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viernes, 25 de septiembre de 2026

LA ODISEA: CRÍTICA DE CINE

 

Sé que mi crítica en esta ocasión llega un poco tarde, pero es que este verano ha sido una auténtica locura. Aunque muchos de vosotros ya la habréis visto y otros tantos habréis leído un buen número de críticas, no quería dejar mi blog sin subir la mía personal, así que aquí va.

La Odisea está dirigida por Christopher Nolan, quien se basa en la obra inmortal de Homero para crear su propio guion cinematográfico y visual. La historia nos sitúa en dos frentes principales. Por un lado, el rey griego de Ítaca y veterano de la Guerra de Troya, Odiseo (Matt Damon), se encuentra retenido en la isla de Ogigia junto a la ninfa Calipso (Charlize Theron), quien intenta convencerlo para que viva con ella ofreciéndole a cambio la inmortalidad, conviviendo en ese espacio con la presencia de la diosa Atenea (Zendaya). Por otro lado, la acción nos traslada a Ítaca. Preocupados por no tener noticias de Odiseo y ante la urgente necesidad de tener un nuevo rey, un gran número de pretendientes han tomado el palacio. Su intención es conquistar a Penélope (Anne Hathaway), esposa de Odiseo, quien no tiene la menor intención de volverse a casar pues espera fielmente a que su marido regrese. Junto a ella se encuentra su hijo Telémaco (Tom Holland), movido por la fuerte intención de encontrar a su padre, mientras lidia con la constante presión de los pretendientes, entre los que destaca el peligroso y engreído Antínoo (Robert Pattinson).

Al enfrentarse a una película de Nolan, sea una historia real, ficción o como en este caso, una obra de la literatura universal, hay que ir con la mente abierta y liberados de ciertos prejuicios. Quienes somos fans incondicionales de su ingenio, maestría y deslumbrante cinematografía, sabemos muy bien que nos puede sorprender con lo más inesperado.

De entrada, una de las cosas que más me chocó de esta obra es el enfoque de la inclusión. Si bien estoy de acuerdo en que la diversidad debe abrirse camino no solo en el cine, sino en cualquier campo de la vida, hay que ser cauto en las decisiones. Si algo me chirrió fue ver a Atenea y a Helena interpretadas por dos actrices de raza negra. Resulta un poco chocante para lo que uno espera de la iconografía clásica, aunque como las dos son maravillosas actrices, te puedes acostumbrar perfectamente a lo largo del metraje. Pero… ¿era realmente necesario un cambio que, a mi gusto, resulta tan prescindible? ¿Qué aporta romper el rigor visual más allá de sumarse a una tendencia de inclusión que a veces se siente forzada?

Como os comentaba al inicio, he tenido un verano movidito. Y es que, precisamente cuando esta película entraba en su fase de estreno, yo comenzaba mi viaje por tierras griegas, disfrutando de esa cultura milenaria que tanto amo. Entre algunos de sus monumentos, pude contemplar la imponente presencia histórica y escultural de la diosa Atenea. Imaginad, por tanto, el choque conceptual cuando regreso y me siento en una sala IMAX. Creo que, simplemente, es cuestión de saber cuándo se debe ser inclusivo y cuándo es mejor ceñirse a una identidad estética, aunque hablemos de realidades mitológicas.

Superado el impacto del reparto –léase con ironía–, lo verdaderamente divertido es entrar en el juego que nos propone Nolan. Para quienes conocemos la historia de Homero, es verdad que las libertades que se toma el director pueden chocar al principio. Sin embargo, una vez que te dejas llevar, la propuesta se acepta de forma muy positiva. Nolan demuestra que es un maestro del suspense psicológico: en lugar de contarnos una aventura lineal de barcos y monstruos, convierte el viaje en un puzzle mental. Odiseo va recuperando los recuerdos de forma fragmentada, haciendo que el espectador comparta con él esa misma sensación de estar perdido, agotado, devorado por los remordimientos de la guerra de Troya y con un único propósito: regresar junto a su amada Penélope y su hijo Telémaco.

Esa tensión explota por completo en la impresionante escena del Hades. Diseñada para exprimir al máximo las pantallas IMAX, Nolan crea una atmósfera asfixiante. Los fantasmas de los soldados troyanos caídos acosan a la tripulación con una escala visual que te clava en la butaca; impresionantes gigantes con sus corazas se muestran dispuestos a la lucha, dejando claro que los peores monstruos del viaje son los que el propio Odiseo lleva en su conciencia por el engaño del Caballo de Troya.

En medio de todo esto, el papel de Atenea funciona de maravilla. Nolan pasa de los dioses típicos que lanzan rayos por capricho o ponen obstáculos difíciles de superar; aquí la diosa ayuda a Odiseo, pero no se lo pone nada fácil: le obliga a mirar de frente sus errores antes de permitirle regresar al hogar. Es un enfoque muy interesante que le da a la película un punto de madurez que le sienta genial al relato.

Si hay una secuencia que define la grandeza técnica de esta producción, es sin duda el brutal encuentro en la cueva del Cíclope Polifemo. En una era cinematográfica saturada que confía todo a las pantallas verdes, Nolan se mantiene firme en su cruzada por el realismo y pasa por completo de los abusos del CGI. Para el espectador que busca una experiencia real, el resultado es un triunfo de la vieja escuela. Para lograrlo, el director trasladó al equipo a localizaciones reales en Grecia, filmando la secuencia en la imponente y milenaria Cueva de Néstor, en la región del Peloponeso. Tras transformar este espacio arqueológico en un impresionante plató natural, Christopher metió en sus profundidades una colosal marioneta mecánica de casi 18 metros de altura, consiguiendo que el peligro sea físico y palpable. No hay trampa digital; el terror de los hombres atrapados en la piedra es real porque el monstruo que los acecha en la penumbra comparte su mismo espacio.

Esa crudeza técnica encuentra su reflejo perfecto en el compromiso absoluto del reparto. Matt Damon nos regala un Odiseo extraordinario que huye del héroe invulnerable; su transformación física y su mirada cansada transmiten el desgaste de un hombre que se sabe astuto pero roto por dentro. Para mí, una de las escenas más emotivas y conmovedoras es la que mantiene con su esposa Penélope y es que Anne Hathaway es otro de los pesos fuertes en esta obra cinematográfica. En su interpretación no solo percibimos su dolor ante la ausencia de Odiseo, sus silencios para no quebrar la paz, el peso de sus responsabilidades, sino también el amor y protección hacia su hijo Telémaco, el abandono ante el mundo –representado por esa reja que la separa del resto– y la inteligencia de mantener el reinado sin rey. Y en ese triángulo invisible nos encontramos con Robert Pattinson que, si bien clava su personaje, tal vez al tenerlo en mi mente en otros papeles tan diferentes, no me lo creí del todo; aunque reconozco que su retrato de ser ambicioso, despótico y cobarde es excelente. En ese lado de los secundarios importantes cabe destacar a dos mujeres que hoy en día copan toda la atención en la industria: Zendaya, dando vida a una Atenea más humana que diosa y Lupita Nyong'o, quien encarna con precisión a Helena y Clitemnestra.

Nolan con sus anteriores trabajos ya nos ha demostrado que es sinónimo de innovación, de revestir al séptimo arte con un envoltorio técnico que deslumbra en la gran pantalla y enmudece a nuestros sentidos, aunque en ocasiones se exceda y no piense en el público de a pie, al que puede despistar con sus alardes conceptuales. En esta producción, la fotografía de Hoyte van Hoytema captura la luz del Mediterráneo con una textura física casi tangible, regalándonos secuencias sobrecogedoras. A esto se suma la atronadora banda sonora de Ludwig Göransson, quien logra distanciarse de los ecos habituales del cine épico mezclando percusiones viscerales con sutiles arreglos electrónicos, creando un muro de sonido que te envuelve por completo. No cabe la menor duda de que la película puede ser criticada por sus licencias cinematográficas, algunas casi imperdonables, pero lo que sí nos demuestra una vez más es la capacidad que tiene para crear espectáculos audiovisuales apabullantes y únicos gracias al formato IMAX de 70mm en el que fue concebida o la manera en que narra sus historias. Mima al milímetro el diseño de cada plano gracias a la tecnología que tiene a su alcance, pero debe ser consciente de que solo unos pocos privilegiados en grandes ciudades pueden optar a este sistema. Nolan debería pensar que el cine no es solo para un puñado de espectadores que pueden acudir a estas salas, sino también para esas pequeñas salas que se encuentran en pequeñas poblaciones.

A pesar de este tirón de orejas, el clímax final en el palacio de Ítaca es pura tensión cinematográfica. Para quienes aún no la hayan visto y sin descubrir nada, cabe destacar que está rodado con un pulso firme y una violencia seca que huye del espectáculo coreográfico de superhéroes. En definitiva, no es una obra perfecta –no creo que el propio Nolan lo persiguiera–, sino una cita obligatoria que abre múltiples frentes; abarca desde la ambición universal de sus saltos temporales hasta aspectos más triviales, como su obsesión por el IMAX. Pero, por encima de todo, es una propuesta valiente, humana y arrolladora que no dejará a nadie indiferente, demostrando que el cine a gran escala aún tiene cosas que decir.

Mi nota es: 8.5

Estreno en España: 17 de julio.

Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Himesh Patel, John Leguizamo, Samantha Morton, Zendaya, Charlize Theron, Jon Bernthal, Lupita Nyong'o, Ben Safdie, Bill Irwin, Elliot Page, James Remar, Ryan Hurst, Corey Hawkins, Iddo Goldberg, Mia Goth, Logan Marshall-Green, Will Yun Lee, Jimmy Gonzales, Andrew Howard, Jovan Adepo, Jesse Garcia, Josh Stewart, Sean Avery, Anthony Molinari, Ian Casselberry, Travis Scott, Rafi Gavron, Shiloh Fernandez, Elyes Gabel, Kate Fuglei, Nick Tarabay, Maurice Compte, Michael Vlamis, Brian Vernel y Stephen Murphy.

Productora: Syncopy Production / Universal Pictures.

Distribuidora en España: Universal Pictures International Spain.

Filmografía: El guionista, productor, editor y director Christopher Nolan desde muy joven desarrolló interés por el cine. Estudió literatura inglesa en la University College de Londres y debutaría con los cortometrajes: “Tarantella” (1989), “Larceny” (1996) y “Doodlebug” (1997) y en el largometraje con “Following” (1998) continuando con “Memento” (2000), “Insomnio” (2002), “Batman Begins” (2005), “El truco final: El prestigio” (2006), “El caballero oscuro” (2008), “Origen” (2010), “El caballero oscuro: la leyenda renace” (2012), “Interstellar” (2014), “Dunkerque” (2017), “Tenet” (2020), “Oppenheimer” (2023) y este año nos ofrece “La Odisea” (2026). También cuenta con el cortometraje documental “Quay” (2015).