viernes, 23 de octubre de 2026

CLAYFACE: CRÍTICA DE CINE

 


Clayface está dirigida por James Watkins con guion de Mike Flanagan y Hossein Amini. “Prefiero morir a seguir como estoy”

La historia nos presenta a Matt Hagen (Tom Rhys Harries), un joven actor cuya carrera ha ascendido a gran velocidad desde las duras calles de Gotham, donde se crio, hasta convertirse en un artista idolatrado en Hollywood, viviendo el mejor momento de su vida al ser nominado al Óscar por su última película. Sin embargo, el destino cambia drásticamente cuando asiste a una discoteca; allí conocerá a una hermosa joven, Mia Torres (Joanna Ribeiro), quien le ofrece una pastilla en su lengua que él no duda en tragarse. Ambos acaban desnudos en la cama de ella, lugar donde son sorprendidos por el novio de Mía, Markos Szabo (David Dencik), un famoso y temido mafioso. Tras ordenar a su novia que se levante, se vista y abandone la habitación, el gánster saca una navaja y destroza brutalmente la cara de Matt.

A partir de ahí, la tragedia se traslada a los tribunales. Se celebra un juicio donde Mia le traiciona por completo al declarar falsamente que fue él quien la abordó en la pista de baile. Con el veredicto en su contra y el rostro completamente desfigurado, Matt no solo pierde el caso, sino también su trabajo y su futuro en el cine. Desesperado y sin nada que perder, acude a la doctora Caitlyn Corr (Naomi Ackie), una científica que se encuentra experimentando en la clandestinidad con nanopartículas e inteligencia artificial. A pesar de que ella le advierte con total claridad de que el tratamiento está aún en fase experimental y que la intervención es ilegal, Matt insiste ciegamente en que le opere…

Tensión, repugnancia y comedia en dosis suficientes para mantener entretenido al espectador en su butaca; un cóctel arriesgado del que, a lo largo de las próximas líneas, os iré mostrando, sin spoilers, el porqué de mi afirmación. Para poner en contexto a los menos iniciados, cabe recordar que Clayface es históricamente uno de los antagonistas más trágicos y psicológicamente complejos del universo de DC; un ser atrapado en la pérdida de su propia identidad y condenado a convertirse en un monstruo mutable. Esta adaptación abraza esa esencia dolorosa desde una perspectiva contemporánea muy potente. Estamos ante un filme cuya trama se cocina a fuego lento entre el dolor, el amor y la desesperación y si en un principio desconcierta un poco, a medida que la metamorfosis del protagonista se desarrolla, la cinta crece exponencialmente en potencia, intensidad, humanidad, intriga y en un, ¿Por qué no decirlo?, morboso y desagradable interés que atrapa al espectador sin remedio hasta golpear con fuerza en su implacable tramo final.

Clayface destaca de manera sobresaliente al proponer un ejercicio de cine dentro del cine, lanzando una ácida crítica a la propia industria de Hollywood con comentarios punzantes que recuerdan que, en ese negocio, la imagen prevalece por encima de lo demás. Es aquí, donde nuestro personaje se encuentra perdido, pasa de poseer un rostro que todos idolatraban a convertirse en un monstruo. Un salto que lo lleva a la inexistencia absoluta.

Para acentuar esta obsesión enfermiza y la profunda soledad de Matt tras su caída, la ambientación juega un papel clave. Me ha dado la sensación de que Gotham, aunque mostrando su lado tétrico, la salida de los humos de los respiraderos de los suelos, ofrecer cierta oscuridad y la corrupción que la define, no es tan gótica como con Batman. Al prescindir del héroe de la capa, el director prefiere incidir en un realismo urbano y sucio, oscuro, pero no tenebroso, donde las sombras no son necesarias. El escenario perfecto para una historia crudamente contemporánea donde la apariencia física dicta quién vive y quién muere socialmente y que la rabia desatada pueda llevar al caos y la muerte física.

A diferencia de otras propuestas del género, el director y los guionistas no buscan el gore de forma gratuita o efectista; aquí se persigue un realismo absoluto y descarnado, donde la sangre adquiere un protagonismo muy especial. La cinta nos muestra con crudeza cómo se podría comportar realmente un joven atrapado en la pérdida de su belleza, alguien que se deforma y se transforma por completo cuando se enfurece, desatando a una bestia ingobernable sedienta de venganza que solo encuentra su redención en el refugio emocional. El amor, una vez más, como vehículo de curación y la profunda serenidad que le transmite la doctora Caitlyn son la única ancla capaz de contener a ese monstruo interno.

Con el fin de potenciar este calvario, todo el filme está rodado de una forma sumamente incómoda, provocando que el espectador incluso aparte la mirada de la pantalla a través de planos cortos y detalles que transmiten muchísima grima. La secuencia del baño del avión en pleno vuelo es, en una sola palabra, perturbadora. Si para cualquiera de nosotros las turbulencias ya suponen un momento de fuerte tensión en el aire, imagina la claustrofobia de encerrarte en ese cubículo, siendo amonestado por las azafatas, mientras intentas desesperadamente separar tus propios párpados con unas tijeras. Una atmósfera asfixiante que sirve de antesala para otras escenas mucho más explícitas de cortes y gore que dinamitan el tramo final. Os lo aseguro, el terror más psicológico y visceral, se nos muestra con tanta naturalidad que atenaza al espectador.

Para entender la magnitud de la película, la historia se estructura de forma brillante a través de varios tramos emocionales muy definidos que marcan al espectador. El primero nos muestra la felicidad absoluta; el segundo, la soledad y el desamparo; el tercero, el enfrentamiento al monstruo físico en lucha con el yo interno; y el cuarto, el amor que surge de la comprensión frente a los sentimientos de rabia. Una propuesta que, sin desvelar más, nos lleva a la desesperación y sus consecuencias, a un horror visceral, gore y, en última instancia, deshumanizado. Es ahí cuando la criatura toma el poder, alimentándose de una mente perturbada por la necesidad de recuperar la identidad a cualquier precio y sumida en el olvido más desgarrador, lo que llevará a los personajes a cruzar límites morales y científicos con consecuencias imprevisibles. Me trajo recuerdos de la inolvidable “La sustancia” y otros títulos que ya descubriréis.

La propuesta no sostendría su arriesgado equilibrio sin un extraordinario nivel actoral y un empaque técnico sobresaliente. Tom Rhys Harries clava el arco dramático de Matt Hagen con una entrega absoluta, logrando que el viacrucis que sufre traspase la pantalla a través de su transformación tanto física –al pasar de ídolo de masas a criatura repulsiva– como psicológica –de joven feliz al ser vengativo que emana del odio más enquistado–. A su lado, Naomi Ackie ofrece la réplica perfecta y cargada de sensibilidad como la doctora Corr, dotando al filme de una presencia más racional y emocional. Por su parte, David Dencik se mete con solvencia en la piel de un mafioso implacable, mientras que el rol más comprensivo –ese personaje que siempre espera paciente su turno– en esta ocasión recae en Max Minghella, que interpreta a John, un detective de la policía de Gotham y pareja de la doctora Corr.

Watkins resalta el calvario de los personajes, a través de un rico despliegue técnico. Salta con maestría desde planos mayoritariamente generales y aéreos, que resaltan la inmensidad de Gotham, hasta encuadres medios, cortos y primeros planos de detalle que buscan la intimidad y la grima absoluta ante la cruda realidad que exponen. Todo este torrente visual está envuelto por su siempre fiel compañera: una fotografía que, bajo la mirada de Rob Hardy, nos transporta a las noches de la ciudad al bañarla con luces de colores y neones tétricos de carteles y fachadas, regalando constantes metáforas visuales. Este alarde estético se fusiona con la estremecedora y por instantes emotiva banda sonora de Volker Bertelmann, cuya música minimalista, sutil y opresiva va devorando los nervios del espectador a medida que la cámara se acerca a la carne. El mimo al material original es tal que la producción clava de forma explícita estampas icónicas del cómic –como el sobrecogedor momento del rostro oculto entre vendajes donde los ojos muestran el horror–, elevando el filme a un gran nivel artístico.

Resumiendo, y para no hacer más larga esta reseña y que se me pueda escapar algo que no quiero que sepáis, Clayface logra el tono perfecto. El filme consigue transmitir con naturalidad dolor, miedo, asco, esperanza, frustración y esa profunda decepción por aquello que uno puede creer que son sus amigos, hasta que llegan los tiempos difíciles. Una obra que desmonta las falsas lealtades de la fama y la tiranía de la estética, evidenciando que el verdadero monstruo a veces nace del abandono social. James y su equipo nos regalan una de las sorpresas más incómodas, necesarias, originales y redondas del año, demostrando que todavía se puede hacer un cine de personajes valientes y viscerales dentro de los márgenes de las viñetas. Una cita obligada en la gran pantalla –donde se disfruta del verdadero cine– que os mantendrá atrapados de principio a fin.

Mi nota es: 8,5

Estreno en España: 23 de octubre.

Reparto: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan, Nancy Carroll, Tanya Moodie, Joshua James, Sonita Henry, Wil Coban, Ruby Sear, Jake Curran, Gina Bramhill, Michael Shaeffer, Joana Ribeiro, Francesca Corney, Ross Donnelly, Adam Silver, Mark Holden, Ishtar Currie-Wilson, Lorraine Tai, Enzo Sqauillino Jr. Derek Siow, Nick Mendoza III, Jack Colgrave Hirst, Chloe Zeitounian, Chris Cutler, Jean-Pascal Heynemand, Jessica Grundle, Louise Laag, David Wilks, Liam Lau-Fernandez, Becky Bush, Jennifer Drew Ememandu, David Vickers y David A. Kelly.

Productora: DC Studios// Warner Bros.// The Safran Company// Warner Bros. Studios// Matt Reeves.

Distribuidora en España: Warner Bros. Pictures España.

Filmografia: El guionista, productor y director James Watkins comenzó en los 2000 escribiendo guiones para estudios y productoras de renombre como Warner Bros., Film 4, la BBC o Working Title. En la dirección debutó en 2008 con “Eden Lake” para continuar con “La mujer de negro” (2012), “Asalto en París” (2016), “No hables con extraños” (2024), este año nos presenta “Clayface” (2026) y episodios para series como “Black Mirror” (2016), “McMafia” (2018), “Harry Palmer: el expediente Ipcress” (2022).

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