Half Man,
creada por Richard Gadd y dirigida por Alexandra Brodski y Eshref
ReyBrouck.
Hay
ficciones que no se ven con comodidad; se sufren en la piel, se graban en la
memoria y atraviesan el alma, sin olvidar que nuestro sistema nervioso
permanecerá siempre alerta. Tras el arrollador e histórico éxito de la también
miniserie Mi reno de peluche —que logró una importante cosecha de
premios en 2025, entre ellos 2 Globos de Oro y 4 Emmy—, el creador escocés Richard
Gadd regresa con Half Man, un demoledor y nuevo fenómeno que eleva la
apuesta dramática hacia terrenos verdaderamente devastadores en una
coproducción de la BBC y HBO.
La
historia nos traslada a un pequeño y aislado pueblo escocés. Allí seguimos las
vidas de Lori (Neve McIntosh) y Maura (Marianne McIvor), una
pareja de mujeres que han criado juntas a sus respectivos hijos varones de
matrimonios anteriores. El hijo de Lori es Niall (Jamie Bell), un joven
profundamente reprimido, sensible y marcado por un complejo de victimismo que
deviene en una sutil masculinidad tóxica pasiva. En el polo opuesto se
encuentra Ruben (Richard Gadd), el hijo de Maura: un torbellino
impulsivo, violento y dominado por una imperiosa necesidad de control y
codependencia absoluta.
La mecha narrativa no
tarda en encenderse, pues lo hace al poco de iniciarse la trama, cuando Ruben
irrumpe de forma inesperada y no deseada en la boda de su “hermano” Niall. A
partir de ese estallido inicial, donde vemos como las respiraciones se detienen
y las miradas fusilan al recién llegado, la trama se fragmenta de manera
formidable a través de potentes flashbacks que nos retrotraen hasta cuatro
décadas atrás. Nos adentramos así en algo más de seis horas de pura angustia
cinematográfica, pero sin duda muy adictivas. Es como un ejercicio de puro
masoquismo televisivo. Una inmersión implacable en una toxicidad de un calibre
inimaginable, donde el espectador es testigo de una verdad incómoda y
autodestructiva: si su anterior propuesta nos dejó un sabor agridulce, esta
nueva obra directamente nos rompe por dentro capítulo a capítulo.
El verdadero corazón de
Half Man reside en el brutal duelo interpretativo entre Jamie y Richard. Lo que
impacta desde el primer instante es la tremenda naturalidad y la absoluta
entrega física y emocional de ambos actores. A través de un magnífico guion, el
espectador va descubriendo poco a poco sus complejas personalidades, sus
profundas contradicciones, sus complejos y sus rivalidades soterradas. En sus
miradas se puede leer, de forma nítida en esos primeros planos, el miedo, el
odio, el rencor e incluso un retorcido amor. ¿Fraternal o algo más? Sus
palabras no son simples diálogos; son puñales diseñados para causar el mayor
dolor posible, penetrar en el alma del otro y demolerla por completo. Es un
juego del gato y ratón tan retorcido que nos deja sin aliento ante la pantalla.
Es inevitable odiarlos cuando muestran su peor afán de destrucción, pero
también amarlos cuando se vuelven vulnerables, mostrando su realidad. Sin
embargo, esa humanidad es un espejismo: su vulnerabilidad dura apenas lo mismo
que el batir de alas de una mariposa frente a un torbellino.
La miniserie realiza una
radiografía perfecta de la masculinidad tóxica y, me atrevería a decir que
sobrepasando muchos límites. Son dos vertientes opuestas que se retroalimentan.
Por un lado, la pasividad maquiavélica de Niall. Su toxicidad nace de la
envidia pura y de una profunda codicia; se autopercibe como un pobre infeliz y
está convencido de que su “hermano” tiene, injustificadamente, todo lo que él
merece. Niall utiliza su inteligencia de forma retorcida para crear situaciones
incómodas y aterradoras, buscando dañar y traicionar a Ruben, e incluso
aprovechándose de la situación familiar cuando surgen deudas económicas. Por
otro lado, Ruben es la fuerza bruta. Un hombre de físico imponente que traspira
testosterona por cada poro de su piel, pero cuyo machismo recalcitrante esconde
una profunda frustración interna. Ruben descarga su violencia para camuflar sus
propios complejos e inseguridades como hombre, sintiéndose desarmado ante la
realidad de su hermano. Entre ambos personajes flota una tensión constante y
una sexualidad latente muy perturbadora. Son dos polos opuestos atrapados en
una atracción destructiva, dolorosa y oscura; una oscuridad tan abrasadora que
hasta la propia noche temblaría; un vínculo enfermizo donde el amor y el odio
se confunden en un juego donde la única salida posible parece ser la
autodestrucción mutua. ¿Llegarán a tal estado o la cordura les frenará?
Mención aparte merecen
las madres de ambos, Lori y Maura, que también tienen mucha tela que cortar en
este relato. La ficción no se conforma con la toxicidad de los hijos; la madre
de Niall demuestra ser una figura de una pasividad dañina, mientras la madre de
Ruben arrastra su propia dosis de conflicto, aunque el guion logra de forma
brillante que te apiades de ellas, aunque luego, te haga reflexionar si merecen
o no el perdón.
A nivel técnico, la
dirección de Alexandra Brodski y Eshref ReyBrouck es impecable.
Logran mantener una atmósfera asfixiante y un ritmo milimetrado a lo largo de
sus seis episodios, estructurados de tal forma que cada final de capítulo te
deja con una necesidad imperiosa de más. En este apartado estético, resulta de
justicia alabar la sobriedad de la fotografía de Carlos Catalán y Frederic
Van Zandycke, junto a la perfecta elección de sus planos, cuyas luces,
sombras y encuadres envuelven al espectador en el aislamiento claustrofóbico de
ese pequeño pueblo escocés.
Pero si hay un elemento
que termina por redondear esta experiencia sensorial es, sin duda, su
impactante banda sonora. La música de Evgueni Galperine y Sacha
Galperine. La música en Half Man duele tanto como las propias
interpretaciones. No es un simple adorno de fondo; es una composición
atronadora que acrecienta el drama, el sentir de los latidos de los corazones o
la obnubilación de las mentes; elevando la tensión a niveles insoportables y
dejando al desnudo las miserias de sus personajes. En ocasiones, la melodía se
adelanta de forma sutil a los acontecimientos, preparándote para el golpe, y
luego te taladra el cerebro y los sentidos cuando estalla el momento, ya sea
esperado o completamente inesperado. Una genialidad técnica que se complementa
con unos giros argumentales potentes de los que es mejor no hablar para no
arruinar la experiencia al espectador.
En definitiva, Half Man
no busca agradar al público, sino confrontarlo. Es una miniserie cruda,
implacable en su violencia psicológica, redonda en su ejecución y abrasadora en
sus interpretaciones. Gadd demuestra que lo suyo no fue un éxito puntual, entregándonos
una de las ficciones más desgarradoras, potentes y dolorosamente adictivas de
la televisión actual. Un viaje turbio que te mantiene con las pulsaciones al
límite y del que es imposible salir ileso. Preparen su sistema nervioso, cuando
le den clip a esta serie.
Mi nota es: 8,5
REPARTO: Richard Gadd,
Jamie Bell, Mitchell Robertson, Stuart Campbell, Neve Mclntosh, Charlie de
Melo, Tim Downie, Anjli Mohindra, Tom Andrews, Marianne Mclvor, Amy Manson,
Sandy Matchelor, Kal Sabir, Kate Robson-Stuart, Ruchika Jain, Russ Bain, Bilal
Hasna, Julie Cullen, Paul Antony-Barber, John Scougall, Adam McNamara, Simon
Chandler, Stuart McQuarrie, Euan Macnaughton, Colin McCredie, Gordon Brown,
George Anton, Jason Alan Staines, Paul Tinto, Rowan Mclntosh, Carol Ann
Crawford, Anthony Strachan, Cara Kelly, Ewan Black, Nebli Basani, Brian
Alexander, Andrew Watson, Martin Docherty, Piers Ewart, Paul Giddings, Gemma Laurie, Craig
McDonald-Kelly, Lucas Kelly y Martin Donaghy.
PRODUCTORA: BBC Studios// HBO // Mam Tor Productions// Screen Scotland// The Forge Entertainment// Thistledown Pictures.
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