viernes, 15 de mayo de 2026

HOKUM: CRITICA DE CINE

 

La coproducción entre Irlanda, Emiratos Árabes y Estados Unidos, Hokum está escrita y dirigida por Damian McCarthy.

Las primeras imágenes se mezclan con dos personajes caminando por un desierto: un hombre ataviado con un uniforme de la época de los conquistadores (Austin Amelio) y detrás de él un niño (Ezra Carlisle); con las de un escritor de nuestros tiempos, Ohm Bauman (Adam Scott), que está intentando escribir el epílogo de su trilogía literaria, Conquistador. Un golpe seco le saca de su concentración, viendo entre la oscuridad el rostro de su madre fallecida. Decide entonces emprender un viaje a un hotel rural en Irlanda, donde sus padres pasaron la luna de miel y de este modo cumplir el deseo de ellos de esparcir sus cenizas en los alrededores. En el hotel conocerá a su propietario Cob (Brendan Conroy), el recepcionista Mal (Peter Coonan), el jardinero Fergal (Michael Patric), la camarera Fiona (Florence Ordesh) y el botones Alby (Will O`Connell). Entre los lugareños, Ohm, conocerá a Jerry (David Wilmot), que vive en una furgoneta y tiene como costumbre tomar leche mezclara con setas alucinógenas.

En el bar del hotel, Fiona y Alby, en medio de una conversación sobre el lugar y el hotel, comentarán a Ohm que la suite nupcial está cerrada porque corren los rumores de que Cob encerró en ella a una poderosa bruja y que solo él tiene las llaves.

Lo primero que atrapa al espectador es su impecable puesta en escena, que abraza el estilo neogótico adaptado a la Irlanda rural. El director McCarthy, apoyado en la fotografía de Colm Hogan – que huye de los alardes visuales para mostrarnos una estética sucia y deliberadamente opaca –, busca la textura del abandono utilizando la oscuridad no como un vacío, sino como un personaje más. Los numerosos apliques de pared parecen exhalar una luz de gas mortecina, obligando al espectador a escudriñar entre una penumbra que parece manchar la pantalla, convirtiéndonos en cómplices de la paranoia del protagonista.

El hotel The Bilberry Woods se siente como un organismo vivo latiendo al ritmo de un corazón decadente; nada nuevo en el cine de terror, pero que en esta ocasión cuenta con efectos más inquietantes. Los pasillos estrechos y el ascensor no son meros lugares de paso, sino conductos de una tensión que se respira en cada encuadre.

Sin embargo, el elemento arquitectónico más perturbador es el montacargas. En un giro visual y narrativo asombroso, este aparato deja de ser un utensilio funcional para convertirse en un vehículo hacia lo que podríamos denominar el “inframundo”. Ese descenso físico al sótano simboliza la caída a los estratos más profundos de la culpa humana, un lugar donde el óxido, la humedad y lo espectral se mezclan para dar forma a los miedos que la luz del día se niega a aceptar. Todo ello envuelto en esos pasillos iluminados con alientos de luces que parecen a punto de apagarse, rompiendo aún más los esquemas de nuestro subconsciente más consciente.

En medio de este escenario claustrofóbico se encuentra Ohm Bauman, un escritor que no solo se enfrenta al folio en blanco de su epílogo, sino al vacío dejado por su madre. Bauman llega a The Bilberry Woods cargando literalmente con el peso de sus muertos en dos tubos, que contienen las cenizas; a través de un viaje que busca ser una despedida y termina siendo una autopsia de su propia psique. Scott interpreta con gran acierto esa frialdad del intelectual que usa la arrogancia como escudo, especialmente en sus tensas interacciones con el personal del hotel, para ocultar un trauma que lo tiene paralizado.

Es aquí donde la película se convierte en ese ejercicio de “espiar las culpas”. Ohm no es un visitante pasivo; es un hombre que, empujado por la atmósfera del lugar y el encuentro con personajes como Jerry – El lugareño cuyas “leches alucinógenas” actúan como la llave de una puerta que nunca debió abrirse –, se ve obligado a mirar por la cerradura de su propio pasado. La búsqueda del final para su trilogía Conquistador se entrelaza con la necesidad de resolver el nudo de su pasado: un trauma de la infancia que el hotel, como un espejo deformante, se encarga de proyectar en cada rincón oscuro, recordándose que hay secretos que no se pueden enterrar bajo las cenizas.

Damian demuestra una paciencia narrativa encomiable y nos arrastra con ella, alejándose del ritmo frenético del terror más convencional para apostar por un suspenso que se cuece a fuego lento, aunque pueda parecer irritante. Su dirección no busca el sobresalto gratuito – que los hay, os lo aseguro –, sino el de una duda constante en el espectador. A través de esos secundarios, a cada cual más inquietante y una dosificación precisa de la información, muchas veces velada, McCarthy nos plantea el gran dilema de Hokum: ¿Estamos ante una presencia ancestral o ante el colapso mental de un hombre drogado por la culpa y las setas alucinógenas?

Es una duda que el director estira hasta el último aliento, dejándonos pistas físicas que desafían nuestra lógica racional. Al final, nos puede quedar la sensación de que, como decía Jerry, el plano sobrenatural es real, pero solo visible para quienes se atreven a abrir sus mentes cerradas. Claro está que esta afirmación de Jerry, no comulgará con muchos espectadores, ante la duda de si existe un plano más elevado o inferior, más allá de lo tangible en nuestro espacio-tiempo.

En resumen, Hokum es una pieza rara, que lo es y fascinante, también; que se atreve a caminar por el filo de la navaja entre el drama psicológico y el horror folclórico. Aunque el protagonismo de Adam Scott es absoluto, no podemos olvidar el trabajo de unos secundarios donde destaco a Peter Coonan dando vida a Mal, cuya presencia encarna la maldad más terrenal y cobarde; a David Wilmon como Jerry o Will O´Connel como el botones Alby, que terminan de apuntalar un purgatorio donde nadie es inocente o sí; la última palabra la tiene siempre el espectador con el permiso del guionista y director.

Mi nota es: 8

ESTRENO EN ESPAÑA: 15 de mayo.

REPARTO: Adam Scott, Peter Coonan, David Wilmot, Florence Wilmot, Florence Ordesh, Michael Patric, Austin Amelio, Brendan Conroy, Will O`Connell, Ezra Carlisle, Mallory Adams y Siox C.

PRODUCTORAS: Cweature Geatures// Imagenation Abu Dhabi FZ// Neon Films// Spooky Pictures// Team Thrives// Waypoint Entertainment.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Beta Fiction Spain y Madfer Films.

FILMOGRAFIA DEL DIRECTOR: Damian McCarthy estudió Producción de Cine y Televisión en el St. John`s College de Cork, graduándose en 2003 con honores en guion y dirección por la FETAC. Se inició en el cortometraje con “Escotilla” (2009), para continuar con “Muere al final” y “Nogal hambriento” ambas en (2010), “Nunca Jamás lo abras” (2011), “Grabaciones embrujada de Jeremy Dyson” (2012), “Cómo Olin perdió su ojo” (2013) y “Manos” (2017). En el largometraje debutó con “Advertencia” (2020) y ha continuado con “Oddity” (2024) y este año nos ofrece “HoKum) 2026.

No hay comentarios:

Publicar un comentario