viernes, 6 de noviembre de 2026

LOS MISERABLES: CRÍTICA DE CINE

                            Los Miserables está escrita y dirigida por Fred Cavayé

La trama nos muestra a Jean Valjean (Vincent Lindon), un hombre que se deja la piel trabajando por unos céntimos hasta que la desesperación lo empuja a robar una hogaza de pan, un error que le costará 19 años de cárcel. En el presidio, Valjean aprende a hacerse respetar a golpe de fuerza y rudeza. Tras recuperar su libertad, intenta rehacer su vida convirtiéndose en el próspero dueño de una fábrica de cristal. Sin embargo, su innata nobleza lo empuja a sellar una promesa con Fantine (Noémie Merlant), una obrera obligada a vivir separada de su pequeña Cosette (Megan Northam) para poder mantenerla. Cumplir con este juramento obligará a Valjean a batallar contra sus propios fantasmas y a esquivar los sombríos avatares del destino, mientras Francia se encamina hacia una sangrienta revuelta que empujará al pueblo a las barricadas. Una epopeya donde las vidas de Valjean, Cosette y el joven Marius (Vassili Schneider) colisionarán inevitablemente con la implacable obsesión enfermiza del inspector Javert (Tahar Rahim).

Los Miserables es una obra que siempre está en boga y enfrentarse hoy a ella implica cargar con el peso de un legado colosal que supera las cincuenta adaptaciones desde que Victor Hugo publicó su inmortal novela en 1862. En el terreno cinematográfico, la primera versión data de 1917 con “Los Miserables” de Frank Lloyd, a la que han seguido “Los Miserables” (1925) de Henri Fescourt, “Los Miserables” (1934) de Raymond Bernard –considerada hasta la fecha como la más fiel al texto original–, “Los miserables” (1958) de Jean-Paul Le Chanois, “Los Miserables: La leyenda nunca muere” (1998) de Bille August; y dejando un buen ramillete para no hacer demasiado pesado este apartado saltamos al gran impacto global que supuso la oscarizada versión musical de Tom Hooper en 2012 con Hugh Jackman y Russell Crowe. Por su parte, la televisión ha sabido aprovechar el tirón del material donde destaco la miniserie “Los Miserables” con el dúo Gérard Depardieu y John Malkovich, o también la cruda y notable “Los Miserables” de la BBC en 2018 con Dominic West. Todo este recorrido visual convive, además, con el fenómeno teatral de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg que, desde su explosión en Londres en 1985, se convirtió en el musical más longevo y exitoso de la historia. Es en este denso ecosistema donde la propuesta de Fred Cavayé debe encontrar su propia voz y, bajo mi modesta opinión, la encuentra notablemente.

Esta nueva adaptación de la gran novela de Victor Hugo toma como corazón el eterno duelo entre sus dos protagonistas masculinos, Valjean y Javert, quienes representan los dos bandos irreconciliables de la época. Por su lado, nos encontramos ante las estructuras del poder institucional, encarnadas en el orden implacable de la policía y la represión violenta del ejército. Del otro, late la respuesta de la calle: el pueblo llano, los estudiantes idealistas y, en sus márgenes más oscuros, aquellos arrastrados por la codicia más despiadada. Todo envuelto en un drama humano de grandes proporciones, donde Cavayé acierta al no quedarse en la superficie. El director exprime la psicología de este choque: un Jean Valjean que, pese a arrastrar el estigma de sus 19 años de cárcel, no se deja consumir por el rencor y canaliza su dolor en una búsqueda insaciable de bondad y redención, convirtiendo el cuidado de la pequeña Cosette en su motor vital. Frente a él, un inspector Javert fascinante que va más allá del cliché del villano; un hombre atormentado por su propio pasado delictivo que se ha reconvertido en un opresor enfermizo, utilizando la placa como un escudo para huir de sus propios fantasmas.

Más allá del colosal duelo actoral entre Vincent Lindon y Tahar Rahim, que provocan toda la tensión emocional cuando se enfrentan el uno al otro, entre las miradas, expresiones corporales y diálogos que se dispensan como puñales afilados; el verdadero músculo dramático de esta versión descansa en sus secundarios de lujo. Es imposible no quedarse con el matrimonio que regenta la posada –los icónicos Thénardier, interpretados magistralmente por Camille Cottin y Benjamin Lavernhe–, donde ella despliega una ambición posesiva y despiadada mientras él se revela como un pobre infeliz, un cobarde que sobrevive dócilmente a la sombra de su mujer. Pero el gran acierto de Cavayé es el retrato del relevo generacional, encarnado en cuatro de los jóvenes que sirven de perfecta representación de esa juventud rebelde e inconformista de su tiempo: por un lado, los hijos de los posaderos aportan un contraste brutal: Gavroche –encarnado por Léonard Signoret– se muestra valeroso y decidido en primera línea de combate, mientras que Éponine vuelca su trágico destino buscando desesperadamente el amor de Marius. Por otro lado, la Cosette de Megan Northam fascina en su transición como esa joven que crece al amparo de su protector pero que, al madurar, comienza a desenterrar los dolorosos secretos de su pasado. Cierra este cuarteto Marius, interpretado por Vassili Schneider, el amor de ambas jóvenes, un idealista de clase alta que, renegando de sus privilegios, abraza con fe ciega la llamada de la revolución. Cuatro interpretaciones memorables que logran capturar con precisión quirúrgica el alma, las contradicciones y el romanticismo trágico de una época convulsa y oscura.

La película nos ofrece muchos simbolismos que nos acercan a la obra original, pero quizás el elemento que cohesiona el alma moral e incluso material de la película es el poderoso simbolismo de los candelabros de plata. Ese instante sagrado en el que el obispo entrega los valiosos objetos a un Jean Valjean capturado por la policía –transformando un robo evidente en un acto de generosidad suprema– se convierte en el auténtico epicentro de la función. Es ahí donde Cavayé filma con maestría el nacimiento de la luz: cómo en mitad de la miseria más absoluta y rodeado de mezquindad ambiental, puede florecer la bondad pura y el recuerdo de quien le salvó. A partir de ese perdón inesperado, la obra se transforma en una bellísima odisea sobre la redención, la búsqueda insaciable del bien e incluso la flagelación; un viaje donde Valjean renuncia al rencor como tal para convertirse en un faro de esperanza para los desamparados. Esta carga dramática se traslada de forma brillante a la pantalla mediante la atmósfera de la fábrica de vidrio, donde vemos a Fantine pulir las piezas bajo una presión asfixiante antes de ser provocada por una de sus compañeras y despedida injustamente. Una trágica secuencia que empujará a Valjean a redimir su culpa emprendiendo la búsqueda de la pequeña Cosette. Una búsqueda de la pureza en el cristal donde, tal vez, al acercar la copa a los labios, se refleje la mirada de quien la porta.

En el apartado puramente técnico, la película se revela como un absoluto triunfo formal. Los decorados son de diez: cada objeto, estancia y callejón están cuidados al milímetro, así como las barricadas; destilando ese mimo obsesivo por el detalle histórico que suele caracterizar a las grandes producciones francesas. A este impecable diseño de producción se alinea de forma brillante la fotografía de Denis Rouden. El operador despliega una paleta cromática donde predomina una atmósfera de tonos apagados, sucios y desaturados para retratar la miseria del pueblo llano, un acierto visual que contrasta con el vestuario luminoso y opulento que visten las clases altas. Esta potencia visual se apoya en una dirección de cámara que juega con un rico abanico de encuadres, transitando desde imponentes e impactantes planos aéreos hasta unos asfixiantes primeros planos que capturan la verdad de los actores. Un despliegue visual que, de la mano de un montaje milimétrico y sumamente inteligente, logra el milagro de insuflar agilidad, dinamismo y un ritmo vibrante a un metraje de larga duración –sus 178 minutos–. Coronando este envoltorio sensorial, la banda sonora de Christophe Julien realiza un trabajo dramático formidable; su partitura se convierte en el metrónomo emocional del film, modulando el tempo de las escenas con sutileza para transitar con total fluidez desde el intimismo más desgarrador hasta culminar en el estruendo bélico de las batallas en las barricadas.

En definitiva, esta nueva versión de Los Miserables se desmarca como una obra notable que esquiva con inteligencia el academicismo plano para transformarse en un drama vivo, vibrante y de una vigencia social arrolladora. Fred Cavayé no solo rinde un escrupuloso tributo al inmortal texto de Victor Hugo, sino que logra que sus tres horas de metraje respiren con el pulso tenso de nuestro presente. Sostenida por un duelo interpretativo de primer nivel entre Lindon y Rahim, un soberbio plantel de jóvenes promesas y una factura técnica impecable, la cinta demuestra que las grandes historias nunca mueren si se filman con el corazón en un puño y el respeto que merecen. Una cita cinematográfica obligatoria que removerá la conciencia de los espectadores. Una película imprescindible que devora la pantalla desde las sombras de la miseria hasta la luz de la redención.
Mi nota es: 8

Estreno en España: 6 de noviembre.

Reparto: Vincent Lindon, Tahar Rahim, Camille Cottin, Noémie Merlant, Benjamin Lavernhe, Vassili Schneider, Megan Northam, Marie Colomb, Louis Peres, Frédéric Pierrot, Léonard Signoret, Myriam Boyer, Joaquim Fossi, Jean Chevalier, Juliette Gasquet, Giorgia Sinicorni, Didier Flamand, Giulia Sagnier, Vincent Colombe, Egor Morozov, Frans Boyer, Agustín Bruzzone, Timothée Guérois-Desoulière, Serge Beuchat, Ryan Fartout, Sonia Joubert y Philippe Arnaud.

Productora: Eskwad// Curiosa Films// Studiocanal// TF1 Films Production.

Distribuidora en España: Beta Fiction Spain.

Filmografia: El guionista y director autodidacta, Fred Cavayé, cuenta con los cortometrajes: “Jean-René” (1996), “J” (1999), “Chedope” (2001), “À l'arraché” (2003) y “Les Infidèles- Le Prologue” (2012). Y los largometrajes: “Pour elle” (2008), “À bout portant” (2010), “Mea Culpa” (2014), “Radin! (Manual de un tacaño)” (2016), “Le jeu” (2018), “Adieu Monsieur Haffmann” (2021), “Les Chèvres!” (2024) y este año nos presenta “Los miserables” (2026).          

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