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jueves, 29 de octubre de 2026

LEVITICUS: CRÍTICA DE CINE

          

                      Leviticus está escrita y dirigida por Adrian Chiarella.

La historia arranca con un asfixiante prólogo nocturno en una piscina municipal tras cerrar sus puertas al público. Una joven trabajadora es asesinada por una fuerza invisible –o al menos que no se nos muestra– entre las paredes de una ducha. Tras este inicio que nos deja en suspense, la acción se traslada a una fanática comunidad rural en Australia. Allí conoceremos a los adolescentes Naim (Joe Bird) y Ryan (Stacy Clausen) que entre juegos inocentes exploran su atracción mutua en secreto, resguardados por las paredes de una nave abandonada. Al ser descubiertos, ambos son sometidos a una terapia de conversión que más bien parece un exorcismo, con la intención de “curar” su homosexualidad. Sin embargo, el fanatismo de la ceremonia, a través de la llama de un mechero, termina por invocar a una entidad demoníaca que adopta una forma tan perturbadora como real: la de la persona que cada uno más desea. Un ser implacable que, de manera angustiosa, solo pueden ver ellos. A partir de ese instante y sin saber lo que está pasando, Naim y Ryan deberán enfrentarse y luchar por sobrevivir tanto al monstruo que los acecha como a la implacable homofobia del pueblo.

Sin duda, este año está siendo prolífico en cuanto a cine de terror con ese toque contemporáneo muy interesante, llenando las pantallas de las salas con obras que destilan una fuerte crítica social. Leviticus combina drama de identidad, horror sobrenatural y thriller psicológico, lo que eleva la obra a una tensión emocional muy potente que mantiene al espectador en vilo durante toda la función. El interés crece exponencialmente al examinar el devastador impacto que este extremismo religioso provoca sobre los lazos afectivos de los protagonistas en el seno de sus propias familias.

La película no se anda por las ramas; desde los primeros minutos retrata el horror sistémico que envuelve a esa comunidad alienada contra quienes su forma de amar es “diferente”. Chiarella construye una atmósfera asfixiante donde el pecado, la redención ficticia, la culpa y el fanatismo religioso no solo se visualizan de forma alarmante en la figura del pastor local –un hombre cruel y despiadado–, sino que se palpa y respira en cada esquina. Lo verdaderamente terrorífico de esta obra no reside únicamente en los elementos sobrenaturales, sino en el drama humano: ver cómo el fanatismo es capaz de pudrir los lazos más sagrados y la inocencia que de ellos se desprende, llevando a los propios padres a asediar y traicionar a sus hijos en nombre de una fe desvirtuada. La cinta profundiza con acierto en la culpa y en esa devastadora sensación de estar haciendo algo prohibido; algo malo que se inocula en los jóvenes desde la infancia, utilizando la hipnosis psicológica de la llama del mechero en mitad de la terapia como el resorte definitivo para desatar al monstruo.

Creo que quienes me seguís conocéis mi debilidad por la psicología humana y ese romanticismo que a veces me sobrepasa. Tras finalizar la proyección y reflexionar sobre esa entidad invisible, llegué a mi propia conclusión: narrativamente, el diseño de la criatura es el mayor acierto del guion. Al hacerla invisible, se convierte en una dolorosa alegoría de la soledad, el aislamiento y la culpa. El director utiliza las reglas del cine fantástico de forma tan sencilla como brillante: no hace falta exponer monstruos físicos cuando el verdadero monstruo habita dentro de uno mismo. Así logra que el tormento psicológico y la homofobia interiorizada traspasen la pantalla para transformarse en dolor físico real. Es una crítica feroz, escalofriante y muy necesaria contra las dañinas terapias de conversión, donde Chiarella se guarda un gran as bajo la manga: demostrar que la unidad y el amor es capaz de vencer los peores males de esta sociedad. Si existe comunión en la pareja, si el amor que se profesan y la verdad los abraza, nada ni nadie puede derrotarles… aunque, como en la vida misma, no siempre se toma la decisión correcta.

En cuanto a las interpretaciones, el filme se apoya sobre sus dos grandes pilares que componen la pareja protagonista. Tanto Joe Bird como Stacy Clausen no solo defienden esta pesadilla, sino que la hacen propia hasta provocar que nos la creamos. Los vemos sentir y sufrir, transmitiendo el dolor, el vacío, la pérdida y la desesperación de una manera tan real y visceral que estremece y eleva por completo el terror emocional de la película. Sus miradas, sus caricias furtivas, sus peleas amistosas buscando el contacto físico y su química en pantalla traspasan el todo y logran que esa atmósfera sombría que Chiarella dibuja no se quede en un mero ejercicio de estilo, sino que duela en el espectador; y vaya si lo consigue. Por supuesto, no me olvido del resto del elenco, cuyas presencias aterran al más osado. Entre ellos destacaría a Mia Wasikowska y Ewen Leslie, y ya sabréis por qué les menciono. Esto es cine de terror sin mostrar monstruos, sin hacer alardes de efectos visuales o sonoros, sin llenar la pantalla de oscuridad. El peor de los terrores lo provocan seres que parecen normales.

En resumen, Leviticus se consolida como una obra tan imprescindible como incómoda dentro del panorama del terror actual; una cinta con la que he disfrutado o, mejor dicho, que me ha mantenido con una constante angustia. Y es que la obra toca un tema que espero que algún día deje de ser noticia por el bien de todos aquellos que sufren la condena indiscriminada de la homofobia. Adrian firma una inteligente ópera prima que huye del susto fácil para sumergirse en el verdadero horror que se esconde tras el fanatismo. Una película nacida para remover conciencias y que nos recuerda, en definitiva, que las mayores pesadillas no surgen del más allá, sino de la intolerancia humana.

Mi nota es: 8

Estreno en España: 30 de octubre.

Reparto: Joe Bird, Stacy Clausen, Mia Wasikowska, Jeremy Blewitt, Ewen Leslie, Davida McKenzie, Edwina Wren, Nicholas Hope, Julia Grace, Rose Flanagan y Tyallah Bullock.

Productora: Causeway Films// SalmiraProductions.

Distribuidora en España: YouPlanet Pictures.

Filmografía: El guionista y director Adrian Chiarella, estudió en la Escuela Australiana de Cine, Televisión y Radio (AFTRS). Debutó con el cortometraje “Tocar” (2014) al que siguieron “Labios negros” (2018) y “Planeta enano” (2020) hasta dirigir su primer largometraje “Leviticus” (2026). También ha dirigido capítulos para series como “Totalmente bien” y “Cinco habitaciones” ambas en (2023).