La coproducción entre
Estados Unidos y Japón, Street Fighter, está dirigida por Kitao
Sakurai, quien comparte el guion con Dalan Musson y T.J. Fixman.
Conoceremos a los amigos
y rivales de artes marciales desde la infancia, Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters
(Noah Centineo), siendo entrenados por el maestro Gouken (Don Lee).
Ryu viaja por el mundo buscando perfeccionar su técnica. Por otra parte,
Chun-Li (Callina Liang) contratada por el villano M. Bison (David
Dastmalchian), está reclutando a los mejores guerreros para un nuevo Torneo
Mundial. Pero detrás de este brutal torneo se encuentran fuerzas del mal con
propósitos destructivos.
Tengo que reconocer, como
siempre he hecho cuando me enfrento a una película que se basa en un
videojuego, que yo no soy jugador por lo que mis críticas se enfocan
directamente desde el plano cinematográfico. Precisamente, charlando durante
los títulos de crédito con un colega de butaca que sí es videojugador, me
comentaba que el gran talón de Aquiles de esta franquicia siempre ha sido su
salto a la gran pantalla. Y no le falta razón. El cine lleva décadas tropezando
al intentar traducir la adrenalina bidimensional del arcade a un lenguaje
narrativo con alma. Sin embargo, lo que para muchos parecía una maldición
insalvable, en manos de Sakurai se convierte en una audaz virtud. El ritmo es
trepidante, la violencia excesiva, las escenas de combates son cortas pero
demoledoras, la unión de imagen real con animación es prodigiosa, la puesta en
escena me pareció soberbia y el espectáculo brillante, con sus dosis de comedia. Y como os he dicho,
hablo desde el plano cinematográfico. No he necesitado conocer los códigos del
juego, pues lo que nos presenta Sakurai en pantalla es más que suficiente para
estar en tensión y entretenido casi dos horas que dura el metraje. Eso sí,
amantes de la violencia, el gore y las artes marciales llevadas al límite,
estáis de enhorabuena.
Comentaros que la química
entre Ryu y Ken, o lo que es lo mismo, Andrew Koji y Noah Centineo, es
absoluta. Se palpa esa complicidad de amistad y, a la vez, de feroz rivalidad.
Los dos son machos alfas que desean ser los mejores, pero los dos son amigos
desde la niñez porque han crecido bajo el ala de un gran maestro –un maestro de
luz que siempre ha luchado contra la oscuridad–. Lo que verdaderamente
enriquece la función es ese fascinante contraste entre ambos y la amistad que
se profesan. En cuanto a sus personalidades, Ken es un joven desbordante de
seguridad, con una alta autoestima, noble, leal, de corazón puro y un espíritu
indomable que despierta simpatías. Un guerrero de raza que jamás abandona por
muy destruido que esté. En el lado opuesto nos encontramos con Ryu, un luchador
marcado por la disciplina, la humildad, la bondad y ese carácter silencioso
propio de un monje en su estado de meditación. Su único objetivo es alcanzar la
perfección en las artes marciales, mientras le consume un oscuro secreto, que
llegaremos a conocer.
Los personajes que les
rodean en la narración les arropan muy bien en la trama, bien para intentarles
llevar hacia el lado oscuro o para ayudarles a conseguir el objetivo del
maestro. Que la oscuridad nunca venza. Todo el elenco en general cumple su objetivo
destilando credibilidad, sabiendo y asumiendo que estamos ante una obra
totalmente ficcionada con personajes irreales.
Toca hablar de la puesta
en escena, pues en este tipo de películas cada vez tiene mayor importancia. En
esta ocasión el filme despliega un poderío visual que entra directamente por
los ojos, donde la eterna lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad,
se plasman a través de una iluminación magistral, aunque ya conocida. Destaca
de forma asombrosa el uso cromático de los tonos azules y rojos, que inundan la
pantalla acompañados por el destello de los neones. En este sentido, Kitao
Sakurai logra momentos de una belleza plástica incontestable, regalándonos unas
espectaculares coreografías bajo la lluvia que le confieren a la acción un
carácter hipnótico y casi onírico. Todo este envoltorio estético se ve
potenciado por atmósferas texturizadas y elegantes, bien sea por el humo denso
que se provoca tras los brutales choques contra paredes que son reventadas, o
por el vaho asfixiante de una sauna que envuelve a los contendientes. Un
auténtico derroche técnico que eleva los combates a una categoría artística
superior y aunque repito, ya va siendo difícil sorprender al espectador con
este tipo de efectos, aquí resultan muy disfrutables.
Esta soberbia puesta en
escena está magistralmente captada por la mirada del director de fotografía Ken
Seng, quien envuelve el metraje en una hipnótica paleta de colores, luces y
sombras que potencian cada rincón de la pantalla. A este derroche visual
contribuye de forma decisiva la gran compañera de la fotografía, como casi
siempre comento, la banda sonora de Leo Birenberg y Zach Robinson.
Los compositores, célebres por su trabajo en Cobra Kai, inyectan una energía
arrolladora a la cinta combinando su partitura original con temas muy conocidos
y hits nostálgicos de los noventa. Resulta un auténtico deleite escuchar cómo
la música abraza la acción mediante una brutal propuesta cargada de guitarras
eléctricas y una épica orquesta arrolladora. Todo un torrente sonoro y visual
que sabe cómo atrapar el ritmo del espectador y elevar las secuencias de
combate a una categoría artística superior. Estamos ante una película de dos
horas de pura adrenalina, de una brutalidad extrema y tan hipnótica que no te
permite despegar la mirada de la pantalla.
Para finalizar, soy
consciente de que nos encontramos ante una propuesta cuya única y gran misión
es el entretenimiento más visceral. Street Fighter no busca dobles lecturas
existenciales ni profundidades intelectuales –aunque algún mensaje que otro sí
que nos deja entre puñetazos y patadas–; y precisamente en esa honestidad
radica su triunfo. El gran acierto de Kitao Sakurai es haber construido un
engranaje técnico impecable que no decae en ningún momento, logrando que un
espectador completamente ajeno al videojuego, como soy yo, disfrute de la
experiencia cinematográfica de principio a fin. Si os gustan las películas de
acción y artes marciales, aquí se os presenta un viaje violento, vibrante y
tremendamente disfrutable y casi me atrevería a decir, adictivo.
Mi nota es: 8
Estreno en España:16 de
octubre.
Reparto: Noah Centineo,
Andrew Koji, Callina Liang, Joe Anoa`i, David Dastmalchian, Cody Rhodes, Andrew
Schulz, Orville Peck, Curtis “50 Cent” Jackson, Jason Momoa, Vidyut Jamwal,
Olivier Richters, Rayna Vallandingham, Mel Jarnson, Hirooki Goto, Eric André,
Kyle Mooney, Alex Volkanovski, Yaz Haddad, Kristy Best, Tim Robards, Justin
Wong, Maximilian Dood y IFC Yipes.
Productoras: Legendary
Pictures// Capcom// Paramount Pictures.
Distribuidora en España:
Paramount Pictures España.
Filmografía: El director
de fotografía, productor, guionista y director, Kitao Sakurai abandonó la
escuela durante su adolescencia para mudarse a Nueva York. Ya en Nueva York se
educó directamente en el terreno práctico sumergiéndose en el mundo de la ópera
y el teatro experimental y posteriormente formándose de manera práctica como
director de fotografía. Se inició en el corto con “Joseph & Julia” (2002)
para continuar con “Coda” (2003), “Wake the Fuck Up” y “Free Mammograms with
Eric Andre” ambos en (2012), “The Passage” (2018) y “GoPuff: Lil Dicky
Quartertime Show” (2022). Cuenta con los largometrajes: “El samurai ciego”
(2010), “Un mal viaje” (2021) y este año nos ofrece “Street Fighter” (2026),
los telefilmes: “The Eric Andre New Year`s Eve Spooktacular” (2012),
“Unemployable” (2015), “Dave” (2021/23), los videoclips: “Julia Haltigan &
the Hooligans: I Don`t Want to Fall in Love” (2008), “Health: Stonefist” (2015),
los capítulos para las series: “Voices of Learning” (2013), “Portraits with
Yung Jake” (2018); “Premisa” (2021), “The Eric Andre Show” (2012/23), “Twisted
Metal” (2023), “Butterfly” (2025), “Bronca” (2026) y el especial para
televisión “Dave FX and Cardi B with
GoPuff” (2022).
