La coproducción entre
Reino Unido y Estados Unidos, Hamnet,
está dirigida por Chloé Zhao compartiendo
guion con Maggie O´Farrell, la
autora de la novela. “Una presencia que se aferra al alma mientras el amor
habla en silencio”
En el prólogo se nos
comenta que en el municipio de Stratford-upon-Avon, situado en Warwickshire al
sureste de Birmingham en la Inglaterra isabelina, “Hamnet” y “Hamlet” eran
considerados sinónimos del mismo nombre. En dicho lugar vive William
Shakespeare (Paul Mescal) quien trabaja como preceptor de latín para
pagar las deudas de la familia. Un buen día conoce a Agnes (Faith Delaney/Jessie Buckley), una
joven amante de la naturaleza e independiente, a quien sus vecinos consideran hija de una bruja del bosque. William se
enamora de ella y pronto se casan. Tienen tres hijos; Susanna (Bodhi Rae Breathnach) y los gemelos
Hamnet (Jacobi Jupe) y Judith (Olivia Lynes). Durante una epidemia
Judith cae enferma pero se recupera, por el contrario Hamnet, que ha estado
junto a ella todo el tiempo, enferma y muere. Este acontecimiento provocará una
crisis en la familia.
Sé muy bien que una
gran mayoría ya ha visto esta pequeña joya, pero necesitaba escribir mi propia
reseña, pues sin duda este Hamnet, penetra en el alma con tal agudeza que al llegar
al final duele, tanto las palabras, las miradas, los silencios y por supuesto,
el sentimiento de abandono cuando un ser querido nos deja. Una presencia que
nunca desaparece, porque el amor resulta tan incorpóreo que nadie lo puede
corromper, ni forzar y mucho menos engañar. El amor habla en silencio, espera
paciente, escucha al observar cada gesto y lo envuelve en un manto tan sutil
que cuando te acaricia, te hace sentir bien y cuando se va, te sumerge en un
túnel oscuro, del cual es muy difícil salir. Sin duda pocas directoras, como
Chloé, saben hablar al alma a través de esa mirada íntima y naturalista,
dotando a sus películas y personajes de un alto nivel de lirismo, que
misteriosamente conecta con el espectador.
El elenco actoral está
tan cuidado que cada entrada en escena se disfruta y, tras su salida, su huella
permanece en el ambiente, pues una nueva oleada de talento nos invade. Destaca
especialmente la magnífica Jessie
Buckley en la piel de Agnes; con quien sufriremos un viacrucis marcado por los
dolorosos y angustiosos partos, la soledad por las ausencias de su esposo y las
dudas en torno a sus viajes y, finalmente el vacío devastador tras la muerte de
Hamnet, su hijo amado. En este baile de vida y muerte, no puede faltar Paul Mescal, creando un William que se
debate entre su amor por el teatro y la desgarradora ausencia que le ha dejado
su amado hijo, su único varón. Mescal nos regala una interpretación contenida,
enriquecida con matices en las miradas y los silencios, pues como él mismo
dice, en un momento a Agnes, “A veces me resulta difícil hablar con la gente”,
mientras como ya sabemos, era rico su verso plasmado en las páginas de sus
obras. Mescal logra transmitir al espectador que el genio al que está
interpretando, era un hombre con sus defectos y virtudes. La química entre los
dos actores es tan devastadora como hermosa, recordándonos que el dolor es un
idioma universal.
No me cansaré de decir,
como fan indiscutible de Chloé, que toda esa conexión emocional que desea
transmitir dejando que la cámara se sienta libre, respire por ella misma y sea
una más del conjunto, logre conectar con el espectador sin que este sea
consciente. Esa sutileza en los movimientos y escenas sosegadas, los sonidos
ambientales o el naturalismo visual, es captado por el director de fotografía Łukasz
Żal,
quien abraza la luz natural o aquella que ofrecen las velas que
estratégicamente pasan a formar parte del decorado y sin olvidar, la penumbra
de las estancias, como si de estampas de otro tiempo, se tratara. Y para
rematar esta obra que va dejando poso en el espectador tiempo después de su
visionado, nos encontramos con el compositor Max Richter, las notas musicales de su partitura vibran en la misma
frecuencia que la aflicción de Agnes, el pesar de Shakespeare y los silencios
tan necesarios, que traspasan el alma y el corazón del espectador. Es muy
difícil pensar que alguien no se pueda sentir conmovido ante esta obra, pues
contiene escenas tan de una brillantez absolutas que nos hacen recordar que la
muerte no es más que un tránsito y que lo importante en esta vida, es el amor
que hemos ofrecido y las obras que hemos compartido.
Ahora sí, me quito la espinita
de dejar mi crítica y os dejo un pequeño recordatorio de la obra de esta
magnífica productora, guionista y
directora, Chloé Zhao, que estudió
en la Escuela de Artes Tisch de la Universidad de Nueva York, producción
cinematográfica. Debutó con el cortometraje “Post” (2008) al que siguieron “The
Atlas Mountains” (2009), “Daughters” (2010), “Benachin” (2011). En el
largometraje debutó con “Songs My Brothers Taught Me” (2015), continuando con
“The Rider” (2017), “Nomadland” (2020), “Eternals” (2021) y ahora nos llega con
la entrañable “Hamnet” (2025). También ha dirigido el cortometraje “A
Clydesdale´s Journey” (2022) y el vídeo “Diablo IV: Saviours Wanted” (2023).
Mi nota es un 10
ESTRENO EN ESPAÑA: 23
de enero
REPARTO: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Joe
Alwyn, Emily Watson, Noah Jupe, David Wilmot, Jack Shalloo, Faith Delaney, Sam
Woolf, Laura Guest, Bodhi Rae Breathnach, Elliot Baxter, Freya Hannan-Mills,
Smylie Bradwell, Justine Mitchell, Zac Wishart, James Lintern, Wva Wishart,
John Mackay, Dainton Anderson, Louisa Harland, Olivia Lynes, Edward Anderson,
Hera Gibson, Javier Marzan, Matthew Tennyson, Shaun Mason y Clay Milner
Russell.
PRODUCTORA: Amblin Entertainment//Amblin Partners//Book
of Shadows// Hera Pictures//Neal Street Productions.
DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Universal Pictures España.

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