Leones en invierno
está dirigida por Albert Pintó, quien comparte el guion con Juma
Fodde. “No hay nada más peligroso que un padre que ya no tenga hijos a los
que defender”
El prólogo nos sitúa en
1989, donde dos grupos de radicales de bandos opuestos se retan en una plaza.
Al líder de una de las bandas le lanzan una botella a la cabeza y, tras el
impacto, el joven cae desplomado al suelo.
En el presente,
conoceremos a Alejandro (Luis Zahera), un exlíder de los Ultra Sur que
vive feliz con su mujer Carlota (Inma Cuesta) y su hija. Un día, la
joven sale de fiesta con su amiga y un conductor, a bordo de un coche de alta
gama en color dorado y a gran velocidad, la atropella y se da a la fuga. Más
tarde descubriremos que el culpable es un policía (José Manuel Poga)
infiltrado en una red de narcotraficantes. Al ver que la policía parece estar
ocultando algo, Alejandro decide investigar por su cuenta. Para ello, contacta
con su viejo amigo y antiguo camarada ultra, que ahora ejerce como policía (Roberto
Álamo), y con otro miembro del pasado, convertido hoy en un desgraciado
drogadicto que no tiene dónde caerse muerto (Luis Callejo), quien
también decide ayudarles. Juntos se internarán en el peligroso mundo del
narcotráfico y de la corrupción policial.
Estamos ante una de esas
películas que rebosa feromonas masculinas y testosterona en cada plano. Es un
filme en donde las interpretaciones femeninas quedan inevitablemente en un
segundo plano –aunque el director y guionista pretendan que no se note
demasiado, el aporte femenino es muy reducido–, otorgando todo el peso y la
importancia a esa violencia visceral, rabia desatada y furia incontrolada que
brotará por cada poro de sus personajes sin dar tregua a que el espectador
respire. Quizás con demasiada intensidad. Este enfoque tan marcadamente
masculino se concentra, principalmente, en la figura de Alejandro. El
protagonista, devorado por la tragedia, la impotencia y el ansia de justicia
paternal, busca durante la gestión de su duelo sacar al león; a la fiera
salvaje que lleva dentro y que ha mantenido dormida durante años, pero que bien
sabía que era imposible de domesticar. Es el dolor el que actúa como detonante
para resucitar a aquel joven violento, antiguo líder Ultra Sur, cuya
agresividad vuelve a brotar con fuerza. Y es que, no nos engañemos, la película
es pura adrenalina violenta desde el comienzo hasta el final.
Los pilares actorales de
esta obra recaen sobre un elenco entregado. Luis Zahera demuestra una
vez más que es una bestia escénica. El dolor que siente su personaje ante la
muerte de su hija se palpa desde el inicio, con esas miradas de rabia
encendida, contención muscular y deseos de venganza máxima. A un león, aunque
se le domestique, se le podrán adormecer sus impulsos naturales, pero jamás
desaparecen; cualquier chispa puede despertarlo y más cuando se trata de la
vida de una hija a la que ama profundamente. El rugido y las garras entran en
acción, mientras la mente no deja que intervenga la razón. Roberto Álamo
nos muestra un personaje más racional que pretende frenar al león, hasta que es
consciente de que ese dolor no se puede detener; porque él también tiene una
hija adolescente y piensa en cómo actuaría, por lo que decide no abandonarlo y
apoyarlo en su viacrucis. Como tercero en este trío de amigos de toda una vida
se encuentra Luis Callejo, viviendo en el pozo profundo y oscuro de las
drogas, consumido y perdido en el mundo, sin nada por lo que luchar, salvo por
sus amigos. Aquí vemos cómo la verdadera amistad perdura en el tiempo como un
tesoro que nos puede ayudar a no caer.
Y a unas leguas de
distancia está José Manuel Poga, quien da vida a uno de esos personajes
odiosos y rechazables. Su ego desmedido no tiene parangón y no le importa matar
si con ello consigue su objetivo o callar a quien conoce sus propósitos. Es
violento y ambicioso por naturaleza –un tipo repugnante e implacable que lo
quiere todo–, con un corazón y una mente frías que no se compadecen ante nada
ni nadie. En definitiva, estamos ante unas interpretaciones muy viscerales y de
una potencia arrolladora, que por momentos descolocan al espectador.
En lo que respecta a los
aspectos técnicos, la cinta destaca por no ser un simple ejercicio de acción
acelerada. Cuenta con una fotografía filmada por David Acereto, cuyo
principal acierto es saber saltar constantemente entre dos mundos visuales
contrapuestos: por momentos nos sumerge en una estética sucia, nocturna y
opresiva, para luego contrastar con la luz fría y pulcra de la opulencia y el
poder. A esta fotografía se une su compañera de fatigas, la banda sonora de Raül
Refree, quien aporta al metraje fuerza, energía y, sobre todo, mucho
nervio, subrayando la tensión sin llegar a saturar. Coronando el apartado
técnico, cabe mencionar el ritmo que nunca cesa gracias al montaje de Miguel
Burgos Petisco. La edición no cae en el error del frenesí gratuito, pero
tampoco en el del tedio. Sabe mantener con pulso los momentos en los que la
historia precisa respirar y, por encima de todo, nos permite conectar y sentir
el calvario de unos personajes y la violencia desmedida de otros.
En definitiva, Leones en
invierno se presenta al espectador como un thriller modélico en sus formas,
durísimo en su fondo y sumamente honesto con lo que ofrece. Albert Pintó firma
una propuesta asfixiante que no busca el aplauso fácil ni la moraleja edulcorada,
sino golpear al espectador a través de la crudeza y el instinto más primario. Y
os aseguro que lo logra. Una bajada a los infiernos recomendable para los
amantes del cine de acción más físico y visceral.
Mi nota es: 7,5
Estreno en España: 23 de
octubre.
Reparto: Luis Zahera,
Roberto Álamo, Luis Callejo, José Manuel Poga, Inma Cuesta, José Coronado, María
Romanillos, Amaia Aberasturi, Ana Wagener, Nicolás Furtado, Jordi Mollà e Irene
Escolar.
Productora: Bowfinger
International Pictures// Esto También pasará.
Distribuidora en España:
Sony Pictures Releasing de España.
Filmografía: El guionista, realizador audiovisual y director, Albert Pintó, se graduó en la especialidad de Dirección en la ESCAC en 2007 y en 2012 regresó a dicho centro como profesor de narrativa audiovisual. Se inició con los cortometrajes: “Leaving New York” y “A Fully Loaded” en (2008), “Lucille” (2010), “Nada S.A.” y “Aún hay tiempo” ambas en (2014), “Lo siento cariño” y “Una historia de amor” en (2015). En el largometraje debutó con “Matar a Dios” (2017), “Malasaña 32” (2020), “Nowhere” (2023), “Tierra de nadie” (2025) y este año nos llega “Leones en invierno” (2026). Cuenta con el cortometraje “RIP” (2017), capítulos para las series “Sky Rojo” y “La casa de papel” en (2021) y las miniseries “Berlín y las joyas de París” (2023) y “Berlín y la dama del armiño” (2026).

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