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lunes, 14 de septiembre de 2026

EL SER QUERIDO: CRÍTICA DE CINE

La coproducción entre España y Francia, El Ser Querido, está dirigida por Rodrigo Sorogoyen compartiendo guion con Isabel Peña.

Esteban Martínez (Javier Bardem) es un prestigioso director de cine, mientras que Emilia Vera (Vicky Luengo) es su hija, con quien lleva trece años sin verse. Ambos se reencuentran en un restaurante en el cual, desde los saludos iniciales y a medida que se ponen al día, percibimos que existen severas tensiones de un pasado no resuelto y marcado por el dolor. Él le hace saber que la ha citado para ofrecerle el papel protagonista en su nuevo proyecto y ella, un tanto a la defensiva y en estado de nerviosismo, le comenta que se lo pensará; pero pronto seremos testigos de que el rodaje ya está en marcha y ella lo está protagonizando. La cercanía forzada que provoca el set abrirá de par en par las heridas de un ayer cuyas cicatrices no se han cerrado.

Afrontar el análisis de este filme conlleva, inevitablemente, medirlo con el exigente rasero de la filmografía previa de Sorogoyen. Tras habernos regalado obras de la talla de la asfixiante As Bestas, la vibrante El Reino o esa potente miniserie como fue Antidisturbios, encontrarse ante su nuevo trabajo genera una cierta decepción. Es una lástima constatar que, en esta ocasión, Rodrigo e Isabel no han estado tocados por la varita mágica del ritmo y, quizás, tampoco de la profundidad al adentrarse en un terreno tan íntimo y delicado como los lazos destruidos de un padre y una hija distanciados por el tiempo y las sombras del pasado. Una cinta que tropieza en un guion poco afinado y en una duración a todas luces excesiva, que diluye el impacto del drama.

Es indiscutible el sello del director cuando te enfrentas a una de sus historias, pues cuida los detalles al milímetro. Todos los apartados técnicos sin discusión están perfectos, desde la fotografía, el sonido, la sutil banda sonora, la iluminación, la ambientación y cada decorado por sencillo que nos pueda parecer… No falta ni un solo detalle y la película se hace orgánica pero también terriblemente tediosa por ese elemento que en ocasiones se descuida o se está tan convencido de lo que se tiene entre manos, que no se lima como se deberia. Es como ya he dicho, el guion. Pero de este apartado ya hablaremos en su momento.

El cine dentro del cine es un recurso del que suelen nutrirse muchos directores y guionistas, y que pocas veces falla, soportando el peso de la trama principal. Al espectador, el ver los entresijos de una película le llama la atención; y si esa puesta en escena está bien llevada, presentada y equilibrada, la obra potencia un tema universal y complejo como son las relaciones entre padre e hija, como sucede en este caso.

Sin embargo, el error se hace evidente desde su mismo arranque. Sorogoyen configura esa esperada secuencia inicial mostrando primero a un Bardem nervioso mediante una sucesión de planos elípticos, cortados y muy parecidos que marcan el doloroso paso del tiempo. Cuando ella llega y se sientan, nos encierran en un clásico plano-contraplano con la cámara en mano y muy cerrada, creando una atmósfera de intimidad absoluta y ciertamente opresiva. Pero es justo en ese instante cuando el truco se rompe: la escena se atasca en una repetición inquietante de frases cotidianas ("¿Qué tal estás?", "Estoy bien, ¿y tú?", "También estoy bien") que no fluye con naturalidad y estanca la narrativa antes de que logre arrancar. A mi gusto ese inicio está atropellado, queriendo decir mucho en muy poco tiempo, para fortuna de la película va ganando enteros a medida que avanza el filme.

En el apartado interpretativo es donde El ser querido encuentra sus mayores virtudes, ofreciendo un duelo actoral de una intensidad apabullante. Javier Bardem despliega un repertorio colosal para dar vida a Esteban, un personaje complejo que transita con pasmosa facilidad entre el padre vulnerable y el tirano dominante. Bardem maneja los hilos de la trama con una presencia magnética, midiendo cada silencio, cada mirada y cada tono en la voz al pronunciar sus frases hasta que todo estalla en una escena cumbre en mitad del set de rodaje. Tras una discusión entre padre e hija la noche anterior, el plató se convierte al día siguiente en un auténtico campo de batalla camuflado bajo una gran mesa donde los comensales comen sopa de caballa. Una escena que cabalga a lomos del drama pero que por su presentación inicial y la manera en que se desarrolla, despierta carcajadas hasta quedar la sala en silencio. No es cosa de risa lo que hemos presenciado, sino algo terriblemente traumático, cruzándose todos los límites. Frente a este huracán, una soberbia Vicky Luengo responde desde una contención y una dignidad asombrosas; su mirada herida pero firme sostiene el pulso dramático sin dejarse devorar en ningún momento por el monstruo que tiene delante. El realismo con el que ambos actores se enfrentan el uno al otro corta la respiración del espectador, creándose en el propio filme, un antes y un después. Si bien Bardem y Luengo están brutales durante toda la película, en esta escena sacan todo lo que el cine exige a dos actores para que sus nombres se escriban con mayúsculas. Una secuencia memorable que funciona como el gran detonante de lo que está por venir. A todo ello cabe sumar el extraordinario trabajo del resto del reparto y es que si algo ha demostrado siempre Sorogoyen es su capacidad y entrega absoluta a la dirección actoral, logrando que cada papel, por pequeño que sea, esté milimetrado en el plano.

Más allá del torbellino interpretativo, es de justicia detenerse en la impecable factura técnica que sostiene el largometraje. La puesta en escena de Sorogoyen se revela soberbia en todo momento, demostrando un control absoluto del espacio cinematográfico. A ello contribuye de manera decisiva una labor de sonido inmersiva y una fotografía de Álex de Pablo que se convierte en un personaje más. Es fascinante observar cómo la imagen muta a lo largo del metraje, experimentando con los formatos de pantalla, alterando las relaciones de aspecto, jugando con la cámara en mano y los primeros planos y saltando con audacia del blanco y negro al color. Sin embargo, el elemento más sutil y brillante de este apartado es la banda sonora a cargo de Olivier Arson. Estamos ante una partitura breve y contenida; la mayor parte del filme carece deliberadamente de música de fondo. Lejos de ser un capricho, esta sutil economía musical es un acierto rotundo para cederle todo el protagonismo al texto dramático, permitiendo que las variaciones visuales impacten con más fuerza y que la crudeza de los diálogos y silencios atronadores golpeen al espectador sin filtros ni edulcorantes.

El ser querido nos deja una ironía cinematográfica difícil de ignorar. Rodrigo Sorogoyen e Isael Peña firman una obra demoledora y que regala un duelo interpretativo memorable, de los que justifican pagar una entrada de cine. Sin embargo, al estirar el metraje de forma innecesaria hasta unos extenuantes 135 minutos y supeditar el ritmo a un guion caprichoso, la película acaba cayendo en la misma trampa que pretende criticar. El virtuosismo técnico y los silencios atronadores intentan salvar de la quema a un drama familiar y geopolítico que, trágicamente, se ve lastrado por un inicio descuidado en sus diálogos y otros detalles a lo largo del metraje. Una obra impecable en su envoltorio, soberbiamente interpretada, pero penalizada por una autocomplacencia cansina que empaña el resultado final.

Mi nota es: 6,5

Estreno en España: 26 de agosto.

Reparto: Javier Bardem, Vitoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Raúl Prieto, Pepa Gracia, Melina Matthews, Nuria Prims, Pablo Gómez-Pando, Malena Villa, Mourad Ouani, Miguel Garcés, Laura Birn, Marta Megías, Agustin Otón, Miguel Ángel Puro, Didier Maes, Rulo Pardo, Alberto Raw, Ana Ruano, Chema Tena, Pedro Rubio, Nadia Torrijos, Claudio Villarrubia, Juan Vinuesa, Emmet Christakopoulos, Arlo Mapel, Nerea Moreno, Hiroki Mano, Ane Pikaza, Nourdin Batan, Timothy Cordukes, Nacho Vera, Carlos Javier González Pérez, Paco Perez, Oomen Jacob, Raquel Ferri, Conchi Espejo, Pablo Chaves y Saibon Wang.

Productoras: Caballo Films// Movistar Plus+ // El Ser Querido// Le Pacte

Distribuidora en España: A Contracorriente Films y Movistar Plus+

Filmografía del director: Rodrigo Sorogoyen es nieto del director de cine Antonio del Amo. Se licenció en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, continuando su formación en 2001 en la Escuela de cine Séptima Ars en donde estudió guion Cinematográfico y seguidamente en 2004 en la Escuela de Cinematografía de la Comunidad de Madrid (ECAM). Sus primeros trabajos estuvieron relacionados con la televisión como guionista y director de algunos capítulos en series como, “Impares” (2008/2010), “La vida loca” y “La pecera de Eva” (2010/2011), “Frágiles” (2012), “Rabia” (2015), “En casa” y “Antidisturbios, ambas en (2020), “Historias para no dormir” (2021), “Apagón” (2022) y “Los años nuevos” (2024). Debutó en el largometraje junto a Peris Romano, en la película “8 citas” (2008) y como primer largometraje en solitario con “Stockholm” (2013), al que han seguido “Que Dios nos perdone” (2016), “El reino” 2018, (Premiada con 7 Goyas y 5 Feroz), “Madre” (2019), “As bestas” (2022) y este año nos ofrece “El ser querido” (2026). Cuenta con los cortometrajes: “El Iluso” (2014), “Disquisiciones de una pareja que lleva más de seis meses y menos de un año” (2016), “Madre” (2017)