTRENO EN ESPAÑA: 17 de
Julio.
REPARTO: Souheila Yacoub,
Tandi Wright, Hunter Doohan, Luciane Buchanan, Erroll Shand, Maud Davey, George
Pullar, Keanu Karim, Greta van den Brink y Victory Ndukwe.
PRODUCTORA: Ghost House
Pictures// New Line Cinema// New Zealand Film Commission// Ontario Creates//
Screen Gems.
DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA:
Sony Pictures Entertainment Iberia.
FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: El director autodidacta Sébastien Vaniček debutó con los cortometrajes “299 792 458 m/s” y “Mayday”, ambos en 2015, y “Crocs” (2018). En el largometraje se estrenó con “Vermin: La plaga” (2023) y ahora llega con “Posesión infernal: En llamas” (2026).

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