SUPERGIRL está dirigida por Craig Gillespie con guion de Ana Nogueira. “El golpe de timón y
redención que DC necesitaba”
Kara Zor-El (Milly
Alcock) celebra su vigesimotercer cumpleaños sumergida en una espiral de
borracheras y resacas, vagando por la galaxia junto a su fiel perro Krypto y dando
la sensación de buscar su propia autodestrucción. Viaja a planetas regidos por
soles rojos para poder emborracharse como una mortal y, cada mañana, busca un
sol amarillo para recargar sus poderes. Tras esta demoledora rutina se esconde
un intento agónico por anestesiar el trauma de haber visto morir a toda su
civilización, reviviendo la imagen de su padre despidiéndose de ella mientras
la envía a la Tierra, tal y como Jor-El hizo con Superman.
Su forma de vida cambiará
al cruzarse con la joven Ruthye Marye Knoll (Eve Ridley), quien acaba de
enterrar con sus propias manos a sus padres y hermano, masacrados por el
despiadado Krem de las Colinas Amarillas (Matthias Schoenaerts). Ruthye,
rota por el dolor, acude a Kara para ejecutar al asesino. Sin embargo, el
conflicto se agrava cuando Krem, en un descuido de Kara, envenena a Krypto con
un artefacto mortal cuyo antídoto solo él posee. Condenadas a entenderse, Kara
y Ruthye aunarán fuerzas para ir tras Krem, que ha huido en su nave, la una con
la intención de matarlo y la otra de conseguir el antídoto.
La mayor cualidad de Supergirl
es la inteligencia de un guion que dinamita los clichés del cine de superhéroes
tradicional al difuminar las fronteras de los géneros. La película respira por
ella misma sin buscar la épica colorida de Marvel ni el misticismo
grandilocuente. A mi forma de ver, cabalga por el espacio a lomos de un space-western
crepuscular y una road movie galáctica en busca de la justicia, la
salvación e incluso la redención.
De hecho, la guionista Ana
Nogueira ha confirmado en las entrevistas de promoción que concibió toda la
estructura inspirándose y como un homenaje explícito a la atmósfera texturizada,
la crudeza y los códigos de Valor de ley (True Grit). Una narrativa que
acierta de lleno al adoptar la perspectiva de Ruthye como narradora de la
historia. Este enfoque transforma una simple persecución espacial en una
especie de fábula mitológica y oscura, donde el viaje físico a través de
planetas hostiles e inhóspitos es el reflejo perfecto del viaje psicológico y
el descenso a los infiernos de sus dos protagonistas.
Uno de los puntos fuertes
de esta adaptación es despojar a Supergirl del aura de perfección y optimismo
de su primo Clark, al que ella misma “critica” por ser tan perfecto y noble.
Aquí, Milly Alcock encarna a una Kara despechada, cínica y profundamente
herida. A sus 23 años, cargando con un severo trastorno de estrés postraumático
que le provocó presenciar el Apocalipsis de Krypton, se comporta como un
juguete roto que deambula sin rumbo, buscando la autodestrucción en peleas de
bar y alcohol en planetas de sol rojo. Su encuentro con Ruthye, una niña que
encarna la inocencia brutalmente arrebatada, funciona como un espejo incómodo
que ella misma proyecta en algunas de las conversaciones que mantiene con ella.
Kara no se une a la
misión por altruismo o heroísmo, sino por tres motivos principales: el primero,
buscando la cura para su gran compañero de viaje Krypto; el segundo, por la
pura inercia de una violencia que utiliza como escudo para tapar su tremenda
apatía y soledad; y el tercero, el de protección. Aunque ella no quiera
reconocerlo, busca proteger a Ruthye, pues no desea que caiga en sus mismos errores
ante el horror vivido. Alcock clava este perfil psicológico con una
interpretación magistral y totalmente creíble, donde cada mirada desganada y
cada golpe seco transmiten el peso de un dolor insoportable. ¿Logrará liberarse
de su oscuridad?
El largometraje acierta
de lleno al dejar a Superman fuera de la ecuación. Aunque Clark Kent intenta
tenderle la mano para rescatarla de su espiral autodestructiva, ofreciéndole
sus consejos, la figura del Hombre de Acero termina, desde mi punto de vista,
sobrando por completo en la narrativa. Clark creció en una granja idílica
rodeado de amor, mientras que Kara creció flotando sobre los cadáveres de su
mundo destruido y en completo desamparo. Esa diferencia, esa brecha, hace que
los consejos de su primo solo aumenten su frustración.
Al buscar la soledad de
los confines más salvajes de la galaxia, donde se siente cómoda aunque alejada
de la realidad que su ser demanda, la obra se sumerge en una atmósfera opresiva
y crepuscular. Es precisamente en este rincón hostil del universo donde irrumpe
Lobo. El descerebrado y violento cazarrecompensas, interpretado magistralmente
por Jason Momoa, se convierte en un torbellino en pantalla. Aunque es un
personaje que hubiera merecido muchos más minutos en escena, su presencia
fumando puros y buscando gresca encaja a la perfección con la energía caótica
de Kara, demostrando que en esos márgenes de la galaxia no hay lugar para la
moralidad de Superman.
En el extremo opuesto de esta
escala de violencia se alza Krem de las Colinas Amarillas, magníficamente
interpretado por Matthias Schoenaerts. Lejos de ser el típico
conquistador del universo, Schoenaerts da vida a un villano rastrero, ruin y
despiadado, un forajido espacial cuya mezquindad humana evoca a los peores
antagonistas del western. Su presencia en la sombra, huyendo con el antídoto
tras haber masacrado a la familia de Ruthye y envenenado a Krypto, funciona
como el catalizador perfecto del relato, un recordatorio constante de que la
crueldad más descarnada habita en los rincones olvidados por Dios. De este modo,
el viaje espacial se convierte en un proceso de curación a la inversa. Kara no
busca salvar el universo ni convertirse en un faro de esperanza como su primo
Superman; busca procesar un trauma que su primo jamás podrá comprender,
utilizando la desesperación de Ruthye como el salvavidas para no terminar
devorada por sus propios demonios.
Otro de los grandes
aciertos de la película reside en su apartado sonoro, el cual evoca
inevitablemente las vibraciones de la saga Guardianes de la Galaxia. Es
importante destacar ese gamberrismo tan propio de James Gunn; aun sin estar en
la silla de dirección, su presencia traspasa la pantalla desde el primer
minuto. Ese sello tan peculiar se activa por completo desde que es envenenado
Krypto, que nos recuerda cuando lo fue Rocket en los Guardianes de la
Galaxia 3, combinándose con una atmósfera espacial canalla con una
selección de temazos de rock y pop alternativo. Son canciones sobradamente
conocidas que enriquecen las batallas u otros momentos más tranquilos; temas
memorables como What Becomes of the Brokenhearted de Jimmy Ruffin o
piezas de Sleigh Bells y Wolf Alice. Pero si hay una canción que revienta los
altavoces de la sala es “Catch These Fists” de Wet Leg, el tema punk-rock
que suena en la salvaje pelea de la taberna espacial donde Kara se cruza con
Ruthye.
Resumiendo, Supergirl no
solo es una excelente película de ciencia ficción, con sus dosis de batallas,
sino el golpe de timón que el cine de superhéroes necesitaba con urgencia. Al
arriesgarse con una atmósfera sucia, un tono maduro y una protagonista
imperfecta que se aleja de la alargada sombra de Superman, Gillespie y su
equipo demuestran que todavía se pueden contar historias originales dentro del
género. Apoyada, no me cansaré de decirlo, por la magnífica interpretación de
Milly Alcock y un guion que equilibra la acción con la poesía existencial, la
cinta se consolida como una obra imprescindible tanto para los amantes del
cómic como para el público cinéfilo que busca algo más que explosiones
digitales. Es, sin duda, una de las sorpresas más potentes del año.
Mi nota es: 8
ESTRENO EN ESPAÑA: 26 de
junio.
REPARTO: Milly Alcock, Matthias Schoenaerts, Eve
Ridley, Jason Momoa, David Krumholtz, Emily Beecham, David Corenswet, Ferdinand
Kingsley y Wil Coban.
PRODUCTORA: DC Comics// DC Entertainment// Warner
Bros.// DC
Studios.
DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA:
Warner Bros. Pictures Spain.
FILMOGRAFIA DE: Craig Gillespie, con 19 años se trasladó a Nueva York para estudiar Ilustración, Diseño Gráfico y Publicidad en la Escuela de Artes Visuales de Manhattan. Trabajó durante 15 años como director comercial para varias agencias publicitarias, cosechando diversos premios del sindicato de actores y el prestigioso León de Oro en Cannes en 2005. De hecho, dos de sus spots forman parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Manhattan. En 2007 salta a la gran pantalla con su largometraje “Cuestión de pelotas” y “Lars y una chica de verdad” a las que han seguido “Noche de miedo” (2011), “El chico del millón de dólares” (2014), “La hora decisiva” (2016), “Yo, Tonya” (2017), “Cruella” (2021), “Golpe a Wall Street” (2023) y este año nos ofrece “SUPERGIRL” (2026). Atrás quedan series como “United States of Tara” (2009), “My Generation” (2010), “Physical” (2021), “Vicios ocultos” y “La mejor hermana” (2025). Las Miniseries: “Mike” y “Pam y Tommy”. Los cortometrajes: “Xfinity: The Greatest Gift” (2020), “Dubái: Un romance para recordar” (2021), “Nissan Present: Thrill Driver” (2022) y sin olvidarnos de los videomusicales: “Kid Cudi: No One Believes Me” (2011), “Florence + The Machine: Call me Cruella” (2021).
