HE-MAN
y los masters del universo está dirigida por Travis Knight con un afinado guion de Chris Butler. “Caerse es una
oportunidad para levantarse”
El joven príncipe Adam
(Artie Wilkinson-Hunt) tiene 10 años y vive en un maravillo reino que
es símbolo de armonía y paz, regentado por su padre el rey Randor (James Purefoy), y su madre, la reina
Marlena (Charlotte Riley). Como él
mismo nos narra, de niño era uno de los más bajitos y debiluchos de todos sus
compañeros. Mientras los demás se burlaban de él, Adam contaba con una amiga
fiel: Teela (Eire Farrell) hija
adoptiva de Man-At-Arms (Idris Elba),
quien ejerce como consejero militar, estratega y maestro instructor del pequeño
príncipe.
Un buen día, el reino
se ve envuelto por las sombras de Skeletor (Jared Leto), un tirano implacable que gobierna entre ruinas, miedo
y magia negra. En medio de la desesperada batalla, la hechicera del castillo
Grayskull (Morena Baccarin) – madre
biológica de Teela – le entrega la espada mágica a Adam y, tras abrir un portal
dimensional, le dice que salte a él. Adam duda, pero finalmente lo hace…
Y aquí viene el primer
giro de este magnífico guion: Esta épica historia que os acabo de contar se la
está narrando, en realidad, un Adam veinteañero a una chica en una cafetería actual en la
Tierra. Ella, como es de esperar, duda de su cordura y se marcha dejándolo
plantado. Y es que han pasado 15 años y Adam (Nicholas Galitzine), atrapado en nuestro planeta, busca
desesperadamente la espada del poder que perdió en aquel viaje de la infancia
con la única esperanza de regresar a su hogar, Eternia. Sin embargo, en plena
trifulca en medio de una autopista provocada por un ser enviado por Skeletor,
Adam recibe la inesperada visita de su amiga de la infancia, convertida ahora
en toda una guerrera: Teela (Camila
Mendes).
Y… se acabó. No os
cuento más. Si queréis pasar casi dos horas y media de puro divertimento
echando unas buenas carcajadas mientras os atiborráis a palomitas y refresco,
no os la podéis perder. Pero para entender por qué funciona tan bien este
regreso, vayamos por partes.
Para comprender el
éxito de esta propuesta hay que mirar obligatoriamente hacia la silla de
dirección, con el máximo respeto. Travis
Knight nos vuelve a demostrar que posee una sensibilidad prodigiosa para
las grandes producciones. En su filmografía ya nos habíamos enamorado de la
honestidad, la humanidad, el buen hacer y la ternura con la que dota a sus
personajes; lo logró de forma artesanal con la bellísima Kubo y las dos cuerdas
mágicas y lo repitió al rescatar con maestría una saga en Bumblebee. En cierta manera, este
príncipe Adam comparte el mismo ADN emocional que aquel entrañable escarabajo
amarillo de los Transformers: ambos son “extraterrestres” enviados a nuestro
planeta, jóvenes guerreros perdidos con una enorme carga de vulnerabilidad a
sus espaldas, aun percibiendo su fortaleza.
Haciendo un divertido
juego de palabras con su propio nombre, podríamos decir que en esta película
Travis se comporta como un auténtico “niño travieso”. Knight recupera ese
espíritu juguetón, divertido y directo de los blockbusters clásicos, logrando
que el espectador se crea lo imposible con una naturalidad pasmosa. Visualmente
la película es un espectáculo descomunal, pero el director nunca olvida que el
corazón de la historia son sus personajes.
Ese toque gamberro se
palpa sobre todo en el guion. Lejos de la aburrida solemnidad de otros héroes
actuales, la película brilla gracias a una maravillosa camaradería repleta de
diálogos ágiles, pullas constantes y frases con un doble sentido finísimo. Es
un humor con un punto ácido pero deliciosamente blanco, donde los personajes se
miden tanto por sus golpes físicos como por sus réplicas verbales. Knight
consigue lo que parecía imposible: que cuando sus héroes tienen que demostrar
su poder lo den absolutamente todo en pantalla, pero que cuando bajan la
espada, nos conquistan por su arrolladora personalidad, pues no solo hay humor
fino y sarcástico sino momentos para la
introspección del yo y de la misión que la vida les ha reservado.
Otro de los grandes
aciertos, sin duda, es la elección de los actores que encarnan la mitología de
Eternia aportando capas de realismo y cercanía muy de agradecer. El peso
principal recae sobre un divertidísimo Nicholas
Galitzine, que convence en su papel. Durante gran parte del metraje, su
príncipe Adam huye del estereotipo hipermusculado; nos regala a un chico que se
mimetiza con la gran urbe vistiendo una ropa casual, moderna y sin olvidar el
toque elegante para las ocasiones; la que cualquier veinteañero llevaría hoy en
día para ir a trabajar o tomarse una cerveza. Sin embargo, el genial contraste
cómico surge de que Adam jamás reniega de su identidad ni de su destino: él
sabe perfectamente que su misión es recuperar la espada del poder para regresar
a Eternia. El problema, si es que se puede definir así, es que lo lleva con una
naturalidad tan pasmosa que nadie lo toma en serio, cuando les cuenta su
historia, salvo un colega. Adam es un chico corriente, con una gran humanidad y
sinceridad; un veinteañero con los pies en la tierra y la mente en las
estrellas esperando el glorioso instante en que empuñe el acero y pronuncie las
palabras mágicas.
A su lado, Camila Mendes brilla como una Teela
formidable. La química entre ambos funciona desde que eran niños. Es un amor de
siempre donde él se muestra más receptivo y vulnerable, mientras ella intenta
contener sus sentimientos con madurez, tal vez consciente del abismo entre sus
posiciones: él es el heredero al trono y ella la hija del guerrero más
importante del reino.
Y aunque el Skeletor de
Jared Leto cumple con creces
entregándonos un villano disfrutable, será Idris
Elba, con su Man-At-Arms, la auténtica ancla moral de la historia, con una
excelente interpretación. Elba no se limita a ser un soldado de acción;
construye un protector profundo, un mentor cuya severidad militar esconde un
inmenso cariño y respeto hacia Adam. En cuanto al resto del elenco arropa la
función con solvencia, respetando la esencia de los personajes clásicos que
todos conocemos, pero es este cuarteto protagonista el que eleva el espectáculo
palomitero hacia algo mucho más memorable.
En conclusión, He-Man y
los Masters del Universo es un soplo de aire fresco que se agradece. Travis nos
demuestra que la nostalgia no tiene por qué ser un simple recurso comercial,
sino una oportunidad maravillosa para reconectar con el disfrute puro y la inocencia. Salir del cine dejando en la sala
flotando las carcajadas y el buen rollo que respira la obra, comentando cada
escena y con una sonrisa de oreja a oreja, es el mejor indicador de que Eternia
ha regresado por la puerta grande. Es cine de aventuras honesto, vibrante y
endiabladamente divertido que ya nos hace presagiar nuevas entregas. Todo ello
se potencia con la brillante fotografía de Fabian
Wagner y una espectacular banda sonora a cargo de Daniel Pemberton, la cual brilla con fuerza gracias a la mítica
guitarra de Brian May (Queen) y la
energía de bandas como The Darkness.
Mi nota es: 8
ESTRENO EN CINES: 5 de
junio.
REPARTO: Nicholas
Galitzine, Camila Mendes, Alison Brie, James Purefoy, Morena Baccarin, Jóhannes
Haukur Jóhannesson, Charlote Riley, Kristen Wiig, Jared Leto, Sasheer Zamata,
Jon Xue Zhang, Idris Elba y Christian Vunipola.
PRODUCTORAS: Escape Artists// Laika Entertainment//Mattel.
DISTRIBUIDORA EN
ESPAÑA: Sony Pictures Releasing de España.
FILMOGRAFIA DEL
DIRECTOR: El director, animador y productor, Travis Knight, es el animador principal de los Estudios de Animación
Stop-motion, Laika Entertainment, quien además de debutar en el largometraje
con “Kubo y las dos cuerdas mágicas” (2016), ha supervisado la animación de
todo el catálogo del estudio. Tras Kubo, dirigió “Bumblebee” (2018) y este año
nos ofrece “He-Man y los masters del universo” (2026)

No hay comentarios:
Publicar un comentario