Godzilla Minus Zero
está escrita y dirigida por Takashi Yamazaki. “No terminamos el trabajo
como pensábamos”
Han pasado dos años desde
que Godzilla cayera derrotado y sus restos fueran hundidos en la bahía de
Sagami. En el Japón de la posguerra, mientras el país se recuperaba de la
devastación de la guerra y de los ataques previos de Godzilla, nos encontramos
con el expiloto Kōichi Shikishima (Ryunosuke Kamiki), su mujer Noriko
Oishi (Minami Hamabe) y su joven hija adoptiva Akiko (Sae Nagatani).
Un nuevo kaiju ataca la
ciudad de Matsumoto: King Ghidorah, con apariencia de dragón y la cualidad de
volar. Mientras se recuperan de la catástrofe, Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka),
el director de la Oficina de Respuestas a Desastres a Gran Escala del gobierno,
trabaja con expertos, entre ellos Shirō Mizushima (Yuki Yamada), el
excapitán del destructor Tatsuo Hotta (Miou Tanaka) y Seiji Akitsu (Kuranosuke
Sasaki), entre otros. Y os podría contar mucho más, pero… sí, ya me
conocéis, os lo dejo a vosotros.
Siempre he tenido una
relación complicada con Godzilla. Para mí, el icónico kaiju arrastraba un gran
problema en sus apariciones cinematográficas: su cansina falta de movilidad,
algo que en pantalla me terminaba provocando un inevitable tedio, igual que
muchas películas de zombis. Por eso, mi historia con esta criatura se reducía
apenas a tres o cuatro películas en toda mi vida. Sin embargo, en esta entrega
Yamazaki rompe radicalmente con ese estatismo para inyectar un ritmo
vertiginoso a la acción –gracias a la incorporación de Ghidorah–, mutando hacia
un blockbuster vibrante y eléctrico. El problema es que, en su empeño por
distanciarse de la lentitud clásica, Yamazaki pisa el acelerador de forma tan
hiperactiva que el metraje acaba resultando excesivo, dejándonos la sensación
de que un poco de contención y de pausa dramática le habrían sentado de
maravilla a la propuesta, en lugar de dejarlo todo para el tramo final.
Donde la película me
sorprendió para bien, y donde se encuentra su verdadero corazón –y también sus
mayores excesos dramáticos–, es en la trama humana que vertebra el caos.
Yamazaki no se limita a filmar un choque de monstruos como vimos en Godzilla
y Kong: El nuevo imperio; busca desesperadamente el impacto emocional a
través de un plano tan humano que resulta inusual en el cine de este personaje,
pero que es de lo que más me ha gustado. Aquí se palpa con dolor lo que el país
está sufriendo por la posguerra y por las secuelas de la anterior crisis.
La película gana por
goleada en su apabullante factura técnica. Se nota con creces que Yamazaki,
además de guionista y director, es el supervisor directo de unos efectos
visuales pulidos al milímetro por el estudio Shirogumi. La inclusión de King
Ghidorah eleva la espectacularidad a niveles estratosféricos. Lejos de la
rigidez clásica, el dinamismo de los monstruos corta la respiración: desde la
brutal transformación del nuevo kaiju –que evoluciona ante nuestros ojos como
una hidra a la que le brotan tres cabezas– hasta el impacto visual de Godzilla,
cuyas placas del lomo y dorsales se hipertrofian y se vuelven más grandes y
letales, iluminándose con un amenazante azul incandescente al cargar su poder
destructivo.
El diseño de las batallas
es impecable. El director otorga a Ghidorah la capacidad de elevar edificios
por los aires para luego dejarlos caer con una violencia atroz, en medio de
unas coreografías aéreas con aviones de la Segunda Guerra Mundial ejecutadas
con maestría. Pero lo que verdaderamente marca la diferencia con otras obras
del género es que la destrucción no se queda en el mero espectáculo visual.
Aquí el director tiene a bien mostrarnos, difuminando las líneas entre el
pasado y el presente a través de los flashbacks, unos hospitales
abarrotados que reflejan las dolorosas consecuencias físicas que sufren los
viandantes y ciudadanos cuando las bestias se enfurecen; un relato trágico de
los que caminan por las aceras o van en sus vehículos, sirviendo además para recordarnos
detalles de la anterior entrega y buscando la fórmula de lo que pueda destruir
a esos seres prácticamente inmortales.
En definitiva, Godzilla
Minus Zero es un blockbuster tan espectacular en su factura técnica como
excesivo en sus pretensiones narrativas. Takashi Yamazaki firma una obra que
destaca por su ritmo vertiginoso y una insólita sensibilidad humana, retratando
con valentía el dolor y las heridas abiertas de la posguerra y la devastación
de las bestias en las ciudades. A nivel actoral, cabe destacar que el reparto
coral resulta muy creíble, aunque algunos secundarios quedan algo
sobreactuados, lo que en este tipo de películas tampoco llama demasiado la
atención. Junto a ellos, sobresale la atronadora banda sonora de Naoki Satō,
que eleva la épica del conflicto a cada instante. Sin embargo, su empeño por
abarcar demasiadas subtramas y acelerar el metraje acaba pasándole factura a la
cohesión del relato, dejando la sensación de que un ejercicio de mayor
contención habría dado como resultado una obra más interesante. A pesar de sus
baches de guion y de su tendencia a forzar el melodrama en el tramo final, la
película se alza como una experiencia cinematográfica de alto voltaje que
dignifica el género kaiju.
Mi nota es: 7
Estreno en España: 6 de
noviembre.
Reparto: Ryunosuke
Kamiki, Minami Hamabe, Min Tanaka, Masami Nagasawa, Hidetaka Yoshioka, Yuki
Yamada, Kuranosuke Sasaki, Jun Kunimura, Sakura Ando, Sae Nagatani y Miou
Tanaka.
Productora: TOHO// Robot
Communications Inc.
Distribuidora en España:
Piece of Magic Entertainment.
Filmografía: El director de efectos especiales, guionista y director de cine Takashi Yamazaki, se graduó en el Instituto Matsumoto Agataoka en Nagano y viajó a Tokio para estudiar y convertirse en un técnico de efectos especiales en la Escuela de Arte Asagaya, y combinó sus estudios trabajando a media jornada en una productora comercial. Se inició en la televisión dirigiendo capítulos para series como “Jungle no ôja Tâ-chan” (1994), “Nanase futatabi Chônôryokusha kanzen massatsu” y “Mahô no stêji fanshî Rara” ambas en (1998) y en el largometraje debutó con “Jubunairu” (2000), “Returner” (2002), “Always san-chôme no yûhi” (2005), “Always zoku san-chôme no yûhi” (2007), “Ballad: Namo naki koi no uta” (2009), “Space Battleship Yamato” (2010), “Friends: Aventura en la isla de los monstruos” (2011), “Always san-chôme no yûhi ´64” (2012), “Eien no 0” (2013), “Stand By Me Doraemon”, “Parásito. Parte 1” y “Bump of Chicken: Willpolis” todas en (2014), “Parásito. Parte 2” (2015), “Kaizoku to yobareta otoko” (2016), “Destiny: Kamakura monogatari” (2017), “Arukimedesu no taisen”, “Dragon Quest: Your Story” y “Lupin III: The First” todas en (2019), “Ghost Book Obakezukan” (2022), “Godzilla Minus One” (2023) y este año se nos ofrece “Godzilla Minus Zero” (2026). Codirector de “Stand by Me Doraemon 2” (2020). También ha dirigido capítulos para series como: “Heat Guy J” (2002/03), “Gôruden taimu” (2014), “Shokugeki no Soma” (2015), “Amanchu!” (2017). Miniseries como: “Dôbutsu no oisha-san” (2003) y telefilme “Yo ni mo Kimyô na Monogatari: Eiga Kantoku-hen” (2015).

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