miércoles, 22 de julio de 2026

MOTOR CITY: CRÍTICA DE CINE

Motor City está dirigida por Potsy Ponciroli con guion de Chad St. John. “El amor desata la venganza”

John Miller (Alan Ritchson) avanza por los tejados de un edificio cargando el cuerpo de un hombre sobre sus hombros. Se detiene en seco y observa la calle: en la noche silenciosa, varios vehículos circulan a gran velocidad. Asistimos a una persecución vista desde dos planos simultáneos. Abajo, la huida desesperada de tres coches; y arriba, el propio John utilizando las azoteas como vía de escape.

En el instante preciso en que el automóvil del capo Reynolds (Ben Foster) cruza bajo su posición, John le arroja el cadáver provocando un brutal accidente. Tras descender a la caza de su objetivo, Reynolds logra reanimar el motor, pero el protagonista se lanza sobre el capó y, en una pirueta, abre fuego directo contra el parabrisas. Entre la metralla del cartucho, la pantalla congela el destello de un anillo.

La narración nos presenta a John con su pareja Sophia (Shailene Woodley) desde el momento en que se conocieron hasta la actualidad viviendo juntos, donde John se declara a Sophia ofreciéndole un anillo. Los dos rebosan felicidad cuando un bote de humo rompe una de las ventanas y… Y aquí lo dejo.

Alan Ritchson es un actor de pocas palabras y mucha acción, un intérprete de gran corazón como lo es su descomunal físico que aquí carga con la responsabilidad de ejecutar la justicia por su mano. En Motor City, todo se pone a su favor: el dolor y el sufrimiento físico se transmiten de forma visceral a través de su propio cuerpo. Sin embargo, en esta ocasión, la escasez de diálogos es el denominador común en todos los personajes. El libreto recupera con audacia la narrativa formal del cine mudo, donde las contadas frases que se escapan a lo largo del metraje solo sirven para subrayar la brutalidad del entorno. Al fin y al cabo, ¿para qué sirven las palabras cuando la imagen y la acción ya dan cuenta de ello?

En los tiempos del cine mudo, la sala se llenaba con el sonido de un piano y es que la música siempre ha estado ligada al cine. Por eso, en esta ocasión, el peso del metraje recae en la imponente arquitectura sonora diseñada por Steve Jablonsky y en la brutal selección musical a cargo de Jack White. La inserción de clásicos inmortales como “The Chain” de Fleetwood Mac, “Nights in White Satin” de The Moody Blues, “Lovely Day” de Bill Withers o “I Feel Love” de Donna Summer, por poner algunos ejemplos, genera un contraste electrizante con la crudeza de la historia. Lejos de ser un mero fondo, las canciones actúan como ese piano de los orígenes, convirtiéndose en un personaje más que pauta el ritmo de las escenas de acción. Es una experiencia tan inmersiva que resulta imposible no encontrarse en la butaca tarareando estos temazos de los 70 mientras se disfruta de la adrenalina de la acción pura y dura.

De la mano como aliado indispensable de esta sinfonía sonora, el director se apoya en la elegante y exquisita fotografía de John Matysiak. Al renunciar a las explicaciones habladas y a los diálogos que muchas veces se meten con calzador, la cámara de Matysiak se convierte en el verdadero narrador visual de esta odisea nocturna. Su iluminación texturizada, que evoca la decadencia del Detroit de la época, y sus calculados encuadres –como esa persecución descrita al inicio entre los tejados y el asfalto, los planos detalle, las gesticulaciones, las miradas, el propio lenguaje corporal, sin olvidar las tonalidades y la iluminación– se encargan de guiar de forma impecable al espectador, sin dejarle despegar la mirada de la pantalla, por las entrañas del peligro.

Ponciroli se ha marcado un gol por toda la escuadra con esta propuesta marcadamente experimental, no exenta de ciertos riesgos, de la que sale logrando una nota excelente. Potsy nos demuestra una valentía encomiable al confiar el destino de un thriller comercial a la fuerza pura de la puesta en escena, esquivando la necesidad de sobreexplicar el conflicto al espectador. Este riesgo interpretativo se traslada también al duelo actoral, donde el imponente despliegue físico de Alan Ritchson encuentra su contrapeso perfecto en la sádica y contenida presencia de Ben Foster como el implacable Reynolds. Con este magnífico pulso de violencia y luto, la película se desmarca de las fórmulas habituales de la cartelera actual, regalando un ejercicio de estilo salvaje y estimulante que se saborea y se vive con los sentidos. ¿Qué mejor experiencia podemos pedir ante un trabajo cincelado con el máximo esmero?

En resumen, la fuerza de esta propuesta radica en el enorme acierto de recuperar la pureza narrativa del cine mudo en pleno siglo XXI a través de apenas una docena de frases, apoyándose en una banda sonora que no acompaña, como en tantas ocasiones, sino que lidera la acción hasta convertirse en un personaje con entidad propia. A ello se suma un trasfondo poético y romántico magistralmente representado en esos cartuchos de escopeta artesanales fabricados por el entorno obrero de Miller, un detalle soberbio donde el protagonista introduce cierto elemento para brindar la venganza a su amor asesinado y hacerla partícipe directa de su justicia. Todo ello coronado por el imponente duelo físico y gestual entre un Alan Ritchson colosal en su sufrimiento y un Ben Foster impecable en su mezquindad, redondeando una obra que se siente tan visceral como artística. Logro conseguido.

Mi nota es: 8,5

ESTRENO EN ESPAÑA: 24 de julio.

REPARTO: Alan Ritchson, Shailene Woodley, Ben Foster, Ben McKenzie, Pablo Schreiber, Lionel Boyce, Amer Chadha-Patel, Rafael Cebrián, Peter Epstein, Dominic Bogart, Scott Vogel, Iván Amaro Bullón, Tom Johnson, Oleg Prudius, Mister Fitzgerald, Elliott Mayer, James Blake Carrington, Vivia Font, Dennis Jay Funny, Bob Leszczak, Edward Olaie, Neil Schleifer y Gokce Erenmemisoglu.

PRODUCTORA: Black Bear// Gramercy Park Media// Stampede Ventures// Peachtree Media Partners.

DISTRIBUIDORA EN ESPAÑA: Vértice 360

FILMOGRAFIA: Poco sabemos de Potsy Ponciroli, salvo que es productor, guionista y director de cine y televisión. Debutó en la dirección con “Super Zeroes” (2012), “Colt Ford: Crank It Up” y “Live at Wild Adventures” en (2014), “Old Henry” (2021), “Fuera de la ley” (2024) y este año nos ofrece “Motor City” (2025). También cuenta con los videoclips “Jerrod Niemann: Lover, Lover” (2010) y “Colt Ford ft. Jason Aldean: Drivin`Around Song” (2013) y algunos capítulos de la serie “Still the King” (2016/17).

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