Clayface está
dirigida por James Watkins con guion de Mike Flanagan y Hossein
Amini. “Prefiero morir a seguir como estoy”
La historia nos presenta
a Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un joven actor cuya carrera ha
ascendido a gran velocidad desde las duras calles de Gotham, donde se crio,
hasta convertirse en un artista idolatrado en Hollywood, viviendo el mejor
momento de su vida al ser nominado al Óscar por su última película. Sin
embargo, el destino cambia drásticamente cuando asiste a una discoteca; allí
conocerá a una hermosa joven, Mia Torres (Joanna Ribeiro), quien le
ofrece una pastilla en su lengua que él no duda en tragarse. Ambos acaban
desnudos en la cama de ella, lugar donde son sorprendidos por el novio de Mía,
Markos Szabo (David Dencik), un famoso y temido mafioso. Tras ordenar a
su novia que se levante, se vista y abandone la habitación, el gánster saca una
navaja y destroza brutalmente la cara de Matt.
A partir de ahí, la
tragedia se traslada a los tribunales. Se celebra un juicio donde Mia le
traiciona por completo al declarar falsamente que fue él quien la abordó en la
pista de baile. Con el veredicto en su contra y el rostro completamente
desfigurado, Matt no solo pierde el caso, sino también su trabajo y su futuro
en el cine. Desesperado y sin nada que perder, acude a la doctora Caitlyn Corr
(Naomi Ackie), una científica que se encuentra experimentando en la
clandestinidad con nanopartículas e inteligencia artificial. A pesar de que
ella le advierte con total claridad de que el tratamiento está aún en fase
experimental y que la intervención es ilegal, Matt insiste ciegamente en que le
opere…
Tensión, repugnancia y
comedia en dosis suficientes para mantener entretenido al espectador en su
butaca; un cóctel arriesgado del que, a lo largo de las próximas líneas, os iré
mostrando, sin spoilers, el porqué de mi afirmación. Para poner en contexto a
los menos iniciados, cabe recordar que Clayface es históricamente uno de los
antagonistas más trágicos y psicológicamente complejos del universo de DC; un
ser atrapado en la pérdida de su propia identidad y condenado a convertirse en
un monstruo mutable. Esta adaptación abraza esa esencia dolorosa desde una
perspectiva contemporánea muy potente. Estamos ante un filme cuya trama se
cocina a fuego lento entre el dolor, el amor y la desesperación y si en un
principio desconcierta un poco, a medida que la metamorfosis del protagonista
se desarrolla, la cinta crece exponencialmente en potencia, intensidad,
humanidad, intriga y en un, ¿Por qué no decirlo?, morboso y desagradable
interés que atrapa al espectador sin remedio hasta golpear con fuerza en su
implacable tramo final.
Clayface destaca de
manera sobresaliente al proponer un ejercicio de cine dentro del cine, lanzando
una ácida crítica a la propia industria de Hollywood con comentarios punzantes
que recuerdan que, en ese negocio, la imagen prevalece por encima de lo demás. Es
aquí, donde nuestro personaje se encuentra perdido, pasa de poseer un rostro
que todos idolatraban a convertirse en un monstruo. Un salto que lo lleva a la
inexistencia absoluta.
Para acentuar esta
obsesión enfermiza y la profunda soledad de Matt tras su caída, la ambientación
juega un papel clave. Me ha dado la sensación de que Gotham, aunque mostrando
su lado tétrico, la salida de los humos de los respiraderos de los suelos,
ofrecer cierta oscuridad y la corrupción que la define, no es tan gótica como
con Batman. Al prescindir del héroe de la capa, el director prefiere incidir en
un realismo urbano y sucio, oscuro, pero no tenebroso, donde las sombras no son
necesarias. El escenario perfecto para una historia crudamente contemporánea
donde la apariencia física dicta quién vive y quién muere socialmente y que la
rabia desatada pueda llevar al caos y la muerte física.
A diferencia de otras
propuestas del género, el director y los guionistas no buscan el gore de forma
gratuita o efectista; aquí se persigue un realismo absoluto y descarnado, donde
la sangre adquiere un protagonismo muy especial. La cinta nos muestra con
crudeza cómo se podría comportar realmente un joven atrapado en la pérdida de
su belleza, alguien que se deforma y se transforma por completo cuando se
enfurece, desatando a una bestia ingobernable sedienta de venganza que solo encuentra
su redención en el refugio emocional. El amor, una vez más, como vehículo de
curación y la profunda serenidad que le transmite la doctora Caitlyn son la
única ancla capaz de contener a ese monstruo interno.
Con el fin de potenciar
este calvario, todo el filme está rodado de una forma sumamente incómoda,
provocando que el espectador incluso aparte la mirada de la pantalla a través
de planos cortos y detalles que transmiten muchísima grima. La secuencia del
baño del avión en pleno vuelo es, en una sola palabra, perturbadora. Si para
cualquiera de nosotros las turbulencias ya suponen un momento de fuerte tensión
en el aire, imagina la claustrofobia de encerrarte en ese cubículo, siendo
amonestado por las azafatas, mientras intentas desesperadamente separar tus
propios párpados con unas tijeras. Una atmósfera asfixiante que sirve de
antesala para otras escenas mucho más explícitas de cortes y gore que dinamitan
el tramo final. Os lo aseguro, el terror más psicológico y visceral, se nos
muestra con tanta naturalidad que atenaza al espectador.
Para entender la magnitud
de la película, la historia se estructura de forma brillante a través de varios
tramos emocionales muy definidos que marcan al espectador. El primero nos
muestra la felicidad absoluta; el segundo, la soledad y el desamparo; el
tercero, el enfrentamiento al monstruo físico en lucha con el yo interno; y el
cuarto, el amor que surge de la comprensión frente a los sentimientos de rabia.
Una propuesta que, sin desvelar más, nos lleva a la desesperación y sus
consecuencias, a un horror visceral, gore y, en última instancia,
deshumanizado. Es ahí cuando la criatura toma el poder, alimentándose de una
mente perturbada por la necesidad de recuperar la identidad a cualquier precio
y sumida en el olvido más desgarrador, lo que llevará a los personajes a cruzar
límites morales y científicos con consecuencias imprevisibles. Me trajo
recuerdos de la inolvidable “La sustancia” y otros títulos que ya
descubriréis.
La propuesta no sostendría
su arriesgado equilibrio sin un extraordinario nivel actoral y un empaque
técnico sobresaliente. Tom Rhys Harries clava el arco dramático de Matt
Hagen con una entrega absoluta, logrando que el viacrucis que sufre traspase la
pantalla a través de su transformación tanto física –al pasar de ídolo de masas
a criatura repulsiva– como psicológica –de joven feliz al ser vengativo que
emana del odio más enquistado–. A su lado, Naomi Ackie ofrece la réplica
perfecta y cargada de sensibilidad como la doctora Corr, dotando al filme de
una presencia más racional y emocional. Por su parte, David Dencik se
mete con solvencia en la piel de un mafioso implacable, mientras que el rol más
comprensivo –ese personaje que siempre espera paciente su turno– en esta
ocasión recae en Max Minghella, que interpreta a John, un detective de
la policía de Gotham y pareja de la doctora Corr.
Watkins resalta el
calvario de los personajes, a través de un rico despliegue técnico. Salta con
maestría desde planos mayoritariamente generales y aéreos, que resaltan la
inmensidad de Gotham, hasta encuadres medios, cortos y primeros planos de
detalle que buscan la intimidad y la grima absoluta ante la cruda realidad que
exponen. Todo este torrente visual está envuelto por su siempre fiel compañera:
una fotografía que, bajo la mirada de Rob Hardy, nos transporta a las
noches de la ciudad al bañarla con luces de colores y neones tétricos de
carteles y fachadas, regalando constantes metáforas visuales. Este alarde
estético se fusiona con la estremecedora y por instantes emotiva banda sonora
de Volker Bertelmann, cuya música minimalista, sutil y opresiva va
devorando los nervios del espectador a medida que la cámara se acerca a la
carne. El mimo al material original es tal que la producción clava de forma
explícita estampas icónicas del cómic –como el sobrecogedor momento del rostro
oculto entre vendajes donde los ojos muestran el horror–, elevando el filme a
un gran nivel artístico.
Resumiendo, y para no
hacer más larga esta reseña y que se me pueda escapar algo que no quiero que
sepáis, Clayface logra el tono perfecto. El filme consigue transmitir con
naturalidad dolor, miedo, asco, esperanza, frustración y esa profunda decepción
por aquello que uno puede creer que son sus amigos, hasta que llegan los
tiempos difíciles. Una obra que desmonta las falsas lealtades de la fama y la
tiranía de la estética, evidenciando que el verdadero monstruo a veces nace del
abandono social. James y su equipo nos regalan una de las sorpresas más
incómodas, necesarias, originales y redondas del año, demostrando que todavía
se puede hacer un cine de personajes valientes y viscerales dentro de los
márgenes de las viñetas. Una cita obligada en la gran pantalla –donde se
disfruta del verdadero cine– que os mantendrá atrapados de principio a fin.
Mi nota es: 8,5
Estreno en España: 23 de
octubre.
Reparto: Tom Rhys
Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan, Nancy Carroll,
Tanya Moodie, Joshua James, Sonita Henry, Wil Coban, Ruby Sear, Jake Curran,
Gina Bramhill, Michael Shaeffer, Joana Ribeiro, Francesca Corney, Ross Donnelly,
Adam Silver, Mark Holden, Ishtar Currie-Wilson, Lorraine Tai, Enzo Sqauillino
Jr. Derek Siow, Nick Mendoza III, Jack Colgrave Hirst, Chloe Zeitounian, Chris
Cutler, Jean-Pascal Heynemand, Jessica Grundle, Louise Laag, David Wilks, Liam
Lau-Fernandez, Becky Bush, Jennifer Drew Ememandu, David Vickers y David A.
Kelly.
Productora: DC Studios//
Warner Bros.// The Safran Company// Warner Bros. Studios// Matt Reeves.
Distribuidora en España:
Warner Bros. Pictures España.
Filmografia: El guionista, productor y director James Watkins comenzó en los 2000 escribiendo guiones para estudios y productoras de renombre como Warner Bros., Film 4, la BBC o Working Title. En la dirección debutó en 2008 con “Eden Lake” para continuar con “La mujer de negro” (2012), “Asalto en París” (2016), “No hables con extraños” (2024), este año nos presenta “Clayface” (2026) y episodios para series como “Black Mirror” (2016), “McMafia” (2018), “Harry Palmer: el expediente Ipcress” (2022).
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