martes, 9 de junio de 2026

UN TALENTO ÚNICO: CRÍTICA DE CINE

La coproducción entre Canadá y Estados Unidos, Un talento único está dirigida por Daniel Roher quien comparte guion con Robert Ramsey. “El mi bemol está desafinado”

Harry Horowitz (Dustin Hoffman) es afinador de pianos en Nueva York y tiene como aprendiz a Niki White (Leo Woodall). Niki, en su día se vio obligado a abandonar la música cuando comenzó a padecer una severa hiperacusia que le impedía tocar, lo que le forzó a usar protectores auditivos constantemente para tolerar los ruidos extremos. Un día, Harry olvida la combinación de su caja fuerte; gracias a su agudo oído, Niki logra descifrarla,  descubriendo así un don innato para la cerrajería.

Una noche, mientras trabaja en la residencia de un cliente adinerado afinando el piano del gran salón, escucha ruidos extraños que provienen de la parte superior de la vivienda, interrumpiendo el asalto de una banda de ladrones liderada por Uri (Lior Raz). Tras un tenso encuentro, Niki decide ayudarles a abrir la caja fuerte para poder proseguir con su trabajo. Fascinado por su habilidad, Uri le ofrece sumarse a su equipo si de verdad quiere ganar dinero, dejándole su tarjeta y un fajo de billetes sobre el instrumento. Cuando el destino de Harry y su familia se complica críticamente, Niki se verá en la encrucijada de tomar una decisión drástica. Un punto de no retorno del que es mejor no desvelar más.

Un drama musical e íntimo cuyos silencios destrozan el alma y suplican piedad. Tal vez así es como se debería resumir esta obra dolorosa, triste y vivida en una soledad exigida por una vida artística frustrada; y lo primero que evocó mi mente mientras desfilaban los créditos finales: la necesidad de hacer especial hincapié en el abrumador y desolador diseño de sonido, el cual se convierte en un personaje más de la trama, un personaje demoledor. La dirección de Daniel Roher utiliza el contraste auditivo no solo como un elemento técnico, sino como el reflejo del aislamiento psicológico de Niki, brillantemente interpretado por un Leo Woodall, que sostiene la tensión con la mirada y los silencios mencionados. Hay instantes que creemos leer su mente y sufrimos como lo hace él.

Más allá de su impecable apartado técnico, el verdadero motor de la historia reside en su faceta humana y en su reparto de gran nivel. Destaca la entrañable y conmovedora presencia de un veterano como Dustin Hoffman en el papel de Harry Horowitz. Aunque sus apariciones son medidas – pasando gran parte del metraje postrado en la cama de un hospital –, Hoffman nos aporta la calidez, claridad y sapiencia de toda una gran carrera, pero también la fragilidad y la vejez que irremediablemente pasa factura. Junto a una magnífica Tovah Feldshuh como la dulce y resignada Marla, construyen un refugio emocional para Niki. La relación es tan fraternal, como esos “padres” que adoptan a un “hijo”, que justifica la desesperación del joven por salvarlos de las deudas. Niki vive envuelto en un manto de fantasmas que parecen ahogarlo y de sombras pesadas que no le dejan ver el camino que tanto desea continuar, impidiéndole en un principio dar el paso con Ruthie (Havana Rose Liu), a pesar de las insistencias de Harry. La escena que, a mi juicio, une y extrae la esencia más humana a los cuatro personajes es la que transcurre en el hospital. Allí, un viejo y olvidado piano en uno de los pasillos dará vida, aliento y sentido a la humanidad latente en ellos y a su claro amor por la música. Pero, siempre hay un pero, si la luz es ocultada por algunas sombras, es ese momento cuando el mal hace acto de presencia, en este caso el villano Uri, interpretado por un imponente Lior Raz, quien dota a su personaje de una amenaza latente, peligrosa y carismática, quien intentará doblegar al protagonista.

Un talento único se cocina a fuego lento, como los buenos platos, ofreciendo un drama pausado y doloroso que maneja el ritmo con precisión quirúrgica. Su narrativa profunda expone la crudeza de las malas decisiones, aunque estas puedan estar falsamente justificadas, pues son las que se toman ante la desesperación y la falta de pensar antes de actuar cuando la vida se pone del revés y la sociedad se empeña en cerrarte todas las puertas y ventanas justo, cuando precisas respirar. A través de la opulencia de los clientes adinerados de Niki, la cinta lanza una sutil pero afilada crítica social basada en la ley de la utilidad marginal decreciente: cómo aquellos que lo poseen todo dejan de apreciar el verdadero valor de las cosas, asumiendo con arrogancia que cualquier contratiempo o negativa se soluciona vaciando el talonario; un mensaje que queda claro durante una conversación y que, sin duda, nos provoca la reflexión.

En este ecosistema donde afinar un piano significa intentar crear armonía en mitad del caos – una tarea que obliga a aceptar la imperfección –, el conflicto exterior termina por dinamitar la burbuja del protagonista. El punto álgido de la tensión no llega solo por la amenaza criminal que busca alterar nuestro sistema nervioso, sino por la devastadora falta de empatía humana. Un ejemplo, muy latente en nuestra sociedad individualista está presente en la discusión que mantienen Niki y Ruthie, la cual no os voy a desvelar, pero que nuevamente Daniel Roher y Robert Ramsey, nos sumergen en una reflexión no deseada pero necesaria; no solo de ser escuchada, sino también vista, y que plantea una doble pregunta incómoda. ¿Quién es realmente el egoísta en una relación? ¿El que calla sus problemas para no cargar a los demás, o el que se atreve a juzgar la vida del otro desconociendo su realidad?

Resumiendo, Un talento único se alza como una de las sorpresas más gratas, desgarradora y estimulante de la temporada cinematográfica. No sería justo cerrar esta crítica sin aplaudir la partitura melancólica y precisa de Marius De Vries y Will Bates, cuyas notas lloran y reflexionan en silencio y acompañan con sutileza a una fotografía inmersiva, franca y sin artificios en la mirada de Lowell A. Meyer. Roher rubrica un filme que transita entre el drama intimista y la tensión del thriller descarnado. Una obra redonda en sus interpretaciones y demoledora en sus mensajes que bien se merece…

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 12 de junio.

REPARTO: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Dustin Hoffman, Lior Raz, Tovah Feldshuh, Jean Reno, Gil Cohen, C.S. Lee y Nissan Sakira.

PRODUCTORA: Black Bear// Elevation Pictures.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Diamond Films España.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Daniel Roher, se graduó en la Etobicoke School of the Arts en el año 2011, destacando en artes visuals. Además estudió en el Savannah College of Art and Design en Georgia (Estados Unidos). Se inició con los cortometrajes “Nunca lejos de casa” (2011), “Niños de la Sirena Cohete” (2013), “Resuelto” y “La visión de Bashir” en (2014), “Sobrevivientes Rowe”, “Conversaciones con un primer ministro fallecido” ambas en (2015),  “Sourtoe: La historia del caníbal arrepentido” (2016), “Dilveen” (2018), “Encontrando a Fukue” (2018). Cuenta con el documental “Ghosts of our Forest (2017), “Once Were Brothers: la historia de la banda” (2019), “Navalny” (2022) y “Blink” (2024) y la serie “Marca Canadá” (2017). En el largometraje de ficción debuta con “Un talento único” (2026).

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