La coproducción entre
España y Francia, El Ser Querido, está dirigida por Rodrigo Sorogoyen
compartiendo guion con Isabel Peña.
Esteban Martínez (Javier
Bardem) es un prestigioso director de cine, mientras que Emilia Vera (Vicky
Luengo) es su hija, con quien lleva trece años sin verse. Ambos se
reencuentran en un restaurante en el cual, desde los saludos iniciales y a
medida que se ponen al día, percibimos que existen severas tensiones de un
pasado no resuelto y marcado por el dolor. Él le hace saber que la ha citado
para ofrecerle el papel protagonista en su nuevo proyecto y ella, un tanto a la
defensiva y en estado de nerviosismo, le comenta que se lo pensará; pero pronto
seremos testigos de que el rodaje ya está en marcha y ella lo está
protagonizando. La cercanía forzada que provoca el set abrirá de par en par las
heridas de un ayer cuyas cicatrices no se han cerrado.
Afrontar el análisis de
este filme conlleva, inevitablemente, medirlo con el exigente rasero de la
filmografía previa de Sorogoyen. Tras habernos regalado obras de la talla de la
asfixiante As Bestas, la vibrante El Reino o esa potente
miniserie como fue Antidisturbios, encontrarse ante su nuevo trabajo
genera una cierta decepción. Es una lástima constatar que, en esta ocasión,
Rodrigo e Isabel no han estado tocados por la varita mágica del ritmo y, quizás,
tampoco de la profundidad al adentrarse en un terreno tan íntimo y delicado
como los lazos destruidos de un padre y una hija distanciados por el tiempo y
las sombras del pasado. Una cinta que tropieza en un guion poco afinado y en
una duración a todas luces excesiva, que diluye el impacto del drama.
Es indiscutible el sello
del director cuando te enfrentas a una de sus historias, pues cuida los
detalles al milímetro. Todos los apartados técnicos sin discusión están
perfectos, desde la fotografía, el sonido, la sutil banda sonora, la
iluminación, la ambientación y cada decorado por sencillo que nos pueda
parecer… No falta ni un solo detalle y la película se hace orgánica pero
también terriblemente tediosa por ese elemento que en ocasiones se descuida o
se está tan convencido de lo que se tiene entre manos, que no se lima como se
deberia. Es como ya he dicho, el guion. Pero de este apartado ya hablaremos en
su momento.
El cine dentro del cine
es un recurso del que suelen nutrirse muchos directores y guionistas, y que
pocas veces falla, soportando el peso de la trama principal. Al espectador, el
ver los entresijos de una película le llama la atención; y si esa puesta en
escena está bien llevada, presentada y equilibrada, la obra potencia un tema
universal y complejo como son las relaciones entre padre e hija, como sucede en
este caso.
Sin embargo, el error se
hace evidente desde su mismo arranque. Sorogoyen configura esa esperada
secuencia inicial mostrando primero a un Bardem nervioso mediante una sucesión
de planos elípticos, cortados y muy parecidos que marcan el doloroso paso del tiempo.
Cuando ella llega y se sientan, nos encierran en un clásico plano-contraplano
con la cámara en mano y muy cerrada, creando una atmósfera de intimidad
absoluta y ciertamente opresiva. Pero es justo en ese instante cuando el truco
se rompe: la escena se atasca en una repetición inquietante de frases
cotidianas ("¿Qué tal estás?",
"Estoy bien, ¿y tú?", "También estoy bien") que no fluye
con naturalidad y estanca la narrativa antes de que logre arrancar.
A mi gusto ese inicio está atropellado, queriendo decir mucho en muy poco
tiempo, para fortuna de la película va ganando enteros a medida que avanza el
filme.
En el apartado
interpretativo es donde El ser querido encuentra sus mayores virtudes, ofreciendo
un duelo actoral de una intensidad apabullante. Javier Bardem despliega
un repertorio colosal para dar vida a Esteban, un personaje complejo que
transita con pasmosa facilidad entre el padre vulnerable y el tirano dominante.
Bardem maneja los hilos de la trama con una presencia magnética, midiendo cada
silencio, cada mirada y cada tono en la voz al pronunciar sus frases hasta que
todo estalla en una escena cumbre en mitad del set de rodaje. Tras una
discusión entre padre e hija la noche anterior, el plató se convierte al día
siguiente en un auténtico campo de batalla camuflado bajo una gran mesa donde
los comensales comen sopa de caballa. Una escena que cabalga a lomos del drama
pero que por su presentación inicial y la manera en que se desarrolla,
despierta carcajadas hasta quedar la sala en silencio. No es cosa de risa lo
que hemos presenciado, sino algo terriblemente traumático, cruzándose todos los
límites. Frente a este huracán, una soberbia Vicky Luengo responde desde
una contención y una dignidad asombrosas; su mirada herida pero firme sostiene
el pulso dramático sin dejarse devorar en ningún momento por el monstruo que
tiene delante. El realismo con el que ambos actores se enfrentan el uno al otro
corta la respiración del espectador, creándose en el propio filme, un antes y
un después. Si bien Bardem y Luengo están brutales durante toda la película, en
esta escena sacan todo lo que el cine exige a dos actores para que sus nombres
se escriban con mayúsculas. Una secuencia memorable que funciona como el gran
detonante de lo que está por venir. A todo ello cabe sumar el extraordinario
trabajo del resto del reparto y es que si algo ha demostrado siempre Sorogoyen
es su capacidad y entrega absoluta a la dirección actoral, logrando que cada
papel, por pequeño que sea, esté milimetrado en el plano.
Más
allá del torbellino interpretativo, es de justicia detenerse en la impecable
factura técnica que sostiene el largometraje. La puesta en escena de Sorogoyen
se revela soberbia en todo momento, demostrando un control absoluto del espacio
cinematográfico. A ello contribuye de manera decisiva una labor de sonido
inmersiva y una fotografía de Álex de Pablo que se convierte en un
personaje más. Es fascinante observar cómo la imagen muta a lo largo del
metraje, experimentando con los formatos de pantalla, alterando las relaciones
de aspecto, jugando con la cámara en mano y los primeros planos y saltando con
audacia del blanco y negro al color. Sin embargo, el elemento más sutil y
brillante de este apartado es la banda sonora a cargo de Olivier Arson.
Estamos ante una partitura breve y contenida; la mayor parte del filme carece
deliberadamente de música de fondo. Lejos de ser un capricho, esta sutil
economía musical es un acierto rotundo para cederle todo el protagonismo al
texto dramático, permitiendo que las variaciones visuales impacten con más
fuerza y que la crudeza de los diálogos y silencios atronadores golpeen al
espectador sin filtros ni edulcorantes.
El
ser querido nos deja una
ironía cinematográfica difícil de ignorar. Rodrigo Sorogoyen e Isael Peña
firman una obra demoledora y que regala un duelo interpretativo memorable, de
los que justifican pagar una entrada de cine. Sin embargo, al estirar el
metraje de forma innecesaria hasta unos extenuantes 135 minutos y supeditar el
ritmo a un guion caprichoso, la película acaba cayendo en la misma trampa que
pretende criticar. El virtuosismo técnico y los silencios atronadores intentan
salvar de la quema a un drama familiar y geopolítico que, trágicamente, se ve
lastrado por un inicio descuidado en sus diálogos y otros detalles a lo largo
del metraje. Una obra impecable en su envoltorio, soberbiamente interpretada,
pero penalizada por una autocomplacencia cansina que empaña el resultado final.
Mi
nota es: 6,5
Estreno en España: 26 de
agosto.
Reparto: Javier Bardem,
Vitoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Raúl Prieto, Pepa Gracia, Melina
Matthews, Nuria Prims, Pablo Gómez-Pando, Malena Villa, Mourad Ouani, Miguel
Garcés, Laura Birn, Marta Megías, Agustin Otón, Miguel Ángel Puro, Didier Maes,
Rulo Pardo, Alberto Raw, Ana Ruano, Chema Tena, Pedro Rubio, Nadia Torrijos,
Claudio Villarrubia, Juan Vinuesa, Emmet Christakopoulos, Arlo Mapel, Nerea
Moreno, Hiroki Mano, Ane Pikaza, Nourdin Batan, Timothy Cordukes, Nacho Vera,
Carlos Javier González Pérez, Paco Perez, Oomen Jacob, Raquel Ferri, Conchi
Espejo, Pablo Chaves y Saibon Wang.
Productoras: Caballo
Films// Movistar Plus+ // El Ser Querido// Le Pacte
Distribuidora en España:
A Contracorriente Films y Movistar Plus+
Filmografía del director: Rodrigo Sorogoyen es nieto del director de cine Antonio del Amo. Se licenció en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, continuando su formación en 2001 en la Escuela de cine Séptima Ars en donde estudió guion Cinematográfico y seguidamente en 2004 en la Escuela de Cinematografía de la Comunidad de Madrid (ECAM). Sus primeros trabajos estuvieron relacionados con la televisión como guionista y director de algunos capítulos en series como, “Impares” (2008/2010), “La vida loca” y “La pecera de Eva” (2010/2011), “Frágiles” (2012), “Rabia” (2015), “En casa” y “Antidisturbios, ambas en (2020), “Historias para no dormir” (2021), “Apagón” (2022) y “Los años nuevos” (2024). Debutó en el largometraje junto a Peris Romano, en la película “8 citas” (2008) y como primer largometraje en solitario con “Stockholm” (2013), al que han seguido “Que Dios nos perdone” (2016), “El reino” 2018, (Premiada con 7 Goyas y 5 Feroz), “Madre” (2019), “As bestas” (2022) y este año nos ofrece “El ser querido” (2026). Cuenta con los cortometrajes: “El Iluso” (2014), “Disquisiciones de una pareja que lleva más de seis meses y menos de un año” (2016), “Madre” (2017)

No hay comentarios:
Publicar un comentario