Wildwood está
dirigida por Travis Knight con guion de Chris
Butler. “No quiero ser parte de tu cuento de hadas. Solo quiero a mi
hermano”
Tras un prólogo
sobrecogedor donde la gobernadora viuda Alexandra Svik (Voz Carey Mulligan)
ve cómo su hijo Alexei se arranca del pecho lo que parece su corazón –un
engranaje metálico– antes de arrojarse al vacío desde lo alto de la mansión y
contemplar como el pueblo queda estupefacto al comprobar que el joven era en
realidad un autómata, la acción nos traslada al hogar de la familia McKeel,
donde Prue McKeel (Voz Peyton Elizabeth Lee) la hija mayor se queda al
cuidado de su hermano pequeño mientras sus padres se ausentan. Prue coloca a su
hermano en el remolque trasero de su bicicleta, monta en ella y se van de
paseo. Ya en el pueblo se encuentra con su amigo Curtis Mehlberg (Voz Jacob
Tremblay), un joven tímido. Mientras conversan una amenazante bandada de
cuervos secuestra al bebé. Sin pensarlo, Prue se lanza en una persecución
desesperada en su bicicleta, llevando en el remolque a su amigo Curtis. Los
cuervos se internan en un misterioso e inexplorado bosque conocido como el
Territorio Impenetrable, un lugar del que nadie ha regresado. Y como creo que
no debo contar más, lo dejo aquí.
Hace casi una década,
Travis Knight me dejó pegado en el asiento de la butaca, con la boca abierta y
las emociones a flor de piel. En aquel momento, el director mostró al mundo la
magia que se podía lograr con trabajo, esfuerzo y una paciencia infinita para
crear esa maravilla llamada Kubo y las dos cuerdas mágicas. En mi
crítica de entonces le otorgué un 9, guardándome el punto restante porque, en
primer lugar, nunca había otorgado tan alta puntuación a una película de
animación y, en segundo, porque esperaba que su próxima obra alcanzara la
perfección absoluta. Ingenuo de mí, pensé entonces que no tardaría tanto en
regalarnos su siguiente filme; pero pronto comprendí que no era fácil esculpir
una obra maestra, y menos utilizando la artesanía del stop-motion. Hoy, tras
una larga espera, hago algo que jamás he hecho en este blog: dar la nota antes
de comenzar la crítica. Pero si llevo tantos años esperando esta pieza y el
resultado me ha dejado aún más asombrado, esta vez sí, cumpliendo la promesa
que hice en su día, se lleva mi 10 absoluto.
Quien conoce la corta
obra de Knight, sabe que le encanta insuflar un maravilloso humor blanco en sus
películas a la vez que las carga de una fuerte humanidad con gran naturalidad.
Lo hizo en la inolvidable Kubo, con el adorable Bumblebee y recientemente con
ese joven rebelde que redescubre sus orígenes en He-Man y los Masters del
Universo. En Wildewood, el director recupera las constantes de su
filmografía para ofrecernos, una vez más, una película de animación concebida
más para adultos que para niños, elevando la propuesta hacia una atmósfera
notablemente más madura, cruda y oscura.
El viaje lo protagonizan
dos perfiles que encajan a la perfección en la sensibilidad del director: Prue,
una joven solitaria atrapada en su propio mundo, y Curtis, un tímido e inseguro
amigo que insinúa su falta de valor. Sin embargo, lo que hace verdaderamente
único a este drama desgarrador es cómo convive de forma orgánica con constantes
cartas de amor al cine y a la cultura popular. Es un auténtico deleite para el
recuerdo de la animación; un homenaje constante donde destaca, por ejemplo, la
divertidísima escena en la que un niño va disfrazado de Darth Vader sobre su
bicicleta mientras toca en una gaita el tema principal de La Guerra de las
Galaxias ¿Un guiño a la cultura callejera de Portland, donde se desarrolla
la acción? Pero el festival no se queda ahí: las batallas tácticas y los
proscritos del bosque se tiñen de referencias épicas a Robin Hood y Braveheart,
mientras que la aparición de un divertido conejo blanco nos evoca a la gran Alicia
en el país de las maravillas. Y es que hay que tener en cuenta que los dos
jóvenes, en busca del hermano de Prue, atraviesan un mundo mágico que nada
tiene que ver con la realidad que dejan atrás, como así se escucha entre los
diálogos y en preguntas como: «¿Cómo habéis podido entrar aquí si no tenéis
magia?». Knight demuestra una maestría absoluta al salpicar el metraje de estos
y muchos más guiños cinéfilos sin perder un solo ápice de la emotividad y la
seriedad que requiere la historia. Todo queda perfectamente equilibrado.
Si en el apartado
narrativo la película deslumbra por la historia que nos narra, el despliegue
técnico de LAIKA alcanza cotas inimaginables. Los escenarios poseen un realismo
absoluto; el pueblo, aun siendo consciente el espectador de que está ante una obra
de animación, contiene hasta el último detalle que uno pueda imaginar. Las
casas ofrecen un diseño interior minucioso con mesas, sillas, cubiertos y todo
tipo de objetos cotidianos. Especialmente sorprendente es cómo se logra plasmar
las puertas de cristal ahumado anaranjado, tan clásicas en muchos hogares, y
cómo se consigue que reflejen con total fidelidad las siluetas humanas que se
mueven detrás. Los adornos de las paredes con sus cuadros y otros elementos
como los tapices estilo bohemios, junto a ese mimo depositado en las texturas
de los tejidos, metales, maderas o el propio cristal de los tarros, asombran al
espectador más curtido en este género cinematográfico.
Esta obsesión por el
detalle se multiplica en la espectacular visión de la ciudad. Knight
coreografía un microcosmos urbano lleno de vida: gente caminando, ciudadanos
detenidos conversando, repartidores cargados con cajas, oficinistas con sus
maletines, el trazado de las calles con vehículos circulando, comercios,
puentes e incluso deportistas remando en sus canoas por el río. No falta un
solo detalle. Al cruzar al Territorio Impenetrable, la artesanía se vuelve pura
naturaleza orgánica: los árboles, las hojas cayendo, los caminos y la tierra se
sienten vivos bajo un verdor impresionante y sus gamas de marrones. Las
montañas al fondo deslumbran bajo la luz del sol. Al igual que ya me sorprendió
en Kubo, el agua vuelve a ser aquí un milagro visual con cascadas integradas en
la vegetación y ríos fluyendo por donde se vislumbran los peces nadando. Os
aseguro que todo resulta realista al máximo, creando un contraste bellísimo con
los colores tan vivos de las flores, el verdor en todas sus tonalidades y las
texturas de las maderas, mientras la luz del sol se filtra de forma hipnótica
entre la profundidad y frondosidad de los bosques. Un gran alarde de trabajo
que ha llevado, según Travis, dieciséis años desde que comenzó con esta
aventura prodigiosa.
Mención aparte merece el
brutal diseño de vestuario. Como se ve entre los títulos finales, los cuales os
recomiendo que os quedéis a ver, los trajes se confeccionaron a mano por manos
expertas. Un derroche técnico y naturalista que alcanza su cénit en el tramo
donde se filman las batallas bélicas masivas a base de maquetas tradicionales.
Knight empuja los límites del stop-motion clásico para edificar una guerra a
gran escala que os puedo asegurar impresiona muchísimo por el realismo que
presenta, hasta las espadas parecen de verdad y que confirma a esta cinta como
un monumento a la artesanía cinematográfica. Os desvelo que en cuanto termine
esta crítica, que he comenzado al llegar a casa nada más ver esta obra maestra,
voy a buscar por las redes el «cómo se hizo», si es que existe, porque os
aseguro que nunca he visto nada igual en la animación y mucho menos en el
stop-motion. La perfección que ha logrado Travis es difícil de superar, quizás
incluso para él. En estos tiempos en que se habla de premios, sería muy injusto
que esta película no se llevara el Oscar de animación. He vuelto a sentir la
misma experiencia que viví con Kubo en el 2016, pero en un estado aún más
elevado; el que se logra cuando estás ante una obra maestra, una joya absoluta
no solo de la animación sino del cine en general.
Otro de los grandes
triunfos de esta producción, y que resulta imposible pasar por alto, es el
soberbio ritmo que mantiene el metraje a lo largo de sus 140 minutos de
duración. Lejos de resultar excesiva, la película no se detiene en ningún
momento gracias a una agilidad, unos encuadres y un montaje verdaderamente
prodigiosos. En lugar de utilizar los fundidos tradicionales para pasar de una
situación a otra o simplemente para cambiar de un plano medio o general a un
plano corto o detalle, Knight aprovecha un recurso que me recordó al maestro
Alfred Hitchcock: el paso de un objeto o un personaje por delante de la cámara
para crear una oscuridad momentánea y suficiente y, de esa forma, saltar al
siguiente plano de manera fluida e invisible.
Este virtuosismo técnico
se pone al servicio de una historia cargada de una profunda humanidad y
tragedia personal, donde temas como el valor, la amistad, la familia, la
lealtad, el amor llevado al límite o la unidad tienen una presencia capital. En
cuanto a los sentimientos y las emociones que en la obra de Travis no pueden
faltar, la trama nos sumerge en una atmósfera de madurez psicológica excelente,
partiendo del desgarrador trasfondo de una madre herida, herida por la pérdida
de un hijo. A través de este motor dramático, el filme explora las diferentes
caras del dolor y el peso del duelo con una seriedad que asombrará al público,
demostrando que la animación es un vehículo perfecto para narrar los relatos
más complejos y profundos.
Para finalizar, es
imposible cerrar esta crítica sin rendir cuentas ante una de las grandes
columnas vertebrales de la película: su extraordinaria banda sonora. El
oscarizado Dario Marianelli repite a los mandos de la composición para
volver a regalarnos, tal y como hizo en Kubo, una sinfonía perfecta que eleva
las emociones a niveles estratosféricos. Su partitura es muy potente, dramática
y vibrante, capaz de asfixiarte en el dolor íntimo de la pérdida y de hacerte
vibrar en el asiento durante el despliegue de las batallas y la búsqueda. Un
trabajo soberbio que también merece competir por todo lo alto en la próxima
temporada de premios.
Como habéis podido leer
desde las primeras líneas de esta reseña, hoy he roto mis propias reglas porque
la ocasión lo merecía, y espero que la Academia de Hollywood haga lo mismo. Por
mi parte, esperé diez años para comprobar si Travis era capaz de rozar la
perfección absoluta que le reclamé en su día, y el resultado me ha dejado aún
más asombrado. No, aquel 2016 no estaba en estado de gracia ni lo está en este
2026, lo que Travis ofrece a su público son años dedicados en cuerpo y alma a
trabajos como este. Mis felicitaciones, maestro, porque Wildwood no es solo un
triunfo de la artesanía; es cine con mayúsculas. Desde estas líneas os invito a
vivir una gran experiencia. Una obra maestra incontestable que se lleva mi 10
absoluto. Dejaos llevar y disfrutad de cada segundo.
Estreno en España: 23 de
octubre.
Reparto de Voces
Originales: Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala
Ali, Awkwafina, Jake Johnson, Charlie Day, Angela Bassett, Amandla Stenberg,
Jemaine Clement, Tantoo Cardinal, Maya Erskine, Tom Waits y Richard E. Grant.
Productora: Laika
Entertainment// Productor: Travis Knight.
Distribuidora en España: Beta
Fiction Spain.
Filmografía: El productor, director y animador, Travis Knight, estudió en la Jesuit High School y posteriormente en la Portland State University. Profesionalmente comenzó su carrera como cantante de rap, bajo el nombre de Chilly Tee. Tras finalizar sus estudios universitarios, comenzó a trabajar en el departamento de animación en los Estudios de Animación de Will Vinton, el estudio sufrió una reestructuración y adoptó el nombre de Laika. Momento en el que Travis tomó las riendas de la vicepresidencia del departamento de animación y con ello se convirtió en productor y animador principal. Como director cuenta con: “Kubo y las dos cuerdas mágicas” (2016), Bumblebee (2018), “He-Man y los Masters del Universo” (2026) y este mismo año nos ofrece “Wildwood” (2026).

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