lunes, 11 de mayo de 2026

UN HIJO: CRITICA DE CINE

 

La coproducción entre España y Portugal, Un hijo, supone el debut en el largometraje de ficción de Nacho La Casa, quien comparte guion con Juan Apolo para adaptar la premiada novela de Alejandro Palomas. “La magia como último refugio”

La historia nos presenta a Guille (Ian Cortegoso), un niño de 8 años cuya madre, azafata de vuelo, se despide de él por unos días dejándolo al cuidado de su padre, Manuel (Hugo Silva), que demuestra tener un fuerte temperamento.

En el colegio, ante la clásica pregunta de qué quieres ser de mayor, Guille  sorprende al afirmar que desea ser Mary Poppins. Lo que para sus compañeros es motivo de burla, para el profesor Roberto (Jesús Carroza) y la psicóloga (Macarena García) se convierte en un enigma a descifrar,  pues el niño explica que quiere ser como ella porque puede volar, pero para ello hay que decir la palabra mágica: Supercalifragilisticoespialidoso.

Es aquí donde la narrativa alza el vuelo: el duelo se refugia en la magia, transformando un deseo infantil en un mecanismo de supervivencia y protección. Sin embargo, la fragilidad de la pérdida a una edad tan temprana abrasa al espectador desde la butaca mientras este intenta dilucidar lo que esconde Manuel con tanto celo, recordándonos que, a veces, la fantasía no es un juego, sino la única forma de soportar una realidad que se ha roto en mil pedazos y que los mayores no llegan a comprender.

Ese enigma se materializa en los dibujos que Guille realiza – aquello de lo que no puede hablar directamente, pero desea que se conozca –, como el dibujar siempre una lavadora, testimonio de su angustiosa rutina doméstica: lavar él mismo cada mañana sus sábanas mojadas durante la noche antes de que su padre se despierte. Desde el reflejo de su padre que llora frente al monitor hasta el rastro de pipí en la cama; todo son trazos y acciones cargados de un simbolismo que la psicóloga deberá descodificar. A través de ellos, la película nos sumerge en una atmósfera de suspense emocional donde cada color, cada línea y cada hábito desvelarán el grito de auxilio silencioso de un pequeño que habita un hogar donde la vida parece haberse detenido.

Me sigo reafirmando en que los niños son los mejores actores del mundo y no es momento para enumerar grandes estrellas siendo tan pequeños, pero una vez más así sucede. El éxito de esta dramática historia descansa sobre los hombros del joven Ian Cortegoso, pues su trabajo es, sencillamente, una revelación que nos aplasta con sus miradas, el tono en las palabras y los gestos que nos desarman. Ian no interpreta a Guille, habita su soledad. Es capaz de sostener primeros planos donde su mirada, cargada de una madurez temprana y dolorosa, nos cuenta todo lo que el guion calla. Lo más impresionante, desde mi punto de vista, es la contención: esa capacidad de transmitir el amor que profesa a su padre, mientras este está roto por dentro. Logra que su obsesión por Mary Poppins no parezca un capricho, sino un acto de heroísmo urgente, convirtiendo cada gesto, en una lección de amor puro que desarma al espectador; como sus encuentros con la mujer del autobús, a la que va relatando todo aquello que el director se priva de mostrar en imágenes.

Frente a la luz de Guille encontramos la aspereza de Manuel. Hugo Silva realiza un trabajo valiente al encarar a un padre atrapado en una masculinidad quizás heredada; ese hombre que, a ojos del público, puede parecer frío o incluso machista al intentar forjar a un hijo “fuerte” a través del rugby o prohibiéndole llorar. Resulta especialmente revelador el instante en que, hablando con la psicóloga, hace el gesto de las comillas con los dedos al decir que sabe que su hijo es “especial”, un gesto que delata su incapacidad para comprender el mundo interior de Guille. Sin embargo, tras esa coraza de temperamento volátil, se intuye a un hombre amoroso pero aterrado, que intenta blindar a su pequeño contra el sufrimiento sin entender que es precisamente esa falta de sensibilidad compartida, lo que los está distanciando. Silva logra transmitir la desesperación de quien no sabe cómo pedir ayuda mientras ve cómo su mundo se rompe en mil pedazos, ante la ausencia de su mujer.

Pero la narración, que va creciendo en intensidad a medida que el filme avanza, no se detiene en lo doméstico, sino que se expande a través de personajes como Roberto y la psicóloga, quienes actúan como testigos y guías de un drama infantil que el padre se niega a aceptar. Manuel no solo lucha contra la pérdida, sino contra el propio comportamiento de su hijo, quien evita los juegos rudos prefiriendo recoger flores con una amiga o llevar un gorro que le regaló Mary Poppins. Mientras Jesús Carroza aporta una calidez humana que nos abraza, Macarena García logra transmitir esa mezcla de profesionalidad y angustia necesaria ante el reto de descodificar el simbolismo de los dibujos. Son ellos los primeros en comprender que el niño está atrapado en un duelo silencioso y rodeado por una sociedad que aún no está preparada para entender el maravilloso mundo de la mente de un infante, la cual se debe cimentar con amor y, sobre todo, sabiendo escuchar.

Detrás de esta delicada pieza se encuentra Nacho LaCasa, quien debuta en el largometraje con una elegancia narrativa y visual encomiable. Su mayor acierto es el uso del fuera de campo cinematográfico: el director decide, de forma inteligente, privarnos de las escenas de violencia física o dialéctica o el dilatarlas en el tiempo, permitiendo que sea la mirada y la palabra de Guille – relatándoselo a señora del autobús, cuya identidad descubriréis al final – las que nos cuenten el conflicto. Al ocultar lo evidente la película gana en profundidad y respeto hacia su protagonista. “Un hijo” no busca un golpe de efecto, aunque los haya, sino la comprensión del alma; es un claro ejercicio de estilo en el cual el silencio y lo sugerido son mucho más ensordecedores que cualquier grito, aunque también existan. Una ópera prima que nos recuerda que la magia no es solo un truco de cine o de prestidigitador, sino, a veces, la única tabla de salvación para un corazón roto.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 15 de mayo.

REPARTO: Macarena García, Hugo Silva, Ian Cortegoso, Jesús Carroza, Javier Aguayo, Chema del Barco, Silvia Larrauri, Daniel Mantero, Esther Noya, Tania Watson y Eva Tirado.

PRODUCTORA: Capitán Araña// Guion Alto// Veleta Films AIE// Vicinema// RTVE// Movistar Plus+// Canal Sur.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Filmax.

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